Preferencias estéticas: ¿soy lo que me gusta?

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Nuestro cerebro es el responsable de nuestra percepción del arte. Nos permite identificar lo que nos gusta a pesar de que se padezca Alzheimer, tener experiencias estéticas sin entender lo que se está percibiendo, e identificar la belleza que se esconde en una fórmula matemática o en nuestro cuadro favorito de Salvador Dalí. En este texto, Queletzú Aspra nos lleva de la mano a través de algunos estudios que se han realizado para asociar la actividad de nuestros cerebros con la apreciación del arte.

 

 

Queletzú Aspra

 

 

Una de mis pinturas favoritas es Muchacha en la ventana de Salvador Dalí. Simplemente me da enorme placer mirar ese cuadro. Podría encontrar muchas maneras de justificar tal placer, porque de alguna manera mis gustos también construyen una parte de mi identidad. No digo algo nuevo, todos los adolescentes lo saben, y las discusiones son eternas cuando tratamos de juzgar las propiedades del reguetón. Cada uno de nosotros analiza desde el interior de la fortaleza de sus sentidos. Si este juicio está ligado a nuestras experiencias previas y a nuestra memoria, es una pregunta que se queda en el aire.

Para alumbrar la posible respuesta, di con un estudio del 2008 que mostró que los enfermos de Alzheimer mantienen sus preferencias por alguna pintura, aunque no puedan recordar para qué sirve un pincel. Se mostraron 24 pinturas de tres diferentes estilos a un grupo de dieciséis pacientes con Alzheimer. Cada uno de ellos ordenó de acuerdo a su nivel de preferencia de manera descendente una serie de pinturas de estilo representacional (por ejemplo People in the sun), cuasi-representacional y abstracto. Dos semanas después se les pidió hacer el mismo ejercicio, y a pesar de que todos los pacientes tenían dificultades para identificar qué pinturas habían visto en la sesión anterior, todos volvieron a escoger las mismas pinturas en el orden de preferencia previo. Los enfermos de Alzheimer en estado avanzado tienen problemas de lenguaje, usan palabras de manera incorrecta y no recuerdan las palabras que quieren utilizar. También se presentan problemas de coordinación motriz y, en casos más avanzados, no reconocen a los familiares cercanos. Los recuerdos más viejos se mantienen y los más recientes se difuminan.

ciencias

Mujer llorando de Picasso (1937) como ejemplo de pintura cuasi-representacional. Pintura abstracta Lovers de Howard Hodgkin (1984-92), y la identidad de Euler, una de las ecuaciones que los matemáticos consideraron hermosas.

 

Entonces, ¿cómo pudieron escoger de nuevo las pinturas que prefirieron desde la primera vez, sin recordar cuáles habían visto dos semanas antes? ¿Quiere decir esto que nuestras preferencias no están necesariamente ligadas a una retahíla de recuerdos? Podría olvidar la cara de mis hijos, pero volvería a escoger Muchacha en la ventana una y otra vez. Para mi cerebro, la cara de mis hijos no influye sobre mis gustos. Este estudio parece contradecir la impresión que tenemos de nosotros mismos, así como la postura del importantísimo Antonio Damasio sobre el yo autobiográfico como «un estado mental derivado de la recolección y ensamblaje de memorias de nuestra biografía».

Experimentalmente se ha visto que estos dos procesos están disociados. En un estudio realizado en el Instituto Max Planck, en 2002, le pidieron a los participantes señalar si estaban de acuerdo con algunos enunciados mientras se evaluaba su actividad cerebral mediante resonancia magnética funcional –un procedimiento clínico que genera imágenes de las regiones del cerebro que desempeñan tareas determinadas–. Las oraciones recolectaban diferentes tipos de memoria, como la semántica: el helado tiene sabor a fresa, la memoria episódica: la semana pasada comí helado de fresa, y la de auto-referencia: me gusta el helado de fresa. El área de la corteza prefrontal del cerebro que se activa preferentemente durante la referencia a mis gustos es la porción frontomedial, pero no por esto recuerdo lo que hice la semana pasada.

Al igual que Damasio, yo no echaría por la borda la importancia de la memoria semántica tan rápido. Cuando vemos un cuadro de Kandinsky, Delaunay o Picasso, hacemos una interpretación de lo que estamos viendo echando mano de nuestras experiencias previas. Al contemplar obras de arte visual se pueden ver reflejados en la actividad cerebral ciertos pasos: primero los elementos visuales de la obra de arte se procesan como cualquier otro objeto en el campo visual, después se redirige la atención hacia ciertas propiedades visuales como el color, la forma y la composición, para después identificar qué se está viendo y, por último, una respuesta emocional y el juicio auto-referenciado. Claro que cabría preguntarse si todo esto ocurre secuencialmente. Este proceso es muy similar a lo reportado recientemente por el equipo de investigación de Google, quien utilizó un software de neuronas artificiales para la identificación de imágenes en tres procedimientos generales: primero se sopesa la información de entrada, después se procesa de acuerdo a un algoritmo o sistema de fórmulas que el programador diseña y, por último, se obtiene un resultado; por ejemplo, si el dato insertado es menor a 10, el resultado o la interpretación será 1. x<10=1.

Estos sistemas de identificación de imágenes son utilizados por Facebook, por ejemplo, para etiquetarnos en las fotos que añadimos a esta red social. Las primeras capas de procesamiento de imágenes que utilizó el equipo de investigación de Google, identificaron bordes y esquinas en las imágenes que iban entrando al sistema; las capas intermedias identificaron formas y componentes generales, como puertas, hojas, etcétera; mientras que las capas de neuronas artificiales finales ensamblaron lo interpretado por las capas anteriores y respondieron generando imágenes como rostros, edificios y árboles. Si este algoritmo ve más figuras que yo en un cuadro de Kandinsky, ¿podría decir que casi tiene una experiencia estética? ¿Puedo tener una experiencia estética sin interpretar lo que estoy viendo?

Un estudio publicado en 2014 mostró que los matemáticos tenían la misma actividad cerebral frente a una ecuación que consideraban hermosa, con base en sus méritos lógicos, que frente a una obra de arte. Si para alguno de nosotros estas ecuaciones no tienen sentido, difícilmente podremos disfrutarlas; sin embargo, los pacientes de Alzheimer nos dicen que quizá esta condición no es del todo necesaria para disfrutarlas.

 

 

Referencias:

Araujo, HF. Kaplan, J. Damasio, A. (2013) «Cortical midline structures and autobiographical-self processes: an activation-likelihood estimation meta-analysis». Front Hum Neurosci, 4(7), 548.

Cela-Conde, CJ. Agnati, L. Huston, JP. Mora, F. Nadal, M. (2011) «The neural foundations of aesthetic appreciation». Prog Neurobiol, 94(1), 39-48. (Sí, el mismísimo hijo de Camilo José Cela hace neuroestética).

Halpern, AR. Ly, J. Elkin-Frankston, S. O’Connor, MG. (2008) «”I know what I like”: stability of aesthetic preference in Alzheimer’s patients». Brain Cogn, 66(1), 65-72.

Zeki, S. Romaya, JP. Benincasa, DM. Atiyah, MF. (2014) «The experience of mathematical beauty and its neural correlates». Front Hum Neurosci, 13(8), 68.

Zysset, S. Huber, O. Ferstl, E. von Cramon, DY. (2002) «The anterior frontomedian cortex and evaluative judgment: an FMRI study». Neuroimage, 15(4), 983-91.

Blog del equipo de investigación de Google:

http://googleresearch.blogspot.co.uk/2015/06/inceptionism-going-deeper-into-neural.html

 

 

 

 

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Queletzú Aspra (Ciudad de México, 1986) es maestra en Ciencias Biológicas por la UNAM. Fanática de las neurocosas, el cine y microrrelatos. Le interesa comunicar el trabajo científico para otros científicos y lectores desafiantes.

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