Salvador Novo: queer frente al canon

Salvador Novo, a la vez dentro y fuera del clóset como del canon, ejemplifica la importancia de la diversidad sexual en la tradición literaria.

El canon literario es tradición política y moral donde la disidencia sexual es subversión literaria, que a muchos ha costado la libertad y la vida. A través de Salvador Novo, personaje al mismo tiempo dentro y fuera del clóset como dentro y fuera del canon, César Cañedo nos muestra la importancia de estudiar la diversidad sexual en la tradición literaria.

 

 

César Cañedo

 

Si habláramos de un canon de la literatura homosexual en México, Salvador Novo estaría, como sugiere Carlos Monsiváis, en el centro. Sin embargo, estableceremos una serie de formulaciones para distanciar la producción literaria que caracterizamos homosexual de nociones estabilizadoras y reguladoras como la de canon, a partir primero de aproximarnos a la relación que Salvador Novo estableció con el canon, entendido como la gran tradición que mide, jerarquiza y selecciona lo perdurable de una comunidad literaria; para posteriormente formular la necesidad de pensar en otros modelos de agrupación, tradición y continuidad cuando se trata del corpus de la expresión del deseo homosexual.

Novo comparte la característica de estar y no en el canon con otros personajes emblemáticos, disidentes sexuales y próximos a su contexto, quienes encontraron en la figura del artista de la modernidad la posibilidad de ser reconocidos y valorados por el canon dominante que regía. Para de esta manera encumbrarse bajo el rostro público del artista y ocultar la transgresión moral y sexual que una parte de su literatura y propuesta estética evocaban en su obra, con la venia de la crítica literaria posterior, que comúnmente no considera la expresión del discurso homosexual como un rasgo digno de análisis ni teorización en ninguno de estos personajes paradigmáticos. Nos referimos a la tradición que inaugura Oscar Wilde, con un final desastroso en términos de perder todas las ventajas sociales y políticas, e incluso –bajo la rigidez de una sociedad conservadora y victoriana de finales del XIX– perder la libertad. Tradición que Luis Cernuda, Federico García Lorca y Salvador Novo reasimilan con sus particularidades en cada caso.

Con estos personajes se revela que la relación que establecen autores y obras con el canon dominante de una época es dinámica, y que las posibilidades de inclusión o exclusión canónica están determinadas por los valores de una época y de una sociedad específica; además de que se le da mucho peso al asunto moral para jerarquizar las nociones estéticas. Frente a la muerte social y literaria del encarcelamiento y escarnio público del proceso judicial de Wilde, el asesinato de Federico García Lorca y la imposibilidad de conjuntar la realidad y el deseo a partir de una poética del velo que vive en la condicional soñadora de un futuro abierto: «si el hombre pudiera decir lo que ama» de Cernuda; el transgresor y relativamente joven Novo se permite más, sin represalias trágicas y regodeándose del poder que encumbra, en un momento histórico significativamente posterior aunque cercano, que anticipa el fin del ocultamiento y de la persecución social

De acuerdo con Carlos Monsiváis en Lo marginal en el centro, Salvador Novo establece con el canon una relación contradictoria, que entendemos dinámica, inacabada, abierta, en flujo, sin cargas peyorativas en las adjetivaciones anteriores, y que leemos, por lo tanto, queer. Nombrado «Cronista de la Ciudad de México» en el sexenio de Díaz Ordaz, antes burócrata y funcionario en varios gobiernos, profesor, periodista destacado y prolífico, conservador en sus últimos días y miembro de la Academia de la Lengua, Novo construye una marca registrada sobre su extravagancia, ademanes, afeminamiento, ingenio mordaz, carencia de escrúpulos, y poco ocultamiento de su condición homosexual, que también se revela performática, al mismo tiempo que es cobijado por las estructuras más sólidas de poder literario, social y político.

Tanto con el canon como con el clóset, Novo revela una postura queer que proponemos indeterminada, ya que está dentro y fuera del clóset y del canon en función de sus necesidades y posibilidades expresivas, lo que dibuja la posibilidad de transgredir y subvertir la norma no desde la oposición fija y dicotómica de margen-centro, canon-periferia, sino a partir de una relación que integra los dos polos dibujando alternativas de inclusión y de exclusión; es decir, desde esta propuesta se abre la oportunidad para subvertir los valores de la norma por los valores de la norma misma, transgresión subterránea y profunda desde las bases de la estructura de poder, que no presume radicalidad, sino que integra los opuestos en una estructuración por la que no tomar partido o mostrarse indiferente se revela también como una opción de resistencia.

El canon invita a reproducir, mientras que la periferia invita a replicar los valores que el canon literario fija, si pensamos esta relación desde la postura queer de abrir las posibilidades de relación entre los dos opuestos (que pierden entonces su polarización), podemos encontrar, en algún punto del espectro, la opción de «reproreplicar», término que validamos para la relación con el canon por la que al reproducir replica y altera los valores de la tradición, que corresponde a la que en vida y obra planteara el funcionario y purista del lenguaje, quien a partir de una estructura consagrada por la tradición, el soneto, y valiéndose de la licencia que perdona los excesos morales (ejercer la sátira de sí y el autoescarnio), presentaba en su estética –con pelos y señales– preocupaciones de un mundo homosexual que empezaba a reconocerse en el discurso: los modelos diversos de amor que abren la promiscuidad y la compra venta del deseo, la fugacidad de las relaciones homoeróticas, la juventud como valor supremo que regula la noción del tiempo de vida del homosexual, la dignificación del ano como espacio de placer y subversión. Baste un ejemplo que si bien no aglutina todas las formulaciones que enumeramos, da cuenta de las preocupaciones bastante vigentes del mundo homosexual que se fortalecía en su diversidad, antes de la oleada de normalización del matrimonio homosexual [1], ese otro canon que amenaza con instaurarse como vía sacra de la reputación y la moral de las parejas homosexuales de nuestro momento:

 

VI

Yo te aguardé esta noche con el ansia

de mirarte llegar, y de que luego

escucharas impávido mi ruego

y me dieras tu fuerza y tu fragancia.

Pero quisiste darte la elegancia

de no venir, de desdeñar mi fuego,

sin saber que recibo por entrego

leche de muchos toros en mi estancia.

Yo pensaba quererte en exclusiva;

gemir y sollozar bajo tu fuete,

brindarte mis pasiones rediviva.

Y a casa regresé –con tu billete–

luego que una salubre lavativa

a los hijos ahogó de otro cadete (128).

 

Paralizado, posibilitado en la indefinición de no acabar ni publicar en vida sus memorias homosexuales, de no asumirse políticamente disidente, de buscar y disfrutar la ostentación pública de relaciones sociales favorecedoras, de una intimidad que se exhibe y vende en función de una autoimagen que terminará en Televisa, Novo no excluye en su vida ninguna de estas opciones, antes bien, éstas perfilan una dinámica de resistencia integradora con el canon que propone el autor de La estatua de sal. Novo es consciente de la fuerza de la intimidad como espectáculo que vende, utiliza el asunto del yo como un producto de consumo y propone escribirse para exhibirse, a partir de una fragmentación como resistencia a la idea de unidad del sujeto, que dibuja una postura ubicua en su autorepresentación y nos recuerda que las esencias y los esencialismos se vuelven apariencias, posibilidades, superficies y estructuras parciales.

Tanto sus memorias inacabadas –y esto dicho como valor agregado para la postura queer– como sus sonetos de amor ridiculizado y homosexual representan la propuesta estética de la estructura del fracaso amoroso, del fracaso de vida, del fracaso literario, por lo que reformulamos la reconsideración del fracaso como propuesta estética, queer y política de resistencia al poder. Novo se construye como un sujeto lleno de culpa e inferioridad, utiliza la noción del fracaso como forma de crítica y autocrítica. Fallar visibiliza las contradicciones y encubrimientos que cierran las nociones de salud, felicidad, justicia. El autor presenta una resistencia a la hegemonía en el rechazo, en el fracaso amoroso. Ante el capitalismo como esquema de éxito y progreso aparecen alternativas existentes a las formas de amar hegemónicas que los homosexuales reproducen. A partir de esas prácticas alternativas la utopía de un mundo diverso y plural se construye desde el inconformismo, el pesimismo, las prácticas no reproductivas y anticapitalistas, la negatividad y la estupidez. Es posible, desde esta perspectiva, abrir el cuestionamiento a las nociones que rigen nuestra idea de éxito y realización: ¿por qué se considera una opción mejor en términos morales la vida doméstica que la promiscuidad, que la insatisfacción amatoria? Mejor el ejército que las autodefensas; mejor homosexual bien casado que promiscuo.

Con la postura vital y artística de Novo se nos exigen otras maneras de entender el estar en contra y a favor, otro tipo de relaciones con el canon y entender la postura sin postura como una posibilidad de resistencia. Es a partir de esta línea que se abre la pertinencia, o no, de utilizar una categoría como la de canon, que exige una definición frontal con el poder, en lo que políticamente hemos decidido nombrar –construir desde el discurso– como el campo de estudios de literatura homosexual.

Pensar el canon de la gran tradición literaria es una herramienta teórica que permite entender los procesos por los que se fijan ciertos autores y obras, y por contraste, los procesos por los que se marginan otros; que, como es bien sabido, esta dinámica responde a intereses no sólo estéticos o literarios, sino políticos, sociales, morales, económicos, en función de una relación que la literatura y el campo literario establecen con las formas de poder.

Resistir a la noción de canon, desde los estudios y formulaciones de literaturas de disidencia sexual, se convierte en una posibilidad de apertura al modelo por el que pensamos el continuo de obras y autores que conforman una tradición y las necesidades evidentes para la conformación de la misma. No serán, presumimos, iguales los motivos por los que una obra perdura o destaca en una línea de producción que necesariamente tendrá que asumir una bandera política para definirse: la diversidad identitaria y la expresión de la variedad de cuerpos y deseos que buscan su dignidad en términos de representación discursiva frente a una literatura blanqueda, heteronormada, masculinizante, adulta y occidental, que no necesita reconocerse digna, por el mismo respaldo de valores hegemónicos que cobija la literatura sin etiquetas, la que exige de sí medirse en función del canon. Si esa es la tradición literaria que heredamos desde una literatura de disidencia, entonces que el canon no sea nuestro colador. El primer paso es pensarnos desde la diferencia, para replantear con la distancia respectiva nuestros modelos o valores de visibilidad, formación de comunidad y apertura a la diversidad que la literatura de diversidades pueda reflejar. Podemos hablar entonces de continuidad histórica y política para expresar una literatura en constante reformulación y cuestionamiento de sus valores: no imposición de modelos, sino reconocer que aparecen para cada momento la necesidad de formular esquemas de dignidad que den cuenta de la gran diversidad de los rostros del deseo.

En este replantear las obras y autores en función de los soportes comunitarios e identitarios que permitan hablar desde una enunciación politizada, se revela que las necesidades para destacar una obra literaria en términos de diversidad sexual incluyen que la obra responda en mayor o menor medida al momento expresivo de la comunidad: por ejemplo, la visibilidad autoparódica de Novo como una opción que permitía hablar favoreciéndose del canon bajo un ambiente hostil, de velo y ocultamiento de la diversidad; pero también la legitimidad del gozo y la dignidad de la apertura, el fin de la persecución judicial y el soporte comunitario que implicó la formación de colectivos de lucha LGTTTBI en la década de los setenta, con obras paradigmáticas como El vampiro de la colonia Roma (1979) de Luis Zapata, momento que rápidamente posibilita la postura de cuestionamiento y crítica en Ojos que da pánico soñar (1979) de José Joaquín Blanco; asumir una radical diferencia y postura de denuncia frente a la nueva condena de la muerte social homosexual bajo la llegada atroz del sida, en testimonios como Poesida (1996); por plantear ejemplos de cómo pensar esta literatura considerando las necesidades y posibilidades de enunciación política e histórica que desde la disidencia podían presentarse.

El canon encubre la parte política, moral y social de su configuración para dar paso a los preceptos estéticos, que en teoría subrayan y justifican la permanencia de una obra. No es que los valores estéticos no estén en la formulación de la literatura desde la disidencia sexual, sino que el canon borra lo que se legitima desde la otra postura, cerrando bajo candados estéticos la visibilidad, el cuestionamiento y la apertura; así puede entrar por la puerta grande Luis Cernuda, por ejemplo, porque el canon propone tratar con mayúsculas y en nociones untarias Amor, Muerte, Tiempo, Vida, los grandes temas de la gran literatura relegándonos a una sola noción de amor, de muerte, de logro o de gozo, bajo la premisa de que si es literatura no importa qué tipo de amor sea ¿o sí? Las fuerzas que mueven al canon van más allá de valores propiamente literarios y se relacionan con la moralidad y los valores sociales, representan el poder del discurso en la acción social, y en este sentido es la misma fuerza que mueve a la resistencia para proponer pensar al canon desde las características de disidencia sexual y establecer una distancia que permite visibilizar otras maneras de resaltar obras y autores en una comunidad literaria.

 

 

Bibliografía

Barrera, Reyna (2011), Salvador Novo, navaja de la inteligencia, México, Plaza y Valdés.

Domínguez Ruvalcaba, Héctor (2001), «Salvador Novo la estrategia de las apariencias», La modernidad abyecta. Formación del discurso homosexual en Hispanoamérica, Xalapa Universidad Veracruzana, pp. 117-160.

Halberstam, Judith (2011), The queer art of failure, Durham, Duke University Press.

Madrigal, Elena (2010), «Poetas mexicanas que dicen el amor en lésbico: panorama y aproximación crítica», en Mauricio List Reyes y Alberto Teutle López (coords.), Florilegio de deseos. Nuevos enfoques, estudios y escenarios de la disidencia sexual y genérica, México, Ediciones Eón-Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, pp. 199-226.

May, Georges (1982), La autobiografía, trad. de Danubio Torres Fierro, México, FCE (Breviarios, 327).

Miraux, Jean-Philippe (2005), La autobiografía: las escrituras del yo, trad. de Heber Cardoso, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión.

Monsiváis, Carlos (2000), Salvador Novo. Lo marginal en el centro, México, ERA.

_______ (2002), «Prólogo» en Salvador Novo, La  estatua de Sal, México, CONACULTA.

Moreno Esparza, Hortensia (2010), «La construcción cultural de la homosexualidad», en Revista Digital Universitaria, vol. 11, número 8, agosto 2010, pp. 2-xx a 9-xx.

Novo, Salvador (2002) [1998], La estatua de Sal, México, CONACULTA.

Sullà, Enric (1998) (comp.), El canon literario, Madrid, Arco Libros.

 

 

NOTAS

[1] No estoy en contra del matrimonio gay como vía legítima de dignificar y validar un amor diverso en términos sociales, con las ventajas económicas que se presuponen, sino que señalo las desventajas en la medida en que aquellos beneficiados por esta práctica cierren sus filas, excluyan y satanicen social y moralmente a todos los sujetos que viven, expresan y defienden diversos modelos de relación sexoafectiva, es decir, defiendo la postura que busca que no sea el matrimonio un canon sino otra posibilidad más de logro y realización, y que con su llegada no se ofusque la lucha por aquellos modelos que no han alcanzado el bienestar social que permita vivir dignamente.

 

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César Cañedo es originario de El Fuerte, Sinaloa. Poeta, atleta, profesor, crítico literario, escritor e investigador. Ha practicado con pasión el atletismo y la natación, actualmente forma parte del equipo de atletismo de la UNAM, es saltador de longitud y triple. Fundador y codirector del Seminario de Literatura Lésbica Gay, UNAM. Estudiante de Doctorado en Letras, UNAM, se interesa por los excluidos de la tradición literaria mexicana, como Antonio Plaza, Josefa Murillo y Adolfo Carrillo. Algunos textos suyos han aparecido en publicaciones impresas y digitales. Recientemente, la revista electrónica Círculo de Poesía publicó algunos de sus poemas.

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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