Lo popular vuelto musa o de cómo lo cotidiano entra al museo

En este ensayo, Patricia López expone de qué manera aquello que entendemos como cultura popular se patrimonializa y se explica con base en un discurso museográfico.

En este ensayo, Patricia López expone de qué manera aquello que entendemos como cultura popular se patrimonializa y se explica con base en un discurso museográfico. ¿Cuál es el rol del espectador en este proceso? ¿Es tomado en cuenta o la selección del museo se basa en criterios ajenos al público?

 

 

Patricia López Sánchez Cervantes

 

 

Existe una serie de celebraciones y tradiciones que son parte de nuestra cultura y nos definen como seres humanos, mexicanos en este caso, como pertenecientes a una comunidad en específico, y que son parte de nuestra historia e identidad. No tienen el mismo significado para cada uno de nosotros; sin embargo, forman parte de la cultura popular de un pueblo o sociedad. Las instituciones culturales tienen como parte de sus funciones el conservar este tipo de representaciones, pues son testigos de la manera en que nos relacionamos con nuestro entorno. La celebración de Santa Cecilia en Garibaldi es un ejemplo de esto. Santa Cecilia es la santa patrona de los músicos, en este caso del mariachi, elemento cultural representativo de nuestro país. La imagen de la virgen se viste de mariachi y se saca a la plaza, donde se lleva a cabo una verbena popular en la cual hay bailes y música, no únicamente de mariachis.

Pero ¿cómo hacen los expertos para conservar este tipo de tradiciones? ¿Se pueden meter a un museo? ¿Existe alguna técnica específica para presentarlo? ¿Quién decide qué se debe conservar?

 

La cultura popular

Si hiciéramos una encuesta sobre lo que entiende la gente por cultura popular, nos encontraríamos con toda clase de respuestas, desde la comida, la forma de hablar, los bailes tradicionales, trajes típicos, folklore, etc. Si nos adentramos en los museos que exponen este tipo de representaciones, nos vamos a encontrar con una variedad de exposiciones tan grande como la respuesta de nuestra encuesta imaginaria.

Hablar de este tema puede resultar complicado debido a las definiciones que existen en torno al mismo. La más expandida y aceptada es que la cultura popular es la cultura del pueblo. Para Adolfo Colombres, se refiere a un «conjunto de valores y elementos de identidad que el pueblo preserva en un momento dado de su historia…». Esta cultura es más colectiva que individual y los autores son anónimos. La finalidad de las producciones no es la estética ni la contemplación, sino representar momentos de la historia, tradiciones, usos y costumbres de dicha comunidad. En este caso me permito agregar que se vincula con maneras específicas de resolver necesidades sociales, espirituales y religiosas de la comunidad en cuestión. Es importante destacar que una gran parte de estas representaciones no tiene un soporte material o está hecha con materiales efímeros: pensemos en la comida, los bailes tradicionales y la música.

Se cree que la cultura popular más genuina es aquella que consume el grupo que la crea. Esto es fácil de entender si consideramos que una tradición que sigue viva y que sigue vigente para una comunidad es más cercana dado que la información llegará de primera mano.

Otro aspecto importante a tomar en cuenta al momento de hablar de este tema es que normalmente la cultura popular se transmite por tradición oral o por imitación.

Este tema ha sido tratado a lo largo de los siglos por diferentes investigadores. Según algunos teóricos, existen dos tipos de cultura: la alta y la popular. Para Dwight McDonald la cultura popular es descrita por los gustos culturales más populares como el bailar salsa y tocar la guitarra, es decir cosas más comunes. Los humanistas la dividían con base en las diferencias sociales: la cultura de los ricos y la cultura de los pobres, al igual que el marxismo, que hablaba de la cultura del proletariado. Me parece que estas discusiones aún no están resueltas y que se prestan a distintas interpretaciones, es por ello que no quiero ahondar en las definiciones sobre lo que es cultura popular y lo que no. A riesgo de parecer simplista, considero que aquello que forma parte de la cultura popular nos es más cercano y cotidiano que otro tipo de arte o expresión artística. Es a partir de esta idea que quiero explicar cómo se musealiza lo popular o cotidiano.

Desde el punto de vista del consumo, la cultura popular podría considerarse más «taquillera», pues además de ser más cercana a un público mayor, también es de más fácil acceso intelectual, o al menos eso creemos y resulta muy atractiva para el turismo.

 

La entrada de lo cotidiano al museo

Esto nos lleva a nuestro segundo término: musealizar. Este concepto del argot del mundo de los especialistas en museos significa meter dentro de un museo con un discurso. ¿Quién lo hace? Aquel que está encargado de hacer el museo, llámese curador, director, dueño, Estado, gestor. Lo que se necesita para que un objeto se convierta en objeto museal o museable, es decir para musealizarlo, es un discurso que le hable al público. A mí me gusta explicarlo como una traducción. Los objetos tienen su propio lenguaje; es labor del especialista traducirlo para hacerlo accesible a los distintos públicos. El espectador se sitúa frente al objeto con ciertos referentes que corresponden a su vida, no a la del objeto; lo observa, utiliza o en su caso expone de acuerdo al lenguaje específico que relaciona con el objeto. Esto quiere decir que no todos los significados ni la historia de una pieza van a decirle lo mismo a todos los espectadores; la pieza se va a relacionar con ellos con base en la experiencia personal. Habrá aspectos que no digan nada.

Intentaré ser más clara. Los objetos tienen diferentes finalidades. El primero es aquel para el cual fueron creados. Pensemos en una cuchara, inventada como herramienta para comer cierto tipo de alimentos, con un soporte material que puede ser tan variado como la imaginación y la química lo permitan. Sin embargo, no es lo mismo la cuchara que utilizamos todos los días para comer la sopa, que la primera cuchara que existió en el planeta (posiblemente hecha de madera) o la cuchara con la cual la reina María Antonieta comió su última sopa. Ese objeto, cuya función puede ser tan banal y cotidiano como uno lo vea, se convierte en objeto museal en el momento en que se rescata parte de su historia y se le explica al espectador. Ese momento en el cual el público comprende y hace suya esa historia, cuando se logra el famoso oh que escuchamos al dar visitas guiadas, es cuando el objeto se convierte en museal. Si pensamos en una obra de arte, nos puede parecer obvio que pertenece a un museo; sin embargo, si analizáramos su historia desde el principio, pensando que quizás en un inicio su función no fue ser pieza de colección si no el retrato de un rico aristócrata del siglo xvi, o un comerciante veneciano del xiv, nos damos cuenta de que la finalidad primera no era la de ser una obra de arte. En ese momento la función de la pieza era la de mantener en la memoria la imagen del personaje que estaba siendo pintando. Después resulta que nos damos cuenta de que era una obra de Tintoretto, quien empezó haciendo retratos para poder vivir. ¿Quién iba a imaginar que se volvería famoso con el tiempo, y que hoy en día sus obras se encuentran en los principales museos del mundo?

Según Krzysztof Pomian, desde un punto de vista estrictamente museológico, la musealización es la operación que tiende a extraer, física y conceptualmente, una cosa de su medio natural o cultural de origen para darle un estatus museal, transformándola en musealium o musealia, «objeto de museo», al hacerla entrar en el campo de lo museal, es decir al meterla al museo.

Cabe preguntarse si sólo se conserva dentro de los museos, o si únicamente se convierte en objeto museal al exponerlo en una institución de este tipo. El museo es el lugar de conservación del patrimonio por excelencia. Basta con revisar la definición de museos que desde 2007 presenta el International Comitte of Museums (ICOM) y que con algunas variantes rige el mundo de los museos:
Un museo es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo.

Como podemos ver, el objeto de conservación de los museos es el patrimonio, no el objeto. Cuando hablamos de musealizar un objeto o una práctica cultural, no necesariamente se trata de meterlo a un museo.

A finales de los sesenta se produjo un intenso debate sobre la función de los museos, cuestionando los objetivos de estas instituciones y, al mismo tiempo, sus prácticas y métodos de trabajo tradicionales. Se abrió camino a una nueva concepción del patrimonio, mucho más abierta y amplia que la tradicional, lo que comportó la aparición de nuevas formas de museos de etnología y de historia, como los ecomuseos, los centros de interpretación, los museos locales, los museos de arqueología industrial, o los parques arqueológicos. En todo este esfuerzo de renovación, los museos etnológicos jugaron un papel fundamental y fueron uno de los ejes de la renovación museológica.

Al igual que se crearon nuevos espacios museológicos para la conservación del patrimonio, de igual manera ampliaron la función del museo incluyendo al patrimonio de manera general. Esos tiempos en que la función del museo era conservar colecciones cambió debido a las nuevas necesidades. Estas mismas necesidades abrieron las posibilidades de conservar el patrimonio de diversas maneras y no únicamente metiéndolo en museos.

 

Patrimonializar, poner en valor

Posiblemente ya sepan ahora que patrimonializar es lo mismo que musealizar pero en un concepto más amplio que va más allá de los objetos y más allá de los museos.

El patrimonio es considerado aquello que se pasa de una generación a otra. Originalmente se tomaban como patrimonio las herencias económicas o materiales dentro del seno familiar. A raíz de la Revolución Francesa se comenzó a hablar de patrimonio cultural: esa herencia de los antepasados que se van pasando de una generación a otra. Para los griegos, por ejemplo, los monumentos eran considerados elementos mnemotécnicos, es decir una ayuda a la memoria, y los monumentos son parte de la herencia de nuestros antepasados. Es de ahí de donde viene la idea de que el patrimonio es parte de la memoria, del recuerdo del devenir del ser humano. Sirve como referente y como identidad. Nos recuerda quiénes somos, de dónde venimos y en teoría a dónde vamos, pero esta última parte no siempre la tomamos en cuenta.

¿Quién decide qué y cómo conservarlo? Si consideramos que el patrimonio está ligado a la memoria, entonces es sencillo comprender que se conserva aquello que nos recuerda algo. Es tan obvio como abrir nuestros clósets o ver la vitrina de los recuerdos en casa y observar qué es lo que conservamos. Podríamos preguntarnos por qué mantener los campos de concentración de los nazis o por qué la Revolución Francesa no destruyó los grandes palacios símbolo de la monarquía. Porque desde entonces comprendieron que también hay que recordar lo que se considera negativo para no volver a repetir la historia. ¿Funciona? No lo sé.

 

Transformación de los valores de la cultura popular en valor museográfico

Hoy en día la tendencia es considerar al patrimonio como un recurso cultural que está a nuestro alcance para sacarle partido, como referente para generar identidad y pertenencia, como un recurso económico para atraer turismo, como objeto de estudio.

Existen distintos contextos de atribución de valor que se configuran en torno a circunstancias muy determinadas, tales como relaciones económicas, gusto, ideas y creencias sociales, intereses políticos, intereses intelectuales y agentes sociales y económicos.

 

… ¿y los públicos?

¿Se está pensando en el público a la hora de patrimonializar o responde a una lógica distinta? En mi opinión, es hasta muy recientemente cuando se comienza a considerar a los públicos de los museos y espacios culturales en general como el eje central del proyecto. Originalmente el objetivo no era el espectador, si no el objeto y en otros casos el contenedor mismo. Cuando se dan cuenta de que sin espectadores no hay museos, sin público no hay discurso, sin receptor no hay comunicación, entonces se plantean las nuevas concepciones de la museología moderna que se basan más en la gestión que en el objeto.

La patrimonialización o musealización del objeto o del elemento cultural, sigue el siguiente proceso:

  1. Interpretar: entender si es interesante, si tiene un significado y si es atractivo al visitante o espectador. Hay que preguntarse para qué lo vamos a conservar y para quién. Como ya mencionamos, puede ser únicamente como objeto de estudio, para mantenerlo en la memoria o como atractivo turístico.

  2. Definir cómo lo quiero lograr. Hay que tomar en cuenta que los museos son sólo una de las varias opciones a las cuales podemos recurrir para conservar un objeto o tradición. Se puede patrimonializar a partir de una exposición ya sea permanente o temporal, con señalizaciones, paneles interpretativos, visitas guiadas e itinerarios temáticos, fiestas y eventos, talleres didácticos, folletos y ediciones, espacios culturales, bibliotecas, etc.

Definir cómo lo quiero lograr. Hay que tomar en cuenta que los museos son sólo una de las varias opciones a las cuales podemos recurrir para conservar un objeto o tradición. Se puede patrimonializar a partir de una exposición ya sea permanente o temporal, con señalizaciones, paneles interpretativos, visitas guiadas e itinerarios temáticos, fiestas y eventos, talleres didácticos, folletos y ediciones, espacios culturales, bibliotecas, etc.

La participación de diversos actores vinculados a los bienes culturales ha motivado su puesta en valor como un recurso de importante alcance social y cultural, en el sentido de que constituye una expresión de la multiculturidad e identidad de un país. Esta puesta en valor o patrimonialización, deberá realizarse en función de la vinculación con una sociedad y con una comunidad y sus necesidades.

¿Quién decide qué es lo que entra dentro de un museo? ¿Quién le da el valor a un objeto o quien decide qué es patrimonio y qué no? El proceso es sumamente complejo. Se trata de toda una red de historias en la que actúan diferentes actores, algunos de manera inconsciente. ¿Cómo se define si se va a meter a un museo o se va a conservar de alguna de las otras maneras que ya comentamos?

Volviendo a quiénes son los que deciden, tenemos varias opciones. La más común son proyectos políticos, aunque tienen la tendencia a hacer obras monumentales, museos o parques, que marquen un espacio.

Desde los años setenta, con la apertura del Centro Georges Pompidou en París, inició la tendencia a aprovechar estos espacios como oportunidades para recuperar áreas. Vemos este tipo de proyectos por todo el mundo: el museo Guggenheim de Bilbao, el Museo de Arte Popular en la ciudad de México, el Museo del Tequila y el Mezcal en la plaza Garibaldi.

Muchos de estos espacios recurren a la cultura popular, por considerar que es más cercana a los nuevos públicos.

 

El consumo del arte: los públicos

La cultura del pueblo o cultura popular es un elemento patrimonial susceptible de ser conservado. Sin embargo, considero que la musealización del mismo no necesariamente implica meterlo o representarlo dentro de un museo. Las opciones, como ya vimos, son infinitas. Si la decisión se tomara en función de las necesidades del público o se musealizara en función del espectador, quizás llegaríamos a la conclusión de que a ese espectador no le importa o no le es necesario que esté dentro de un museo, lo que le interesa es la historia que tiene que contar, ese discurso que el gestor va a traducir para hacerlo accesible tanto a los locales como a los extranjeros, quizás con un espacio de interpretación (una cédula, un folleto, un video introductorio). El objetivo de la transformación de los valores de la cultura popular en elemento museográfico es el de conservar y hacer accesible a un público aquella información que da ese bien patrimonial, con la finalidad de que no desaparezca. Musealizar entonces se logra rescatando los significados y generando un discurso que le sea lo más accesible posible al mayor número de personas.

Finalmente, lo que el público consume es la experiencia, la información que da la comprensión de cierto fenómeno. Aquello que te acerca más al otro, o en ocasiones que te ayuda a comprender tu propio pasado, tus referentes, tu cotidianidad.

 

 

Bibliografía

Adolfo Colombres, Manual del promotor cultural: bases teóricas de la acción, Ediciones Colihue, Argentina, s.f.

Herbert J. Gans, Popular Culture and High Culture: an Analysis and Evaluation of Taste, Basic Books, Inc. Publishers, New York, 1975.

Krsystof Pomian, Collectionneurs, amateurs et curieux. Paris-Venise, xvie-xviii- siècle, París, Gallimard, 1987.

 

 

 

 

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Patricia López Sánchez Cervantes nació en la ciudad de México. Estudió la licenciatura en Historia en la UNAM y se especializó en las colecciones de arte prehispánico trabajando el catálogo de la colección Pérez Jácome en Zempoala, Veracruz. Su interés por las colecciones y los objetos dentro de los museos la llevaron a realizar el diplomado en museología del INBA en 1998. En Francia estudió en la Escuela de Altos Estudios y Ciencias Sociales la maestría en Historia y civilizaciones. Trabajó como tema de su doctorado en Antropología Social, Etnología y Etnografía, el arte prehispánico mexicano en el imaginario de los coleccionistas franceses. Estudió gestión arqueológica del patrimonio cultural en la Universidad de Santiago de Compostela en España, donde diseñó el proyecto turístico de la zona de Fonsagrada en Galicia. Trabajó en Turismo Cultural en el INAH como expositora, desarrollando proyectos. Dirigió y asesoró el Museo del Tequila y el Mezcal, fue coordinadora de visitas guiadas de la exposición «México 200 años» de Palacio Nacional. Se dedica a dar cursos de gestión del patrimonio, coleccionismo, investigación museológica, gestión y administración de museos en instituciones como casa Lamm, Universidad Iberoamericana, UNAM, ENCRYM, entre otras.

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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