La crisis de los desplazados sirios

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La República Árabe Siria es uno de los sitios más complejos en el mapa geopolítico de Medio Oriente: a medio paso entre una gran crisis de desplazamiento poblacional y la conformación de grupos paramilitares con injerencia gubernamental, esta región presenta características complejas que dificultan el entendimiento de su estado actual. Daniela Bachi realiza una revisión detallada de pasado reciente, actualidad y posibles derroteros de la vida de esta nación.

 

 

Daniela Bachi

 

 

Siria está atravesando una profunda crisis humanitaria. Comunidades enteras han desaparecido como resultado de las violaciones a los derechos humanos y al Derecho Internacional Humanitario que, a gran escala y de forma sistemática, han perpetrado las partes en conflicto. Miles de familias sirias se han visto obligadas a abandonar sus hogares, formas de vida y comunidades de origen como consecuencia de los enfrentamientos entre el ejército sirio y las fuerzas de oposición (las cuales abarcan un amplio espectro, desde sectores revolucionarios hasta militantes yihadistas). Actualmente hay más de 13.5 millones de sirios, entre refugiados y desplazados internos, que buscan escapar de la oleada de detenciones, secuestros, asesinatos y desapariciones forzosas cometidos por todas las facciones inmersas en la confrontación y que necesitan desesperadamente albergue, medios de subsistencia y apoyo psicológico.[i]

El desplazamiento de personas con base identitaria está siendo utilizado por las facciones beligerantes como táctica de guerra. Al observar el flujo de los movimientos de personas desde que inició el conflicto, podemos identificar que la pertenencia a cierta etnia o sector político se ha convertido en uno de los factores determinante para explicar por qué miles y miles de personas han sido obligadas a abandonar sus comunidades de origen.[ii] Este fenómeno ha creado considerables tensiones no sólo en Siria, sino en otros países de la región, particularmente, Líbano y Jordania.

La ausencia de políticas adecuadas para hacer frente a este problema está teniendo un profundo impacto en la paz y estabilidad del Medio Oriente. Siria se ha convertido en un punto de convergencia de rivalidades geopolíticas regionales e internacionales, lo que ha propiciado choques entre los principales actores con intereses en dicho territorio (principalmente Rusia, Estados Unidos, Irán, Arabia Saudita, Turquía e Irak). El estancamiento político a nivel internacional y los diferentes intereses en pugna han fomentado el escalamiento del conflicto y han creado una prolongada crisis de desplazados que parece no tener una pronta ni sencilla solución.

 

Antecedentes y causas del conflicto

La guerra civil en Siria ha desatado una crisis humanitaria internacional sin precedentes desde el fin de la Segunda Guerra Mundial: hoy en día se calcula que existen 7.6 millones de desplazados internos y 4.6 millones refugiados a causa del conflicto.[iii] El gobierno sirio ha perdido el control de largas porciones del territorio, el cual se encuentra bajo el mando de diferentes actores no estatales y pequeños grupos paramilitares. Actualmente, Siria es controlada –en su mayor parte– por cinco entidades distintas: el gobierno sirio; el Ejército Libre de Siria y las facciones militares que operan bajo su nombre; los kurdos; el autoproclamado Estado Islámico de Irak y Siria (también conocido como Daesh o ISIL, por Estado Islámico de Irak y el Levante); y el Frente al-Nusra (asociado a la red internacional de al-Qaeda). Adicionalmente, la disminución de la capacidad del régimen para controlar el territorio ha fomentado la participación activa de tropas de Irán y Hezbollah en el territorio sirio.

La crisis inició en marzo de 2011, en el contexto del inicio de la llamada Primavera Árabe, cuando diferentes sectores de la sociedad civil siria realizaron protestas masivas exigiendo al régimen del Presidente Bashar al-Assad reformas políticas y socioeconómicas. La agresiva respuesta gubernamental abriría la puerta al inicio de la guerra civil y llevaría al eventual colapso del Estado. Las consecuencias de esta guerra civil han sido catastróficas. Desde principios de 2011, al menos 220,000 personas han muerto, incluyendo miles de niños,[iv] y 85,000 personas han desaparecido.[v]

Pueblos y comunidades enteras han sufrido meses de bombardeos brutales e indiscriminados por parte de las fuerzas armadas sirias y las milicias apoyadas por el régimen. Cientos de civiles fueron masacrados en Daraya (cerca de Damasco), Baniyas (al oeste de Siria) y Houla (cerca de Homs). El régimen sirio ha sitiado áreas enteras, evitando el ingreso de comida y medicamentos, e incluso ha sido acusado de utilizar armas químicas. Aunado a ello, desde que tuvo lugar la ofensiva en Homs en agosto de 2012, la Fuerza Aérea Siria ha acrecentado sus ataques aéreos con bombas sobre zonas habitadas por civiles bajo el control de los rebeldes.[vi]

El surgimiento y ascenso, en el verano de 2014, de ISIL ha creado obstáculos adicionales a las negociaciones, permitiendo al régimen sirio percibirse a sí mismo, y desde el punto de vista de algunos actores involucrados en el conflicto, como un aliado en la lucha contra el terrorismo. Aunque es verdad que el desplazamiento forzado se ha intensificado tras la emergencia de ISIL, es innegable que la mayoría de los refugiados dejaron Siria antes de que este grupo terrorista tomara control de una tercera parte del país. De hecho la mayoría de los refugiados dejaron Siria como resultado de los choques entre el régimen y las fuerzas opositoras que se habían agrupado antes del surgimiento de ISIL.[vii]

Actualmente varios grupos beligerantes están usando el desplazamiento por motivos identitarios como estrategia de guerra. Estos ataques equivalen, en algunos casos, a una práctica de limpieza étnica.[viii] En Siria, esta estrategia se remonta los tiempos del presidente Hafez al-Assad (1971-2000). Sin embargo, la práctica se tornó recurrente desde el inicio de la guerra en Irak en 2003. El régimen de Hafez al-Assad distribuía favores, bienes y servicios, dando preferencia a ciertas comunidades sobre otras.[ix] Al-Assad también instigó ataques violentos contra grupos específicos como una táctica para oprimir movimientos opositores y fortalecer su poder. El caso más simbólico fue el asedio de la ciudad de Hama en 1982, cuando el régimen sirio reprimió ferozmente una sublevación sunní, lo que tuvo como consecuencia la masacre de cerca de 20,000 personas.

Al día de hoy, el régimen sirio continúa promoviendo la idea de que los levantamientos civiles favorecen el camino para que los fundamentalistas sunníes tomen el control del territorio. En este sentido, el gobierno se presenta a sí mismo como protector de las minorías étnicas y religiosas. La estrategia sectaria del régimen de los Assad incluye como táctica represalias colectivas y se apoya en milicias respaldadas por Irán. Este discurso y sus acciones consecuentes sólo han contribuido a fortalecer el poder de los grupos salafistas-yihadistas en Siria.[x]

La intensificación del conflicto en 2013 obligó a varias comunidades a migrar no sólo a los países vecinos y a Europa, sino también a otras regiones del mismo territorio sirio. Por ejemplo, cristianos y alauitas que huían de la guerra en las regiones centrales de Siria se desplazaron a ciudades controladas por el régimen como Tartus y Latakia, mientras que los kurdos escaparon del distrito Sheikh Masqood en Alepo y se refugiaron en la ciudad de Hasakah.[xi]

La llegada de Daesh a territorio sirio profundizó el desplazamiento identitario y la reorganización de los territorios con base en una identidad étnica o sectaria. ISIL controla largas porciones del territorio sirio, donde actualmente mantiene una interpretación unitaria de identidad.[xii] Sus miembros atacan diferentes comunidades étnicas y religiosas, incluyendo musulmanes chiítas, cristianos, druzos, yazidíes, turcomanos y kurdos, los cuales continúan huyendo para escapar de masacres, secuestros, destrucción de sus propiedades, matrimonios forzosos y esclavitud.[xiii] Las Unidades de Protección Popular kurdas (YPG, el brazo armado del Partido de la Unión Democrática en Siria) también han sido acusadas de realizar transferencias de población a escala masiva y atacar comunidades árabes; por ejemplo, tras la liberación del pueblo de Tal Abyad de ISIL, en junio de 2015.[xiv] Al parecer, estas acciones son parte de un plan para consolidar los territorios controlados por los kurdos.

Hasta fechas recientes las facciones militares internacionales inmersas en el conflicto están encabezadas, por un lado, por la coalición liderada por Estados Unidos que lucha contra Daesh; y, por el otro, la acción militar rusa que apoya al régimen de Bashar al-Assad. Hasta ahora los esfuerzos encaminados a poner fin al conflicto han sido infructuosos. La perspectiva de que las acciones militares y de seguridad son el medio para lidiar con la crisis han prevalecido, mientras que los esfuerzos diplomáticos no han recibido el apoyo necesario de ninguna de las grandes potencias. En general, la comunidad internacional ha apoyado una estrategia concentrada en bombardeos aéreos en contra de ISIL.

Desde finales de septiembre de 2015, la intervención activa de Rusia en Siria ha abierto una nueva etapa en el conflicto, dificultando aún más las posibilidades de llegar a un acuerdo negociado. La ofensiva llevada a cabo por las fuerzas armadas sirias con apoyo aéreo ruso en Homs, Hama y Alepo, ha reactivado los frentes, pero también ha tenido como consecuencia una nueva ola de desplazamientos forzados en zonas que hasta el momento habían escapado de los enfrentamientos.[xv] Desde principios de octubre más de 120,000 personas han sido desplazadas debido a los ataques rusos y la nueva ofensiva lanzada por las fuerzas leales al gobierno.[xvi]

 

Preocupaciones y retos ante la crisis actual

Hasta agosto de 2015 el número de personas que necesitaban asistencia humanitaria en Siria ascendía a 12.2 millones, lo que representa dos terceras partes del total de la población de este país.[xvii] También es importante recordar que la mayoría de los 450,000 refugiados palestinos que aún permanecen en Siria son ahora personas internamente desplazadas y, por tanto, necesitan ayuda humanitaria.[xviii]

De acuerdo con el ACNUR, los fondos que se requieren para brindar la ayuda humanitaria indispensable suman 4.5 miles de millones de dólares anuales,[xix] no obstante, hasta octubre de 2015 solamente se contaba con el 44% de este monto para el ejercicio 2016 (alrededor de dos mil millones de dólares). En consecuencia, las agencias de Naciones Unidas han tenido que reducir a niveles mínimos la asistencia que proveen a los refugiados en la región, recortando incluso programas de alimentación y educación. El Programa de Naciones Unidas para la Alimentación, por ejemplo, ha tenido que reducir su apoyo a 1.3 millones de refugiados sirios, recortando en un 50% los recursos brindados (de 27 a 13.5 dólares al mes) debido a problemas de financiamiento.[xx]

Adicionalmente los refugiados y desplazados internos son frecuentemente marginados en sus lugares de destino y se ven imposibilitados a reconstruir sus vidas. Diversos informes demuestran que un gran porcentaje de los desplazados sirios encuentran refugio en los asentamientos informales que se encuentran al norte de Siria; hacia agosto de 2014, el total de personas en estos asentamientos era de 172,000.[xxi] La falta de financiamiento para los programas de Naciones Unidas, aunado con el escalamiento del conflicto, amenaza a una generación entera de jóvenes sirios, los cuales se encuentran en permanente riesgo de radicalización. La desesperación ha llevado a que las familias saquen a sus hijos de las escuelas, adquieran considerables deudas y se involucren en actividades ilícitas.

La desintegración de Siria en varias entidades hace casi imposible el regreso de los refugiados a sus comunidades de origen. Hoy en día, la perspectiva de volver a casa depende en gran medida del actor que haya tomado el control de su región de origen. A pesar de las grandes cifras de refugiados sirios que buscan asilo en Europa, en realidad la gran mayoría de los desplazados permanecen dentro de Siria o en los países vecinos.

Líbano y Jordania son los dos países árabes con el mayor número de refugiados sirios. Líbano, un país con una población de menos de cinco millones de personas, cuenta actualmente con más de un millón de refugiados sirios.[xxii] Jordania, con una población de menos de siete millones de personas, actualmente tiene en su territorio 635,324 refugiados sirios.[xxiii] Este enorme flujo de refugiados sirios ha llevado las capacidades de ambos países al límite y si el flujo de refugiados continúa incrementándose hay un riesgo creciente de que Líbano y Jordania alcancen un punto de quiebre.[xxiv]

Con el aumento continuo de las tensiones en Siria, las políticas de los países vecinos hacia los refugiados también se han endurecido. Los refugiados sirios ya no son considerados como huéspedes, sino más bien como cargas para las comunidades locales y una amenaza potencial a la seguridad.[xxv] El gobierno libanés, por ejemplo, se ha rehusado a construir campos de refugiados para los sirios, ya que su construcción equivaldría a reconocer la posibilidad de que los refugiados permanezcan en Líbano.

El desplazamiento identitario afecta directamente a Líbano y Jordania, ya que se teme que un aumento significativo del número de refugiados sirios de una etnia en particular altere su delicado equilibrio demográfico y afecte el orden social existente. Mientras que en Líbano la principal preocupación es la llegada de los sirios sunníes, en Jordania la preocupación se relaciona con temas de identidad local y nacionalidad. Ninguno de los dos países son parte de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, ni de su Protocolo de 1967, por lo que no hay ningún instrumento internacional que garantice que se defiendan los derechos al trabajo, la identificación y la protección de los refugiados.[xxvi] Los gobiernos de ambos países limitan su apoyo a los mínimos de educación, salud, comida y albergue, por lo que miles de refugiados se ven obligados a soportar condiciones sumamente precarias de vida o a emprender largos viajes en busca de un mejor futuro.

No garantizar a las poblaciones que huyen de las zonas de conflicto su estatus de refugiados y sus derechos los torna vulnerables. Los refugiados sufren diferentes tipos de explotación, abusos, trabajo infantil, falta de servicios médicos y constantes temores de arresto, entre otras situaciones críticas. Este escenario hostil hace a los jóvenes especialmente vulnerables y los convierte en presas fáciles de reclutamiento militar en los campos de desplazados internos y refugiados.

 

Conclusiones

El flujo masivo de refugiados y desplazados internos está transformando radicalmente el escenario político, social, económico y cultural de Siria y sus países vecinos. El uso de la violencia en contra de civiles, por parte del gobierno y de los diferentes grupos armados, parece estar alcanzando un punto de no retorno del cual la recuperación va a ser extremadamente complicada.

Por estas razones, las negociaciones en marcha para poner fin a la guerra en Siria deben reflejar los derechos y las aspiraciones del pueblo sirio de una manera inclusiva, por encima de las divisiones sectarias y étnicas. Además requieren de la participación y compromiso de todos los actores involucrados en el conflicto, empezando por la Coalición Nacional Siria, el gobierno sirio, la sociedad civil, y los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, junto con Turquía, Irán, Irak, Arabia Saudita, Jordania y Qatar.

La ausencia de una solución militar satisfactoria indica que las negociaciones deben concentrarse en lograr, en cambio, una solución política que conduzca al cese al fuego entre el Ejército Libre de Siria y las fuerzas del régimen. Es urgente que los actores involucrados en el proceso de paz ejerzan presión extrema para lograr la liberación de todas las personas detenidas de forma arbitraria y poner fin inmediato a la tortura, los secuestros, las desapariciones forzadas y otras causas de desplazamiento forzado.

Por otro lado, las acciones encaminadas a la ayuda de desplazados internos deben concentrarse en el establecimiento de zonas humanitarias acordadas por todas las partes. Estas zonas no deben confundirse con corredores militares que podrían justificar la devolución (refoulement) de los refugiados a su país de origen. Más allá, todas las partes involucradas en el conflicto deben facilitar a lo largo del territorio sirio el acceso seguro a las agencias imparciales de ayuda humanitaria. Mientras se logra una solución política, la comunidad internacional debe brindar apoyo y recursos a los países huéspedes para que puedan hacer frente a los flujos masivos de refugiados sirios y brindar a los refugiados la oportunidad de integrarse en las comunidades locales.

Al conocer las realidades sobre el terreno, las ONG locales son un actor clave para brindar apoyo a las poblaciones más vulnerables. Por ende, la comunidad internacional debe concentrarse en empoderar a los grupos de la sociedad civil siria que desde el inicio del conflicto han contribuido a contrarrestar el proceso de fragmentación social en torno a divisiones ideológicas, políticas, étnicas y sectarias.

En este sentido, las consideraciones de seguridad no deben mitigar las obligaciones legales y morales de la comunidad internacional hacia las personas desplazadas por la fuerza. No reconocer la situación de los desplazados internos y refugiados sirios amenaza con atrapar a la región en un ciclo interminable de violencia en los próximos años, el cual tendría consecuencias catastróficas para la seguridad regional y global, la construcción de la paz y la reconciliación de la sociedad futura.

 

 

 

NOTAS

 

[i] ACNUR, «Syria Regional Refugee Response. Regional Overview», 07 de febrero de 2016. Obtenido de http://data.unhcr.org/syrianrefugees/regional.php, consultado el 07 de febrero de 2016; OCHA, «Syrian Arab Republic Key Figures», febrero de 2016. Obtenido de en http://www.unocha.org/syria, consultado el 08 de febrero de 2016.

[ii] Para una comprensión integral de las políticas de identidad, ver S. Telhami y M. Barnett, Identity and Foreign Policy in the Middle East, Ithaca, Cornell University Press, 2002.

Maha Yahya, «Refugees in the Making of an Arab Regional Disorder», Carnegie Middle East Center, noviembre de 2015, p. 1.

[iii] ACNUR, op. cit. y OCHA, op. cit.

[iv] Idem

[v] Lucy Rodgers y Faisal Irshaid, «Syria’s disappeared», BBC News, 11 de noviembre de 2014. Obtenido el http://www.bbc.com/news/world-middle-east-29653526, consultado el 01 de febrero de 2016.

[vi] Sérgio Pinheiro, «The use of barrel bombs and indiscriminate bombardment in Syria: the need to strengthen compliance with international humanitarian law», 12 de marzo, 2015. Obtenido de http://www.ohchr.org/Documents/HRBodies/HRCouncil/CoISyria/CoISyriaIndiscriminateBombardment12032015.pdf, consultado el 01 de febrero de 2016.

[vii] UN News Center, «Transformative political process key to resolving Syrian crisis, says UN envoy», 12 de octubre de 2015. Obtenido de http://www.un.org/apps/news/story.asp?NewsID=52247#.VkkSxekaIy4, consultado el 01 de febrero de 2016.

[viii] M. Yahya, op. cit., p. 3

[ix] Ibid., p. 5.

[x] International Crisis Group, «A new Approach in Southern Syria», Middle East Report, 2 de septiembre de 2015, p. i.

[xi] M. Yahya, op. cit., p. 10.

[xii] Ibid., p. 7.

[xiii] IDMC, Global Overview 2015. People internally displaced by conflict and violence, mayo 2015, p. 39.

[xiv] Tom Perry y Sylvia Westall, «Kurdish militia wants Syrian rebels to lead attack on Islamic State HQ», 24 de junio de 2015. Obtenido de http://www.reuters.com/article/2015/06/24/usmideast-crisis syriaidUSKBN0P40VJ20150624#5GeLhcMWrGxkTkKH.9, consultado el 01 de febrero de 2016.

[xv] Kareen Fahim y Maher Samaan, «Violence in Syria Spurs a Huge Surge in Civilian Flight», 26 de octubre de 2015. Obtenido de http://www.nytimes.com/2015/10/27/world/middleeast/syriarussian-air-strike-refugees.html?_r=z, consultado el 01 de febrero de 2016.

[xvi] Siobhán O´Grady y Reid Standish, «Growing Air War in Syria Sparks New Refugees Crisis», Foreign Policy, 16 de noviembre de 2015. Obtenido de http://foreignpolicy.com/2015/11/16/france-responds-to-attackswith-airstrikes-police-raids/, consultado el 01 de febrero de 2016.

[xvii] Swiss Agency for Development and cooperation SDC, «Syria Crisis», agosto de 2015. Obtenido de https://www.eda.admin.ch/content/dam/countries/countriescontent/jordan/en/Factsheet_Syria_Crisis_%20_August_%2020 15_%20EN.pdf, consultado el 01 de febrero de 2016; OCHA, op. cit.

[xviii] UNRWA, «Syria Crisis», febrero de 2016. Obtenido de http://www.unrwa.org/syria-crisis#Syria-Crisis-and-Palestine refugees, consultado el 08 de febrero de 2016.

[xix] ACNUR, op. cit.

[xx] WFP, «WFP’s Syria Response in numbers», octubre de 2015. Obtenido de http://www.wfp.org/emergencies/syria, consultado el 01 de febrero de 2016.

[xxi] REACH, «Displaced Syrian in Informal Settlements within Syria and in Neighbouring Countries », Regional Thematic Report, agosto 2014, p. 1.

[xxii] ACNUR, «Syria Regional Refugee Response. Lebanon», 31 de diciembre de 2015. Obtenido de http://data.unhcr.org/syrianrefugees/country.php?id=122, consultado el 07 de febrero de 2016.

[xxiii] ACNUR, «Syria Regional Refugee Response. Jordan», 19 de enero de 2016. Obtenido de http://data.unhcr.org/syrianrefugees/country.php?id=107, consultado el 07 de febrero de 2016.

[xxiv] Neil Quilliam, «What the UK Can Do to Solve the Refugee Crisis», Chatham House, 07 de octubre de 2015. Obtenido de https://www.chathamhouse.org/expert/comment/what-uk-cando-solve-refugee-crisis, consultado el 01 de febrero de 2016.

[xxv] M. Yahya, op. cit., p. 4.

[xxvi] El propósito de estas políticas es asegurar que los desplazados no se asienten de forma permanente en el país de refugio y que los nuevos desplazados no se sientan alentados a buscar refugio en estos territorios. Idem

 

 

*Agradezco los valiosos comentarios de Jaime Vigna al texto y su traducción del texto original.

 

 

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Daniela Bachi (Ciudad de México, 1987) es licenciada en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Actualmente estudia la Maestría en Derechos Humanos y Acción Humanitaria en Sciences Po, París. Entre 2014 y 2015 trabajó como encargada de proyectos especiales en el Área de Desplazamiento Interno de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH). Entre 2010 y 2013 se desempeñó como asistente de investigación en el Programa de Estudios Asia Pacífico del ITAM. En 2010 hizo trabajo comunitario y de investigación con la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en Oriente Próximo (UNRWA) en Siria, Líbano y Jordania. Ha escrito y colaborado en la edición de publicaciones relacionadas con desplazamiento forzado. Es Asociada Joven del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales.

 

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