La primera comunión de mi hermana

Una primera comunión y una pequeña niña en las praderas iniciaron en la lectura al escritor, periodista y locutor mexicano Eduardo Limón.

Eduardo Limón es escritor, periodista y locutor. Ha obtenido, entre otros, el Premio Nacional de Locución y el Premio Internacional de Libro Animado Interactivo en Español. Colaborador en Animal Político, Excélsior, Nexos, Canal 22 y la emisora W Radio, conduce en la plataforma Puentes el podcast de novedades editoriales «Un libro para el fin».

 

 

 

Me divierte decir que me convertí en lector gracias a que mi hermana mayor hizo la primera comunión. No recuerdo si fue un familiar o algún amigo de mis padres, el hecho es que alguien llevó como regalo a la fiesta posterior a la ceremonia un voluminoso libro de pastas amarillas en cuya portada se leía, a grandes letras negras, la palabra Heidi; debajo aparecía la fotografía de una niña de cabellos negros, más o menos de mi edad (supuse), abrazada a un grueso árbol. Heidi pasó oculta dentro de un librero en mi casa algunos meses antes de que ese amarillo de las tapas y, sobre todo, esa fotografía me decidieran a acercarme y tomar el libro para finalmente conocer las aventuras de aquella huérfana niña suiza de seis o siete años de edad a la que encargaban con su abuelo, un fantástico personaje que vivía en la punta de Los Alpes apartado de la sociedad a la que odiaba, pero cuyo corazón se iría ablandando conforme el de su nieta le fuera mostrando, dramas más, dramas menos, las cosas bellas de la vida. Un pastorcillo de buen corazón llamado Pedro, la abuela de aquel, un par de cabras y una niña en silla de ruedas, entre otros personajes, completaban la historia de final conmovedor en el que todos alcanzaban la felicidad hacia el último capítulo. Todos, todos.

El libro me encantó.

Solo un par de años después de haberlo leído, quiso el destino que el Canal 5 transmitiera la serie japonesa basada, precisamente, en Heidi. Entonces viví por primera vez un fenómeno fascinante en el que, durante los primeros capítulos, me fui sorprendiendo con la aparición de cada uno de los personajes que para mí eran tan familiares ahora transformados en caricatura: ni uno solo se parecía a los que yo había creado en mi imaginación (salvo una pequeña cabra llamada Copo de nieve, y es que ya hubiera estado muy cabrón que algo tan genérico como una pequeña cabra de color blanco resultara distinta entre mis figuraciones y las del estudio de animación). A partir de ese momento, supe que la literatura basa su encanto y el privilegio de su magia precisamente en activar los resortes de nuestra ilusión. Ya sea que se trate de una historia de nobleza y bondad o de la terrible épica de algún drama, los libros encierran los espíritus de cosas que solo se visten de realismo cuando nuestra lectura los dota de sustancia vía nuestra imaginación.

Con los años llegaron a mi vida libros que me permitieron imaginar cosas cada vez más y más complejas: De la Tierra a la Luna, Ben Hur, Ivanhoe… Para cuando, como dice Joaquín Sabina, me tocó leer cosas en las que ya no siempre ganaban los buenos, había adquirido para siempre la enfermedad de la literatura, producida por un virus anclado en nuestra intuición, que afortunadamente no respeta edades, clases sociales, orientaciones sexuales ni inclinaciones políticas. La lectura está ahí para todos y soy de quienes piensa que a los libros hay que acercarse, como dice Juan Villoro, como se acerca uno a un objeto de placer; que esa debe ser la intención primera que debemos tener todos los lectores cuando abrimos un libro: la de pasárnosla bien.

Cuando varios años después abandoné finalmente la casa de mis padres, traje a mi departamento Heidi, que volví a leer. Me conmovió mucho repasar las páginas y llegar nuevamente al final felicísimo. Lloré un poquito, pero no por la historia de la novela que esta vez entendí desde otra edad, sino por el niño de seis o siete años que fui cuando, gracias a ese libro –y, me divierte mucho decirlo, a la primera comunión de mi hermana–, me convertí en lector para toda la vida.

 

 

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Posted by Eduardo Limón

Eduardo Limón es escritor, periodista y locutor. Ha obtenido, entre otros, el Premio Nacional de Locución y el Premio Internacional de Libro Animado Interactivo en Español. Colaborador en Animal Político, Excélsior, Nexos, Canal 22 y la emisora W Radio, conduce en la plataforma Puentes el podcast de novedades editoriales «Un libro para el fin».

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