Pequeña Latinoamérica. Capítulo I: Sergio Gaut vel Hartman

Presentamos «Pequeña Latinoamérica», serie que ofrecerá una selección de la ficción breve que se escribe en América Latina. El argentino Sergio Gaut vel Hartman es nuestro primer invitado.

A cualquier precio

La aspiración de Fabricia era abrirse paso en el mundo de las letras, y aunque sus talentos naturales eran escasos, casi nulos, su obstinación superaba la mesura que debe regular los actos de una dama. Por eso, en cuanto tuvo oportunidad de hacerlo, se tomó una nave con destino al planeta Abecedario y una vez allí, se internó en el páramo que los primeros exploradores denominaron Phonema. Arremetió contra las eñes y las efes, mutiló a las jotas y las íes, despanzurró las os, las des y las bes, usó las ves (o uves), las equis y las emes invertidas para ensartar a las ges y las haches. Una carnicería, se mire por donde se mire. Fabricia estaba satisfecha y su objetivo cumplido: se había abierto paso en el mundo de las letras. No obstante, un hecho impensado enturbió su felicidad y la arrinconó en una situación insospechada: el hedor de las eses muertas, más nauseabundo que el que impera en un cementerio de elefantes, estimuló los reflejos de su sistema digestivo y le provocó la infausta serie de vómitos que la llevaron a la muerte. Ni siquiera tuvo en cuenta que las eses, para descomponerse, habían incurrido en la falta de ortografía más rampante de la que se tenga noticia. Pero debemos aceptar que las letras de Abecedario debían hacer algo para frenar a la depredadora. Y allí yace Fabricia, con sus huesos blanqueándose al sol que alumbra Abecedario, insepulta, claro, y sin epitafio, por supuesto, ya que las letras, vengativas, se negaron a ordenarse aunque más no fuera en una frase cualquiera, cáustica, sangrienta, o por lo menos banal.

 

Ochenta

Una mujer de setenta años lee una novela en la que una mujer de sesenta años engaña a su marido de cincuenta años con un repartidor de pizzas de cuarenta años. En la página treinta, sin embargo, una banda de veinte pandilleros asalta a la mujer y la hiere en diez lugares diferentes del cuerpo y la deja tendida en la calle. Los paramédicos deciden que las posibilidades de supervivencia de la mujer son cercanas a cero, por lo que la lectora cierra el libro y se va a dormir.

 

Fraudulento

Frank Steitz era un solterón inútil y vago que había encontrado un método perfecto para vivir sin trabajar. Se disfrazaba con la ropa de su madre muerta para seguir cobrando la jubilación y así vestido iba al banco todos los meses para hacerla efectiva. Con lo que no contaba era que el gerente del banco, viudo desde hacía treinta años, se enamoraría de él y le propondría matrimonio; aceptó para no ir a la cárcel.

 

Otros hermanos

Muy pocos saben que, en paralelo con la carrera de los hermanos Marx, hubo otros hermanos que probaron suerte en las tablas de Broadway y llegaron a filmar tres películas caseras: Guiso de conejo, Una noche en la morguey Perdidos en el loquero. Sin embargo, por errores del representante, escasez de carisma o simplemente falta de talento, los hermanos Engels no alcanzaron siquiera a ser conocidos fuera de su lugar natal, Raleigh, North Carolina.

 

Mapas

El chino contempló al genovés casi con pena. Le había vendido los mapas de Zheng Ho por una fortuna, cuando cualquier marino de la Flota Tesoro sabía que navegando tanto hacia el Levante como hacia el Poniente encontraría las tierras que ellos habían descubierto en 1421. Que el emperador hubiera decidido no ocuparlas era una cuestión de política de estado que él no estaba interesado en comprender. Pero de lo que sí estaba cierto era del carácter paciente de los chinos; ya llegaría el momento de reconquistar y habitar esas regiones.

 

La especialidad de la casa

Todo el mundo sabe que trabajar de ajedrecista no es peligroso. Sin embargo, Nemesio Fattaba es la excepción que confirma la regla. Jugador oficial de la bombonería El Caballo Goloso, Nemesio promociona la especialidad de la casa: un set de piezas de ajedrez de chocolate oscuro y blanco. El ajedrecista juega con los compradores de diecisiete a veinte, todos los días, y los suele derrotar en pocas jugadas, aunque casi nunca come menos de seis piezas por partida. Actualmente Nemesio pesa ciento setenta kilos y todo el mundo sabe de qué se va a morir.

 

(Visited 104 times, 1 visits today)

Posted by Sergio Gaut vel Hartman

Sergio Gaut vel Hartman (Buenos Aires, 1947) es un escritor, editor y antólogo argentino. Referente importante de la minificción en América Latina, ha compilado varios volúmenes de ficción breve para editoriales internacionales. Hasta ahora ha publicado siete libros de narrativa (novela y cuento) y varias docenas de relatos y ensayos tanto en antologías como en publicaciones periódicas. Ha sido traducido al inglés, italiano, portugués y húngaro, entre otros idiomas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.