La Revolución en un mosaico

La juventud mexicana ha sido una de las grandes ausentes en los festejos oficiales del bicentenario. Para mitigar un poco esa ausencia, cincuenta jóvenes nos comparten la forma en que perciben la Revolución mexicana en este mosaico de palabras.

PRESENTACIÓN

La falta de creatividad, la improvisación, el despilfarro de recursos y una parafernalia mediática tan desmesurada como superficial han sido el distintivo de los festejos oficiales del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución mexicana. Ha habido, desde luego, esfuerzos –imperfectos, quizá, pero tangibles– por darle una mayor profundidad a las celebraciones: desde el programa Discutamos México hasta las loables iniciativas de diálogo y debate emprendidas por numerosas revistas e instituciones culturales y académicas. En uno y otro caso, sin embargo, ha sido la voz de los altos funcionarios y de los escritores, especialistas e historiadores más distinguidos la que ha prevalecido en este 2010 –es decir, las voces siempre escuchadas, siempre recurridas. Muchas han sido las ausencias notables en los festejos y debates, pero una de las más flagrantes es la ausencia de la voz de la juventud mexicana. En parte por indiferencia y en parte porque para los líderes políticos y empresariales de nuestro país los jóvenes parecen servir únicamente para vestir botargas o hacer de comparsas en mítines y sesiones fotográficas, la juventud –el supuesto «futuro» de la nación– ha sido poco menos que intrascendente.

Una de las premisas de Cuadrivio es reunir en un mismo espacio a plumas experimentadas y talentos noveles. En el dossier de nuestro segundo número hemos convocado a historiadores y académicos consolidados para reflexionar sobre la Revolución mexicana, pero, ante todo, hemos invitado a muchos jóvenes para que nos compartan la forma en que perciben la Revolución.

Nacidos en un México en el que, a diferencia del país en el que crecieron sus padres y abuelos, la Revolución había dejado de ser la fuente de legitimidad del gobierno y la política y la cultura estaban (y seguirán estando, gracias al impulso de las nuevas tecnologías) abiertas a toda clase de influencias extranjeras, los jóvenes del siglo XXI poseen ya todos los elementos para evaluar uno de los acontecimientos fundamentales de su historia contemporánea. Lo que presentamos al lector (un «mosaico» integrado por pequeños párrafos en donde chicas y chicos exponen su visión de los hechos) no es, siquiera remotamente, una muestra representativa de la juventud mexicana, ni aspira a serlo. Nuestros invitados son, en su mayoría, jóvenes universitarios y profesionistas que no alcanzan la treintena de años y, como se sabe, sólo un tercio de la juventud en México tiene acceso a la educación superior. Este mosaico sí representa, en cambio, un primer acercamiento a lo que piensan los presentes y futuros intelectuales de México, en el sentido que Gramsci dio al término «intelectual»: aquel que posee la capacidad dirigente y técnica para organizar instituciones y generar consensos en el seno de la sociedad civil. En otras palabras, este ejercicio de conjunción no llena el hueco que ha quedado en los festejos patrios, pero sí quiere contribuir a subsanarlo.

Como no podía ser de otra manera, las opiniones y puntos de vista contenidos en los siguientes párrafos divergen y presentan una variedad de percepciones más o menos evidente. Domina en ellos, sin embargo, cierta sensación de desencanto y recelo respecto a la Revolución, suspicacia que, a su vez, da paso a algunas inquietantes tendencias que, esperamos, despierten en nuestros lectores el interés por seguir indagando en el espíritu de la juventud y lo inciten a extraer sus propias conclusiones.

­—CONSEJO EDITORIAL DE CUADRIVIO

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LA REVOLUCIÓN EN UN MOSAICO

En completa soledad

La Revolución mexicana: sangre malgastada, pólvora fraternal, grietas en el corazón de las fértiles tierras, hogares deshabitados, vías del tren rotas, desarraigo, soberanía y detonaciones por doquier, sombreros al aire, tequila y mezcal en las venas, el triunfo momentáneo, el dictador, los fracasos cotidianos; ideales de una nación fragmentada, caudillos y ficciones, poder y burocracia, educación analfabeta, las decisiones constitucionales, las leyes de unos cuantos; indiferencia, desigualdad, falta de unión, regresar inevitablemente al mismo punto, sin transformar nada, sin trascender, en completa soledad.

Adrián Schleske (Ciudad de México, 1980). Periodista, poeta, narrador y corrector de estilo. Ha publicado poemas en el Periódico de Poesía de la UNAM. Gracias a El extranjero, de Albert Camus (su escritor favorito), incursiona en la literatura. También es un ferviente seguidor de la literatura rusa: Púshkin, Gógol, Lérmontov, Goncharóv, Túrgueniev, Korolenko, L. Tolstoi, Dostoyevski, Chéjov, Búnin, Andréiev, Kuprín, Gorky, Babel, Petrov, Ilf, Shólojov, A. Tolstoi, Pasternak, entre otros.

Revoluciones

Francisco I. Madero, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza, Francisco Villa y Álvaro Obregón fueron protagonistas de la Revolución mexicana. Durante el periodo presidencial del último, José Vasconcelos, un gran político y filósofo mexicano, fundó la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 1921, organismo mediante el cual llevó a cabo una extensa edición de textos clásicos, inauguró bibliotecas por todo el país, e implementó una serie de misiones culturales, por enunciar sólo algunas de sus acciones más relevantes. El autor de La raza cósmica y Ulises criollo también participó en el proceso revolucionario, pero sus mayores logros llegaron años después, como secretario de educación, y antes como rector de nuestra Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), para la cual creó, en 1920, el lema todavía vigente de esta casa de estudios: «Por mi raza hablará el espíritu». Sin duda, Vasconcelos fue un protagonista y revolucionario que creó y modernizó instituciones sin la bandera de la violencia. La Revolución mexicana, más allá de sus dos objetivos principales: apertura democrática y justicia social, logró en lo educativo y en lo cultural un enorme cambio. A 100 años de distancia, es tarea de nosotros mantener a instituciones como la SEP y la UNAM modernas, vigentes y exitosas.

Andrés Ordorica Espinosa (Ciudad de México, 1988) estudia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

La Revolución mexicana ilustra cómo las guerras sólo sirven para dejar miles de muertos y un cambio sobre quién ejerce el poder. Enarbolando diferentes ideas, como la sucesión presidencial, en un inicio, y posteriormente la reivindicación de los campesinos en el sur, así como los derechos sociales y garantías individuales plasmadas en la Carta Magna de 1917, se demuestra la violencia e inestabilidad que causó el vacío de poder, el cual tuvo que ser aplacado mediante la creación de instituciones, pero principalmente de una figura autoritaria que –en la práctica– tenía todo el poder: el presidente federal.

Así es como comprendemos que el cambio de poder no implica necesariamente una mejora en las condiciones de vida a largo plazo, pero sí la creación de un nuevo sistema que pueda mantener la paz y el orden social a costa del sacrificio de todo lo demás. Por ello, los hombres deben aprender que si ellos mismos no se ayudan, nadie más lo hará.

Angélica Isabel Barrera Nava (1987). Estudiante de la licenciatura en Contaduría de la Facultad de Contaduría y Administración, UNAM.

La Revolución mexicana resultó un potente prólogo para mi generación. No me significa más porque no arde en mí el fervor patrio que otros han heredado o con el que algunas instituciones políticas y económicas han traficado hasta nuestros días. La identidad mexicana del siglo pasado está marcada fuertemente por esa revolución. Agradezco que México haya sabido obtener una fuente fértil para su arte e historia. No obstante, el 2000 comenzó con una cara de extravío y fracaso, con sangre y destrucción por la batalla de los federales contra el crimen muy bien organizado. Yo quiero otra revolución, una distinta: no bélica, sí creativa. Quiero hacer lo que muchos han comenzado ya: escribir un

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

  1. Felipe Sánchez Barría. Noviembre 21, 2010 at 5:28 pm

    Por años, el discurso oficial de La Revolución fue la de un movimiento esencialmente popular, cuya consecuencia más profunda fue la creación de un Estado revolucionario inclusivo popularmente y anti-oligarca. Sin embargo, luego de la matanza de Tlatelolco esta visión fue criticada duramente, aduciendo que la Revolución fue combatida por los grupos populares pero que los verdaderos vencedores fueron las élites del norte, siendo éstos los forjadores de un Estado posrevolucionario autoritario, represivo y centralizador.
    Lo cierto es que La Revolución no se puede entender en términos de clase (popular o élite), sino en términos de proyectos políticos. Carranza y los sonorenses tenían una concepción de Estado e institucionalidad más acabada que la que pudo tener Villa, mientras que el proyecto político de Zapata tenía relación directa con su concepción sobre la propiedad y uso de la tierra y quién tenía el derecho de distribuirla dentro de la comunidad.
    Así La Revolución surgió como un momento de aceleración histórica donde varios elementos se conjugaron para dar inicio a uno de los sucesos históricos fundamentales en América Latina durante el siglo XX.

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