Los premios Oscar 2018: una mirada muy inclusiva

Las minorías, la diversidad sexual y la otredad cultural fueron el núcleo de los premios Oscar de 2018. Yelenia Cuervo pasa revista al viraje ideológico de Hollywood en este texto.

A casi un siglo de su primera celebración, los premios Oscar hicieron gala en su 90 edición de una premiación que exaltó la diversidad y la inclusión. Como es bien sabido, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas premia a todos aquellos que contribuyen en la industria del cine: directores, actores, guionistas, fotógrafos, montajistas, sonidistas y a gente de todas las disciplinas que intervienen en el arte cinematográfico, todas de igual valía, aunque al parecer aún el espectador y el show televisivo siguen privilegiando al guion, la dirección y la película.

En esta ocasión, el orgullo mexicano se enalteció al tener como ganador al director jalisciense Guillermo del Toro, nominado para 13 categorías y ganador de cuatro estatuillas, entre ellas la de mejor película para La forma del agua, cinta de género fantástico que elabora una metáfora sobre las formas difusas o incomprensibles del amor, pues narra la historia de un encuentro romántico entre una chica muda que se dedica a la limpieza y una criatura anfibia presa por una agencia aeroespacial estadounidense y destinada a la experimentación durante la guerra fría. La película también obtuvo el premio por su diseño de producción y su banda sonora, sin olvidar la relevante categoría de mejor director.

Como mejor actriz fue premiada Frances McDormand por su papel en Tres anuncios por un crimen, quien nos sorprendió con un mensaje aleccionador muy acorde con la búsqueda contemporánea de visibilidad para las minorías, en el cual hizo mención de la llamada inclusion rider, término que alude a la necesidad por parte de la industria del cine de establecer un compromiso para la representación real de la sociedad en sus producciones. Los mismos artistas pueden exigir que se aplique la cláusula en sus contratos, en la que se demanda la participación de «al menos un 50% de mujeres, un 40% de diversidad de grupos étnicos, un 20% de personas con discapacidad y un 5% de personas LGTBI», según la entrevista que dio McDormand después de su premiación.

Coco, película estadounidense dirigida por Lee Unkrich, inspirada en la tradición del día de muertos mexicano, con una técnica sorprendente, común a las producciones de Pixar, y con la clásica narrativa al estilo Disney, ya se perfilaba como una de las preferidas en el rubro de película de animación, y finalmente la expectativa se vio confirmada (dejando por detrás a Cartas de Van Gogh, de Dorota Kobiela y Hugh Welchman); además de que obtuvo la figurilla dorada por la mejor canción original: «Remember Me».

Otros de los premios que se obtuvieron fueron: mejor guion adaptado, para James Ivory por Call me by your name; mejor guion original, para Jordan Peele por Get out; mejor cinematografía, para Roger Deakins por Blade Runner 2049; mejor documental de largometraje, para Icarus de Bryan Fogel y Dan Cogan; mejor cortometraje animado, para Dear Basketball; mejor cortometraje documental, para Heaven is a Traffic Jam on the 405; mejor corto de ficción, para Silent Child; mejor edición cinematográfica, para Lee Smith por Dunkerque; mejores efectos visuales, para John Nelson, Gerd Nefzer, Paul Lambert y Richard R. Hoover por Blade Runner 2049; mejor edición de sonido, para Richard King y Alex Gibson por Dunkerque, entre otros.

Quisiera comentar de forma especial sobre el filme que obtuvo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa: Una mujer fantástica (2017), filme chileno dirigido por Sebastián Lelio y protagonizado por la actriz transexual Daniela Vega, quien en primera instancia solo participaría como asesora cultural para la producción, pero finalmente obtuvo el papel. La cinta explora las vivencias de Marina, una transexual que comienza una relación amorosa con Orlando (20 años mayor que ella). Al poco tiempo de iniciar una vida juntos, después de asistir a una fiesta, Orlando comienza a sentirse mal y Marina lo lleva al hospital, sin embargo unos minutos después fallece en la sala de urgencias, situación que lleva a que se considere a Mariana sospechosa de su muerte. A partir de este evento es constantemente hostigada por la exmujer de Orlando y sus hijos, pues la consideran aberrante. De esta manera le prohíben asistir al funeral y la despojan de los bienes materiales de los que gozaba junto con Orlando cuando él vivía.

La narrativa señala el conflicto de la protagonista al defender su identidad a contracorriente de la discriminación. Sin embargo, en términos de la historia, el conflicto no se explora hasta sus máximas consecuencias dramáticas, puesto que nunca presenciamos una situación climática y conclusiva, sino que contemplamos una serie de secuencias de narrativa audiovisual hasta cierto punto repetitivas sobre la exclusión y la denigración de una persona por su condición transexual. En cuanto al lenguaje cinematográfico, los movimientos de cámara y los encuadres son muy convencionales y no aportan nada significativo a la trama. Lo mismo puede decirse de la fotografía y los elementos de iluminación, que revelan una producción con bajos recursos.

A pesar del desempeño actoral de Daniela Vega y su voz potente, que escuchamos en pantalla al cantar diversas piezas, es notoria su poca experiencia actoral en términos profesionales; sin embargo, esto da a la cinta un tono realista que ayuda a su intención de hacer denuncia social. Así, a pesar de que la película falla en muchos ámbitos como para que se le considere una obra valiosa cinematográficamente, las repercusiones de su exhibición y el solo hecho de obtener el Oscar han generado en Chile una mayor conciencia sobre la situación de las personas transgénero y transexuales, pues en la agenda pública ya se ha creado un antecedente para debatir a futuro los derechos trans. En última instancia, Hollywood nos muestra el sustento ideológico de una premiación que este año ha optado por ser muy inclusiva.

 

(Visited 45 times, 1 visits today)

Posted by Yelenia Cuervo

Licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México, con estudios de posgrado en Estética por la misma institución, y maestra en Filosofía y Medios de Comunicación egresada del Instituto Salesiano de Estudios Superiores. Cursó el diplomado de Creación Literaria de la Sogem, así como el diplomado de Teoría y Análisis Cinematográfico en la Universidad Autónoma Metropolitana. Colaboró en la revista Horizontum con una columna sobre cine y actualmente escribe en la revista Sombra del aire.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.