It Was a Dark (and Stormy) Knight

En 2008, Christopher Nolan, Heath Ledger y Christian Bale asombraron a propios y extraños con Batman. El caballero de la noche, cinta que, por el vértigo y la ambigüedad moral en que se veían envueltos sus personajes, se distanciaba sustancialmente del cine tradicional de superhéroes. Las reacciones, a favor y en contra, no se hicieron esperar. En este ensayo, Charles Coletta analiza esas reacciones y reivindica el valor de la cultura popular, al tiempo que trasluce, en el ámbito del cine, dos preocupaciones casi obsesivas de la conciencia estadounidense: el moralismo y la democracia.

En 2008, Christopher Nolan, Heath Ledger y Christian Bale asombraron a propios y extraños con Batman. El caballero de la noche, cinta que, por el vértigo y la ambigüedad moral en que se veían envueltos sus personajes, se distanciaba sustancialmente del cine tradicional de superhéroes. Las reacciones, a favor y en contra, no se hicieron esperar. En este ensayo, Charles Coletta analiza esas reacciones y reivindica el valor de la cultura popular, al tiempo que trasluce, en el ámbito del cine, dos preocupaciones casi obsesivas de la conciencia estadounidense: el moralismo y la democracia.


Charles Coletta

 

Otro caso de «Bati-manía» azotó al mundo en julio del 2008 con el estreno de The Dark Knight, de Christopher Nolan, la anticipadísima secuela de su éxito taquillero en 2005: Batman Begins. «El interés del público alcanzó su punto máximo cuando las proyecciones de media noche se vendieron por completo en todos los cines de Estados Unidos». De acuerdo con la revista Wired, la cinta ganó la cantidad de 18.5 millones de dólares en sus primeras funciones. La película podía verse en 4 mil 366 lugares (casi 9 mil pantallas) a través de los Estados Unidos, el estreno más grande que se ha visto.  En cinco días alcanzó la cantidad de 204 millones de dólares, que casi equivalía a la recaudación total de la precuela.

The Dark Knight se convirtió en la película que menos tardó en superar los 200 millones, sobrepasando el récord ostentado por Pirates of the Caribbean: Dead Man’s Chest. Llegó a la marca de los 400 millones 18 días después del estreno, la mitad de tiempo de lo que le costó a Titanic obtener esa cifra. A principios del 2011, la película se posiciona en el tercer lugar (atrás de Avatar y Titanic) en las ventas de taquilla de los Estados Unidos y en el séptimo lugar mundial. Investigaciones de Warner Brothers indicaron que el 52 por ciento de la audiencia era masculina y que había una evidente división entre las personas mayores y menores a 25 años.

El éxito monetario podría atribuirse en gran parte a la creciente popularidad del «Cruzado enmascarado», que ha emocionado a los fans con sus aventuras en la ciudad de Gotham desde 1939 y a la inoportuna muerte de Heath Ledger, quien interpretó al villano The Joker y ganó un Óscar póstumo por mejor actor de reparto.

La enorme presencia femenina en las salas de cine hizo que Entertainment Weekly reportara: «La audiencia de The Dark Knight representa un gran cambio demográfico para que los estudiosos del marketing se quiebren la cabeza». La cinta fue vista como un ejemplo del ilusivo «éxito de los Cuatro Cuadrantes», una película que atraía por igual a hombres, mujeres, jóvenes y viejos.

También fue un ejemplo de algo aún más esquivo, un filme de acción mega taquillero tan bien recibido por la crítica como por el público general. Según el sitio web Rotten Tomatoes, que colecciona y tabula críticas cinematográficas, The Dark Knight tiene un asombroso 94 por ciento de calificaciones favorables (277 en total, 259 positivas y sólo 18 negativas). En contraste, Batman Begins sostiene 84 por ciento positivo y Batman and Robin, el 13 por ciento. Mientras una gran mayoría de los críticos fue generosa con los elogios hacia el trabajo de Nolan, otros fueron mordaces con sus condenas hacia la película. Muchos de estos críticos parecen adherirse a la noción de que los cómics y las películas enfocadas en superhéroes, ciencia ficción y fantasía son sólo «baja cultura» que nunca podrá obtener la distinción de la «alta cultura».

El Dr. Ray Browne, fundador de The Journal of Popular Culture de la Popular Culture Library en la Universidad de Bowling Green State en 1967, el Journal of American Culture y The American Culture Association en 1978, habló de su definición de «cultura popular» en la revista académica Americana de la siguiente forma:

 

La cultura popular es la forma de vida en la que la mayoría de la gente, en cualquier sociedad, vive. En un lugar como Estados Unidos, es la voz de la gente –sus gustos y disgustos– que crea la sangre para la existencia diaria, de una manera de existir. La cultura popular es el semillero donde la democracia crece. La cultura popular democratiza la sociedad y hace a la democracia verdaderamente democrática. Es el mundo alrededor de nosotros, la mass media, el entretenimiento y la diversión. Son nuestros héroes, iconos, rituales, acciones, psicologías y religiones. La imagen total de nuestra vida. Es una forma de vida que heredamos, practicamos y modificamos a nuestro antojo. Es el sueño que soñamos mientras dormimos.

 

Los principales críticos que condenaron The Dark Knight venían de publicaciones mayores y menores, así como de algunos sitios en internet como blogs. Un análisis de las reseñas revela que ciertas diatribas se repiten. Las dos palabras que aparecen frecuentemente para describir el tono general de la película son «pretenciosa» (un juicio de valor infundado) y «nihilista» (el punto de vista en que los valores y las creencias tradicionales no tienen bases y que la existencia es imperceptible o inservible). Parece que ellos están en desacuerdo con la inherente valía de estudio y análisis de la cultura popular, como asegura el Dr. Browne.

Marc Savbov, en The Austin Chronicle llama al filme «una parábola nihilista del pecado y la redención» mientras que Joe Morganstern clama que está de llena nihilismo, desolación y una penetrante corrupción. Él dice: «el guión podría ser el plan de estudios en la clase de cívica en un universo de materia negra». Arnold White, en el New York Press rechaza The Dark Knight porque ninguno de los personajes posee cualidad virtuosa alguna. White continúa: «Cada generación tiene el derecho a su propio Batman. También tiene el derecho, no la obligación, de cuestionar el entretenimiento popular que reduce las ideas universales del bien, el mal, finalidad social y placer». Él ve la película como un corruptor de la naturaleza escapista del entretenimiento, ofreciendo a la audiencia una moral desecha que quiebra todo sistema de creencias, al mismo tiempo que promueve las fantasías masculinas del poder.

White ve en Harvey Dent, el atractivo e idealista fiscal de distrito que se transforma en el desfigurado y malévolo Two-Face, sólo con el propósito cinematográfico para mostrar la creencia de Nolan, el heroísmo que es improbable o imposible en la modernidad. Él está particularmente indignado por la frase que caracteriza el diálogo de Dent en la película: «Mueres siendo un héroe o vives hasta convertirte en el villano», que a White le parece una «lección jodida» para enviar a la juventud de hoy. White concluye su reseña llamando a The Dark Knight «el centinela de nuestro abismo cultural» y dice «este sangriento deporte sociológico no debe ser aceptado por cualquier generación racional». Parece que White es incapaz de reconocer que los personajes como Batman pueden sobreponerse a sus orígenes de escapistas y desechables historias juveniles.

Críticos como White parecen olvidar la congénita oscuridad en El caballero de la noche. Ávidos lectores de cómics y consumidores de las aventuras de Batman en otros medios reconocen desde hace tiempo los elementos nihilistas del héroe. Sin embargo, este tono es usualmente temperado por las relaciones que Bruce Wayne lleva con el resto de los personajes. Aun si Robin, Batgirl y La Liga de la Justicia no se encuentran en el bati-universo de Nolan, el director no parece implicar que los valores tradicionales de la verdad, familia y justicia están desviados. Sólo se necesita mirar la relación Bruce Wayne-Alfred Pennyworth para comprender cómo Nolan incluye a sus personajes batallando con estos problemas. Aún más, al final de la película se puede ver a un Batman sacrificando su identidad y popularidad heroica (así como el verdadero destino de Harvey Dent) por el bien de una sociedad más grande.

Por cada reseña que clama por el «estandarte nihilista», un número casi igual se queja de la supuesta pretenciosidad en la película. Michael Sragory de The Baltimore Sun describe la cinta como «otro filme basado en el cómic que confunde pomposidad con seriedad». Sragory critica a los escritores por intentar profundizar y añadir peso emocional a personajes de cómics, quienes se supone no pueden cargar con tal responsabilidad. Él escribe: «Es el resultado de tratar a las detestables novelas gráficas como sagradas escrituras». Estos comentarios resuenan en Stephanie Zacharek, de Salon.com, quien acuña el término «pedo pretencioso» y desprecia a Nolan como un sucesor indigno de Hitchcock. Parece que ella ignora que Hitchcock siempre se esforzaba para que sus películas fueran masivamente gustadas, y que a su vez tenían conexiones con revistas pulp de los veinte y los treinta. Zacharek y Sragory ven a un Nolan quedándose corto en sus aparentes aspiraciones de cine negro.

Es posible que el medio más común para criticar la supuesta pretenciosidad sea relegar la película a la esfera de la «baja cultura». Estos críticos continuamente menosprecian a la novela gráfica de «material trillado» no apropiado para la elevación cultural o el estudio académico. Marshall Fine de la revista Star empieza su crítica con la pregunta: «¿Por qué las películas de cómics quieren ser literatura seria?». David Ansen, del Newsweek, repite esta actitud cuando concluye: «Nolan quiere probar que una película de superhéroes no tiene que ser desechable, llena de efectos chatarra y uno tiene que admirar su ambición. Pero esto es Batman, no Hamlet.» El ataque mordaz de Christopher Tookey, del Daily Mail, amplía la referencia de Ansen hacia Hamlet. Dice:

 

Evidentemente Nolan piensa que Batman es una figura cuyas cualidades trágicas tienen una profundidad shakesperiana. Mas no lo es, principalmente porque sus problemas no son suficientemente universales… ¿Cuántos de nosotros afrontamos el conflicto de tener una doble personalidad o riqueza ilimitada o la responsabilidad de ser el único capaz de encarar la peor clase de crímenes? Se puede sacar al personaje del cómic pero no al cómic del personaje. Batman no es, en absoluto, un héroe trágico, sino una figura de acción adolescente con el tipo de problemas que la mayoría de nosotros sueña con tener. Él podrá tener buena taquilla, pero no la profundidad de Hamlet.

 

David Edelstein, en New York, continúa esta actitud de menosprecio al escribir que los cineastas parecen como si fueran especialistas de Oxford en filosofía que tratan de cultivar una pieza de pop americano sin realmente entender las limitaciones de la fuente. No logro comprender cómo es que un ciudadano promedio del siglo XXI puede entenderse mejor con un príncipe danés de hace cientos de años que con Batman. Tiendo a seguir la creencia de Ray Browne de que todo arte -no sólo el aclamado por la élite- merece atención.

Los críticos a los que no les gustó The Dark Knight (sea cual sea la razón) no deben ser condenados porque no les gustó esta película como a millones alrededor del mundo. Su actitud negativa parece provenir con frecuencia de su fracaso para reconocer que en una sociedad democrática, todas las culturas democráticas, las prácticas y géneros demandan una apreciación y un estudio adecuado. Demeritar una realización cinematográfica porque incluye superhéroes disfrazados que pelean contra villanos es un ejemplar de una idiotizada cultura de gratificación instantánea y esto es, simplemente, equivocado. Ray Browne enseñó a una generación de académicos y estudiantes que la muralla separando la «alta cultura» de la «baja cultura» son en sí mismas creaciones culturales que deben derrumbarse. Batman es un héroe que ha hablado a millones de fans alrededor del mundo por más de 70 años. Él está -como Superman, Tarzán, Sherlock Holmes y Harry Potter- entre los hombres más famosos que, de hecho, nunca han vivido (salvo en los corazones y mente de sus fanáticos).

 

 

Traducción de Joaquín Guillén Márquez

 

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Charles Coletta tiene sus grados BA y MA en Literatura de la John Carroll University en Cleveland, Ohio y su doctorado en Estudios culturales americanos de la Bowling Green State University (BGSU). Ha impartido clases en el Departamento de Cultura Popular en la BGSU desde el 2000. Ha contribuido como escritor a varias enciclopedias de cultura popular, la más reciente Encyclopedia of Comic Books and Graphic Novels (2010). Organizó la conferencia «Comic Book in Popular Culture» en 2008.

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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