Los candidatos presidenciales mexicanos frente a Trump

¿Cuál es la postura de los candidatos presidenciales en México frente a Trump? Jorge Ortiz analiza las posiciones de Meade, Anaya y López Obrador en torno a su posible relación con el presidente estadounidense.

La crisis internacional de 2008 evidenció los excesos del neoliberalismo y marcó el inicio de un «nuevo» ciclo en la pérdida de liderazgo global de Estados Unidos. Sin esta antesala no se puede entender la emergencia de un personaje como Donald Trump: «Make America Great Again» y «America First» llevan implícita la idea de que Estados Unidos ya no es superior y que hay culpables que se han aprovechado de ese país. El grado de desigualdad económica y el fin del sueño americano se convirtieron en tierra fértil para la movilización política de sectores afectados mediante un discurso nativista y xenófobo que culpa a las minorías, y al débil y dependiente vecino del sur, de muchos de los males que aquejan a Estados Unidos.

En México no es sorpresivo que el gobierno y otros observadores se alarmaran por las posibles consecuencias de tal discurso en la relación bilateral. Y es que desde hace 30 años las relaciones entre Los Pinos y la Casa Blanca habían transitado por un periodo de relativa «normalidad». A esto se suma que la relación ha estado caracterizada por una supeditación de la élite política mexicana a los intereses estadounidenses, producto de factores históricos, pero también de una visión acrítica del proceso de integración. El efecto más importante de este fenómeno es la profundización del «estatus dependiente» de México no solo desde el punto de vista económico-comercial, sino también desde el político.

México presenta un grado de vulnerabilidad internacional importante, pues no se han reorientado las políticas internas y externas para atenuar el grado de dependencia del país. En estas circunstancias es lógico que, en el momento en que el Estado dominante decide reorientar su política, los intereses mexicanos se vean amenazados y suenen las alarmas. Desde el enfoque de «autonomía» México se inscribe en una categoría analítica que en buena medida explica la manera en cómo se relaciona con el exterior. Según Juan Carlos Puig, existen al menos cuatro tipos ideales que caracterizan el camino de la dependencia a la autonomía:

 

  • Dependencia para-colonial: los grupos que detentan el poder solo son un apéndice de la «estructura de poder real» que tiene su centro en otro Estado.
  • Dependencia nacional: la élite acepta el estatus de Estado dependiente con la justificación de que es benéfico para el desarrollo.
  • Autonomía heterodoxa: el gobierno «sigue aceptando la conducción estratégica de la potencia dominante», pero no está de acuerdo en que esta le imponga el modelo de desarrollo o algunas otras políticas.
  • Autonomía secesionista: la élite deja de alinearse con el hegemón. Normalmente, este nivel se alcanza cuando el Estado en cuestión desarrolla las capacidades para retar el tutelaje externo. [1]

 

México ha transitado por los tres primeros niveles llegando a la «autonomía heterodoxa» durante algunos momentos entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la crisis de la deuda de 1982, aunque en la actualidad presenta características relacionadas con el segundo nivel: dependencia nacional. Así, el contexto electoral mexicano y el llamado «reto Trump» invitan a reflexionar sobre la posibilidad de la continuidad o reorientación de la relación con Estados Unidos y sus implicaciones, pues cada uno de los candidatos representa algunas características de estos tipos ideales. Se trata de identificar en qué medida los candidatos han desarrollado su estrategia frente a Estados Unidos tomando en consideración las concepciones que tienen acerca del vínculo entre el desarrollo de México y la relación bilateral; así como los elementos de su programa en cuanto a la pertinencia para enfrentar el desafío actual y su viabilidad.

 

Meade y la continuidad en la postura hacia Estados Unidos

José Antonio Meade ha expresado que invitar a Donald Trump a México justo antes de las elecciones en Estados Unidos había sido positivo, pues el entonces candidato republicano había cambiado su tono después de la reunión.[2] En realidad el tono de Trump no cambió; su discurso, ahora programa de gobierno, se moderó ligeramente, pero no debido a las tácticas de Luis Videgaray y compañía, sino a un efecto normal de moderación una vez que Trump enfrentó la realidad del cargo.

Es preciso reconocer que el grupo en el poder intentó «apaciguar» a Trump, lo cual fue una táctica arriesgada, imprudente y carente de visión que produjo altos costos políticos para sus autores. A pesar de esto, Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray han insistido en la persuasión tras bambalinas, mediante el inexperto Jared Kushner –yerno y consejero del presidente estadounidense–, con la esperanza de influir indirectamente en el nuevo presidente. Estos movimientos no han generado resultados notables, pues Trump ha insistido en hacerle desplantes a Peña con motivo de la financiación del muro que pretende construir en la frontera. [3]

La postura de Meade frente a Trump refleja la actitud del gobierno en turno y no sorprende que evite a toda costa la confrontación. Por ejemplo, en distintas ocasiones durante 2017, al ser cuestionado sobre el tema, Meade respondió consistentemente que México, en caso de que el TLCAN finalizara, debería «hacer su tarea» como «plan B», lo cual significaba mantener la disciplina en materia de finanzas públicas, reforzar las instituciones y desarrollar elementos de flexibilidad. En cuanto a la negociación comercial, su tono optimista y de confianza, quizá en las diligencias secretas de Videgaray, han sido característicos.[4]

En la medida en que la amenaza se convirtió en realidad, a Meade no le ha quedado más que adoptar una actitud que en el discurso parece firme,[5] pero que en realidad está caracterizada por la falta de determinación y, peor aún, claridad en cuanto a su proyecto internacional. Por ejemplo, llama la atención que en el sitio electrónico oficial de Meade no haya ni un solo párrafo relacionado con las líneas generales de su estrategia global.[6] Es también significativo que la propuesta de política exterior, antes de la convención de banqueros, fuera una imagen publicada en la cuenta de Twitter de Aurelio Nuño, la cual tiene un contenido lleno de lugares comunes sin un grado razonable de especificidad: protección a los migrantes; promoción de México; fortalecimiento de la cooperación y del  diálogo con el continente americano en el que se asumiría el papel de líder.[7]

La relativa evasión del tema de Estados Unidos parece ser un elemento definitorio de la postura de Meade. Otro ejemplo es su presentación en la «Convención Bancaria 2018» donde Meade afirmó que el aumento de la violencia en México está correlacionado con el incremento en el tráfico de armas provenientes de Estados Unidos. A manera de paréntesis, cabe señalar que un informe reciente estima que 106,000 armas estadounidenses pueden vincularse a delitos cometidos en México entre 2011 y 2016, además de que cada año entran a este país ilegalmente cerca de 213,000 armas. Por otra parte, Estados Unidos constantemente denuncia el tráfico de drogas de México hacia ese país, transportadas por los «bad hombres» a los que se refiere Trump, pero, irónicamente, se hace caso omiso del flujo de armas en sentido inverso.[8] Con estos datos en mente y al escuchar a Meade en la convención, uno esperaría que después de presentar su diagnóstico y los cuatro pilares de su propuesta de seguridad habría algún tipo de mención respecto a tratar este tema con Estados Unidos en caso de ganar la presidencia. ¡No fue así! [9]

Ahora bien, en ese mismo foro el candidato por la coalición «Todos por México» delineó el aspecto internacional de su plataforma. Acertadamente, Meade expresó que la invaluable posición geográfica de México presenta ventajas en términos de pertenencia: en América del Norte, en el Caribe, en Centroamérica, en América Latina, en Asia-Pacífico y en el G-20. Cabe resaltar que el peso que tiene el papel de América del Norte en la propuesta entra en relativo conflicto con la idea de diversificar las relaciones en las otras áreas de pertenencia, es decir, Meade propone reforzar el desarrollo institucional en diferentes niveles de gobierno con Estados Unidos y seguir orientando la infraestructura mexicana hacia el Norte. La intención es blindar el proceso de integración, y por ende la profundización de la dependencia, ante las posibles ocurrencias de un líder político como Trump. Esto limita relativamente la capacidad de exportar a otras regiones, pues en gran medida es la orientación de la infraestructura, avocada hacia Estados Unidos, además de la vinculación entre las élites económicas, un factor importante al explicar por qué México sigue concentrando 81% de sus exportaciones hacia el vecino del Norte. Así pues, el blindaje frente a Trump, o frente a la dependencia a un tratado, mediante la diversificación se vacía relativamente de viabilidad en términos estructurales.[10]

En suma, las actitudes de Meade reflejan la postura del gobierno actual, marcada por un intento de «apaciguar» al presidente estadounidense, apostando a la paciencia, a los contactos alrededor de Trump y al optimismo de que con el tiempo los dos países generarán acuerdos razonables. Meade ha evitado involucrarse en el juego de mensajes de confrontación con Trump, salvo ligeramente en el tema del muro, y en cierta medida su propuesta refleja esta actitud. Es decir, la reiteración de que México tiene que hacer la tarea interna, en términos de reforzar lazos en distintos niveles de gobierno entre países, las instituciones y la infraestructura, habla de que existe una visión en la cual, mediante la profundización de los vínculos, con o sin tratado, se garantizará que los shocks o coyunturas de este tipo no afecten demasiado a México. No obstante, como ya se comentó, la propuesta de Meade tiene como un posible efecto el refuerzo de la «dependencia nacional».

 

La firmeza de Anaya y el regreso de la política exterior panista

Ricardo Anaya ha adoptado un tono más firme frente a Trump. Desde antes de que este ganara las elecciones, Anaya lo etiquetó como un peligro para México y para el mundo.[11] Incluso, el candidato ha «exigido» al presidente Peña Nieto tratar este reto con firmeza enarbolando el respeto mutuo y el diálogo permanente,[12] a la vez que lo tacha de actuar indignamente por haber invitado a Trump antes de que este fuera presidente. Otro ejemplo es visible en el reciente video dirigido a Trump,[13] en el que Anaya sale en defensa de los dreamers, jóvenes que en su infancia llegaron a Estados Unidos y que fueron beneficiados por el programa Deferred Action for Childhood Arrivals impulsado por Obama, pero finalizado por Trump. Es de notar que Anaya ha denunciado el intento de la Casa Blanca de atar la financiación del muro al futuro de los dreamers y a la negociación del TLCAN. Además, y esto es significativo, el candidato del Frente alerta a Trump que la seguridad nacional de Estados Unidos depende de un México cooperativo, lo cual sugiere que Anaya piensa en términos de interdependencia y que está dispuesto a hacerla valer.

El candidato ha realizado algunas acciones dirigidas a ampliar el eco de su mensaje. Un ejemplo es su relativa movilización internacional: sus reuniones con Angela Merkel, con Janet Napolitano, con expresidentes chilenos y sus giras por Estados Unidos para reunirse con migrantes y hacer presentaciones en foros académicos. En este sentido, destaca su intención de presentarse[14] en algunas universidades de Estados Unidos para clarificar los beneficios mutuos, la reducción del flujo migratorio en los últimos años, los déficits comerciales, pero también las responsabilidades frente a problemas en común como seguridad y narcotráfico. A pesar de esta retórica o de algunas frases como «nunca más México se volverá a poner de tapete frente al gobierno de Estados Unidos»[15] es necesario recordar que estos son solo signos que pueden marcar el carácter de la política exterior, pero que difícilmente serán sustantivos si no existe una propuesta para restructurar las capacidades internas, pues de ellas depende proyectar una postura verdaderamente fuerte.

En la estrategia de política exterior de Anaya,[16] así como en las de los otros dos candidatos,[17] se pretende fortalecer la soberanía nacional mediante la intensificación de relaciones con otras regiones a efectos de contrarrestar la vulnerabilidad causada por la excesiva dependencia económica y de seguridad con relación a Estados Unidos. ¿Déjà vu? La verdad es que «la diversificación de relaciones» ha sido un objetivo eterno de política exterior, incluso desde el siglo XIX. En este sentido, al menos discursivamente, Anaya reconoce que el comportamiento internacional de México debe presentar características de una política de Estado, en el entendido de que debe estar anclada al desarrollo nacional y a la búsqueda de un mayor margen de autonomía. Además, al igual que sus antecesores panistas, Anaya plantea la promoción de la democracia y los derechos humanos como ejes rectores de la política exterior.

Ahora bien, en lo que concierne a la agenda bilateral la actitud de Anaya queda plasmada en el documento, pues este se basa en la redefinición de la relación con base en un enfoque integral y en los principios de dependencia mutua y vecindad geográfica. Al igual que los anteriores gobiernos panistas, Anaya propone integrar a los acuerdos comerciales con Estados Unidos los temas de flujos migratorios, derechos de los trabajadores y medioambientales, algo que en su momento Jorge Castañeda llamó «la enchilada completa». Esta intención no es novedosa y, al igual que en el caso de Meade, sugiere que se intentará continuar con el proceso de integración económica, algo que el gobierno de Fox no logró y que en el actual contexto se antoja difícil.

En materia de seguridad, la propuesta de la coalición «Por México al Frente» propone utilizar la cooperación internacional para enfrentar a la delincuencia organizada con redes transnacionales, pero bajo los principios de responsabilidad compartida y solidaridad. Los ecos con la administración calderonista son fuertes y está por verse que, en el caso de que sea presidente, Anaya tenga la capacidad de poner la suficiente presión al gobierno estadounidense para que este acepte su parte de responsabilidad en el tema de seguridad, pues en el proceso una vez más la asimetría estructural jugará un rol importante.

Un elemento interesante es la intención de aprovechar las ventajas del sistema político estadounidense en términos de incrementar la labor de cabildeo en el Congreso para promover los intereses en migración, seguridad y libre comercio. Una referencia histórica al respecto la podemos encontrar durante el periodo en que el Congreso estadounidense evaluaba la ratificación del TLCAN a principios de los noventa. En esa ocasión, el gobierno mexicano y el sector privado gastaron cerca de 75 millones de dólares, sin embargo, el esfuerzo fue meramente coyuntural y no se crearon mecanismos para mantener el diálogo con diferentes actores políticos en el largo plazo.[18] Esta propuesta, por lo tanto, debe seguirse cuidadosamente en los próximos meses en términos de su financiamiento y del tipo de cabildeo.

Paralelamente, la coalición PAN-PRD-MC propone incrementar los recursos para embajadas y consulados en el sentido de robustecer la protección consular de los migrantes, así como el apoyo político y jurídico a estas comunidades. En el papel, esta directriz tiene sentido –algo que, de hecho, los tres candidatos proponen–, no obstante, en el caso de Anaya es necesario recordar que una panista, Josefina Vázquez Mota, estuvo involucrada en la controversia de los mil millones de pesos, que sorpresivamente el gobierno federal le otorgó a organizaciones no gubernamentales destinados a la defensa de migrantes. Así, la corrupción y la falta de transparencia deberán ser aspectos a considerar.

En términos generales, la plataforma de política exterior se asemeja en espíritu a aquel plan delineado por Jorge Castañeda al inicio de la administración de Fox.[19] En teoría, es relativamente sofisticada y ambiciosa, a pesar de que está en una fase embrionaria. Dicho esto, el principal punto en contra, relacionado con la intención de equilibrar a Estados Unidos, es que no toma en consideración la relación asimétrica, pues un discurso fuerte y un plan elaborado, por sí mismos, no son suficientes para enfrentar el reto actual estadounidense si no están apoyados por un cambio estructural en términos de incrementar las capacidades internas, que en el mediano y largo plazos reforzarían el papel negociador de México a la vez que incrementarían la posibilidad de ampliar la autonomía.

 

López Obrador: la prudencia y el fortalecimiento de la autonomía

En términos generales, tanto el discurso como la plataforma de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tienden a caracterizarse por posicionarse entre la prudencia y la firmeza. El candidato ha insistido en que no habrá ni pelea ni ruptura con Washington, pero también que enfrentará el desafío con un espíritu de respeto e insistiendo en la defensa de la soberanía, este último elemento invocado en su mensaje para calmar la preocupación de los mexicanos el día de la victoria de Trump.[20] Un aspecto general de interés es que López Obrador reconoce las causas estructurales de los problemas de la agenda bilateral, principalmente en el caso de la migración y la dependencia comercial. Por ejemplo, a diferencia de los otros dos candidatos, AMLO no solo habla de defensa de migrantes, sino que también expone un mapa causal en términos de los efectos negativos del modelo de desarrollo actual y de la intensificación de la violencia en México como fenómenos para entender la «expulsión» de mexicanos hacia el norte en las últimas décadas. Estos rasgos generales son significativos, pues marcan la orientación y el énfasis en ciertos temas que la política exterior tendría en caso de que AMLO se convirtiera en presidente.

El candidato de la coalición «Juntos Haremos Historia» ofreció un discurso en Coahuila el mismo día en el que Trump se convirtió en presidente. Ahí, AMLO presentó un plan para atender la emergencia nacional, en el que destacan los siguientes puntos:

 

  • Usar como procuradurías de defensa a los consulados de México en Estados Unidos.
  • Proactividad en la formulación de la agenda bilateral.
  • El plan debe sustentarse en una política que apoye «el fortalecimiento del mercado interno; la reactivación de la industria de la construcción; la utilización del sector energético como palanca del desarrollo nacional; la construcción de refinerías…» y la autosuficiencia alimentaria.
  • Franja fronteriza con régimen especial de impuestos y bajos costos en energía para proteger a las empresas en caso de un aumento arancelario.
  • Diversificar las relaciones económicas y comerciales con otros países.
  • Uso de instancias internacionales para enfrentar arbitrariedades en cuanto a aumentos de impuestos y aranceles.
  • El plan se financiaría teniendo en consideración la estrategia de «austeridad republicana», la cual ahorraría cerca de 360,000 millones de pesos.[21]

 

Justo después de Coahuila, López Obrador realizó una gira por Estados Unidos en la que visitó ocho ciudades. En cada una de ellas su mensaje consistió en ofrecer una explicación de por qué Trump y sus colaboradores atacaban a los mexicanos y en delinear los puntos antes mencionados. Destaca su intención de llevar a cabo una campaña de sensibilización dentro de Estados Unidos mediante la convocatoria a sectores sociales, empresariales e intelectuales de ambos países para que elaboren un plan de persuasión orientado a explicar las causas de la crisis y la desigualdad que aquejan a los sectores de trabajadores estadounidenses con el fin de contrarrestar el discurso de odio hacia los migrantes. Además, a diferencia también de los otros dos candidatos, es interesante la lectura que AMLO tiene sobre el muro, pues para él no es solo un asunto de dignidad y respeto, sino también un riesgo para las vidas de los migrantes que seguirían intentando cruzar la frontera.[22]

Adicionalmente, criticando que el gobierno mexicano no recurriera a instancias internacionales, el candidato envió una carta al Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, así como una denuncia ante la Comisión Internacional de Derechos Humanos; documentos en los cuales señala que las órdenes ejecutivas de Trump de enero de 2017 violan distintos derechos de los migrantes. El propósito fue que el documento se elevara a las instancias correspondientes con el fin de que estas formularan recomendaciones hacia Estados Unidos.[23] Como puede observarse, AMLO ha priorizado el tema migratorio, aunque en su proyecto de nación también menciona los otros temas importantes de la agenda.

Ahora bien, es preciso mencionar que las propuestas de su proyecto de nación siguen un principio de transversalidad con otras de orden interno.[24] Por ejemplo, en el caso de migración, AMLO no solo propone el activismo en Estados Unidos y la defensa gubernamental de los connacionales, sino también poner especial atención a políticas de desarrollo en las zonas de México «expulsoras». Otros lineamientos de la plataforma de Obrador siguen el mismo principio: indica que se defenderán los sectores más beneficiados del TLCAN frente al proteccionismo de Trump, como «el automotriz y el de electrónica», pero se reconocen los efectos negativos del tratado concernientes al abandono del campo y a la falta de una política industrial, lo cual se busca remediar. En lo que concierne a la seguridad se propone revisar el marco de cooperación con Estados Unidos con el objetivo de exigir que no se vulnere la soberanía, e integrar, igual que lo propone Anaya, los temas de corrupción, tráfico de personas, financiamiento del crimen organizado y tráfico de armas.

AMLO también considera la diversificación de las relaciones de México con el mundo como un objetivo de política para equilibrar el peso de Estados Unidos y aprender la lección de no «poner todos los huevos en una canasta». Sin embargo, hasta este momento, los lineamientos son un poco más claros y a diferencia de Anaya y de Meade, el hecho de poner énfasis en algunos cambios en el modelo de desarrollo –como reforzar el mercado interno, desarrollo regional equitativo, existencia de política industrial, entre otros– aumenta la posibilidad de que se avance en la tarea de diversificación.

En este tenor, se plantea que México ingrese al Banco Asiático de Inversión en beneficio de empresas mexicanas; que se promueva la inversión europea en México, pero dirigida a sectores estratégicos; que se promocione la interconexión eléctrica en Centroamérica; que se refuerce el diálogo con los países del Golfo Pérsico con el fin de buscar certeza en los mercados energéticos, entre otras propuestas. También, es el único de los candidatos que menciona, al menos brevemente, la posibilidad de emprender un enfoque de cooperación sur-sur con otros países que tienen un nivel de desarrollo similar a México, como Indonesia, Turquía, Corea, Sudáfrica y Nigeria.

Como se puede observar y recordando nuestro pequeño marco conceptual, cada uno de los candidatos representa una vocación distinta en cuanto a continuar o modificar el estado dependiente de México frente a Estados Unidos. Meade representa la continuidad tanto en la actitud, de apaciguamiento y conciliación, como en los lineamientos generales de la política exterior priísta de los últimos años, anclada al énfasis en el actual modelo de desarrollo y en la intención de continuar con la integración regional. Anaya representa una postura que en el discurso es desafiante, pero que carece de fundamentos internos, en cuanto a modificaciones para el incremento de las capacidades nacionales que le darían sustento a su intención de mostrar fortaleza frente a Trump. Ambos candidatos representarían el mantenimiento de la dependencia frente al hegemón.

Es López Obrador, quizá, el que tiene una vocación orientada un poco más a aumentar los márgenes de libertad de México, sin que esto signifique radicalidad –como ocurrió con los gobiernos de izquierda en América del Sur durante las década pasadas– pues ha declarado que no habrá ruptura con Washington y que se actuará con respeto pero defendiendo la soberanía.[25] Así, la propuesta de la coalición «Juntos Haremos Historia» para responder al contexto internacional enfatiza la interconexión y coherencia entre política interna y externa, principalmente en el tema de desarrollo y migración. Sin embargo, esto también representa un reto, pues el éxito de la política exterior dependerá a su vez del éxito en la reorientación de las diferentes políticas internas, especialmente aquellas destinadas a incrementar las capacidades económicas, industriales e institucionales del país.

 

NOTAS

[1] Juan Carlos Puig, «Introducción», en Juan Carlos Puig (comp.), América Latina: Políticas exteriores comparadas, tomo 1, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1984, pp. 74-79.

[2] Ricardo Gómez, «México ganó con visita de Trump: Meade», El Universal, 7 de septiembre de 2016. Obtenido de goo.gl/hjR4GA, consultado en marzo de 2018.

[3] Philip Rucker et al., «After testy call with Trump over border wall, Mexican president shelves plan to visit White House», The Washington Post, 24 de febrero de 2018. Obtenido de goo.gl/BgQsy2, consultado en marzo de 2018.

[4] Alex Sánchez, «México tiene su “plan B” por si acaba el TLCAN», El Financiero, 17 de octubre de 2017. Obtenido de goo.gl/8XtJ1s, consultado en marzo de 2018.

[5] Cuenta de Twitter de Meade. Obtenido de goo.gl/cMTHMn. Véase también, goo.gl/iesCDK, consultados en marzo de 2018.

[6] «Propuestas», Sitio de Meade. Obtenido de goo.gl/cptpfK, consultado en marzo de 2018.

[7] Cuenta de Twitter de Aurelio Nuño. Obtenido de goo.gl/8UhML2, consultado en marzo de 2018.

[8] Chelsea Parsons y Eugenio Weigend, «Beyond Our Borders. How Weak U.S. Gun Laws Contribute to Violent Crime Abroad», Center for American Progress, 2 de febrero de 2018. Obtenido de goo.gl/hWQkbe, consultado en marzo de 2018.

[9] «Convención Bancaria 2018 En Vivo», El Economista, 8 de marzo de 2018. Obtenido de goo.gl/fQ6h9Y, consultado en marzo de 2018. Véase en video 1:27:00.

[10] Ibidem, véase en video 1:32:00

[11] «Donald Trump, un peligro para el mundo: Ricardo Anaya Cortés», Sitio del PAN, 6 de noviembre de 2016. Obtenido de goo.gl/GZMHjv, consultada en marzo de 2018.

[12] Álvaro Delgado, «Exige Anaya a Peña actuar con firmeza y estrategia ante amenazas de Trump», Proceso, 11 de enero de 2017. Obtenido de goo.gl/CcK1pt, consultada en marzo de 2018.

[13] «Ricardo Anaya envía mensaje a Trump en defensa a los Dreamers», Canal de Youtube de Ricardo Anaya, 6 de febrero de 2018. Obtenido de goo.gl/8x62Md, consultada en marzo de 2018.

[14] «Conferencia en The George Washington University», Canal de Youtube de Ricardo Anaya, 22 de febrero de 2017. Obtenido de goo.gl/GSqr7s, consultado en marzo de 2018.

[15] Ricardo Anaya, «Dialoga Ricardo Anaya con migrantes mexicanos en Los Ángeles», Sitio de Anaya, 3 de marzo de 2018. Obtenido de goo.gl/2fbQuV, consultada en marzo de 2018.

[16] «Plataforma electoral 2018», Coalición por México al Frente, 2017, pp. 43-47. Obtenido de goo.gl/wLzTEB, consultada en marzo de 2018.

[17] Idem

[18] Liliana Ferrer Silva, «Cabildeo en Estados Unidos: retos y oportunidades para México», Revista Mexicana de Política Exterior, núm. 84, 2008, p. 21.

[19] Jorge G. Castañeda, «Los ejes de la política exterior en México», Nexos, 1 de diciembre de 2001. Obtenido de goo.gl/yTs3Wz, consultada en marzo de 2018.

[20] «Mensaje de AMLO al pueblo de México por elecciones en Estados Unidos», Canal de Youtube de AMLO, 8 de noviembre de 2016. Obtenido de goo.gl/w8qAWy, consultada en marzo de 2018.

[21] «AMLO en Ciudad Acuña, Coahuila», Facebook de AMLO, 20 de enero de 2017. Obtenido de goo.gl/Cw1W8o, consultada en marzo de 2018. Véase en video 8:40-16:41.

[22] Andrés Manuel López Obrador, Oye Trump, Edición Kindle, Ciudad de México, Planeta, 2017, posición 452-1098.

[23] Ibidem, posición 888-944.

[24] Proyecto18. Obtenido de goo.gl/wF5iue, consultada en marzo de 2018.

[25] Wilson Center, «AMLO, MORENA, and the 2018 Mexico Elections», 5 de septiembre de 2018. Obtenido de goo.gl/wrqxic, consultada en marzo de 2018.

 

 

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Posted by Jorge Ortíz Almanza

Jorge Ortíz Almanza. Licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Maestro en Ciencia Política por El Colegio de México.

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