Frente a la tiranía de lo fugaz

Publicar una pequeña revista impresa, sostenían los editores de Cuaderno Salmón, es una forma de protestar contra la superficialidad que caracteriza a nuestra época, de hacer frente a la «tiranía de lo fugaz». ¿Cuál es, entonces, la misión de las revistas electrónicas? ¿Cuáles sus posibilidades? Mauricio Salvador bosqueja algunas respuestas en este ensayo y con ello inaugura las reflexiones cuatrimestrales que Cuadrivio compartirá con sus lectores.

Publicar una pequeña revista impresa, sostenían los editores de Cuaderno Salmón, es una forma de protestar contra la superficialidad que caracteriza a nuestra época, de hacer frente a la «tiranía de lo fugaz». ¿Cuál es, entonces, la misión de las revistas electrónicas? ¿Cuáles sus posibilidades? Mauricio Salvador bosqueja algunas respuestas en este ensayo y con ello inaugura las reflexiones cuatrimestrales que Cuadrivio compartirá con sus lectores.

Mauricio Salvador


Siempre me ha gustado la manera en que Salvador Novo elogia a aquellos que integraron la revista Ulises: «Había un pintor», dice, «Agustín Lazo, cuyas obras no le gustaban a nadie. Un estudiante de filosofía, Samuel Ramos, a quien no le gustaba el maestro Caso. Un prosista y poeta, Gilberto Owen, cuyas producciones eran una cosa rarísima y un jo­ven crítico que todo lo encontraba mal, que se llama Xavier Villaurrutia. En largas tardes, sin nada mexi­cano que leer, hablaban de libros extranjeros. Fue así como les vino la idea de publicar una pequeña revista de crítica y curiosidad». Me gusta porque me parece que un grupo de jóvenes escritores que todo lo encuentra mal es una condición sustancial para el nacimiento de una revista literaria. Quizá no siempre sea así, pero cambiar el estado de las cosas y sacudir a los adormilados ha sido muchas veces el motivo para el naci­miento de grandes revistas literarias. Cuando muchas décadas después se le preguntó a Daniel Bell cuál fue el objetivo de Partisan Review, él dijo, con estas mismas palabras: «Cambiar el mundo». Y los lectores, todo amor, guardan siempre las expectativas más grandes cuando se trata de una nueva revista literaria. Y se preguntan: «¿Quiénes son estos tipos?» o «¿Qué les molesta tanto como para que se decidan a sacar una revista literaria?». En Los detectives salvajes la posible aparición de una nueva revista de poesía liderada por Arturo Belano y Ulises Lima es suficiente para cimbrar los fundamentos mismos de toda la poesía latinoamericana. Uno comprende la ironía de Bolaño, porque dada la historia de la literatura mexicana es más seguro que sus revistas literarias perpetúen un estado de cosas a que lo cambien, lo que no es negativo, necesariamente, pues en el entramado que da forma a la República de las Letras, permanece también la dinámica que propicia a esos jóvenes críticos que todo lo encuentran mal, como un péndulo que una y otra vez, y a buen ritmo, toca sus extremos. Así, con frecuencia la cantaleta para presentar una revista es «lo hacemos porque nadie lo hace, porque nadie se atreve a criticar». La presentación de la revista Re­vuelta, integrada en lo esencial por los escritores de la generación conocida como El Crack, dice: «esta Revuelta aparece en el principio del siglo XXI de nuestro país en medio de una particular ausencia de debate y riesgo». Y un poco después añade: «Revuelta es, también, una invitación abierta. Lejos de toda exclusión, esta revista latinoamericana de pensamiento hoy aparece en el horizonte. Reyes, Paz, Revueltas, Fuentes han construido –desde la divergencia– una tradición de la reflexión y la críti­ca que buscamos continuar en este espacio colectivo, lúdico, propicio en el que, anhelamos, la inteligen­cia no sea una soledad en llamas».

En medio de una «ausencia de debate y riesgo», dicen los editores de Revuelta, ellos perpetuarán «la tradición de la reflexión y la crítica» en un espacio «colectivo, lúdico y propicio a la inteligencia». Uno observa que las revistas literarias se sienten en la divergencia y pretenden estar diciendo justamente lo que era necesario decir en esos momentos y criticar lo que en esos momentos debía criticarse. Y entonces la dinámica va así: un grupo de escritores o de aspirantes a escritores forma un grupo, hace una revista literaria, y proclama, como los editores de Revuelta, que nadie está haciendo crítica y por lo tanto hay que darse a la tarea de hacerlo todo otra vez. Y en esas circunstancias ¿para qué ponerle atención a las demás revistas?

Dentro de esta honorable tradición parece un poco ingenuo creer en las revistas digitales de literatura, al menos como aspirantes legítimas a dicha tradición. ¿Dónde están las noches de desvelo junto a las prensas? ¿Dónde los bolsillos vacíos, la actitud heroica de mantener una revista de carne y hueso, por así decir? Además –porque viven en un espacio donde aparentemente no existen los límites–, la cuestión de seleccionar o reclutar nuevos escritores parece democráticamente mediocre (aunque eso permita la ilusión de que las revistas de papel publican sólo pepitas de oro). Para la mayoría de las revistas digitales esto es cierto. En el ciberespacio una revista puede armarse con relativa facilidad; se puede anunciar su lanzamiento en redes sociales y actualizarla cada tanto con colaboraciones y noticias tomadas de aquí y allá, y además, con la parafernalia electrónica típica. Y en esas circunstancias ¿quién puede culpar al editor de una revista de papel cuando éste no toma en serio a las revistas digitales?

Lo obvio es que la cuestión de revistas digitales versus revistas de papel no debería fundarse en sus respectivas plataformas sino en lo que yace detrás del proyecto, lo que unos llaman la idea editorial, lo que otros llaman el feeling y lo que otros más llaman «compromiso». No que las tres cosas sean sinónimas, pero al menos una de ellas resulta indispensable para que una revista, ya sea de papel o digital, tenga sentido.

Después de cinco años de administrar una revista digital, HermanoCerdo, me parecen claros los errores que muchas revistas digitales cometen hoy en día. El más común es aplicar procesos tradicionales a un producto cuya plataforma exige métodos por completos distintos. Crear una revista y lanzarla en formato .pdf no es otra cosa que un .pdf con contenidos, y no una revista digital, hasta donde yo lo veo. Para una revista impresa es necesario realizar todo un proceso de pre prensa y ajustes antes de imprimir. Las revistas digitales, en cambio, parecen no tener estas exigencias (no tienen que cuidar la resolución a 300 .dpi de las imágenes, por ejemplo) pero hoy en día se enfrentan a preguntas que aún no tienen una respuesta satisfactoria.

Por ejemplo, ¿cómo replantear el proceso creativo y de edición de una revista digital que supere los obstáculos clásicos a los que se enfrenta una revista impresa? ¿Por qué seguir trabajando con documentos en Word o .rtf, archivos, corrección en papel, etc.? En el caso de los flujos de trabajo para una revista web, la gente detrás de netCase está intentando una probable solución con su proyecto nEWS (http://tkbr.ccsp.sfu.ca/editorial/) que simplifica y agiliza las tareas de edición para proyectos pequeños que no cuentan con la nómina típica de una editorial. Para los editores de revistas digitales es una gran opción y una gran manera de mantener un flujo constante de posibles colaboradores.

A cambio de dejar atrás muchos procesos tradicionales, las revistas digitales se enfrentan hoy a retos que hacen del trabajo de creación y distribución de contenidos una incógnita. Finalmente: si es sencillo echar a andar una revista digital también es sencillo tener mucha competencia y verse muy pronto en la necesidad de aprovechar al máximo el potencial de la web con el fin de atraer y mantener lectores. Para las revistas digitales literarias este reto es doble por la misma naturaleza de su tema.

Para terminar, quisiera citar un fragmento de un ensayo del crítico A. O. Scott que los editores de la revista Cuaderno Salmón citaron al lanzar su primer número:

Empezar una pequeña revista –es decir, comprometerte a crear una inmutable, finita pila de páginas, perfectamente encuadernadas, que aparecerá, dedazos y todo, cada mes, o cada dos, o cada seis, o cuando sea, incluso sin mantienes un blog o, por necesidad, un trabajo diurno o sufres preparando una disertación– es, al menos en parte, protestar contra la tiranía de lo fugaz. Es optar por la lentitud, la paciencia, la extensión. Es defender la posibilidad de la seriedad en contra del parloteo y la superficialidad de la época –y es ir también, por supuesto, contra otras revistas.

Varios de los peores adjetivos de esta cita son los que comúnmente se aplicaban a las empresas literarias electrónicas. Pero la verdad es que en el ciberespacio uno es capaz de comprometerse e, incluso, «de protestar contra la tiranía de lo fugaz».

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Mauricio Salvador (Ciudad de México, 1979) es director de la revista HermanoCerdo y autor de la colección de relatos El hombre elástico. «The Art of Fiction», su bitácora electrónica, puede encontrarse en http://trapoviejo.blogspot.com/

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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