Esperanzas, retos y límites de las candidaturas independientes

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Las elecciones del pasado mes de junio fueran las primeras en las que candidatos políticos independientes obtuvieron victorias en nuestro país. ¿En qué contexto se dieron estos resultados y cuál es el futuro para esta opción electoral?

 

 

Julio Alejandro De Coss Corzo
 

 

Las candidaturas independientes son una de las grandes historias del último proceso electoral. La narrativa más esperanzada ha construido en torno a ellas la visión de una ruptura con el podrido sistema partidista. Las miradas más críticas las ven como un medio paliativo que no resuelve problemas de fondo del sistema electoral y político mexicano, sino que los parcha.

La variedad de las candidaturas independientes impide cualquier generalización. El concepto es de tal amplitud, tan irremediablemente individual, que puede ocultar una serie de diferencias detrás de un rostro carismático y un discurso atractivo. En los polos están, por ejemplo, el Bronco y Kumamoto. Uno militó 33 años en el PRI y llegó a la gubernatura neoleonesa con amplio apoyo empresarial; el otro apareció desde abajo, con un equipo de voluntarios encargado de recopilar las firmas necesarias para su registro, primero, y, después, de dirigir una campaña con pocos recursos y mucha imaginación.

Ambos candidatos, a pesar de las claras diferencias, capitalizaron un momento de hartazgo y desconfianza hacia los grandes partidos establecidos. Lo hacen a través de un discurso pragmático y no programático. Una narrativa que captura el estado de ánimo de un país hastiado por la corrupción, los discursos triunfalistas frente a una realidad que se empeña en negarlos, la espiral de violencia que mezcla al Estado y al crimen y el cándido cinismo de un grupo en el poder que se siente intocable.

El pragmatismo permite rodear algunos de los escabrosos caminos de la ideología, aunque jamás los puede evitar. El Bronco, en una entrevista con El País, aparece agradeciendo a Enrique Peña Nieto la existencia de la reforma política que creó la figura de candidato independiente, la misma que fue sistemáticamente saboteada por el PRI, que, al final, terminó levantando barreras infranqueables para la amplia mayoría de aspirantes a una de estas candidaturas. Kumamoto responde en entrevista que no puede tomar una postura concreta frente al aborto, al deber negociar la postura con los diversos grupos que le apoyan; muchos sectores de la izquierda que se aglutina en torno a la defensa de los derechos humanos le replican que éstos no se negocian ni consultan.

Las formas en las cuales este pragmatismo operará ya en el ejercicio del poder son distintas para las dos figuras que uso como ejemplo. El Bronco, en la gubernatura, deberá negociar con las fuerzas políticas contra las que compitió. Al ser su candidatura una totalmente centrada en su figura, no existe claridad sobre cómo conformará su gabinete, cómo se posicionará frente a su ex partido –el PRI– y qué cesiones deberá hacer para gobernar. Kumamoto aparecerá como una figura aislada en el congreso local. Existen ya algunos compromisos claros en materia de rendición de cuentas y uso de presupuesto, que lo desmarcan de cualquier intención de enriquecimiento, crítica frecuente a los miembros del actual sistema político mexicano. Sin embargo, no existe la misma claridad en temas como el ya mencionado arriba, al ser no una candidatura programática, sino basada en el acuerdo y la negociación con la plataforma que lo apoyó.

La individualización de las candidaturas independientes parece seguir una tendencia que ya se advertía desde la irrupción del movimiento #YoSoy132. La lógica se repite. Numerosos movimientos después han continuado afirmándose a través de la consigna individual. Hay una reticencia enorme, en muchos sectores, a la construcción de proyectos políticos colectivos que se centren en la construcción de programas amplios con miras a la competencia electoral. Las razones son múltiples. Van desde una desconfianza extendida de los partidos tradicionales a toda otra formación similar, hasta la negativa completa a las reglas electorales vigentes. Reglas que, además, impiden la conformación de frentes amplios como los que hemos visto triunfar en Madrid y Barcelona: independientes y colectivos.

Las elecciones de 2018 ofrecerán un escenario interesante para las candidaturas independientes. Restará ver si es posible aglutinar en torno a ellas movimientos más amplios que busquen objetivos específicos para transformar la política social, económica y de seguridad en México. También será relevante la relación que los potenciales candidatos independientes mantengan con partidos que, situados en una izquierda igualmente ambigua y llena de indefiniciones, se ofrecen como una oposición al consenso imperante; me refiero a Morena y Movimiento Ciudadano.

Estamos entrando en terreno desconocido. Hay lugar para la esperanza. Hace falta acompañarla de estrategias colectivas que empoderen a los oprimidos y excluidos por un sistema que hace mucho dejó de ser un vehículo para el cambio, siéndolo solamente para la administración dolorosa de la muerte y la violencia.

 

 

 

 
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Alejandro De Coss Corzo (Ciudad de México, 1984) es licenciado en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y maestro en Sociología por la London School of Economics. Ha publicado en diversas revistas digitales en México (Cuadrivio, Horizontal, Ala Izquierda) y en Chile (Ballotage). Se interesa, principalmente, en temas de economía política y ciudad.

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