Sesgo (Poesía del desierto II)

La infancia, el amor y las pérdidas en esta selección de «Sesgo», de Claudia Berrueto. Segunda entrega de la serie «Poesía del desierto».

«Poesía del desierto» es una serie dedicada exclusivamente a la poesía del norte mexicano. Este es un viaje por distintas tonalidades, ritmos y usos del espacio, un mosaico que dialoga con el yo interno, sensual y turbulento, con las vicisitudes de la maternidad y del amor, la violencia latente, el cuerpo. Es una poesía que reclama otros registros y que también tiende puentes con otras geografías y formas. Presentamos en nuestra segunda entrega a la coahuilense Claudia Berrueto, sobre cuya obra también ha escrito Lucila Navarrete en las páginas de Cuadrivio.

 

 

 ***

Sesgo[1]

 

desde que la ciudad devoró tus pasos

despierto rodeada de vasos de agua

entiendo el amanecer a tragos

y cuando el salmo del frío arremete contra las ventanas

camino con una navaja entre los dientes

¿aún se desmaya el agua en tu piel?

¿se desprende de tus huesos su flama verde?

¿por qué te petrificas en mis lagrimales?

¿por qué los labios de tu vaso siguen interrogándome?

 

 

el sueño es el mar que me ha sido asignado

anzuelos de luz y viento me untan en los acantilados de la memoria

solo así tengo acceso al mapa del extravío

fuera de mí tu piel respira como un cactus mirando la ventana

sin saber que el desierto es la exhalación del océano

sin saber que preciso de brazos

que te instalen en la casa de sal que habita mi boca

¿por qué no entras a este mar aledaño?

¿por qué tu corazón no es el de un náufrago?

 

 

crees que te sonrío

pero en realidad doy paletadas de tierra negra sobre tu cuerpo

dentro de mí

 

 

¿volvería a escuchar el murmullo

de lo que el amor confiesa

si no conociera palabras nefastas?

por estas nefastas palabras te agradezco

Kayah

 

 

tus ojos drenaban un país verde

amé perderlo todo en él

ser su paria

y esperar el otoño encendido por tu lengua

la gran fogata que unificó mis venas

el teléfono sueña la gesta de la nieve

a través de nuestras voces

los cuervos caminan de nuevo sobre nosotros

sin resistir el peso de nuestro latido

el codo del mundo

no logra lanzarnos del todo hacia atrás

 

 

las sombras de los pájaros que acentúan este sol

se alimentan de semillas nocturnas arrancadas de tus ojos

por eso son aves que riegan su canto como si abrieran un cuerpo oscuro a mitad del día

yo soy uno contigo y dormimos en sus gargantas

llenos de luz

 

 

eres el dedo índice

sobre los labios de mis días

pidiendo silencio

al coro estéril del mundo

para que yo te reciba

 

 

Él

 

I

afuera de mi casa

las aguas roncas de la madrugada

desfilan por nuestros labios

 

 

II

sus ojos tigrean en la cocina

él me habla de las decapitaciones de su infancia

dentro de mí caigo en una excavación que no nació conmigo

 

 

III

los días se elevan como flechas de luz despiadada

él muerde y se arranca de mí

cuando se va no sé cuál hendidura

cuál flecha soy yo

 

 

IV

a Lou Reed

 

alimentamos animales que viven en el zoológico de nuestras mentes

y luego vemos una película

pero en realidad

toda nuestra atención está en la repentina aptitud que tenemos para respirar bajo el agua

cuando estamos juntos

 

 

V

salimos a la carretera

él maneja

su voz es un vaso de agua clara que yo bebo

las nubes nos miran y se convierten en sal

afuera las piedras se evaporan

el cielo es un animal que nos ama con toda su demencia

 

 

a mi hermano Carlos

 

ni cuando serví café en mi diminuta vajilla

y nuestros padres nos midieron los pies

con desconsuelo en la mirada

eligiendo los zapatos como quien elige un camino

ni cuando mis manos entraron en la nieve por primera vez

para atacarte con blancura en el patio

tampoco durante la lluvia

que nos sosegaba después de pelear

menos aún cuando la licuadora era el tablero de nuestra nave

y la mermelada era servida en taza

nunca

cuando rodamos los días sobre los diablos de la bicicleta

mientras demonios reales se apoderaron de nuestra infancia

y te oí llorar sin darte consuelo

no lo logré

llegó todo y todo se fue

y jamás

hermano

pude mirar al mundo con ojos de niña

 

 

Fotografía

 

es mi mano diminuta en los pantanos de la infancia

de donde vengo todo el tiempo

la que se alza desde aquel vestido amarillo

mira cómo mancha el tiempo el sillón y mis articulaciones

mira mi pelo crecer por kilómetros

cómo me ha desmadejado sobre estos días

no es sonrisa la sonrisa

es otra piedra disparada

aún con sonidos de universo

 

 

verónica y yo

atrapadas en nuestro uniforme de la primaria

nos derribábamos en el patio de la velocidad

recuerdo el primer día que la vi

a mi lado verónica reía tajantemente

y me pedía correr con ella

rauda

en círculos

para llegar a la única cura

el mareo

el suelo

el sol que nos cerraba los ojos

 

 

la niebla matinal se parece a mi padre

en esta camilla

despertando de la anestesia

mi padre es una nube con aguja en el antebrazo

 

 

[…] que todavía,

que todavía se escuchen los gritos de nuestro amor

Raúl Zurita

 

cuando el día termina

recuerdo el amor que era un vaso de agua derramado sobre la mesa

siento el que ahora rezuma por mi cuerpo desde el centro de la vida

y cuando ya estoy acostada

viendo la noche abierta sobre mí

pienso en el amor que dios nos grita cada día

en los pájaros que nos hace triturar con los dientes

para soportarlo

porque ciertamente es demasiado

es demasiado

 

 

i’ve been downhearted, baby,

ever since the day we met

Leonard Feather

 

conozco a dios

me hizo creer que yo podía ser la esfinge de las plantas que hay en el patio

y si acudo a ellas en cuanto se me desaparece un hueso

o una palabra

él me sonríe desde los tallos resecos

sin darme lo que me hace falta

conozco a dios

mientras examina la debilidad de mi mente

cuando manejo bajo la lluvia

sobre llantas lisas y frenos inexistentes

y mi cuerpo es un planeta que silba y se arrincona

ahí está él para traerme de nuevo a casa

con debilidades renovadas

y cuando estoy en la cocina con mi aparato de desconsuelo

porque veo que en las ollas todo se equivoca

comienzo a vaciar recipientes

como cuando vacío mi alma

y ahí está sosteniendo toallas de papel

obligándome a limpiar el minúsculo drama de lo derramado

y en la cama

a punto de dormir

fumo y lo escucho hablar de los accidentes de su infancia

así

recostado en su voz

se ofrece a encaminarme al fuego

me invita a ser inerte

a vivir en el corazón de una piedra

conozco a dios

al principio no identifiqué sus tijeras

pero con ellas me enseñó que soy su jardín

que puede introducirse y libar de mi cuerpo

y dejarme con el filo de estas visiones que de noche afloran

para podarme

 

 

llegó tarde al cuerpo que hay dentro de mí

siempre lo he descubierto con un asombro que no me corresponde

lo que me pertenece

en mí se disipa

el agua siempre quemó como el desconcierto

en la caverna que respira conmigo

 

 

mis sueños son búfalos que suelen abandonarme

salen de mí como lágrimas oscuras

las dimensiones de sus cabezas amueblan los llanos de mi memoria

su aliento de piedra me sostiene

 

 

ella late apenas

entre caballos de piedra

la rabia resuella en sus ojos

mira hacia atrás

la amazona que fue su vida baja el arco

da dentelladas de furia a sus flechas bajo el cielo de sangre

ya no la persigue con ese pecho cercenado

 

 

toca mis ojos con las llaves de tu casa

con los animales que más te hechizaron

con ese cuchillo dame de nuevo el habla

lávame con vino

tiéndeme a llorar bajo el sol requemado

la vida para mí siempre llevó luto profundo

 

 

NOTA

[1] Del libro Sesgo, ganador del Premio Iberoamericano Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer 2016.

 

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Posted by Claudia Berrueto

Claudia Berrueto (Saltillo, Coahuila, México, 1978) es poeta. Ha sido antologada en «Pensar con los ojos abiertos II» (Universidad Autónoma de Coahuila), «Anuario de poesía mexicana 2006» (Fondo de Cultura Económica), «Muestra de Literatura joven de México» (Fundación para las Letras Mexicanas), «La mujer rota» y «Del silencio hacia la luz. Mapa poético de México». Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Tijuana 2009. «Sesgo» (2015), su último libro, fue acreedor del Premio Iberoamericano Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer 2016.

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