¡Si un día me has de querer, te debes apresurar! ¿El mundo se va a acabar?

Para muchos, el fin de la vida en la Tierra será provocado por un agente extraterrestre: el sol, la alineación de las estrellas o el impacto de un meteorito. ¿Qué tan acertados son sus temores? ¿Hay que preocuparnos por la inminencia de una catástrofe espacial? Abdiel Ramírez responde y explica las probabilidades del apocalipsis terrestre en este ensayo de difusión de la ciencia.

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Para muchos, el fin de la vida en la Tierra será provocado por un agente extraterrestre: el sol, la alineación de las estrellas o el impacto de un meteorito. ¿Qué tan acertados son sus temores? ¿Hay que preocuparnos por la inminencia de una catástrofe espacial? Abdiel Ramírez responde y explica las probabilidades del apocalipsis terrestre en este ensayo de difusión de la ciencia.  

Abdiel Ramírez-Torres

 

A diferencia del son veracruzano donde Se Acaba el Mundo [1] por la devastación a manos del hombre, la idea de una catástrofe global que termine con nuestra existencia ha estado siempre rondando la humanidad. La entrada de un nuevo siglo, las conjunciones planetarias, así como los desastres naturales, como sismos, incendios e inundaciones, han sido los escenarios preferidos para traer a colación profecías milenarias. Pero hablando de catástrofes espaciales, en las cuales el espacio exterior es testigo de los más violentos y repentinos eventos, ¿qué tan factible es que nuestro planeta se vea envuelto en una catástrofe? Abordemos, pues, dicho asunto sin el afán de interpretar supuestas profecías mayas sobre el fin del mundo, tema discutido con anterioridad en las páginas de Cuadrivio [2].

 

Conjunciones planetarias: ¿astrología o astronomía?

Se ha hablado de una conjunción planetaria para diciembre de este año como parte de los eventos que anuncian el fin de nuestros días. Sin embargo, no sucederá tal cosa en las próximas décadas, y por supuesto no será la primera ni última vez que la humanidad haya sido testigo de peculiar evento. En los últimos cuarenta años ha habido tres alineamientos planetarios, siendo inspiración aquel de 1982 para el best seller El Efecto Júpiter de John Gribbin y Stephen Plagemann. En este libro se afirmaba que la fuerza gravitacional de los planetas en dicha posición desataría eventos cósmicos que tendrían consecuencia en la actividad solar y la rotación de la Tierra, a tal grado de producir un gran terremoto. Evento que no sucedió, pues aun la contribución gravitacional de los planetas gigantes Júpiter y Saturno no tiene efectos que repercutan en la actividad de nuestro sol, como no sea una despreciable variación en su posición. De hecho, esto ocurre todo el tiempo, no sólo en las conjunciones y, por pequeño que sea el cambio en la posición de las estrellas ocasionado por posibles planetas que giran alrededor de ella, es de gran utilidad para los astrónomos como una de las técnicas en la búsqueda de exoplanetas [3]. De igual manera cada solsticio de invierno la Tierra y el sol se alinean aproximadamente con el centro de la galaxia, sin tener consecuencia alguna en nuestras vidas.

Figura 1: Vista esquemática con las posiciones de los planetas para el 21 de diciembre de 2012. Créditos: Tour Interactivo del Sistema Solar (nineplanets.org)

Figura 1: Vista esquemática con las posiciones de los planetas para el 21 de diciembre de 2012. Créditos: Tour Interactivo del distema solar (nineplanets.org)

 

 

Meteoritos de gran impacto

Basta con voltear a ver la superficie garapiñada de la luna para darse una idea de lo expuestos que estamos a impactos con asteroides y cometas. Así la Tierra, en los cuatro mil y medio millones de años de su existencia, ha estado sujeta a impactos con objetos celestes que se han cruzado en su órbita. A diferencia de la luna, nuestro planeta cuenta con un escudo que se encarga de esfumar cualquier cantidad de meteoritos que se cruzan en su camino: la atmósfera. Podemos presenciar estrellas fugaces o espectaculares lluvias de estrellas que en ocasiones son residuos de cometas. Al entrar a la atmósfera, se queman por la fricción producida, sin llegar en la mayoría de los casos a tocar la superficie terrestre. Objetos de mayor tamaño, como el meteorito de al menos 10 kilómetros de diámetro que hace 65 millones de años impactó la Tierra ocasionando el cráter de Chicxulub, son en realidad poco probables.

Perturbaciones gravitacionales en el cinturón de asteroides, entre Marte y Júpiter, o en el cinturón de Kuiper, más allá de la órbita de Neptuno, dan lugar a cometas u objetos con los que podría presentarse un impacto en potencia. Científicos en diferentes partes del mundo se encargan de estudiar objetos de gran tamaño que pudieran coincidir con la trayectoria de la Tierra mucho tiempo antes de que se produzca el hipotético impacto. En el futuro próximo no existe ninguna amenaza de asteroides que, por su dimensión, pongan en peligro la vida en nuestro planeta.

Figura 2: Al no tener atmósfera, la luna recibe directamente los impactos de meteoritos en su superficie. Créditos: NASA AS16-3021

Figura 2: Al no tener atmósfera, la luna recibe directamente los impactos de meteoritos en su superficie. Créditos: NASA AS16-3021

 

 

Sin sol no hay vida, ¿pero podría él terminarla?

Nuestro sol está a la mitad de su vida. Tiene suficiente hidrógeno, que es su combustible, para seguir produciendo energía por los siguientes cinco mil millones de años. Después entrará en la parte final de su evolución, cuando la fusión de hidrógeno en su núcleo haya cesado, y formará una estrella gigante roja. Ésta se expandirá un par de cientos de veces su tamaño actual más allá de la órbita actual de la Tierra.

Es inevitable pensar que en ese momento el sol absorberá por completo nuestro planeta, no sin antes haber evaporado su atmósfera. El sol no tiene masa suficiente para formar un agujero negro al final de su vida, así que nos tendremos que conformar con ser incinerados más no absorbidos por una violenta aspiradora. Permanecerá pues como una enana blanca iluminando el material apenas eyectado, hasta que después se apague, dejando una nebulosa en su lugar.

Este escenario tan lejano a nuestro presente parece no ser tan fatalista: sólo un suceso repentino, catastrófico, pero ¿qué sucede con la incesante actividad solar que experimentamos en nuestro planeta y en todo el sistema solar? Manchas, ráfagas, erupciones, son indicadores de que nuestra estrella local tiene una rica estructura interna que da lugar a singulares eventos. El complejo y dinámico campo magnético del sol produce tanto regiones donde la temperatura es más baja que el promedio de la superficie solar (aquellas que se forman por efecto de contraste y que conocemos como manchas solares), como violentas ráfagas o erupciones cuyo material expulsado alcanza nuestro planeta. En esta ocasión, nuestro escudo natural ante estas partículas cargadas es el campo magnético terrestre. El campo las dirige hacia los polos de la Tierra dando lugar a las auroras boreales y australes.

¿Podría alguna de estas ráfagas ser lo suficientemente fuerte como para que nuestro campo magnético no repeliera las partículas altamente energéticas? Recientemente se observó el caso del exoplaneta HD 189733b, un planeta gaseoso similar en tamaño a Júpiter, donde una intensa ráfaga de su estrella madre evaporó su atmósfera [4]. En este caso HD 189733b tiene una órbita muy cercana a su estrella, aproximadamente diez veces más cerca que la separación de Mercurio y el sol, por lo que es susceptible a la actividad estelar.

Hay que considerar que una eyección de masa se diluye en el espacio a medida que se aleja de la estrella; por ello, los satélites artificiales orbitando la Tierra pueden sufrir el clima solar, sin que esto tenga consecuencias catastróficas para la humanidad. El sol tiene un ciclo de actividad de 11 años, y para el 2013 se espera que llegue a su máximo; sin embargo, es un ciclo corto que muy probablemente a usted y a mí, querido lector, nos ha tocado experimentar al menos un par de veces y ni siquiera lo hemos tenido presente. No ha afectado nuestra vida tan peculiarmente como pensaríamos.

Figura 3: El pasado 16 de noviembre de 2012 el Observatorio de Dinámica Solar de la NASA registró una erupción gigantesca sin representar consecuencias en los satélites terrestres. Créditos: NASA/SDO

Figura 3: El pasado 16 de noviembre de 2012 el Observatorio de Dinámica Solar de la NASA registró una erupción gigantesca sin representar consecuencias en los satélites terrestres. Créditos: NASA/SDO

Es por esto que no hay razón alguna por la cual preocuparnos de la actividad de nuestra estrella, de algún meteorito, o de alguna conjunción planetaria que pueda terminar con nuestras vidas próximamente. Es cierto que puede llegar la ocasión en que debamos de preocuparnos, pero esperemos que cuando eso suceda estemos preparados para afrontar cualquier adversidad espacial que pueda poner en juego nuestra existencia. Mientras tanto, podemos seguir gozando de los días soleados, las auroras boreales y de todas las maravillas que las estrellas y el universo tienen para nosotros.

Figura 4: Impresión artística del planeta gigante HD 189733b sufriendo la evaporación de su atmósfera debido a una erupción estelar. Créditos: NASA, ESA, L. Claçada

Figura 4: Impresión artística del planeta gigante HD 189733b sufriendo la evaporación de su atmósfera debido a una erupción estelar. Créditos: NASA, ESA, L. Claçada

 

 

 

REFERENCIAS

 

[1] Grupo Mono Blanco y Stone Lips, «Se acaba el mundo», El mundo se va acabar, 1998.

[2] Eugenia Gutérrez, «Los mayas y la profecía del 2012», Cuadrivio, 24 julio 2011.

    https://cuadrivio.net/2011/07/los-mayas-y-la-profecia-de-2012/

[3] Exoplaneta: Planeta que se encuentra fuera de nuestro Sistema Solar.

[4] Exoplaneta evaporando su atmósfera a causa de una erupción estelar

http://www.space.com/16344-alien-planet-atmosphere-star-eruption.html

 

 

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Abdiel Ramírez-Torres (Ciudad de México, 1986) estudió física en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Recientemente culminó sus estudios de maestría en Austria, Italia y Alemania como parte del Programa de Posgrado en Astrofísica de Erasmus Mundus.

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

  1. […] profecías contenidas en la Piedra del Sol y la Estela C de Quiriguá; Abdiel Ramírez-Torres examina una a una las posibles catástrofes espaciales que podrían pulverizar a la Tierra; Ana De Luca […]

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