La sangre y las pantallas confundidas

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Pero es un hecho que todos los lectores podemos hacernos críticos,

y que todos los críticos podemos hacernos mejores críticos.

 

Antonio Alatorre en ¿Qué es la crítica literaria?

 

 

Jorge Martínez

 

 

I

 

Mi punto de vista es del crítico literario joven: salvo lo que tengan que decir mis padres al respecto, tengo un poco más de quince años leyendo y, aunque algunos escépticos me digan «lector ingenuo», he sido, desde ya cierto tiempo, un lector-al-fin-y-al-cabo.

 

II

 

Pienso, ahora entonces, en tres figuras: el lector, el escritor y el crítico.

 

Pienso

 

en el ejercicio de la lectura

en el ejercicio de la escritura

en el ejercicio de la crítica

 

Pienso, otra vez, en el ejercicio de la lectura.

 

¿Qué hace a un crítico literario, en particular, crítico literario?

La lectura.

 

¿Qué hace a un ser humano en el mundo, obstinadamente, lector?

La experiencia.

 

III

 

Lo que quiero decir es esto: desde hace bastante más años de lo que yo pensaba ejerzo la crítica literaria. Desde luego, atendiendo al razonamiento de Alatorre, desde hace un poco menos lo hago también, acaso, de una manera más concienzuda.

 

Quién sabe.

 

IV

 

Ante todo, un crítico es un lector. Uno más concienzudo, si se quiere, pero un lector-al-fin-y-al-cabo. Es, también, un tipo de lector que traslada su experiencia lectora al lenguaje, escrito o no, a partir de su razonamiento individual sobre una u otra obra literaria. Por eso, el crítico además dialoga, no sólo con las obras y su tradición, sino también consigo mismo y sobre todo con otros lectores: de este modo construye su visión del mundo. No se queda con su vivencia particular del texto; intercambia. Y es precisamente en ese intercambio de experiencias que se va nutriendo su lectura.

 

Es por ello que el crítico, tanto como el lector y el escritor, crea.

 

O recrea, si se quiere, la obra del artista. Su mundo es, propiamente, el de la crítica. Mas no por ello, por pensarse que la crítica sea diletante y aburrida, su mundo ha de ser tal. El camino de la experiencia lectora es tan grande como el corpus de obras que aún nos faltan por leer.

 

Lo que sigue es un silogismo: si la crítica se nutre de la lectura, y ésta a su vez de la experiencia, ¡qué avasallador caudal de imágenes puede tener un crítico para nutrir su mundo!

 

Por eso es también creador.

 

V

 

Podría apostar en este preciso momento a que, irremediablemente, nos estamos viendo pantalla a pantalla.

 

Screen to screen.

Vis-à-vis.

Cara a cara.

 

Estamos, salvando cualquier disfunción posible entre el tiempo y el espacio, en el siglo XXI.

¿Cierto?

 

 

VI

 

También podría apostar, desde luego sin afán de morbo y atendiendo a las recientes estadísticas oficiales de nuestro país, que en el preciso momento en que escribo una mujer ha sido lastimada, un niño vulnerado, un migrante vendido y un joven estudiante, de entre todos los que aún nos faltan, desaparecido.

 

¿Qué estoy haciendo yo? Hipotéticamente, escribo.

¿Qué estás haciendo tú? Hipotéticamente, lees.

¿Qué estamos haciendo, hoy, entre todos?

 

Hipotéticamente…

 

VII

 

Un aspecto muy importante a considerar en la vida del crítico literario es, primordialmente, su contexto. La crítica es sin lugar a dudas un espacio atrapado entre tiempos.

 

Ante todo, sin embargo, considero que el crítico literario es un hombre de su tiempo y debe, por tanto, atender a las necesidades de lectura y experiencia de su contexto.

 

Esto es, en términos teóricos, el horizonte de expectativas.

 

 

VIII

 

La nuestra, lo acaba de decir Luciano Concheiro, es la época de la aceleración.

 

scroll infinito

news feed o timeline

la rueda del hámster

 

El lector contemporáneo ya no tiene –o cree no tener– tiempo.

 

Luego entonces: el fragmento.

 

Este mismo lector lee entre pop-ups de Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, Gmail…

Nuestro reciente ritmo de vida nos obliga a leer rápido, entre estaciones –no del tiempo, sería irónico–, en autobuses, en el Stop. Hay aventureros que incluso leen caminando. Nos acabaron el tiempo. Se terminó. Ya no hay.

 

Luego entonces: el fragmento.

 

Quizá sea hora de dejar de cuestionarnos la cantidad de libros leídos por año.

Quizá sea hora de comenzar a cuestionarnos por el link, el timeline, el news feed.

 

scroll infinito

 

Somos la rueda del hámster

O, en el mejor de los casos, el hámster

O, con mayor certeza, la imagen difuminada que dejan la rueda y el hámster.

 

Esto es, en términos prácticos, el horizonte de expectativas.

 

IX

 

Desde luego, no sólo el crítico –ese personaje del que aquí, primordialmente, estamos dialogando– es el único inmerso en ese contexto. Habrá que considerar, entonces, también al lector, al escritor, a la persona que está en el mundo y sucede, también, en él.

Se ha dado el caso del crítico o el lector que leen una obra del Siglo de Oro y se preguntan, de manera por demás válida, si ellos –los lectores de Góngora– en verdad leían y entendían las Soledades o La fábula de Polifemo y Galatea.

 

Si, por el contrario, colocáramos a ese lector en el XXI, ¿qué diría de todos los links que a diario pinchamos en nuestras computadoras o teléfonos inteligentes?

 

¿Alguien se ha preguntado de lo ingenuo que es preguntar hoy en día por la cantidad –como si eso fuera importante– de libros leídos por año?

 

¿Alguno de nosotros se ha puesto a contar la cantidad de clícs –como si eso fuera importante– que damos todos los días en nuestros aparatos?

 

X

 

El crítico literario debe atender, en resumen, a

 

  1. Que la crítica pretende ser una comprensión extendida y verbalizada de la experiencia propia de una lectura dada.
  2. Que el ideal de la crítica debiera ser el aumento del conocimiento intuitivo de la vida. Esto es, también, de la literatura y su contexto.
  3. Que la crítica está ligada, necesariamente, a otras disciplinas extraestéticas y, por tanto, se nutre de muchos campos, no sólo de la literatura.

 

Dejando de lado, desde luego, los peligros a que está expuesto cualquier crítico o lector. Me refiero al doctrinismo, al paternalismo, al compadrazgo –uno de los mayores, por cierto–, y sobre todo, al miedo de contar la propia experiencia.

 

XI

 

Ahora bien, precisamente por ese estar en el mundo tanto el crítico como el lector y el escritor están posibilitados de dar una opinión.

 

Opinión que, en muchos casos, implica una decisión respecto al modo particular en que cada individuo percibe al mundo.

 

Lo dije un poco más arriba: se trata de su visión del mundo.

 

Dado lo anterior, resulta por demás interesante que Cristina Rivera Garza, atendiendo a su labor como crítica literaria, asuma que «[…] toda decisión estética conlleva, en sí, una ética, habremos de aceptar que en estas distintas formas de narrar se debaten también las distintas formas de estar en el mundo y de configurar esa realidad-ficción dominada ahora mismo por un Estado en llamas y una sociedad civil en activo».

 

Las cursivas acá son, tramposamente, mías. Y sirven, eso espero, para demostrar de una manera muy peculiar el estado en que considero se encuentran las letras nacionales y la crítica literaria actuales:

 

decisión estética

ética

formas de estar en el mundo

configurar esa realidad-ficción

dominada

ahora mismo

Estado en llamas

sociedad civil

en activo

 

XII

 

Esto es, en breves palabras, nuestro contexto: la sangre y las pantallas confundidas. El siglo XXI. El cotidiano, mas no por eso normal, acontecer de nuestros días. Pareciera que nos vamos metiendo cada vez más en ese caos discursivo entre las armas y las letras, el arte en general y la ciencia.

 

Como si todos los días el Timeline escupiera notas que no queremos leer pero que leemos.

 

He hablado mucho del contexto.

 

Pero, ¿alguno de nosotros vive con la certeza de algo en nuestros días? Estoy hablando de certezas mínimas, básicas. Como salir al día siguiente y tener la completa seguridad de regresar a casa sano y salvo.

 

¿Quién?

 

XIII

 

¿Qué significa escribir hoy en ese contexto?, nos pregunta Rivera Garza. Y continúa cuestionándonos por los retos que han de enfrentar la escritura, la lectura y la crítica en medio de la hostilidad cada vez más dura del trabajo y la espectacularidad de los crímenes que vemos todos los días.

 

¿De qué estamos escribiendo y para qué?

 

«¿Cuáles son los diálogos estéticos y éticos a los que nos avienta el hecho de escribir, literalmente, rodeados de muertos?».

 

En efecto, en un mundo donde la muerte se extiende a todos nuestros territorios, ¿cuál es la labor del crítico y el lector, del escritor desde luego?

 

Otra vez: la sangre y las pantallas, confundidas.

 

«Si la escritura se pretende crítica de las cosas, ¿cómo es posible, desde y con la escritura, desarticular la gramática del poder depredador del neoliberalismo exacerbado y sus mortales máquinas de guerra?»

 

Si la crítica se pretende crítica, ¿cómo y desde dónde criticar, es decir pensar, nuestro tiempo, el mundo que habitamos, lo que vemos y vivimos que, de una u otra manera, terminan por conformar la caja mágica de donde el escritor toma y crea, de donde el lector toma y crea, de donde el crítico, también, toma y crea?

 

XIV

 

Aquí es donde considero pertinente hablar de necropolítica y poder. En la actualidad, no sólo existe una relación estrecha entre el lenguaje escrito y la muerte, sino que además se trata de una relación conocida. Ya lo ha dicho Rivera Garza y hace referencia, desde luego, al creciente auge de la muerte como tema en la literatura latinoamericana contemporánea. Más allá, no obstante, de la cruda realidad que representa la dicotomía muerte-lenguaje, habría que prestar atención a la cotidianidad de dicha relación:

 

periódicos

noticiarios

redes sociales

 

todos los medios

 

pero sobre todo

el diálogo constante que se da en nuestras sociedades

 

muchas de ellas

 

dan cuenta de la espectacularidad y saña de los crímenes de guerra que, ciertamente, suceden día a día en nuestros países latinoamericanos

 

lo anterior sumado a la evidente incapacidad del Estado para ofrecer y garantizar seguridad a sus ciudadanos, nos orilla, sin lugar a dudas, a un modus vivendi en particular

 

el miedo cerval

 

a morir, un día de pronto, en las garras de esa Bestia llamada Crimen Organizado

 

XV

 

Cuál es el papel, entonces, del crítico.

 

Atender, desde luego, a todas estas necesidades. No he dicho, ni he querido inferir, que el libro ha muerto o que el futuro de nuestros países esté trumpianamente determinado.

 

Lo que quiero decir es, sobre todo, que los tiempos han cambiado.

 

Que muchos ahora leemos y escribimos tanto en el papel como en las pantallas y que todos, inevitablemente, estamos inmersos en un contexto de violencia extrema.

 

Hay quienes argumentan que nuestra realidad es, cinematográficamente, una película gore.

 

Nada más cierto. Pareciera que todo lo que sucede en la actualidad –feminicidios, desapariciones, deportaciones y leyes cada vez más crudas, una lista interminable– es un thriller de terror. Pero no. Esto es lo que nos ha tocado vivir y, como habitantes del mundo, lo debemos atender.

 

Es por eso que, tanto lector, como escritor y crítico, todos, tenemos la encomienda de por lo menos pensar qué es lo que pasa y cómo es que podemos darle solución. Si nuestros medios han cambiado, si el Internet y las redes sociales nos dan la posibilidad de dialogar y discutir, de expresar y contar nuestra experiencia,

 

hagámoslo

 

dar cuenta de esas historias es contar también al mundo

 

es crear comunidad no solo lectora

 

es crear comunidad y confiar en el diálogo

 

es crear comunidad y construir puentes entre nosotros

los lectores

 

un mismo vaso comunicante une al lector con el crítico con el escritor

 

ese vaso comunicante es la literatura

 

la sangre y las pantallas confundidas

 

la literatura.

 

 

 

___________

Jorge Martínez (Torreón, 1994) es un lector nacido en el norte que llegó en el verano de 2013 a la Ciudad de México. Desde entonces se ha dedicado de tiempo completo a leer. Textos suyos no han aparecido ni en antologías ni en suplementos culturales. Tampoco están a punto de publicarse. Lee y escribe, cuenta historias. Estudia la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAM.

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