La política del Mundial de futbol

En este ensayo, Santiago Álvarez descubre las dimensiones políticas del futbol y de su soberano y beneficiario principal: la FIFA.


Celebrar la Copa del Mundo supone la creación de un espacio público que cada vez alcanza a más países y culturas. No obstante, la globalización del futbol es gobernada por una corporación privada, donde los intereses políticos y económicos nunca son neutros y van mucho más allá de los negocios. En este ensayo, Santiago Álvarez descubre las dimensiones políticas del futbol y de su soberano y beneficiario principal: la FIFA. 

 

 

Santiago Álvarez Campero

 

La Copa Mundial de futbol es acaso el evento deportivo más importante de nuestros tiempos: reúne durante un mes a 32 equipos nacionales ganadores de las eliminatorias regionales, es seguido por millones de televidentes alrededor del planeta –se estima que la final del mundial de Sudáfrica 2010 fue observada por 700 millones de personas[i]–, y genera ingresos multimillonarios. Más allá del deporte y el espectáculo, el mundial es también un asunto político en varios sentidos: organizarlo supone una actividad directiva autónoma,[ii] para la cual se establecen múltiples relaciones de poder –condicionadas por instituciones– que inciden en la distribución de los beneficios y las cargas que conlleva; además, el mundial sirve como recurso de legitimidad y también como herramienta para otros fines políticos. Este ensayo se propone revisar las principales dimensiones políticas del mundial: la estructura política de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA, por sus siglas en francés) y el lugar preponderante que los países europeos tienen en ella, las dinámicas de la elección de la sede, la política de Estado detrás de su organización, el espacio transnacional que se crea, y el concierto de naciones –y nacionalismos– que representa.

La FIFA es una corporación privada transnacional que reclama para sí la soberanía absoluta del futbol mundial. Si bien se trata de un negocio, la FIFA aparece como un organismo público internacional que establece reglas minuciosas para un deporte, regula e institucionaliza las relaciones entre sus miembros, gobierna. La autoridad del futbol, monopólica, encuentra su legitimidad, pienso, en su representatividad universal, en el alcance mundial de sus iniciativas, que es la fuente misma de su poder. Creada en 1904 y con sede en Suiza, la FIFA cuenta con 209 países miembros –16 más que la ONU–, los cuales se integran en seis confederaciones regionales. Su sistema de gobierno incluye un presidente; un congreso con un representante por cada asociación nacional miembro; un comité ejecutivo –encargado de decidir la sede del mundial– conformado por un secretario general, ocho vicepresidentes, 15 miembros y el presidente; 27 standing commitees, relacionados con las reglas del juego, la organización de los torneos internacionales de la FIFA y con asuntos administrativos y legales; y tres cuerpos judiciales: los comités de apelación, de ética y el disciplinario.[iii] Hasta ahora, la FIFA ha tenido solamente ocho presidentes; Joseph Blatter se ha mantenido en la presidencia de la FIFA desde 1998, conservando el cargo mediante tres relecciones ante el Congreso. Esta continuidad y estabilidad institucionales reflejan la capacidad adaptativa del régimen internacional de la FIFA, cuya tendencia en décadas recientes ha sido impulsar la globalización del futbol y, con él, su dominio. No obstante, como veremos, persiste cierta preponderancia europea.

El Comité Ejecutivo es el encargado de elegir la sede del mundial; salvo el presidente y su secretario general, la mayoría de sus funcionarios son electos por las confederaciones. En contraste con el Congreso, la conformación de este órgano no es equitativa, sino que responde a la importancia social y económica de las respectivas regiones, lo que se traduce en la preminencia de la Unión de Asociaciones de Futbol Europeas (UEFA), que nombra tres vicepresidentes y cinco miembros –mientras que las demás confederaciones sólo eligen uno y entre cero y tres, respectivamente.[iv] Igualmente, el reparto de los boletos al mundial favorece a Europa, con trece participantes, seguido por África, con cinco, Asia y Sudamérica, con cuatro punto cinco, América del Norte, Centroamérica y el Caribe, con tres punto cinco, y Oceanía, con cero punto cinco. Sin embargo, en las primeras copas mundiales, el predominio europeo era mucho mayor –81 % de los participantes en Suecia 1958, por ejemplo–, seguido de lejos por los países americanos, mientras que el número de equipos africanos y asiáticos rara vez representaba más del 10 % de los participantes (véase gráfica 1). Es a partir del Mundial de Francia 1998, certamen en el que el número de participantes se incrementó a 32, que la presencia europea es menor al 50 %, en tanto que los seleccionados africanos y asiáticos suman, desde entonces, casi el 30% de los competidores. En síntesis, si bien Europa sigue siendo la región que más juega en los mundiales de futbol, la tendencia es a disminuir su presencia con respecto a las demás regiones del planeta. Una vez analizados los participantes del mundial, revisemos ahora las sedes de los mundiales por región.

Gráfica I 

Porcentaje de países participantes por continente, 1930-2014

Slide1Desde Uruguay 1930, cada cuatro años se han celebrado 19 mundiales de futbol, cuya notable continuidad fue interrumpida únicamente por la Segunda Guerra Mundial. La mitad de estos certámenes ha tenido lugar en Europa, seis en América latina, uno en Estados Unidos, uno en Asia y uno en África. Rusia y Catar serán anfitriones de las Copas Mundiales de 2018 y 2022 respectivamente. Llama la atención que hasta 1990 las sedes se hayan alternado exclusivamente entre países de Europa y América latina, lugares donde el futbol es el deporte más popular. Desde entonces, no obstante, se refleja la creciente globalización relativa de este deporte y la penetración del futbol en los países que quieren ser su sede. Marruecos ha presentado cuatro candidaturas para ser anfitrión; Indonesia, Bélgica, Países Bajos, España, Portugal y Australia, dos; Egipto, Libia, Túnez y Colombia una. Ahora las reglas de la FIFA inhabilitan candidaturas si en la región se organizó un mundial recientemente y favorecen abiertamente las candidaturas de países novedosos que testifiquen el alcance cada vez más universal del futbol.[v]

Resulta interesante que una característica que históricamente han compartido la mayoría de los países sedes es ser democracias, con las excepciones de Italia 1934, México 1970 y 1986 y Argentina 1978 (cuya elección como sede, no obstante, sucedió 10 años antes de que la junta militar llegara al poder). Desde Italia 1990, todas los países sedes son democracias, aunque sería aventurado afirmar que este criterio prevalece en la elección de la sede. Al contrario, la designación de Rusia y de Catar, países autoritarios, hace pensar que a la FIFA le interesa más la capacidad económica y la proyección futbolística del país candidato que su situación política.

Los motivos para organizar una Copa del Mundo son variados, pues coincide que es un gran negocio y también un gran evento público de talla internacional. En el caso de los países desarrollados de Europa occidental, organizar el mundial puede ser fiesta del deporte y un espectáculo lucrativo. En países menos desarrollados, ser sede del magno evento llega a ser riesgoso, aunque puede traer consigo derramas económicas importantes que estimulen el desarrollo económico interno, además de servir como marca de desarrollo y progreso. En países como Estados Unidos y Japón, donde el deporte nacional es otro, ser anfitrión puede ayudar a promover el futbol ante un mercado desconfiado.[vi]

En todo caso, organizar el mundial es una política de Estado que requiere movilizar importantes recursos financieros y administrativos, articular la administración pública con la iniciativa privada transnacional, iniciar importantes inversiones en infraestructura pública (aeropuertos, carreteras), privada (capacidad hotelera) y fundamentalmente deportiva: los estadios, ya que entre los requisitos que deben cumplir los países candidatos se encuentra contar con alrededor de 12 estadios con capacidad para 40 mil espectadores y uno con capacidad de alojar a 80 mil. En principio, el proceso que lleva a preparar y celebrar un mundial puede parecer un proceso de crowding-in, es decir, un proceso en que la inversión pública estimula la inversión privada: un coctel de crecimiento económico. Así, según estimaciones de Ernst & Young, además de los 10 billones de dólares gastados por Brasil, el certamen producirá 63 billones de dólares como efectos directos e indirectos, creará 3. 6 millones de empleos y se traducirá en 28 billones de dólares de ingreso para la población; en suma, se espera que el mundial genere de forma directa un 2. 17 % de crecimiento del PIB brasileño.[vii] Sin embargo, el impacto económico real todavía está por verse; para Sudáfrica 2010, por ejemplo, se estimaba un aumento de 3 % del PIB, mientras que estudios posteriores al evento calcularon un crecimiento de solamente entre 0. 2 y 0. 3 %.[viii] Se trata de inversiones coyunturales y no precisamente productivas, en tanto se concentra en estadios de gran capacidad que luego pueden quedar vacíos y, no obstante, requerir mantenimiento. Igualmente, el consumo derivado del turismo puede aumentar significativamente hasta la final del certamen, pero finaliza poco después. Por lo pronto, los costos previstos originalmente para el mundial de Brasil se han triplicado; ahora exceden los presupuestos anuales de salud y educación (35. 6 y 28. 8 billones de dólares, respectivamente).[ix]

La distribución de beneficios y cargas a corto y largo plazo –políticos y económicos– no es neutra. Uno de los principales favorecidos será la misma FIFA, quien es la propietaria original de todos los derechos comerciales emanados del mundial;[x] es decir, posee tanto los derechos de transmisión televisiva, como el derecho exclusivo de anunciar, vender y distribuir productos en un radio de dos kilómetros a partir de los estadios; asimismo, sus ganancias estarán libres de impuestos.[xi] Con respecto a los beneficios políticos, el clima festivo nacional por motivo del mundial, favorable para la estabilidad política, es momentáneo; peor aún, ante otro Maracanazo–cuando Uruguay derrotó a Brasil en la final de su mundial de 1950–, la situación podría complicarse para Dilma Rousseff, quien intentará reelegirse a finales de este año. Así, puede ser que las ganancias económicas y políticas sean efímeras, mientras que la deuda y la sobreoferta deportiva, con el desgaste económico y político que traen aparejados, deban ser manejadas por gobiernos posteriores. Igualmente, el envío y la aceptación de la candidatura pueden suceder en condiciones políticas y económicas más favorables que las que realmente acompañarán al certamen. La FIFA eligió a Brasil como sede de la Copa Mundial 2014 en octubre de 2007, cuando todavía gobernaba Lula da Silva y el buen desempeño económico brasileño era mundialmente admirado, sin embargo la responsabilidad de organizar el certamen y atender las resistencias políticas que ha enfrentado ha sido de Rousseff. Es curioso que en 2004, cuando se eligió a Sudáfrica como anfitrión del mundial de 2010, las otras candidaturas hayan sido de Egipto, Túnez y Libia, países cuya primavera de movilización política hubiera alarmado a la FIFA de haber sido electos como sede.

La celebración del mundial de futbol supone la creación de un espacio público transnacional amplio y fértil. La presencia de equipos, aficionados, funcionarios y medios de comunicación de todo el mundo en el país anfitrión, por una parte, junto con la proyección que el evento y su país sede tienen a escala mundial, por otra, constituyen un doble espejo, pues todo el mundo está en el país anfitrión y el anfitrión está en todo el mundo. El gobierno querrá mostrar un país avanzado y atractivo, la oposición politizará algún escándalo de corrupción o mala administración, mientras que organizaciones sociales pueden aprovechar la presencia de medios e interlocutores extranjeros para plantear demandas y hacer críticas con resonancia más allá de las fronteras del país, que sean escuchadas por los socios internacionales de su gobierno. Este encuentro transnacional – espacio de sociabilidad transversal, múltiple, rico en posibilidades‒ hace interactuar a jugadores de cualquier nacionalidad que estarán bajo la mira de clubes que pueden hacer cambiar su carrera, turistas internacionales intercambiando opiniones con la población local, empresarios de múltiples nacionalidades planeando futuros negocios, y da pie a reuniones diplomáticas –por ejemplo, Angela Merkel hará una visita oficial a Brasil durante la competencia– y al cabildeo político internacional. Todas estas relaciones de «poder suave» –es decir, de atracción a través de valores y atributos positivos, y no por coerción– estarán cobijadas por la armonía del futbol y la competencia amistosa entre naciones.

Los equipos nacionales tienen un lugar central en el festín, y no se limitan, por supuesto, a los jugadores, sino que representan a Estados enteros: se enarbolan banderas y se entonan himnos nacionales, mientras que cientos de miles en cualquier punto del planeta observan atentos la fortuna de su selección, su representación. El evento significa la comunión –que no fusión– de las naciones en el futbol, al tiempo que afirma su vigencia, su distinción, y no la emergencia de identidades posnacionales, universales. Hay rivalidades clásicas entre nacionalismos (Francia versus Italia, México versus Estados Unidos, Argentina versus Brasil) y también rivalidades geopolíticas (Inglaterra versus Alemania).[xii] En los partidos importantes, sobre todo en las derrotas, el orgullo nacional sale a relucir; debe intentarse hasta el final y, si se fracasa, propinar un golpe artero al oponente, sea el codazo de Rafa Márquez contra un jugador estadounidense en 2002 o el cabezazo de Zinedine Zidane contra el italiano Materazzi en la final de Alemania 2006. El público objetivo, al que se apela, no obstante, siguen siendo las masas internacionales, las más posibles, y no nacionalismos particulares –go! go! go!, allez! allez! allez!

El futbol puede fungir como un espacio liminal, es decir, un espacio en que desaparece la estructura jerárquica y emerge la interacción, la comunidad (communitas), que significa igualdad, comunión y entusiasmo.[xiii] De este modo, el futbol sirve como cobertor virtual de las desigualdades sociales y de las rivalidades políticas, en tanto en este espacio prevalece la unidad nacional y el fair play; en el campo de juego importa más el talento que el dinero o la raza, además de que las reglas son fijas y universalmente respetadas, y se condena la corrupción en vez de tolerarla.[xiv] En el caso brasileño, el futbol está estrechamente vinculado con la identidad, pues permite superar la discriminación racial:

A principios del siglo XX, los brasileños negros –esclavos o descendientes de esclavos– eran los chivos expiatorios, pues era común que se les culpara de los problemas sociales. Sin embargo, durante los años treinta, un grupo de futbolistas negros particularmente talentosos se convirtieron en héroes nacionales y, como resultado, estimularon que sus compatriotas apreciaran la diversidad de su país. Desde esa década, el futbol ha servido para unificar Brasil.[xv] (Matthew Schorr)

En conclusión, la Copa Mundial de futbol tiene varias dimensiones políticas entrelazadas, pues en ella converge la creación multimillonaria de riqueza con los atributos positivos simbólicos, universales, del deporte. El principal actor (y beneficiario) es la FIFA, empresa y gobierno internacional que se alía con el Estado sede, cuyos objetivos políticos y económicos van más allá de las aspiraciones futbolísticas, pues buscan que el mundial sirva de plataforma internacional y funja como palanca de desarrollo. La expansión del alcance de la FIFA refleja la integración de la economía global; el predominio europeo, aunque decreciente, refleja el path-dependence histórico de la institución. Finalmente, aunque mundial, la copa de futbol reafirma la vigencia del Estado-nación y consolida la identidad nacional, la unión de sociedades desiguales. Está por verse todavía cómo transcurre la próxima copa del mundo, si hay más protestas, si acontecen escándalos, si el equipo brasileño es campeón; de esto, y de los efectos reales del mundial sobre la economía y la política interna y externa de Brasil, dependerá, en cierta medida, la continuidad de Dilma Rousseff al frente del ejecutivo.

 

 

 

NOTAS

 

[i] Suzanne Dowse, «Power Play: International Politics, Germany, South Africa, and the FIFA World Cup», South African Institute of International Affairs, documento de trabajo ocasional 82, 2011.

[ii] «Dícese de una acción que está políticamente orientada cuando y en la medida en que tiende a influir en la dirección de una asociación política; en especial a la apropiación o expropiación, a la nueva distribución o atribución de los poderes gubernamentales». Max Weber, Economía y sociedad. México, Fondo de Cultura Económica, 1964, p. 44.

[iii] Brittney Balser, «The Structure and Policies of FIFA», Soccer Politics/The Politics of Football, disponible aquí, 2013.

[iv] Mark Pieth, «Governing FIFA», Universidad de Basel, documento de trabajo, disponible  aquí, 2011.

[v] Meses antes de la elección de Catar, Joseph Blatter respaldó la candidatura con base regional al declarar que «el mundo árabe merece una copa del mundo; ellos tienen 22 países y no han tenido oportunidad de organizar el torneo» (Associated Press, «Blatter says Arab world deserves to host World Cup», 28 de abril de 2010, disponible en: http://www.ynetnews.com/articles/1,7340,L-3880063,00.html).

[vi]Umberto Plaja y Steffi Decker, «Contextualizing the 2018 & 2022 bids for the World Cup», Soccer Politics/The Politics of Football, disponible en http://sites.duke.edu/wcwp/research-projects/world-cup-site-selection-process/,2009.

[vii] Ernst & Young Terco, Sustainable Brazil. Social and Economic Impacts of the 2014 World Cup, disponible aquí, 2011.

[viii]Carlos Amato, «Weighing the World Cup’s worth», Times Live, 22 de agosto de 2010.

[ix]Luciano Melo, «The Politics of the Brazilian World Cup», Aula Blog. Center for Latin American and Latino Studies,American University, disponible en http://aulablog.net/2014/04/07/the-politics-of-the-brazilian-world-cup/, 7 de abril de 2014.

[x] Artículo 15 de las Regulaciones de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014, disponible aquí.

[xi] Renata Bessi y Santiago Navarro, «Democracy and World Cup 2014: Brazil’s State of Emergency», Upside Down World, disponible en http://upsidedownworld.org/main/brazil-archives-63/4706-democracy-and-world-cup-2014-brazils-state-of-emergency, 19 de febrero de 2014.

[xii]Véase Peter J. Beck, «The Relevance of the “Irrelevant”: Football as a Missing Dimension in the Study of British Relations with Germany», Internacional Affairs, Vol. 79, No. 2, 2003, pp. 389-411.

[xiii]Victor Turner, The Ritual Process: Structure and Anti-Structure. Chicago, Aldine, 1969, cit. por José Luis Rodríguez Aquino, «Senatus, panem, et circenses. The Brazilian formula for social stability in an unequal society», Ágora, No. 14, 2013, p. 35.

[xiv]Rodríguez Aquino, op. cit., pp. 44-46.

[xv] Matthew Schorr, «The Maracanazo: Brazilian Tragedy and the 1950 World Cup», Soccer Politics/The Politics of Football, disponible en http://sites.duke.edu/wcwp/world-cup-2014/world-cup-2014-fan-guide/anglophone-version/the-1950-world-cup-brazilian-tragedy/.

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Santiago Álvarez Campero

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

  1. […] con un estudio del malestar popular que ha provocado la organización de la Copa del Mundo, y Santiago Álvarez remata certeramente hacia la portería analizando las motivaciones políticas de la FIFA y el […]

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