Entre la prosa, la imagen y el lirismo

Una lectura de «Los tiempos del níspero», de la escritora salvadoreña Miroslava Rosales, por el poeta argentino Agustín Mazzini.

En estos tiempos se duda de que en la poesía deba existir un sujeto dramático. Un ser que viva, surja, perezca y resucite entre los versos, concepto muy similar a lo que los griegos para su teatro supieron denominar pathos. Y en combinación, estos tiempos tan singulares se muestran como orgullosos asesinos de los mundos alternativos que la poesía –arte que late detrás de todas las artes– propone: un mundo que cuente con su propia lógica, sus imágenes, en la que todo sea excusa para abordar de manera cruda la humanidad (a la que le queda chica la realidad y el lenguaje cotidiano). Hoy asistimos a una terca y tozuda defensa: a la poesía se le venda los ojos y se la obliga a hablar entre facilismos y superficialidades. Prohibida queda la reflexión: en estos tiempos se quiere convertir a la poesía en un vehículo más que satisfaga la ansiedad del hombre de «entenderlo todo» lo que, sin duda, y en esta época de vertiginosidad, es una forma de control. 

Pero Los tiempos del níspero (de la joven autora Miroslava Rosales, publicado por Editorial Cerro del Viento, a finales de 2017, en México) son otros tiempos. Quizás uno de los pocos que son en sí mismo un oasis dentro de un contexto de tantos y tantos y tantos y tantos (etc.) autores que nos coaccionan a creer, casi religiosamente, que el cosmos de un poeta no debe extenderse más allá de cinco cuadras de su casa a la redonda (si es que, con suerte, sale de su casa), y que cualquier diario íntimo de personas menores de treinta y cinco años, llena de momentos en los que se compra un diario, se toma una cerveza o se fuma un cigarrillo, es una experiencia metafísica digna de un ensayo de estilo. En este sentido, los versos de la poeta salvadoreña, indudablemente, constituyen una novedad, alguien que entendió y pudo construir una voz singular, distinta, suya.

Más allá de que, curiosamente, para la autora no haya sido necesaria la publicación de su primera obra, porque ya hace tiempo venía siendo leída e incluso traducida en revistas literarias, Los tiempos del níspero nos trae una nueva vía de posibilidad expresiva entre los jóvenes poetas, un camino distinto por donde se escuchan los ecos de las preocupaciones de una generación, amalgamados con la herencia de una tradición hispanohablante. En pocas palabras: aquí se nos hace presente una alternativa a este (¿mezquino?) panorama circundante.

Yendo al libro en sí, el título de esta reseña denota los tres ejes, las tres rutas, los tres hilos que conducen al corazón argumental del decir poético: del otro lado respira (de manera agitada, por cierto) la sensación lírica de la hablante (Dime tormenta de navajas y flores larga tormenta de navajas al despertardonde la pasión del sujeto dramático (Amor de abril sabes al níspero a la miel y la avena al sismo inacabable/ al melón que pruebo en un patio de claridad y ternurano puede, ni quiere, hacerse esperar. La crudeza de lo emocional está expuesta sin ningún complejo, sin una artificiosa imposición de «sensualidad» o «sugerencia», se respira la sangre de lo bello y lo trágico en carne viva.

Fiel a sus raíces latinas y a los ritmos tropicales, no solo se trasparenta esa calidez en lo musical sino también en el ademán, en el paisaje y en lo lírico: tras cada verso se ve a alguien agitar los brazos y gesticular en una intensidad provocada por el desborde de quien tiene algo para contar (Él venía de un país de aceitunos y almendras y anís/ de un caos insospechado en forma de corazón). Asistimos, entonces, a un imaginario cuya riqueza reside en lo frenético de su lógica (… autopistas de ojos abiertos y feroces cadenas semillas de amapola Tus palabras resuenan en el estanque): no hay tiempo para reparar en una idea, una imagen y una metáfora que otra vendrá al cruce dando un hilo de continuidad a la sensación, pero galopando siempre en ese universo de «naranjas y girasoles/ de olas sin dominio de un parque con niñas en trajes rojos y listones blancos».

En la forma existe un intencional balance entre la prosa del verso, pero, sin duda, de un verso inclinado a la prosa con toques de lo beat y de lo estadounidense, curiosamente explicitado en una referencia culturalista: en la voz de Robert Johnson y los aullidos eléctricos de Ginsberg. La ausencia de puntos y comas es fundamental para interpretar el sonido que el decir busca alcanzar: altura y vuelo son inescindibles de la música, la aceleración y la voracidad del yo lírico, que suceden gracias a un premeditado trabajo con estas formas.

Los tiempos del níspero, en su concepto, es una manera de encarar el mundo actual desde una perspectiva fresca y con sustancia, refutando todos los lugares axiomáticos y (ya hoy) comunes: se puede crear un cosmos propio, se puede interrelacionar elementos disímiles con inteligencia para llegar al efecto poético, hay herederos jóvenes de Octavio Paz y Efraín Huerta, de Vicente Aleixandre, de Federico García Lorca, con veintitantos o treintipocos. Hay toda una corriente pujando por salir. Quiero decir que detrás de la primera obra de Miroslava Rosales, se vislumbra a toda una generación diciendo que la poesía ya está cansada de lo coloquial, lo banal y lo anecdótico.

  

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Posted by Agustín Mazzini

Agustín Mazzini (Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1993) es poeta y estudiante. Primer premio del Concurso Nacional Homenaje a Jorge Luis Borges, Premio Nacional para Jóvenes Poetas Bustriazo Ortiz (2017), finalista del I Premio Hispanoamericano de Poesía Francisco Ruiz Udiel (2017), convocado por Valparaíso Ediciones. Es autor de «El cielo no termina de quemarse» (Suri Porfiado, 2017), y sus poemas, entrevistas y reseñas cinematográficas figuran en revistas y antologías nacionales y extranjeras (Orillas, 2016). Ha sido redactor y editor de revistas españolas, mexicanas y argentinas de cultura (España), y participó en festivales de poesía nacionales e internacionales. Es editor de poesía de Cuadrivio.

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