La representación de la mujer en la televisión mexicana

Lamentablemente y desde hace ya mucho tiempo, el tema de la representación de la mujer en los medios masivos de comunicación –especialmente en la televisión– se ha mantenido vigente en la agenda de género por dos razones: violencia y discriminación. Con una mirada crítica, Ana María Herrero ofrece una actualización al tema: ¿qué ha cambiado y qué se reafirma en esta práctica de construcción de contenidos?

Lamentablemente y desde hace ya mucho tiempo, el tema de la representación de la mujer en los medios masivos de comunicación –especialmente en la televisión– se ha mantenido vigente en la agenda de género por dos razones: violencia y discriminación. Con una mirada crítica, Ana María Herrero ofrece una actualización al tema: ¿qué ha cambiado y qué se reafirma en esta práctica de construcción de contenidos?

 

Ana María Herrero Cervera

 

La realización de este artículo responde a la necesidad de revisar, analizar y cuestionar el componente político, social y cultural que hay detrás de la imagen construida de la mujer en los medios, especialmente en la televisión, con hincapié en Televisa. No sorprenderá al lector/a la referencia a la que aludo, pues es bien sabido que esta televisora discrimina y violenta a las mujeres. Asimismo intento contribuir a promover la reflexión acerca del tema haciendo partícipe de estas reflexiones al conjunto de lectores y lectoras, y a despertar una actitud crítica ante lo que estamos acostumbrados a ver como normal.

Abordaré este artículo desde mi línea de investigación doctoral en Bellas Artes, que gira en torno al discurso de género en la cultura visual, especialmente el que nutre a las opresivas y desiguales representaciones del estereotipo femenino que permanecen en los medios de comunicación y demás productos culturales: televisión, cine, publicidad, prensa, etc. Aproximarse a esta problemática es una forma de abatir desigualdades entre hombres y mujeres a partir del discurso de la desnaturalización y el esencialismo, del cual partiré como base fundamental.

Este análisis tratará sobre cómo se representa a la mujer mediáticamente, y para ello es relevante conocer el significado de representación. La Real Academia Española define este término como la «acción y efecto de representar», o la «figura, imagen o idea que sustituye a la realidad».[i] Esta definición nos indica que la representación es algo ficticio que tiene como referente la realidad y que se confunde con ésta. Por lo tanto, podemos considerar que lo que se nos presenta como «mujer» no es más que una ficción imaginaria y simbólica creada por un sistema que subordina y que además tiene el poder para propagar esa sólida construcción.

Lamentablemente, en México, como en otros lugares, permea un discurso sexista, racista y clasista que se ve de forma aumentada en las narrativas y códigos visuales con que se representa a la mujer mexicana. Esto es obvio cuando observamos las imágenes que se pueden ver al hacer un recorrido por los distintos canales de televisión, al ver una de las tantas telenovelas, una revista, o bien paseando por la calle y encontrándonos con un cartel publicitario como el siguiente:

Cartel publicitario, El Palacio de Hierro.

Cartel publicitario, El Palacio de Hierro.

La televisión como espectáculo: ejemplos de la representación del estereotipo femenino sexual

La televisión reproduce las nociones preestablecidas de género; desde allí se refuerzan constantemente estereotipos sexistas, machistas, racistas y clasistas. Los casos que revisaré fueron extraídos de la televisión, y al analizarlos es claro que existe una considerable violencia simbólica y sexista a la hora de representar la imagen femenina. La televisión sirve de herramienta pedagógica, es decir, enseña a través de lo que nos muestra: genera discursos políticos, sociales, culturales, junto con un lenguaje audiovisual que tiene la capacidad de modelar el pensamiento e influir en el modo de consumir y de ser de la sociedad.

En Technologies of Gender. Essays on Theory, Film and Fiction, Teresa de Lauretis señala que las producciones culturales y sociales, al igual que otros aparatos e instituciones, intervienen en el proceso de construcción del género, en su mantenimiento y perpetuación dentro del sistema. De Lauretis identifica estas tecnologías como mecanismos que actúan desde el poder dominante patriarcal. Lo que me interesa señalar es que la televisión es un medio que sirve como tecnología para la perpetuación de los estereotipos de género; es controlada por un sector mayoritariamente masculino y patriarcal, o un sector femenino con pensamiento machista y patriarcal. Al menos eso denota, porque sigue reproduciendo y perpetuando sistemáticamente conductas sexistas y patrones binarios plagados de desigualdades de género, y transmitiendo, por tanto, violencia simbólica y sexista en la representación de la mujer.

La televisión utiliza metanarrativas visuales y recursos expresivos para presentar a las mujeres según los cánones de la ideología androcéntrica, asociándola a roles, juicios de valor, concepciones y teorías que naturalizan la subordinación de las mujeres y lo considerado femenino. Según Marcela Lagarde, «la mirada con la que las industrias mediáticas han construido la realidad hasta el momento presente, debido a múltiples factores, ha sido la mirada androcéntrica; no está demostrado que sea mejor ni peor que otra mirada, sólo nos afirma que se ha realizado desde quien ha detentado tradicionalmente el poder».[ii] Frente a las representaciones que continúan emitiendo, es evidente que quienes controlan tanto la televisión como los medios de comunicación no se han percatado del progreso feminista. La televisión y, en general, la cultura visual representan a la mujer desde la sexualidad. A partir de esa representación social, el cuerpo femenino es controlado y canonizado. A la mujer la convierten en sede de la sexualidad y del deseo masculino.

En los siguientes ejemplos se puede ver cómo la televisión promueve un estereotipo femenino que considera a la mujer una mercancía sexualmente explotable y, por lo tanto, parte fundamental del espectáculo televisivo.

Arriba, de izquierda a derecha: programas de Televisa: Muévete y El Mañanero. Abajo, de izquierda a derecha: imágenes provenientes de las emisiones Venga la alegría y del debate presidencial 2012. Estas imágenes forman parte de un video que realicé, «Audiencias críticas», mostrado en la exposición individual Metáforas visuales sobre la representación femenina, en la Academia San Carlos (2012).

Arriba, de izquierda a derecha: programas de Televisa: Muévete y El Mañanero. Abajo, de izquierda a derecha: imágenes provenientes de las emisiones Venga la alegría y del debate presidencial 2012. Estas imágenes forman parte de un video que realicé, «Audiencias críticas», mostrado en la exposición individual Metáforas visuales sobre la representación femenina, en la Academia San Carlos (2012).

Las imágenes mostradas pertenecen a diversos programas de la televisión mexicana pública (de Televisa y Tv Azteca) y confirman la sobrerrepresentación de la imagen de la mujer como objeto sexual, así como la sobreexplotación del estereotipo femenino, marginándolo hacia lo meramente decorativo y sexual, incluso en pleno debate presidencial. Este tipo de narrativas visuales son deliberadamente machistas y ejercen una notable desigualdad de género en la televisión, y por lo tanto en la sociedad. Lamentablemente, la difusión de estas imágenes no es un hecho aislado geográficamente, pues, como sabemos, este tipo de emisiones y representaciones sobre la mujer es un problema de índole global, aunque varían en función de la cultura y política del país.

Pero ¿qué repercusión tienen estas imágenes en los/as espectadores/as? Es muy importante considerar los análisis de Laura Mulvey[iii] y Gertrude Kosch[iv] sobre la recepción femenina, en los que plantean el poder de asimilación e imitación que tienen estos estereotipos en el público femenino. Se pueden citar muchos ejemplos en los que podemos observar cómo las pautas y conductas estereotipadas de género influyen en la educación de las niñas y adolescentes. Estas menores de edad son potenciales receptoras de pautas estereotipadas de lo femenino que las llevan a convertirse en «princesas», en la celebración de los quince años, por ejemplo.

La violencia ejercida por la televisión es de partida doble, por una parte la televisión convierte en espectáculo la situación dramática de la violencia de género, física y psicológica, en la que viven muchas mujeres; a ello se añaden los problemas de salud y enfermedades psicológicas asociados a la belleza femenina que se promueve.

Formatos tan populares como los talk shows muestran a mujeres que cuentan su experiencia. En ocasiones el moderador/a, como en el polémico talk show de Laura Bozzo, hace de juez y verdugo, evaluando conductas inadecuadas y dictando sentencia como si se tratara de un juicio. Por otra parte, se ejerce una violencia disimulada al presentar, en diversos formatos, pautas y modelos orientados a que las mujeres busquen ser más «bellas», más «atractivas», acordes al culto del cuerpo de nuestra cultura. Todo esto aparece en reality shows o talk shows, o en ciertas secciones informativas dedicadas a «asuntos de mujeres».

Otro ejemplo marcadamente visible de desigualdad de género y sexismo lo encontramos en las invasivas telenovelas, que se retransmiten en muchos lugares del mundo. En ellas se presenta la imagen estereotipada de hermosas mujeres blancas, altas, delgadas, con reducidas cinturas, esculturales caderas y pechos voluptuosos. Las telenovelas están construidas sobre patrones que reproducen conductas machistas, sexistas, clasistas y patriarcales, y promueven modos de masculinidad y feminidad preestablecidos: el hombre adquiere el rol del macho activo, fuerte y conquistador, frente a la pasividad de la mujer, su belleza, bondad, o bien frente a la figura negativa de la mujer fatal, independiente, malvada, seductora, etc. En ellas se reproducen también comentarios machistas, misóginos, cargados de prejuicios de género, sexo y clase, que potencian rivalidades entre el mismo sexo (luchas entre mujeres por un hombre o entre hombres por una mujer, envidias, celos, crímenes pasionales, etc.). Todo esto rodeado de una trama dramática y un edulcorado romance.

De izquierda a derecha, imágenes de las telenovelas Gata Salvaje, Soy tu dueña y La Usurpadora.

El proceso colonizador como discurso en la narrativa visual

Pero hay otras miradas que deben ser tenidas en cuenta. La perspectiva de género ayuda a concientizarnos de la desigualdad que sufren los grupos más oprimidos y con menor visibilidad y representación en la televisión. En este apartado abordaré el modelo de representación femenina desde el análisis de género, clase, raza, así como la influencia del discurso colonizador o poscolonizador impuesto en la representación mediática de otras identidades; pues aún puede observarse de forma omnipresente el mismo modelo de siempre de la mujer blanca y occidental.

Stuart Hall, en su texto «¿Cuándo fue lo postcolonial?»,[v] plantea una reflexión sobre la terminología y el sentido de la expresión, argumentado que lo poscolonial no se queda en lo meramente territorial, sino que trata sobre todo del proceso de expansión, exploración, conquista, colonización y hegemonización llevado a cabo por la modernidad europea, y más tarde capitalista occidental.[vi] El discurso colonialista, elaborado por el poder androcéntrico, europeo y norteamericano, es revisado desde un punto de vista crítico por el discurso feminista, a causa de la diversidad de voces de mujeres latinas, chicanas, afroamericanas e indígenas que se han manifestado desde los años setenta hasta la actualidad. El entramado del discurso del poder patriarcal y capitalista a su vez se compone de otros muchos discursos de dominación, entre ellos, el racismo, el sexismo, la heteronormatividad y el clasismo.

La representación de la mujer mexicana está construida sobre un patrón eurocéntrico y anglosajón que impone una imagen de la mujer blanca y occidental que funciona como canon a escala global y que excluye de los medios a las mujeres de otras razas. Según Rosa Inés Curiel Pichardo, en su artículo «Crítica poscolonial desde las prácticas políticas feministas antirracistas»,[vii] tanto en la sociedad mexicana como en el resto de América latina ha existido desde hace varias generaciones una política cultural y social de blanqueamiento de la raza, así como la creencia devastadora e injusta de que existe una supremacía blanca. Los medios han mostrado un sistema de dominación y subordinación clasista y racista que afecta tanto a hombres como a mujeres; en las imágenes que presentan se puede percibir la dominación masculina, la sumisión femenina, los estereotipos y roles de género, el sexismo y el racismo.

Monitoreando los principales canales televisivos, así como otros medios, he podido constatar la ausencia de mujeres morenas o indígenas (al igual que en el caso de los hombres). El estereotipo de mujer que representa la televisión y los demás medios es el de la mujer blanca, y si es morena, aparecerá con algún rasgo occidental o reproducirá el estereotipo europeo y anglosajón de lo latino. ¿Dónde están las otras mujeres en un país donde el porcentaje de mujeres morenas es superior al de mujeres blancas? Lo que es visible en todo esto es que existe un proceso colonizador en la imagen o en las representaciones de la mujer mexicana que afecta a todas las producciones culturales. Este fenómeno está arraigado en todos los niveles de las esferas pública, mediática y política, y es tan cotidiano que pasa desapercibido. Como he señalado, el modelo de mujer que presentan los medios mexicanos está construido sobre el modelo de la mujer caucásica, y además responde a un estereotipo hipersexual, es decir, en él se presenta un exceso de aquellos atributos y rasgos que denotan la sexualidad de la mujer. Según este modelo, en el color pálido de la piel reside parte importante de la belleza de una mujer, y esa convención se encuentra muy interiorizada en el imaginario masculino y femenino mexicano.

Imágenes mediáticas: actrices de telenovelas.

Por su relevancia para la identidad mexicana, quisiera detenerme en una figura central en la cultura mexicana que muestra la posición de la mujer mestiza: la artista Frida Kahlo. En su pintura Las dos Fridas podemos ver una representación nítida de la identidad indígena, que contrasta con su ausencia actual en los medios y en la cultura visual.

Frida Kahlo, Las dos Fridas, 1939.

En esta fotografía, Frida aparece retratada al lado de su pintura, un autorretrato donde aparece de forma dual: cada Frida está vestida de manera diferente, una representa al mundo indígena, vestida con un traje de tehuana, y la otra está vestida a la moda de Occidente. Representa así la división de estos dos mundos de los que ella se siente partícipe. Los corazones de las dos mujeres están conectados uno con el otro a través de una vena, pero sólo uno de los corazones está vivo, el de la tehuana, porque el de la europea está completamente roto. Es un claro reflejo de la doble visión que ella tiene de sí misma en ese momento, que además pudo ser reforzada por el hecho de que Europa se encontraba en guerra, o también por su relación con Diego Rivera.

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«Échate unas gotas de Amarige de Givenchy, un poco de crema antiarrugas de Clinique, una porción de extracto revitalizante para el cabello de L’Oréal. Mézclalo cuidadosamente para que no haga grumos. Distribúyelo sobre un cuerpo femenino de 1.80 metros con 90, 60, 90 cm de pecho, cintura y caderas respectivamente, preferiblemente blanco y rubio. Si no encuentras fácilmente este producto en el mercado, puedes recurrir a la silicona y el colágeno, extraer algunas costillas o realizar una  lipoescultura».[viii] Esta cita de Isabel Moya manifiesta ironía, pero en realidad no está muy lejos del paradigma que los centros hegemónicos del poder económico, político y  mediático presentan como modelo de lo femenino en tiempos de la globalización neoliberal.

Un dato relevante es que México es uno de los países que más consume tinte rubio, aunque ésta es una tendencia muy difundida por muchos otros países. En Europa, sobre todo en la parte mediterránea, también se recurre a esta tendencia hegemónica. A esta moda feroz se le suman los cosméticos que blanquean la piel. En Asia, por ejemplo, hay una tendencia a modificar los ojos para obtener unos ojos occidentales. También las mujeres afroamericanas tienden a lisar su pelo y utilizar lentes de contacto, color azul o verde. Este fenómeno es un claro proceso de occidentalización de las mujeres de otras razas, bajo un molde caucásico, y podríamos también decir que racista.

Se parte de un modelo de mujer que no es el único, pero es el que predomina y se presenta generalmente en la cultura visual. Un modelo de mujer occidental y blanca que ha sido exportado a otras culturas a través de los medios: cine, arte, televisión, etc., dentro de un sistema dominante androcéntrico y occidental, que inventó un único canon de belleza y un modelo a seguir de forma casi absoluta, suprimiendo a otras identidades femeninas y eliminando las subjetividades. Estos discursos de género construyen, reproducen, refuerzan y reelaboran continuamente a la «mujer» sobre la base de los arquetipos tradicionales y muy pocas veces dejan entrar en el guión a otro tipo de mujeres, es decir, a las mujeres reales.

En cambio, la aparición de otro modelo de mujer, la mujer morena o indígena, tiene una mayor presencia mediática en el formato televisivo de los talk shows, donde da testimonio de una experiencia generalmente dramática y trágica de violencia de género. También suele aparecer como espectadora de los programas de televisión del tipo de los realities y talks shows, o bien bajo la forma de estereotipos clasistas y racistas en el género de la telenovela. La televisión mexicana refleja la marcada fragmentación que hay a nivel social, así como la segregación sexista, racial y económica que sustenta al sistema en perjuicio de la multiculturalidad y la libertad identidaria.

Izquierda: telenovela mexicana que presenta a mujeres morenas como sirvientas. Derecha: imagen del programa de Laura Bozzo.

Izquierda: telenovela mexicana que presenta a mujeres morenas como sirvientas. Derecha: imagen del programa de Laura Bozzo.

Reeducar con perspectiva de género no es tarea fácil, pero tiene que ser un objetivo político y social que la televisión y demás medios deberían contemplar para dar cuenta de la pluralidad de formas de ser mujer. En México, la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia fue la primera ley aprobada, en el año 2007, posicionándose como una de las normativas más avanzadas en materia de mitigación de la violencia hacia las mujeres en toda Iberoamérica, pues prevé la creación de un sistema integral de prevención, protección, asistencia y erradicación de la violencia de género en todo el país. Marcela Lagarde, ex diputada y una de las principales impulsoras de esta nueva ley, aseguró que su aprobación es el resultado de 30 años de lucha de las feministas por erradicar la violencia contra las mujeres. También, la autora destacó que la aprobación de esta ley representa un logro muy importante, pues implica una reforma del Estado, de las instituciones, de las prácticas y de los usos y costumbres de una cultura radicalmente patriarcal. En suma, podemos decir que el hecho de que los gobiernos hayan aprobado leyes que contemplen la violencia de género es un logro importante; pero lamentablemente la existencia de estas leyes no impide que se sigan cometiendo abusos y desigualdades contra las mujeres. También, a modo de conclusión, quisiera resaltar que compete a los medios, al gobierno, a las instituciones, al entorno familiar y a la sociedad en general dar visibilidad a la pluralidad de identidades femeninas que coexisten, para contribuir a una vida más democrática e igualitaria.

 

 

 

 

NOTAS

[i] Diccionario de la Real Academia Española.

[ii] Pilar López Díez, «La mujer, las mujeres y el sujeto del feminismo en los medios de comunicación», en Manual de información en género. (Editora), 2004, Madrid. IORTV (RTVE) e Instituto de la Mujer. Lagarde, Marcela, Género y feminismo. Madrid, Editorial Horas y horas, 1996.

[iii] Mulvey, Laura, Placer visual y cine narrativo. Episteme, 2002.

[iv] Kosch, Gertrude, «Why Women go to Men’s Films». Ecker, Gisela, Estética feminista.Barcelona, Icaria, 1986.

[v] Hall, Stuart, «¿Cuándo fue lo postcolonial?», Estudios postcoloniales. Madrid, Traficantes de sueños, 2008, p.127.

[vi] Op.cit, p.132.

[vii] Rosa Inés Curiel Pichardo, «Crítica poscolonial desde las prácticas políticas feministas antirracistas», Nómadas (en línea). Abril de 2007, Nº 26, Universidad Central, Colombia.

[viii] Isabel Moya Richard, «Receta para construir una mujer global» (en línea), publicado en Mujeres en Redhttp://www.mujeresenred.net.

 

 

 

 

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Ana María Herrero Cervera es licenciada en Bellas Artes por la facultad de Bellas Artes de la UPV, España. Actualmente está realizando un doctorado en investigación y producción artística sobre la construcción de la mujer en los medios y sobre la apropiación audiovisual en la práctica videográfica. Ha sido becaria por la SRE de México para realizar una estancia de creación artística en la Academia de San Carlos (ENAP/UNAM) en el año 2012.

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Posted by Revista Cuadrivio

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