Balada de La Novia y la muerte de Bill

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Agustín Mazzini

 

 

CRÁNEO

Algunos días, cráneo,

sos el recipiente que usa la chica más hermosa de la ciudad

para beber el agua inmunda de las cloacas (su sueño

está en el centro de un retrato de Thomas Struth

secando mi frente con trapos sucios).

Otros, te convertís en la cuna de ideas que no sirven,

en metáfora de piratería y muerte, en oscuridad

que se vuelve tolerable para que nadie note su presencia.

Cráneo, negro estuche de la mente, rueda de la cavilación,

sentémonos a saldar viejas cuentas: el amanecer

es una bicicleta desvencijada que arde

como bala dentro del soldado agónico,

o lluvia en un paisaje del tiempo,

o dientes de lobo en la carne del venado.

 

 

400 GOLPES

 

La vida no es un block cuadriculado

sino una golondrina en movimiento

Joaquín Sabina

 

El poema viene hasta acá arrastrado por animales no alcanzados por la palabra. Son bestias soñadas en botellas de ginebra o, durante el insomnio, bajo los cielos de la fantasía y los superhéroes de la infancia. Al llamarlo no me tiembla la voz aunque él pase sin verme: un niño huérfano en la playa desierta, un dedo sigiloso que desata su música invisible. (En esta línea apoyo un pan tremendo). Ahora debo morir para que empiece el poema, ¿o el poema debe morir para que empiece yo? Son misterios que pregunto antes de agarrar la llave que cierra el día. El día detenido y perplejo como el aire de una foto de hace décadas.

 

 

BESTIAS DE LA POESÍA II (LA POESÍA ES UN FANTASMA SOLITARIO)

 

Con su máscara de canción,

su disfraz de grafiti,

sus sílabas de rap,

ella camina

por las pupilas del mundo.

Y aun así

el mundo no la reconoce.

 

PRÓLOGO

Este libro se recordará como el cajón pequeño

donde el autor guardó las manos que desordenaban su vida.

Su corazón oscuro dice «en estas páginas

una casa se derrumba, un perro ladra

para espantar su propio reflejo de la pared».

El mensaje viaja rendido en una botella:

la palabra siempre es la marea.

 

 

HIJO

Para Martha

Mamá,

el agua del sin sentido diluyó nuestros sueños.

El agua donde se refleja un niño que tiembla y adora

a los muertos que le presentabas en las fotografías.

Ahora, su sangre entra en mi sangre

como todo el cielo en los libros más hermosos.

 

Mamá, te estoy llamando

desde una piedra tallada por el dolor.

 

 

BALADA DE LA NOVIA Y LAMUERTE DE BILL

 

Para Quentin Tarantino

The Bride: Why are you here?

Bill: Last look.

The Bride: Are you going to be nice?

Bill: I’ve never been nice my whole life, but I’ll do my best… to be sweet.

 

Cuando las luces se apaguen

y la sangre artificial sea limpiada del set de filmación,

y en un último rayo de claridad la cámara cierre su ojo,

y en el camarín cuelgue el traje amarillo y vuelvas a ser Uma Thurman,

entre tu boca y la mía seguirá existiendo

aquel ángel que se vuela la cabeza de un disparo

y sueña en el brillo de tu catana, mi herida enamorada

de tu sombra luchando contra la sombra del crepúsculo.

(Mientras desmontan la escena, me abrazo a tu golpe, y soy

por siempre, Bill, y vos La Novia, Princesa del Desastre).

Tu monstruo personal está a cinco pasos de la muerte.

Quisiera borrar del guion el día en que me besaste despacio,

y me miraste con otra mirada y te llamabas con otro nombre:

para cuando te diste cuenta, una bala

se te hundía muy profunda en la cabeza, dormías;

eras hermosa con los ojos cerrados.

How do I look? El director y los técnicos esperan,

si alguien tenía que asesinarme, siempre hubieras sido la elegida.

Y tu espalda desnuda, tu campera de cuero. El corazón

se resquebraja, lo siento expandirse, camino ¡Va a estallar!

Y no me da miedo no tener miedo.

 

 

BALADA FICTICIA DE MIA WALLACE

 

Mia Wallace baila desnuda.

Tiene dos claveles en la boca,

un hechizo en su alma podrida.

«Es La Belleza», dice El Deseo,

«Es el Deseo», dice La Belleza.

Tarantino aplaude con locura

porque tras la lente de la cámara

su cerebro es una máquina rota,

su corazón, el grito de una flor quemada.

Mia Wallace baila/ baila/ baila/ baila

y se consume sobre sí misma.

 

 

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Agustín Mazzini (Buenos Aires, 1993) es poeta y estudiante de la licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes (Buenos Aires) y de la Cátedra abierta de poesía latinoamericana en la Universidad Nacional de San Martín (Argentina). Premio Nacional de Poesía Joven Bustriazo Ortiz, 2017. Primer premio del Concurso Nacional de Poesía Homenaje a Jorge Luis Borges, Fundación proArte, Córdoba, Argentina, con el libro El ciervo blanco (sobre el artista y su oficio). Es autor del libro de poemas El cielo no termina de quemarse (Suri Porfiado, 2017).

Ha publicado poemas y entrevistas en revistas de Perú, Venezuela, Chile, México y Argentina. Fue redactor de la revista Por qué tiemblan y antologado en Apología. Volumen 2 (Letras del sur, 2015), Buenos Aires respira poesía (financiada por el INCAA, año 2013) y la argentino-española Orillas, entre otras.

 

1 comentario

  1. Alejandro

    Julio 10, 2017 at 5:43 pm

    este tipo de poesía es el que me gusta, muy buenos poemas.

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