Jeitinho: la expresión de la cultura brasileña en el futbol

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¿Por qué son tan buenos los brasileños moviendo ese balón? El fútbol llegó por barco a las costas brasileñas como deporte de alta alcurnia para blancos, y Brasil no fue desde el principio ese asombroso rival de cancha, hoy mundialmente conocido. Leo Waldman nos cuenta cómo la cultura brasileña conquistó este deporte, haciéndolo popular, negro, anárquico y bailado, hasta convertirlo en afirmación, jugada de forma  inigualable, de su propia identidad.

 

 

Leo Waldman

  

Brasil ha ganado una copa del mundo en casi cada una de las épocas más significativas de la historia del futbol. El pentacampeón, el siempre favorito, el rival al que nadie quiere enfrentar –mucho menos en su propia casa– en un evento que, para los brasileños, es el más importante que como podrían albergar. El evento que los puso en el mapa del mundo, que hace que todas las calles se llenen de la cultura brasileña: que se baile samba, que salgan los tambores, los bailes, las artes. El futbol en Brasil es, para la mayoría de la gente, lo más importante. 2014 representa la posibilidad de reivindicarse 64 años después de su propia tragedia de Hiroshima, autoinfligida.

Las eternas preguntas en el mundo del futbol se mantienen vigentes: ¿cómo es que Brasil es tan exitoso en este deporte? ¿Qué lo hace diferente a todos los demás? La respuesta está, principalmente, en la expresión de su cultura en la práctica del juego, desde la influencia europea misma hasta la influencia afro-brasileña en los movimientos corporales que han sido importados de, por ejemplo, la capoeira al futbol. Los brasileños nunca fueron los más ordenados en términos tácticos, pero sí los más dotados técnicamente (en gran parte por lo mencionado), hasta el punto en que participaron en la evolución táctica del juego gracias a la anarquía que dio lugar a la libre expresión en su manera de jugar.

El futbol nació en Inglaterra en la época victoriana, apoyada en gran parte por la obsesión de la monarquía de fomentar el deporte y evitar que los vicios, que podían llevar a la masturbación, se propagaran. Rápidamente comenzó a jugarse en varias universidades y escuelas de manera precaria tanto Inglaterra como en Escocia, y creció en popularidad año con año. Mientras que en Inglaterra el futbol se basaba en que un solo hombre se llevara el balón «driblando» sin pasarlo a ningún compañero, los escoceses descubrieron que era más efectivo, de hecho, que el balón hiciera el trabajo, y concibieron el futbol como un trabajo de equipo más que un esfuerzo individual basado en la fuerza física. El deporte comenzó a ser exportado a diferentes partes del mundo, en un principio, gracias a estudiantes que lo llevaban a otros países en sus viajes, o por marineros u obreros que trabajaban en diferentes países y que lo usaban como distracción.

El futbol llegó a Brasil alrededor de 1895 de la mano de Charles Miller, hijo de padre escocés y madre brasileña, quien partió a Europa a realizar sus estudios a los nueve años de edad, y que regresó 10 años después, bajándose del barco, dice la leyenda, con un balón en cada mano. A pesar de que hay indicios de que el futbol ya se jugaba en colegios jesuitas y que marineros ingleses y holandeses lo practicaban en los puertos (Damo y Oliven, 108), se considera a Charles Miller y su desembarco como el momento en que el futbol llega a Brasil.

En un principio era un deporte que se practicaba en clubes elitistas por gente blanca que básicamente quería imitar el british way of life. Sin embargo, años después de la adopción del juego, Brasil se integró a la élite mundial futbolística en gran medida gracias a la aceptación e inclusión de inmigrantes de color y mestizos en sus equipos. ¿Cómo se dio el salto de la primera a la segunda en un país que estaba tan consternado por la actividad de los esclavos en los clubes de alta sociedad blanca? Para contestar esa pregunta, es importante referir a la popularización (es decir, adopción de los grupos populares) del deporte.

Para comprender el modo como los grupos populares se integraron en la dinámica deportiva es fundamental tener en cuenta el papel de las asociaciones. Dado que los grupos populares crearon clubes de acuerdo con sus posibilidades, se produjo una proliferación de esas asociaciones –casi siempre volcadas a la práctica del futbol–, según afinidades de clase social, lugar de residencia, trabajo y estudios. (Damo y Oliven, 110).

La esclavitud en Brasil tuvo muchos efectos que hoy en día se pueden notar. Los negros e incluso mestizos siempre han quedado al margen de la sociedad. Sin embargo, siguen destacándose en diversas actividades como la samba, el carnaval, la religión candomblé y la capoeira, entre otras. Es su manejo del cuerpo el que los hace sobresalir en muchas de estas actividades (Damo y Oliven, 112). Así pues, afrodescendientes comenzaron a ser reclutados por clubes. Inevitablemente tuvieron éxito en la práctica del juego, y la sociedad elitista no lo recibió con brazos abiertos, por lo que instauró una liga profesional y una amateur. Básicamente, el futbol profesional era el de los blancos y el amateur, con el que evidentemente no se enfrentaban, el de los negros. Fue a partir de 1910 que Fluminense, curiosamente uno de los equipos más elitistas, aceptó la presencia de negros en su plantilla siempre y cuando no se mezclaran con las actividades de los socios del club. Clubes más pequeños en los suburbios comenzaron a aceptar con más regularidad afrodescendientes entre sus integrantes, igualmente con restricciones (como en los pagos de los premios), con lo que se entró en una época de «seudo-amateurismo», como lo llaman Damo y Oliven (113). Poco a poco, el amateurismo entró en declive, e incluso la selección brasileña de futbol ya contaba con jugadores negros entre sus representantes. En 1933 el profesionalismo se disolvió. El futbol, siempre un modo de expresión, se convertía también en espectáculo. El futbol brasileño fue elaborado por los grupos populares. Sin embargo, eso no quería decir que los técnicos o dirigentes podían ser negros, solamente los jugadores; el pensar todavía le correspondía al hombre blanco.

Así fue la propagación del juego y la inclusión de los que serían los integrantes más importantes de los diferentes equipos brasileños de la historia. ¿Y qué cualidad o diferencia tienen los afrodescendientes brasileños que no tengan, por ejemplo, los equipos africanos mismos? «Various parallels have been drawn between Brazilian football and samba […] while Simon Kuper in Football Against the Enemy compares Pelé to a capoeirista, an exponent of a martial art invented by Angolan slaves that was disguised as a dance to fool their masters» (Wilson, 103).

Sobre el juego mismo, para los años en que el futbol brasileño se discutía entre el amateurismo y el profesionalismo, otros países ya desarrollaban el futbol en mayor medida. En Austria, por ejemplo, antes de la primera guerra mundial, el futbol ya se había convertido en un fenómeno mayor, y con la cultura del café en su pináculo, la gente se reunía a discutir sobre arte, política y futbol. Fue en ese ambiente en que Hugo Meisl (uno de los directores técnicos más influyentes en la historia) desarrolló uno de los equipos más representativos de todos los tiempos (que, irónicamente, se fue con las manos vacías en términos de trofeos mayores), el famoso Wunderteam austríaco, el mejor equipo de la época de los 20 y principios de los 30. Asimismo, Uruguay y Argentina habían desarrollado el juego incorporando, como Brasil, su propia cultura y estilo en el juego, y eran los dos principales equipos del continente y principales ganadores en juegos olímpicos, así como en el primer mundial y las primeras copas América. Brasil, en ese entonces, no existía futbolísticamente en el ámbito internacional. Inglaterra, por su parte, se estancaba en su necedad de mantener su estilo de juego basado en lo físico, mientras que el «passing-game» escocés era llevado a todos los rincones del mundo por diferentes pensadores futbolísticos como Jimmy Hogan o el mismo Meisl. Fue, de hecho, la influencia de estos dos últimos la que más se propagó, y la que eventualmente alcanzó a Brasil.

En la copa del mundo de 1930 llevada a cabo en Uruguay (la primera), con la disputa entre amateurismo y profesionalismo en su apogeo, Brasil fue representado solamente por jugadores cariocas, que fueron eliminados tras perder ante Yugoslavia y vencer a Bolivia (el formato de competencia era diferente al de hoy en día). En 1934 el mundial se disputó en Italia en un ambiente controlado y manipulado por Mussolini, en el que igualmente los brasileños fueron eliminados de la competencia tras un juego perdido ante España. Después de la copa, jugaron ante Yugoslavia y perdieron 8-4. Eran inteligentes y buenos jugadores, pero desordenados. Sin referentes tácticos de gran importancia como los tenían los equipos ganadores de la época (Austria con Meisl o Italia con Vittorio Pozzo), Brasil tendría que buscar una manera de vencer sin basar su juego en genialidades tácticas. Es aquí cuando Brasil se transforma en Brasil.

Jeitinho (en portugués, pequeño modo) es, de acuerdo con Wilson (103), la forma en que el antropólogo Robert DaMatta explica la creatividad de los brasileños:

Because the laws and codes of behavior in Brazil, even after the abolition of slavery in 1888, were designed to protect the rich and powerful, individuals had to find imaginative ways of getting round them. Jeitinho, he wrote in What makes Brazil, Brazil?, «is a personal mediation between the law, the situation in which it should apply and the persons involved in such a way that nothing really changes, apart from a considerable demoralisation of the law itself». […] Brazilians, by contrast, find a way around such restrictions; they come to rely on themselves rather than on external structures. It is not hard to see the imaginativeness that has historically characterised Brazilian football as a particular expression of that trait.

«En 1945, Freyre escribió Brazil: an Interpretation, libro en el cual dedicó un par de párrafos a la forma danzada del brasileño de jugar futbol, estilo adquirido por la presencia de elementos de danza africana que estarían entrañados “racial y culturalmente” en nuestra sociedad.» (Soares, 151).

Cuando Bela Guttmann, uno de los directores técnicos más importantes del futbol y con mayor influencia en Brasil, llegó al país, escribió que el desarrollo táctico del juego era precario, casi salvaje. A pesar de que eso es una exageración, Guttmann no estaba muy alejado de la verdad. El primer intento de importar uno de los avances tácticos más importantes de la época fue hecho por Gentil Cardoso, pero no fue tomado muy en serio pues no había sido futbolista (en esos años era importante el pasado como jugador para ser entrenador), pero principalmente, porque era negro. Cardoso era marinero y admirador del futbol, por lo que vio de primera mano el futbol y su desarrollo en Europa, y decía haber visto en gran medida al Arsenal de Herbert Chapman (tácticamente, el más relevante de esos años), y por lo tanto quiso llevar a Brasil el sistema que este último implementó, la famosa W-M[i] (Wilson, 106-107). Fue un europeo, Dori Kürschner, quien verdaderamente pudo implementar la W-M en el futbol brasileño y lograr que, alrededor de 1937, hubiera una noción táctica en Brasil (en el ámbito local, no así en el internacional). Kürschner era un seguidor de la escuela de Danubio (ideología de Meisl que tenía su base en la escuela escocesa del «short-passing»), y por tanto quería desarrollar en Brasil un estilo similar al practicado por el Wunderteam. Básicamente, fue él quien llegó a poner un poco de orden en un ambiente todavía precario.

Para 1938, en el mundial disputado en Francia, las cosas ya cambiaban, y se veía un equipo brasileño más ordenado que logró llegar hasta semifinales, y del cual se decía que podría haber hecho mucho más si hubiera utilizado tres defensores como se juega en la W-M. Es importante enfatizar esto pues la inclusión de jugadores mestizos y negros en las selecciones nacionales brasileñas no solamente hablaba de un deseo de sobresalir en el deporte, sino del desarrollo de una nueva identidad brasileña que cuestionaba pensamientos previos, procedentes de la época de la monarquía que finalizó en 1889. Gilberto Freyre, por ejemplo, fue quien más escribió durante y después de esta época sobre lo que los deportes decían y expresaban sobre la cultura e identidad cambiantes brasileñas.

En el Diario de Pernambuco (17-6-1938) [Freyre] escribe «Foot-ball Mulato», cuya línea de argumentación explica el éxito del futbol brasileño en la copa de 1938 por la fuerte presencia del elemento afro-brasileño en el equipo que fue a Francia. Freyre se refiere a las cualidades del futbol brasileño, que poseyó «un estilo que se suaviza en danzas y curvas en las áridas técnicas del futbol europeo» (Soares, 151).[ii]

Todo lo que avergonzaba a los brasileños en un principio, la mezcla o «bricolaje» (Damo y Oliven) de blancos y mestizos, es lo que los transformaría en lo que significa futbolísticamente Brasil. «Para Freyre, la comisión técnica [que llevó la plantilla al mundial del 38] tuvo el coraje de colocar en la selección la cara de aquel Brasil del cual las élites brasileñas se avergonzaban en el pasado» (Soares, 152). Según Freyre, el futbol marcaba las diferencias que tenían los brasileños con los europeos, y con ello acreditaba las particularidades que sobresalían de Brasil y de su futbol frente a los demás. «El imaginario que existe detrás de esta construcción de identidad es que, mágica o creativamente, el brasileño descubriría el camino propio como nación cuando aceptara el Brasil como “él es”, esto es, cruzado» (Soares, 152). Brasil, pues, se unía como nación en la búsqueda de una nueva identidad colectiva, cuya expresión canalizaba a través del futbol.

En el artículo «Foot-ball Mulato» [Freyre] deja en evidencia que ser brasileño en el futbol o en cualquier otro espacio social equivale a admitir la presencia del negro, sobre todo en la figura del mulato: «Un reportero me preguntó antier qué pensaba sobre las admirables actuaciones brasileñas en los campos de Estrasburgo y Burdeos.

«Le respondí […] que una de las condiciones de nuestro triunfo este año me parecía el coraje que al final tuvimos, de mandar a Europa un equipo principalmente afrobrasileño. Blancos, algunos, es cierto; pero en mayor medida, prietotes bien brasileños y mulatos todavía más brasileños.

«Nuestro estilo de jugar al futbol me parece que contrasta con el de los europeos por un conjunto de cualidades de sorpresa, de maña, de astucia, de ligereza y al mismo tiempo de espontaneidad individual en que se expresa el mismo mulatismo de Nilo Peçanha que fue hasta hoy la mejor afirmación en el arte político.

«Nuestros pases, nuestros movimientos, nuestra manera de despistar, nuestro florecer con el balón, o alguna cosa de danza capoeirista marcan el estilo brasileño de jugar futbol que endulza el juego inventado por los ingleses y otros europeos tan angularmente, todo eso parece expresar de modo interesantísimo para los psicólogos y sociólogos el mulatismo extravagante y al mismo tiempo malandro que está hoy en todo lo que es la afirmación verdadera de Brasil.» (Soares, 152)

 

Anarquía para la evolución del orden

En el Flamengo, Flávio Costa, quien había sido asistente técnico de Kürschner cuando éste dirigía al equipo, implementó una variante de la W-M que bautizó «la diagonal». Fue con este sistema que Costa llegó a dirigir a la selección nacional en el siguiente mundial, en 1950, en el que Brasil llegó a la final en su estadio, ante todo el país. Para muchos, nunca ha habido un evento tan trágico en la historia de los brasileños como la derrota ante Uruguay (por supuesto que eso supera el margen de la exageración, pero es un claro ejemplo del dolor que causó en el país la derrota de un mundial que consideraban ganado), conocido hoy en día como el «Maracanazo».

El tema del mundial de 1950 podría ser desarrollado desde diversos puntos de vista como el sociológico, psicológico, antropológico y, por supuesto, futbolístico. La derrota significó varias cosas: el golpe que recibía un país que se había desarrollado futbolísticamente después de haber sido la sombra de Uruguay y Argentina en torneos internacionales previos (ambos países habían dominado, incluso llegando a la primer final de copa del mundo en 1930), y que había sido capaz de sobrellevar la disputa entre el profesionalismo y el amateurismo, los temas raciales y discriminatorios, y que finalmente se levantaba en el mundo del futbol. Después de 1938 el deporte significaba gran parte de la identidad del país en su avance y desarrollo como nación independiente, por lo que el Maracanazo era, indiscutiblemente, un golpe a esta nueva identidad.

La construcción de una identidad positiva asume un tono psicoanalítico. Colocar la autoestima de la nación en el diván de la sociología y de la literatura brasileña fue el legado de Freyre. […] A pesar de las diversidades, del complejo de inferioridad y de la distancia que Brasil tenía con los países desarrollados, Freyre resalta que los resultados de la selección de 1938 eran uno más de los indicios del potencial de la «sociedad mestiza». Es posible notar que estamos delante de un discurso que intenta descubrir o develar la nación o su deber ser –y, de hecho, la nación, en la forma de estado nacional, no podría dejar de considerar el elemento afrobrasileño o ninguna otra etnia. Este sentimiento de realización de nación vía futbol está estampado en las páginas de los periódicos de la época en que Freyre escribió esas líneas. (Negreiros en Soares, 152).

 Ahora bien, Brasil basaba la mayor parte de su juego en el Jeitinho, y cuando dejó de hacerlo, fue derrotado. Irónicamente, el hombre responsable, Costa, era la única persona en todo el país que creía que Uruguay podría quitarles el título (para lo cual, por el formato de competencia, sólo necesitaban un empate), por lo que en lugar de utilizar su sistema, regresó a la W-M. Fue, probablemente, este cambio en la táctica lo que hizo que perdieran el juego ante el silencio de los 200,000 espectadores presentes. El equipo de Uruguay que jugó esa final no era el más extraordinario, pero era ordenado. Cuando los jugadores brasileños tuvieron que cambiar su sistema acostumbrado se perdieron en la cancha. La forma y el sistema no siempre van de la mano, y a pesar de que los futbolistas brasileños eran más capaces con el balón, no podían frente al orden Uruguayo. La táctica mató a Brasil, que reviviría basándose, de nuevo, en el Jeitinho, el malandro y la expresión corporal.

Después de la catástrofe que significó el Maracanazo Brasil se reinventó, a diferencia de la mayoría de los países que evolucionaron tácticamente, a partir del origen, es decir, regresando al génesis. Para los mundiales de 1958 y 1962, Brasil forjó equipos que lograron levantar la copa por la habilidad que tenían para improvisar, para mover el cuerpo, para engañar. Garrincha, por ejemplo, uno de los jugadores más importantes en ambos torneos, no era apto, según el psicólogo del equipo, el doctor Joao Carvalhares, para disputar partidos de alta presión. Sin embargo, el técnico en turno, Vicente Feola, lo ignoró, considerando que el descaro era lo que haría a Garrincha sobresalir. Pelé, según Carvalhares, era infantil y no podía trabajar en equipo. Feola, de nuevo, lo ignoró, y también lo llevó a la copa del mundo. Influido por el periodo de Bela Gutmann en Brasil, Feola implementó en su selección un sistema táctico más avanzado que los previos, pero fue la habilidad de cada uno de los jugadores la que hizo a Brasil campeón. Ninguno de los rivales de aquellas selecciones era capaz de detener la creatividad y las fintas de jugadores como Garrincha, Didi, Pelé o Vavá. De hecho, el futbol brasileño se había convertido en una anarquía táctica que sólo tenía equilibrio gracias a la labor de Mario Zagallo (Wilson, 126). Los jugadores tenían el Jeitinho, y lo único que hizo Feola fue darle un balance a la labor defensiva de Brasil, es decir, los metió a la cancha y los dejó jugar, hacer lo suyo, crear, imaginar, engañar, y ningún equipo tenía, en ese tiempo, tantos jugadores tan desequilibrantes como los brasileños. De hecho, por lo que significó lo implementado tácticamente por Feola, para cuando el mundial de 1966 fue jugado, la W-M ya había pasado a la historia. Asimismo, técnicos como Viktor Maslov o Alf Ramsey, influyentes en el futuro pensamiento de varios técnicos importantes de la historia del futbol, se basaron en el equilibrio que Zagallo otorgaba a un sistema tan anárquico como el brasileño de los años 1958 y 1962.

Brasil volvió a ganar la copa del mundo en 1970 en México, 1994 en Estados Unidos y 2002 en Corea y Japón. Su estilo, Jeitinho, Ginga, capoeira futbolística, u otras maneras en que ha sido llamada, es la marca del futbol brasileño, y en la mayoría de las ocasiones (hasta cuando no han ganado la copa, como en el mundial de 1982), ha brindado los partidos más atractivos de futbol por la forma de los brasileños de practicar el deporte, de moverse, de llevar su cultura a la práctica de una disciplina. El futbol se transformó en una expresión o canalización de su búsqueda de una identidad nueva como nación después de la monarquía, y también en una transferencia de esa identidad a la práctica del deporte.

 

NOTAS

[i]Formación 3-2-2-3

[ii]Todas las traducciones del portugués al español son mías.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Arlei S. Damo y Rubén G. Oliven, «Futbol made in Brasil: blanco en las reglas, negro en el estilo», en Ramón Llopis Goig (ed.), Futbol postnacional: transformaciones sociales y culturales del deporte global en Europa y América Latina, Barcelona, Anthropos Editorial, 2009, pp.107-127.

Antonio Jorge Soares, «Futebol brasileiro e sociedade: a interpretaçao culturalista de Gilberto Freyre», en Pablo Alabarces (ed.), Futbologías: Futbol, identidad y violencia en América Latina, Buenos Aires, CLACSO, 2003, pp. 145-162.

Jonathan Wilson, Inverting the Pyramid: the history of football tactics, Londres,Orion Publications, 2009.

 

 

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Leonard H. Waldman (ciudad de México, 1990) es amante del futbol, especialmente del inglés, desde los cuatro años, por la influencia de su padre. Fundador y columnista del blog Trequartistai, además de contribuir en la web británica Bagsy Not In.

 

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