La redención en «Tres anuncios por un crimen»

Yelenia Cuervo escribe sobre el largometraje nominado a seis categorías del Óscar, «Tres anuncios por un crimen».

Cada año, los premios Oscar reúnen en más de cien países a millones de televidentes ante la pantalla chica. Como es bien sabido, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas premia a todos aquellos que colaboran en cualquiera de los ámbitos de la industria: directores, actores, guionistas, fotógrafos, montajistas, sonidistas y una gran variedad de categorías.

Los ganadores se eligen mediante el voto ejercido por miles de los miembros de la citada Academia, donde impera la subjetividad; lo que en determinadas ocasiones trunca las expectativas de los espectadores. Sin embargo, a pesar de la valoración de los expertos en la rama, se resguarda una finalidad: preservar el carácter de industria que tiene el cine.

Lo anterior no implica que las obras premiadas no posean calidad; aunque la historia de los premios nos ha dado qué pensar, pues una película que consideraríamos una obra maestra como Vértigo, de Alfred Hitchcock, nunca obtuvo un premio, mientras que otras pertenecientes a la gran industria, como Titanic (1997) y El señor de los anillos: el retorno del rey (2003), recibieron once galardones cada una. Así que nunca hay que olvidar que hay actitudes y acontecimientos que influyen en la decisión de premiar a ciertos productos cinematográficos.

En esta ocasión ya nos hemos enterado de las nominaciones de las películas que desfilarán muy pronto en la premiación, entre las que se encuentra Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, traducida en México como Tres anuncios por un crimen (2017), una coproducción británicoestadounidense escrita, producida y dirigida por Martin McDonagh. Esta cinta, que podrá optar por la estatuilla en las categorías de mejor película, mejor guion original, mejor actriz, mejor actor de reparto, mejor banda sonora y mejor montaje, se exhibió en distintos festivales, y durante los Globos de Oro del 2017 ganó en las categorías de mejor película dramática, mejor actriz (Frances McDormand), mejor actor de reparto (Sam Rockwell) y mejor guion, así como también recibió nueve nominaciones en los premios BAFTA 2017.

Sin duda estamos ante una historia en la que el género dramático se mezcla con el policiaco, de esta manera las emociones fuertes quedan contenidas y el espectador se mantiene siempre a la expectativa del desenlace policiaco, que se manifiesta poco a poco a través de las pistas que se van sumando a la narrativa.

Tres anuncios por un crimen cuenta la historia de un pueblo ficticio al oeste de Estados Unidos: Ebbing. El pueblo es retratado más por medio de la psicología de sus personajes que por sus parajes, por lo que pocas veces observamos planos abiertos, a excepción de unos cuantos que retratan la carretera y los campos verdes que la rodean, para en cambio concentrarnos en espacios cerrados, muchas veces poco iluminados, como la casa de los lugareños, la taberna y algunos comercios. Podría señalarse que más que en la construcción visual, o en el empleo de sugerentes movimientos de cámara o de encuadres con intencionalidades comunicativas y artísticas, la valía de la cinta se encuentra en el guion, en la narrativa, y en la manera en que se van entretejiendo los sucesos cada vez con mayor fuerza dramática (acción) dentro de la desolada tragedia de la protagonista (de Frances McDormand, actriz que la interpreta, habrá que aplaudir su excelente interpretación actoral a lo largo del filme; y junto a ella, son justamente las extraordinarias actuaciones del elenco lo que permite mostrar la complejidad de las interacciones humanas, sin olvidar el guion, en el que los personajes están construidos con dimensiones contradictorias y en cuyo carácter se imprimen los golpes de la vida sobre su «superficie emocional»).

En Ebbing, Mildred Hayes, tras la violación y el asesinato de su hija Angela (que ha permanecido impune por varios meses), decide alquilar tres espacios publicitarios en las vallas de la carretera para denunciar la incompetencia de la policía del pueblo, situación que va despertando la ira de algunos habitantes del lugar. Una de las vallas, escrita con texto negro en fondo rojo, denuncia la incompetencia del jefe de policía Willoughby, quien está enfermo de cáncer. Durante las primeras secuencias, la dureza de Mildred ha impedido que sea capaz de ver el dolor de Willoughby, hasta que este le escupe sangre en el rostro, momento en el cual observamos que una mujer que había sido hasta ese momento dura e inamovible muestra una cierta misericordia ante el dolor de los otros.

La recepción de los anuncios publicitarios provoca en el pueblo cierto enojo que se va revirtiendo contra Mildred y que, en términos de la historia, genera a cada momento una mayor tensión dramática. Mildred comienza a provocar más a la policía cuando una noche arroja bombas molotov a la comisaría. En ese momento de la película ya tenemos un claro retrato del conservadurismo del pueblo (podría venir a cuento el dicho «¡pueblo chico infierno grande!»). Otro personaje importante es el policía Dixon, prepotente, agresivo y racista, que muestra quizá un estereotipo; aunque también durante el filme iremos conociendo otro lado de él cuando comienza a ayudar a Mildred en la búsqueda del asesino.

Quizá algo que se encuentra en este filme es una especie de purificación o redención del dolor. No me parecen casuales los incendios que aparecen en el filme –si bien siempre ligados a situaciones de vandalismo–; podrían simbolizar esos momentos clave en la trama en los que, a pesar del dolor, la búsqueda por la justicia sigue en pie en una época, como muchas otras, en la que la impunidad es un síntoma de las disfuncionalidades sociales.

Con un final hasta cierto punto abierto, el director nos hace reflexionar sobre la noción de redención y justicia. ¿Podríamos redimir nuestro dolor si vengamos casos similares? ¿Acabará eso con nuestro dolor? ¿Encarnaremos la justicia para un hijo asesinado? De nueva cuenta vemos la carretera del pueblo, la misma con la que inicia la película, pero ahora con un sentido renovado.

 

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Posted by Yelenia Cuervo

Licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México, con estudios de posgrado en Estética por la misma institución, y maestra en Filosofía y Medios de Comunicación egresada del Instituto Salesiano de Estudios Superiores. Cursó el diplomado de Creación Literaria de la Sogem, así como el diplomado de Teoría y Análisis Cinematográfico en la Universidad Autónoma Metropolitana. Colaboró en la revista Horizontum con una columna sobre cine y actualmente escribe en la revista Sombra del aire.

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