Qué significa ser científico y feminista

En este texto integrado por la periodista Claire Shaw, dos mujeres y un hombre comparten su experiencia de ser científicos y feministas.

Tres generaciones, tres visiones


La ciencia no es la excepción cuando hablamos de las desventajas estructurales que históricamente han exceptuado a las mujeres de muchos rubros laborales en el mundo. Pese a lo anterior, como también sucede ya en muchos ámbitos de la vida social y cultural, la incorporación femenina incrementa en número y calidad. En este texto dos mujeres y un hombre comparten su experiencia de ser científicos y feministas al mismo tiempo.

  

 

 

Claire Shaw

 

Tres científicos comparten sus opiniones sobre el lugar del feminismo en la ciencia, los retos que enfrenta y lo que se necesita para progresar.

 

Georgina Rippon, 63 años, profesora de neuroimagenología cognitiva en la Universidad de Aston

 

Ser científica y feminista es una situación en la que todos ganan. La ciencia te da las armas para luchar por causas feministas, mientras que el feminismo te da la conciencia para identificar el potencial uso incorrecto de estas mismas armas.

Como científica, una es capaz de lanzar un gruñido bien informado cuando los medios de comunicación mal informados malinterpreten, tergiversen o simple y llanamente alteren los datos para mostrar las más recientes «pruebas» científicas de que las diferencias de sexo son reales, fijas e inalterables. Al estar entrenada en el método científico, una puede identificar a la mala ciencia o pseudociencia y, por ejemplo, desacreditar las aseveraciones de los merolicos de las neuro-tonterías que secuestran y distorsionan investigaciones en neuroimagen para respaldar estereotipos de género.

El feminismo te hace consciente de que la investigación puede ser tendenciosa (consciente o inconscientemente) o que puede estar basada en doctrinas existentes que se encuentran a su vez fundadas en estereotipos negativos que no se cuestionan. Las investigaciones sobre los vínculos entre las hormonas y el comportamiento de las mujeres utilizan escalas como el Cuestionario de angustia menstrual.[1] ¿Alguien se ha encontrado acaso con un cuestionario de euforia por ovulación? La ciencia no siempre ocurre en un vacío político; los científicos deberían ser sensibles a esto y estar conscientes de la suave pero persistente pulsación del movimiento que apoya al determinismo biológico.

Como científica, una puede ver cómo se usan tus habilidades para abordar problemas del mundo real, problemas centrales para las metas del feminismo. Investigaciones de neuroimagen recientes sobre la amenaza de los estereotipos han indicado que el bajo rendimiento de las mujeres en ciertas tareas no es una causa biológica con consecuencias sociales, sino que se relaciona con actitudes sociales y expectativas que pueden modificar el funcionamiento del cerebro, es decir, se trata de una causa social con consecuencias biológicas. Al trabajar juntos, el feminismo y la ciencia nos han llevado a superar las más bien poco productivas dicotomías de «biología contra sociedad» que caracterizaron las políticas biológicas de los noventa.

El feminismo puede transformar metodologías, cuestionar la falta de objetividad y mejorar el quehacer científico en las ciencias biológicas y de la vida, así como en las ciencias sociales y humanas. Al trabajar juntos, la ciencia y el feminismo pueden ayudar a taponar las tuberías agujeradas en la ciencia; a abordar cuestiones de género en la representación y en la práctica y a respaldar iniciativas como WISE,[2] Skirting Science y ScienceGrrl. La ciencia puede ser buena para el feminismo y el feminismo puede ser bueno para la ciencia.

 

*

Samuel Furse, 31 años, químico biólogo posdoctoral en la Universidad de Utrecht, Países Bajos

 

Las palabras científico y feminista no quedan muy bien juntas. Algunas personas me dicen que no puedo ser feminista porque soy hombre. Otras, que buscan otro tipo de controversias, dicen que una postura política y una objetiva son incompatibles.

Lo que estas dos respuestas no hacen es analizar la descripción. La palabra «feminista» funciona como adjetivo y la palabra «científico» funciona como sustantivo con género masculino. La ciencia está, por ende, en el núcleo de todo para alguien que ha adoptado esta postura.

Todos los científicos respetados quieren hacer buena ciencia. Todavía es la mejor manera de progresar en la industria, y es un gran placer descubrir y darle sentido a algo nuevo. Sin embargo, para hacer esto con estándares para su publicación, es necesario que varios científicos trabajen juntos. Esto ocurre probablemente en cada etapa: en el desarrollo de la hipótesis, en la recolección de los datos necesarios y en su análisis, en la escritura de todo y en la entrega para su publicación.

Ya ha pasado mucho tiempo desde que una persona podía hacerlo todo sola. La ciencia bien pulida necesita de varios cerebros, con perspectivas ligeramente diferentes, para ser meticulosa y exitosa. Se podría argumentar que el género realza las diferencias entre los investigadores y puede ser explotado en la búsqueda de este ideal; la edad, la clase y la raza serían otros ejemplos de factores de diferenciación y de escalonamiento. Sin embargo, no estoy seguro de que haya suficiente evidencia para concluir que los factores de diferenciación marcan una diferencia importante en la ciencia que resulta de colaboraciones elaboradas bajo esas premisas.

Pero hay muchas evidencias buenas de que los cerebros masculinos y femeninos piensan de manera diferente, que llegan a conclusiones similares y forman ideas por medio de rutas distintas. Es inevitable que esto tenga un impacto en la ciencia que se produce, y es por esto que soy un científico feminista: la ciencia se beneficia tanto de los aportes masculinos como femeninos. Ayuda, por supuesto, que todos los involucrados sean inteligentes y tengan experiencia, pero la combinación de perspectivas que existe en una colaboración científica compuesta de hombres y mujeres realmente supera los resultados finales de cualquier otra.

 

*

Sarah Morgan, 22 años, estudiante del posgrado en física en la Universidad de Cambridge

 

Menciona un científico famoso. Einstein, Newton, Darwin… Es probable que hayas pensado inmediatamente en un hombre. Y no sólo tú. De acuerdo con una encuesta de la Royal Society[3] de 2010, el 88 % de las personas de entre 18 y 24 años de edad y dos tercios de la sociedad inglesa no pueden nombrar a una sola científica famosa. Históricamente, las mujeres han tenido menos oportunidades para estudiar ciencia, y aquellas que lo han logrado han recibido menos reconocimiento que sus contrapartes masculinas. Afortunadamente, en años recientes el número de mujeres que estudian ciencia ha aumentado. Sin embargo, todavía falta un largo camino por recorrer.

El incremento numérico de las mujeres en la ciencia sólo puede ser algo bueno. No sólo porque es sumamente injusto que las mujeres no puedan experimentar la desafiante, pero también enorme, recompensa intelectual que significa participar en investigaciones científicas, sino también porque el costo social de excluir a las mujeres es extremadamente grande. Necesitamos que las mejores mentes vayan a las ciencias, y es razonable decir que si las mujeres son excluidas, reducimos este recurso a la mitad. Más aún, las mujeres aportan nuevas formas de pensar y una gama más amplia de ideas, lo que es crucial para que la ciencia florezca.

Todos los científicos tienen la responsabilidad de ser feministas y alentar a las mujeres para que participen en la ciencia y luchen contra las barreras que existen. No obstante, es más fácil decirlo que hacerlo. Hay varias razones propuestas sobre por qué se desalienta a las mujeres de participar en la ciencia en una variedad de niveles, de niñas de primaria hasta académicas. Entre otras, se puede incluir la falta de modelos a seguir y sistemas de apoyo (así como el acoso de todo tipo), pero también hay barreras menos obvias, por ejemplo, prejuicios inconscientes en las entrevistas de trabajo y en las cartas de recomendación.

A la larga, la forma de enfrentar los prejuicios contra las mujeres es incrementar la consciencia sobre los retos particulares a los que se enfrentan las científicas e implementar sistemas que promuevan la igualdad de oportunidades. Mientras tanto, necesitamos mujeres sobresalientes que sean modelos a seguir para mostrar de manera inequívoca que las mujeres pueden competir en el mismo nivel intelectual que los hombres, y alentar a otras mujeres para que sigan su ejemplo. Juntos podemos crear las condiciones de igualdad que tanto se necesitan.

 

Traducción de Antonio Puente Méndez

 

 

Publicado originalmente en The Guardian, el 10 de julio de 2013. Traducido y publicado con el permiso de la autora.

 

 

 

NOTAS

[1] Menstrual Distress Questionnaire.

[2] World Innovation Summit for Education.

[3] Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural.

 

 

 

___________

Claire Shaw estudió en el Centro de periodismo de investigación del Goldsmiths College (University of London) y actualmente trabaja como periodista social en la Guardian Higher Education Network del periódico inglés The Guardian.

Antonio Puente Méndez (Ciudad de México, 1988) es licenciado en Lengua y Literaturas Modernas (Letras Inglesas) por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente cursa la maestría en Letras (Modernas Inglesas) en la misma institución con la investigación «El adulterio femenino en la obra de Jhumpa Lahiri». Sus áreas de interés son la narrativa escrita por mujeres de los siglos XIX y XX en lengua inglesa, el feminismo, el poscolonialismo, los estudios de género y el psicoanálisis. Es miembro del consejo editorial de Cuadrivio.

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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