Elecciones 2018: la avalancha guinda que sepultó a los viejos partidos

AMLO y Morena arrasaron en las elecciones de 2018. Héctor Herrera hace un detallado análisis histórico y estadístico para desentrañar el significado de los más recientes comicios: bajo el guinda de Morena podría estarse gestando una gran transformación, pues el movimento de AMLO ha barrido casi por completo el viejo sistema de partidos.

Las elecciones de 2018 son las más grandes que hemos tenido en la historia y, sin duda, las que más han cambiado el rostro político de México en las últimas décadas. En la jornada del 1 de julio estaban en juego 18,299 cargos públicos, entre ellos la presidencia de la república, 500 diputaciones federales y 128 senadurías; ocho gubernaturas, la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, la renovación de 29 legislaturas estatales, 1,596 presidencias municipales y las 16 alcaldías de la capital.[1] Son también las más grandes por el número potencial de electorales, más de 89 millones de ciudadanos en la lista nominal, en la que, como se observa en el gráfico 1.1, el peso de los jóvenes es significativo: casi 40% de los potenciales electorales tienen entre 18 y 34 años, es decir, personas que nacieron entre 1984 y 2000, periodo en el que el otrora partido hegemónico, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), se debilitó. No es un dato menor señalar que los más de 1.5 millones de mexicanos que podrían votar por primera vez en su vida nacieron el mismo año que el PRI perdió la presidencia del país, una generación que creció en un México políticamente más competitivo, donde ningún partido tiene el triunfo asegurado.

 

 

Gráfico 1.1. Ciudadanos en la lista nominal por edad. Elaboración propia con datos del INE, 2018.

 

Esta elección será recordada no solo por su tamaño, sino también –y sobre todo– por sus consecuencias políticas: la emergencia de un gigante que hace apenas cuatro años obtuvo su registro como partido político, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena); el debilitamiento del partido que más tiempo ha gobernado el país en lo que va del siglo XXI y que fuera la principal oposición a lo largo del siglo XX, el Partido Acción Nacional (PAN); la disminución del partido de izquierda que más cerca estuvo de ganar la presidencia en las últimas décadas, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que terminará como una fuerza marginal; y, particularmente, la debacle del partido que gobernó México casi todo el siglo XX y los últimos seis años de esta década, aquel que parecía invencible, el PRI. A continuación, haremos un repaso por los logros y derrotas de cada partido y las consecuencias de estos resultados para el sistema de partidos políticos en México.

 

Morena: la marea guinda

El Movimiento Regeneración Nacional obtuvo su registro como partido político en 2014 y compitió electoralmente por primera vez en las elecciones intermedias de 2015, donde alcanzó 8.3% de la votación para la Cámara de Diputados, poco más de 3.3 millones de votos que se tradujeron en 47 escaños legislativos que lo posicionaron como la cuarta fuerza legislativa, por detrás del PRI con 204 diputados, el PAN con 107 y el PRD con 53.[2] Si bien este fue un arranque decente para sus primeras elecciones, las contiendas locales en 2016 no tendrían buenos resultados. Morena quedaría en cuarto lugar en la pelea por la gubernatura de Tlaxcala y en un lejano tercer lugar en Puebla y Quintana Roo. Sus mejores resultados serían un cercano tercer lugar en Oaxaca y Veracruz y el segundo puesto en la búsqueda por la gubernatura en Zacatecas.

El panorama mejoraría con las elecciones locales de la Ciudad de México, en las que obtuvo la mayoría de los votos y se convirtió en la primera fuerza en la Asamblea Legislativa con 20 de 66 escaños, además de conquistar cinco de las 16 delegaciones. En 2017, la candidata morenista Delfina Gómez se quedó a menos de tres puntos porcentuales de arrebatarle al PRI la gubernatura en el Estado de México, principal bastión político priista, una entidad que el PRI ha gobernado ininterrumpidamente durante casi 90 años.

Sin estar al frente del gobierno en ninguna entidad federativa, con tan solo una mayoría legislativa estatal en la capital ­­–que además fue bloqueada por la alianza del PRD con otras fuerzas políticas locales–, y con una pequeña presencia de 9% de los escaños en la Cámara de Diputados, los resultados obtenidos por Morena en la elección de 2018 son doblemente sorprendentes. Andrés Manuel López Obrador (AMLO), candidato de la coalición «Juntos Haremos Historia» integrada por Morena, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES), ganó la presidencia con 53.2% de los votos totales, lo que equivale a más de 30 millones de sufragios, número de votos jamás alcanzado por ningún candidato a la presidencia en la historia, como se observa en el gráfico 1.2. El último en conseguir un porcentaje superior al 50% en la elección presidencial fue Carlos Salinas de Gortari en 1988, cuando ganó el 50.4% de los votos de una elección, por decir lo menos, polémica, plagada de acusaciones de fraude. Nunca, desde que existe una autoridad electoral autónoma y una fuerte competencia partidista, algún candidato presidencial había superado el umbral de la mayoría absoluta.

Al mismo tiempo, la brecha entre el primero y el segundo lugar en esta jornada fue superior a los 30 puntos porcentuales, por encima de la diferencia de 23 puntos de 1994 y los menos de siete puntos que han tenido todas las elecciones entre 2000 y 2012.

 

Gráfico 1.2. Elaboración propia con información del «Atlas de Resultados Electorales Federales, 1991-2012», IFE, y los resultados de los «Cómputos Distritales 2018», INE. Para todas las elecciones se usaron los datos de los cómputos distritales.

 

AMLO fue el candidato más votado en 31 de las 32 entidades federativas. Solo perdió en Guanajuato, bastión gobernado por el PAN desde 1991, donde alcanzó 30.4% de los votos, cifra por debajo del 40.4% que obtuvo Ricardo Anaya. En otras entidades, como Nuevo León, el triunfo fue cerrado, pues el morenista obtuvo 34.3% de los votos frente al 32.3% del panista. Si en 2006 López Obrador ganó en 16 estados y en 2012 en ocho, el triunfo de 31 en 2018 le sonríe como nunca al tabasqueño, algo que no se observaba desde que Ernesto Zedillo ganó las 32 entidades en 1994.

El mapa 1.1 ilustra el porcentaje de votos recibidos por AMLO en cada entidad en las elecciones presidenciales de 2006, 2012 y 2018; en él es posible observar la fortaleza de López Obrador en las regiones centro, sur y sureste (salvo Yucatán) a lo largo de todos sus intentos por llegar a la silla del ejecutivo, así como una débil presencia en el norte del país.

 

 

Mapa 1.1. Elaboración propia con 100% de las actas registradas en los cómputos distritales; IFE, 2006 y 2012; INE, 2018.

 

En las elecciones de 2018 hubo un cambio drástico en el mapa. Mientras que en 2006 y 2012 López Obrador no alcanzó el 30% de los votos en gran parte del país, en 2018 la votación por él no bajó del 30% (Guanajuato) y alcanzó hasta 80% en Tabasco. Su apoyo se incrementó en todos los estados, incluidos los del norte, una zona históricamente vedada para AMLO. A diferencia del mapa que circula en redes sociales, donde todos los estados ganados por López Obrador son llamados sarcásticamente Venezuela del Norte, y Guanajuato, único estado que perdió, es nombrado la Nueva Suiza, en el mapa 1.1 se puede observar que, a pesar de que el triunfo de AMLO se dio en todo el país, aún es posible observar dos Méxicos: un centro-sur-sureste donde López Obrador tiene un fuerte apoyo, y un Bajío, noreste y Yucatán donde el respaldo es menor. En la elección de 2018, sin embargo, vimos un marcado crecimiento de las bases lopezobradoristas en el noroeste del país.

En las elecciones legislativas los resultados para Morena fueron igualmente apabullantes. El partido obtuvo por sí solo 20.9 millones de votos para la Cámara de Diputados (37.3% de la votación), seis veces más que en 2015, y se estrenó en las votaciones para la Cámara de Senadores con 21.1 millones de votos (37.5% de la votación).[3] Como se ilustra en los gráficos 1.3 y 1.4, de acuerdo con una estimación realizada por Javier Márquez con 92% de las actas computadas, el partido de López Obrador pasaría de 47 a 192 escaños, lo que sumado a los 61 del PT y los 56 del PES le darían 309 curules en la Cámara de Diputados; mientras que en el Senado, Morena obtendría 55 escaños, el PT 6 y el PES 7, es decir 68 lugares en conjunto.[4] La coalición «Juntos Haremos Historia» no solo tendría la mayoría absoluta, sino que se quedaría a 24 diputados y 18 senadores de alcanzar la mayoría calificada necesaria para reformar la constitución.

Ante la debilidad de la oposición y los problemas internos por los que atraviesan el PAN, el PRI y el PRD después de la elección, López Obrador no tendrá que apostar por una alianza con los grandes partidos. En cambio, puede aprovechar la fragmentación interna de estos para buscar disidentes o conquistar partidos pequeños que estuvieron cerca de perder el registro y que pudieran ver en la alianza con Morena un salvavidas.

De los 300 distritos de mayoría relativa en los que se divide el país para la asignación de escaños de la Cámara de Diputados, la coalición encabezada por Morena ganó en 218, y de las 32 entidades federativas en las que se reparten los asientos para el Senado, la coalición fue primer lugar en 25 estados y segundo en cinco (Aguascalientes, Guanajuato, Jalisco, Querétaro y San Luis Potosí). Solo en Nuevo León y Yucatán quedó en tercer lugar. Esta cartografía coincide con el voto por López Obrador; la región del Bajío y algunos estados como Nuevo León y Yucatán han resultado las más renuentes al avance del lopezobradorismo.

 

Gráfico 1.3. Elaboración propia con las estimaciones de diputados por partido político realizada por Javier Márquez con el 92% de las actas computadas por el PREP, 2018.

 

Gráfico 1.4. Elaboración propia con las estimaciones de senadores por partido político realizada por Javier Márquez con el 92% de las actas computadas por el PREP, 2018.

 

Si bien a nivel local la marea guinda no tuvo la misma fuerza que en el plano federal, su arrastre, como agregaría Zague, resulta impresionante. Como se ilustra en el gráfico 1.5, con datos de los últimos cortes de los Programas de Resultados Electorales Preliminares de las nueve entidades federativas en contienda, Morena ganó cinco gubernaturas (Chiapas, Ciudad de México, Morelos, Tabasco y Veracruz) y peleará en tribunales la elección de Puebla, donde la diferencia fue menor a cuatro puntos porcentuales; en tres entidades fue la segunda fuerza (Guanajuato, Jalisco y Puebla), mientras que en Yucatán quedó en tercer lugar, por detrás de los candidatos del PAN y del PRI. Sin embargo, incluso ahí los resultados fueron atípicos, pues Morena alcanzó más de 20% de la votación, algo inédito para la izquierda en ese estado, cuyo mejor resultado había sido el 5% obtenido por la coalición PRD-PT-MC en la contienda por la gubernatura en 2012.

 

Gráfico 1.5. Elaboración propia con información del Programa de Resultados Electorales Preliminares de cada entidad federativa, 2018.

 

En el ámbito legislativo local, Morena obtuvo una gran victoria. Con datos preliminares, el partido conquista la mayoría en 19 congresos estatales.[5] Esto resulta significativo, pues al tiempo que provee al lopezobradorismo de bases locales, le beneficia en una posible aspiración a modificar la constitución, pues para hacerlo no solo se requiere de la mayoría calificada (dos tercios de los diputados y senadores), sino también de la aprobación de 17 legislaturas estatales. Vale la pena subrayar el caso del Estado de México, entidad en la que Morena perdió la gubernatura por menos de tres puntos porcentuales el año pasado. En esta elección la marea guinda se llevó 42 de los 45 escaños de mayoría relativa, de acuerdo con datos del Instituto Electoral del Estado de México; el PAN ganó Huixquilucan y Naucalpan, mientras que el PRI solo retuvo Valle de Bravo. En otras palabras, Alfredo del Mazo tendrá que gobernar en un congreso con mayoría morenista y en el que su partido será la tercera fuerza legislativa. En el mismo sentido, «Juntos Haremos Historia» ganó 55 de los 128 ayuntamientos, entre ellos Chalco, Texcoco, Ecatepec, Coacalco, Naucalpan, Tlalnepantla, Atizapán, Toluca, Metepec y Atlacomulco, este último base del famoso grupo de priistas del que han surgido gobernadores del Estado de México como Isidro Fabela, la dinastía Del Mazo, Arturo Montiel y Enrique Peña Nieto. En la segunda entidad más poblada del país, la Ciudad de México, bastión del obradorismo, el partido obtuvo 31 de las 33 diputaciones locales de mayoría relativa y 11 de las 16 alcaldías. A nivel federal y en muchos estados, el país se vistió de guinda.

 

La derrota del Pacto por México y el viejo sistema de partidos

 

PRI, un partido agonizante

Entre 1946 –cuando el partido recibe el nombre que tiene actualmente– y 1976, el PRI conquistó en cada una de las elecciones la presidencia de la república, más de 80% de la Cámara de Diputados (como se ilustra en el gráfico 1.6) y la totalidad de los gobiernos estatales. Sin embargo, la falta de democracia y la represión de las protestas como la matanza de Tlatelolco de 1968, el preocupante panorama económico, la débil reacción del gobierno ante el terremoto de 1985 y las reformas electorales que apostaron por un paulatino crecimiento de la oposición, debilitaron al partido hegemónico.

 

Gráfico 1.6. Elaboración propia con información de Sainéz, A. (2006), Los sistemas electorales y de partidos en la composición del poder legislativo mexicano, México, Servicio de Investigación y Análisis de la Cámara de Diputados; (2006) Sexto Informe de Gobierno de Vicente Fox, y s/a. (2017), Atlas de Resultados de las Elecciones Federales, 1991-2015, México: INE. Para 2018 se utilizaron las estimaciones de diputados por partido político que realizó Javier Márquez con el 92% de las actas computadas por el PREP. Los porcentajes han sido redondeados.

 

Tras la salida de la corriente nacionalista del PRI –que eventualmente se convertiría en el PRD– y el crecimiento del PAN, particularmente en el norte del país, Carlos Salinas obtuvo en 1988 la presidencia con 50% de los votos, primera vez que un candidato oficialista registraba tasas menores a 70% de la votación. En esas elecciones, el PRI obtuvo su peor porcentaje en la Cámara de Diputados, manteniendo solo 52% de las curules, con lo que perdió la capacidad de reformar la constitución por sí solo. En el terreno local, la situación también comenzaría a cambiar. Salinas tuvo que reconocer la victoria del PAN en las gubernaturas de Baja California en 1989, Guanajuato en 1991 y Chihuahua en 1992. En 1997, el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados al obtener 48% de las curules; y ese mismo año, el partido perdería la capital, abierta por primera vez a elecciones. En el 2000, el PRI sufriría su peor derrota hasta ese momento, al no poder ganar la presidencia del país. En 2003, como se ilustra en el gráfico 1.7, el PRI alcanzaría el número más bajo de gubernaturas de su historia: 16 estados. En las elecciones de 2006, el candidato presidencial priista Roberto Madrazo, tras haberse peleado con los gobernadores del partido, quedó en tercer lugar de la contienda, por debajo del PAN y de la coalición PRD-PT-MC con 22% de la votación, la peor en la historia del partido (hasta 2018), cayendo también al tercer peldaño en la Cámara de Diputados con 21% de los escaños.

 

 Gráfico 1.7. Elaboración propia con revisión hemerográfica. Para 2018 se realizó una proyección con datos de los PREP en los estados de Chiapas, Ciudad de México, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y Yucatán.

 

 

Después de dos derrotas consecutivas en las elecciones presidenciales, el PRI logró reinventarse de la mano del gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto. Bajo el eslogan de un «nuevo PRI», uno que sí sabía gobernar, el partido recuperó la presidencia en 2012 con 38.2% de la votación, que equivalía a 19.1 millones de votos, el número más grande que hubiera conseguido un candidato hasta ese momento. En esas elecciones el partido obtuvo 43% de la Cámara de Diputados y 42% del Senado. A nivel local, el PRI controlaba 20 gubernaturas y una más en coalición con el Partido Verde de México (PVEM). Mediante la firma del «Pacto por México», un acuerdo político entre el PRI, el PAN y el PRD, la administración de Peña pudo concretar las reformas en materia educativa, energética, financiera, entre otras, que llevaban tiempo atoradas en el legislativo.

A pesar de la «luna de miel» con el congreso, y aun cuando el PRI obtuvo 41% de la Cámara de Diputados en las elecciones de 2015, los escándalos de corrupción que comenzaron a ventilarse desde 2014 fueron haciendo estragos paulatinos en la imagen del gobierno, el peor evaluado desde que se realizan mediciones. La «Casa Blanca» del presidente, revelada en noviembre de 2014 por Carmen Aristegui, que fue adquirida en condiciones preferenciales por medio de un contratista del gobierno;[6] la investigación de The Wall Street Journal sobre la casa en Malinalco del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, comprada al mismo contratista;[7] la «estafa maestra» descubierta por Mexicanos Unidos contra la Corrupción y la Impunidad y Animal Político en 2017, en la que dependencias gubernamentales desviaron recursos públicos a empresas fantasmas entre 2013 y 2014;[8] y los escándalos de corrupción locales, como el gobierno de Javier Duarte en Veracruz y otros que para 2017 acumulaban un total de 16 exgobernadores en la cárcel, prófugos o bajo investigación,[9] calaron hondo en la sociedad.

Al malestar con la impunidad se sumó el incremento de la violencia en el país. La matanza de Tlatlaya en junio de 2014, la desaparición de los 43 normalistas en Iguala durante septiembre de ese año, la fuga de Joaquín «el Chapo» Guzmán en julio de 2015, los tres estudiantes de cine en Jalisco que fueron asesinados y disueltos en ácido en 2018 fueron algunos de los casos más llamativos de una administración que acumula más de 100 mil asesinados. Tan solo hasta octubre de 2017 más de 234 mil personas habían sido asesinadas durante los gobiernos de Calderón y Peña Nieto.[10]

Los estropicios de una mala administración se tradujeron en los peores resultados para el PRI en su historia. José Antonio Meade Kuribreña, quien ni siquiera es militante del partido y que llegó a vender su lejanía del PRI como un activo, obtuvo 9.2 millones de votos, que representaron 16.4% de la votación nacional, ligeramente menor al obtenido por Madrazo en 2006, que con 9.3 millones de votos alcanzó 22.3% de la votación total. Meade obtuvo menos votos que los recibidos por su coalición en las cámaras de diputados y senadores. El PRI solo ganó en un estado la senaduría por mayoría relativa, Yucatán; y la primera minoría en 11 entidades. Conquistó únicamente 11 de los 300 distritos electorales para la conformación de la Cámara de Diputados, particularmente en algunas regiones de Chiapas, Coahuila, Estado de México, Nuevo León, San Luis Potosí, Yucatán y Zacatecas.

 

Gráfico 1.8. Elaboración propia con información del «Listado de Diputados por Grupo Parlamentario en la LXIII Legislatura», http://sitl.diputados.gob.mx/LXIII_leg/listado_diputados_gpnp.php?tipot=TOTAL. Para 2018 se utilizaron las estimaciones de diputados por partido político que realizó Javier Márquez con el 92% de las actas computadas por el PREP. Los porcentajes han sido redondeados.

Gráfico 1.9. Elaboración propia con información de «Senadores por Grupo Parlamentario», http://www.senado.gob.mx/index.php?watch=7&str=T. Para 2018 se utilizaron las estimaciones de diputados por partido político que realizó Javier Márquez con el 92% de las actas computadas por el PREP. Los porcentajes han sido redondeados.

 

Los resultados en las elecciones legislativas dejarán al PRI con la menor bancada que haya tenido en su historia: alcanzará 9% de la Cámara de Diputados y 10% de la Cámara de Senadores, por lo que pasará de 204 a 45 diputados y de 55 a 13 senadores. Tal como se observa en los gráficos 1.8 y 1.9, la composición de ambas cámaras se invertirá con respecto a la actual conformación, lo que castiga a los partidos del Pacto por México y, particularmente al partido en el gobierno; por citar un ejemplo, la coalición del PRI-PVEM-PANAL se reducirá de 51 a 13% de las curules, mientras que la coalición Morena-PT-PES pasará del 11 al 61% de los asientos en la Cámara de Diputados. El PRI será la quinta fuerza legislativa en la cámara baja y la tercera en la cámara alta.

A nivel local el PRI sufrió fuertes derrotas. No pudo ganar ninguna elección para gobernador, incluidas las tres entidades que gobernaba: Jalisco, Yucatán y Chiapas, este último en coalición con el PVEM. Salvo en Yucatán, donde quedó a tres puntos de retener la gubernatura, en la Ciudad de México, Chiapas, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco y Veracruz quedó en un lejano tercer sitio. En su propio bastión, el Estado de México, el PRI solo ganó una de las 45 diputaciones locales de mayoría relativa y 23 de los 125 ayuntamientos. El partido conserva 12 entidades federativas, el número más pequeño en su historia. Si el PRI no perdió más, fue solamente porque no había más cargos en juego.

 

«Por México al Frente», el fracaso de una coalición

El Partido Acción Nacional, fundado en 1939, se mantuvo como el principal opositor al PRI a lo largo del siglo XX, sin embargo, su presencia en los cargos públicos fue simbólica durante décadas, hasta que, en 1964, gracias a la creación de la figura del diputado de partido, antecedente de las plurinominales, el PAN pudo alcanzar 7% de los escaños en la Cámara de Diputados. Paulatinamente, el partido comenzó a crecer y ganar presencia en algunos municipios urbanos de la región norte y Bajío del país, e incluso en estados como Yucatán, donde le arrebató al PRI su primera capital estatal, Mérida, en 1967. El ascenso acelerado del PAN comenzó con la elección de 1988, en la que obtuvo 20% de la Cámara de Diputados, y luego en 1989, cuando Ernesto Ruffo se convirtió en el primer gobernador no priista del país.

En el 2000, 15.9 millones de votos llevarían a Vicente Fox a la presidencia, elección en la que obtendría 41% de los escaños en la cámara baja. Tras la polémica elección de 2006, Felipe Calderón retuvo la presidencia para el partido con un estrecho margen de 0.56% de los votos con respecto al segundo, López Obrador. Sin embargo, 2006 sería el inicio de un descenso constante en la votación para el partido. Como se ilustra en el gráfico 1.10, entre 2006 y 2015 el partido pasaría de 41% a 21% de las curules en la Cámara de Diputados, de 40% a 21% en la Cámara de Senadores y de nueve a cinco gubernaturas.

 

Gráfico 1.10. Elaboración propia con información de Sainéz, A, (2006) Los sistemas electorales y de partidos en la composición del poder legislativo mexicano, México: Servicio de Investigación y Análisis de la Cámara de Diputados; (2006) Sexto Informe de Gobierno de Vicente Fox, y s/a. (2017), Atlas de Resultados de las Elecciones Federales, 1991-2015, México: INE. Para 2018 se utilizaron las estimaciones de diputados por partido político que realizó Javier Márquez con el 92% de las actas computadas por el PREP. Los porcentajes han sido redondeados.

 

Después de las elecciones intermedias de 2015, la llegada de Ricardo Anaya a la presidencia del partido supuso un cambio en la estrategia electoral. Así, el PAN decidió competir en alianza con el PRD en las elecciones locales de 2016. El resultado: los blanquiazules ganaron siete de las 12 gubernaturas en juego, le arrebataron Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Quintana Roo, Veracruz y Tamaulipas al PRI, y retuvieron Puebla; al año siguiente, ganarían también Nayarit.[11] Colgado del éxito de la coalición, que le permitió al PAN pasar de cinco a 11 gubernaturas en dos años, el «chico maravilla» se encumbró como candidato presidencial del formado «Frente» con el PRD y Movimiento Ciudadano (MC). El discurso de Anaya tuvo poca credibilidad; aun cuando desde el principio de su campaña se presentó como un candidato opositor, su apoyo a las reformas emanadas del Pacto por México cuando fue diputado federal entre 2012 y 2015 parecían sugerir lo contrario.[12] Sumado a lo anterior, Anaya fue acusado por la Procuraduría General de la República de lavado de dinero.[13]

Las elecciones de 2018 fueron el peor resultado para el PAN en décadas. Anaya obtuvo 12.6 millones de votos, 122 mil votos menos que Josefina Vázquez Mota en 2012. La coalición obtuvo 22.3% de los votos, como se observa en el gráfico 1.11, el menor porcentaje alcanzado por un candidato presidencial panista en los últimos 30 años. Salvo Fox, que hizo alianza con el PVEM, el resto de los aspirantes panistas han ido solos.

 

Gráfico 1.11. Elaboración propia con información del Atlas de Resultados Electorales Federales, 1991-2012, IFE y los resultados de los «Cómputos Distritales 2018», INE. Para todas las elecciones se usaron los datos de los cómputos distritales.

 

En el plano legislativo, el PAN obtuvo 19% de las curules en ambas cámaras, su peor resultado desde 1991. El partido pasará de 107 escaños en la Cámara de Diputados a 79 y en el Senado de 34 a 24. Ganó solo 68 de los 300 distritos electorales y solo cinco entidades para el Senado, todas ellas en el Bajío. De las nueve gubernaturas en juego, conservó Guanajuato con una amplia diferencia y Puebla por menos de cuatro puntos, situación que se resolverá en tribunales ante las acusaciones de irregularidades; el PAN también perdió Veracruz, pero ganó Yucatán.

Si el saldo es preocupante para el PAN, su aliado, el PRD, tiene una situación mucho más alarmante. El competir en coalición le impidió tener un candidato propio en la boleta presidencial, así como en las gubernaturas de Chiapas, Guanajuato, Puebla y Veracruz. En el plano legislativo, el PRD no gano un solo distrito electoral como partido separado, lo que hará que su presencia baje de 53 a 24 diputados, ocupando el séptimo lugar. Su participación bajará del 11% al 5% de las curules en la Cámara de Diputados, su peor resultado desde 1988, cuando obtuvo 4%.

El PRD perdió las tres entidades federativas que gobernaba. En la Ciudad de México, su histórico bastión, quedó en segundo lugar en la lucha por la Jefatura de Gobierno con 16 puntos porcentuales menos que la alianza de Morena; solo ganó dos de 33 diputaciones locales de mayoría relativa y cuatro de las 16 delegaciones en coalición con el PAN; en Morelos quedó en un lejano tercer lugar y en Tabasco quedó en segundo, pero con 42 puntos menos que el primero. No pudo tampoco conquistar ninguna entidad, aunque forma parte de la coalición en el triunfo en Guanajuato y Puebla. En los estados en los que fue solo, como Jalisco, quedó en séptimo lugar con 1% de los votos y en Yucatán en cuarto con 1.9% de la votación. Con ese resultado el PRD quedará reducido a un partido marginal, con baja presencia en el legislativo federal y al mando de dos entidades solamente: Michoacán, donde su gobernador Silvano Aureoles anunció a lo largo de las campañas su apoyo al candidato del PRI, José Antonio Meade, y Quintana Roo, en el que el gobernador es un ex priista que ganó en coalición del PRD con el PAN.

 

Partidos pequeños, ¿cerca de su fin?

Si el voto fragmentado de 2015 nos llevó a pensar que las elecciones de 2018 buscarían atomizar el poder para evitar una fuerte concentración de los partidos grandes, los resultados actuales nos sugieren lo opuesto, el voto por la coalición «Juntos Haremos Historia» se dirigió a Morena, el de «Por México al Frente» fue al PAN y el de «Todos por México» al PRI. Así, cinco partidos políticos están cerca de perder su registro electoral. De acuerdo con el artículo 41 de la constitución, «el partido político nacional que no obtenga, al menos, el tres por ciento del total de la votación válida emitida en cualquiera de las elecciones que se celebren para la renovación del Poder Ejecutivo o de las Cámaras del Congreso de la Unión, le será cancelado el registro», texto que confirma el artículo 94 de la Ley General de Partidos Políticos, que dice que son causa de pérdida de registro de un partido político «no obtener por lo menos tres por ciento de la votación válida emitida en alguna de las elecciones federales ordinarias para Diputados, Senadores o Presidente, tratándose de un partido político nacional».

El término «cualquiera» en la redacción de la ley, sin embargo, ha creado una confusión sobre el alcance de la misma: ¿se necesita que los partidos obtengan 3% en todas las elecciones federales o basta con que lo hagan en una sola? Si nos quedamos con la primera interpretación, entonces PRD, PES, PVEM, MC y PANAL perderían el registro, pues ninguno de ellos alcanzó el 3% mínimo requerido en la votación presidencial; en cambio, si nos quedamos con el segundo criterio, solo el PES y el PANAL estarían en esa situación, pues estos dos partidos no obtuvieron 3% en ninguna de las elecciones federales. En reunión del Consejo General del INE, el 11 de mayo, y en respuesta a una consulta formulada por el PES, los consejeros resolvieron que basta con los partidos obtengan tres por ciento de la votación válida en una de las elecciones para conservar el registro.[14] Aun contando solo los votos válidos, es decir, después de restar los votos nulos y por candidatos no registrados, el PES y el PANAL estarían en esta situación. Esto no significa que perderán los cargos ganados por mayoría relativa; sin embargo, no podrán recibir escaños plurinominales ni formar una bancada propia. Irónicamente, gracias a la coalición con Morena, el PES tendrá 56 diputados, lo que lo convierte en la cuarta fuerza legislativa en la cámara baja.

Que el principal tema al hablar de los partidos pequeños sea el registro nos da cuenta de la enorme derrota que supuso la elección para la mayoría. Salvo Movimiento Ciudadano, que ganó la senaduría de mayoría relativa de Nuevo León, ningún otro partido conquistó un solo estado ni distrito electoral. El PRD, el PVEM y el PANAL verán reducir su peso legislativo como consecuencia de esta elección, mientras que el PT y el PES, aliados de Morena, la aumentarán. El Partido del Trabajo, que estuvo a punto de perder el registro en 2015, pasará de no contar con ningún diputado oficial a tener 61, será así la tercera fuerza legislativa, por detrás de Morena y el PAN. En el plano local, el Partido Verde perdió la gubernatura de Chiapas después de una división interna y del rompimiento de la alianza con el PRI en el estado. Sobresale nuevamente el caso de Movimiento Ciudadano, cuyo candidato a la gubernatura de Jalisco, Enrique Alfaro, resultó vencedor, sin embargo no es militante del partido, y a unos días de ganar, se desvinculó del mismo.[15]

 

1988-2018, la larga transición

Una imagen superficial de las campañas es la mejor prueba del cambio de nuestro actual sistema de partidos: Felipe Calderón, expresidente por el PAN, hizo campaña con su esposa, Margarita Zavala, una reciente expanista que se presentó como independiente y que compitió con el «Bronco», un ex priista que también es independiente, y que, a su vez, compitió con AMLO, un expriista y experredista que formó su propio partido, Morena, y que sumó a su campaña a Manuel Espino y Germán Martínez, expresidentes del PAN durante el calderonismo. Los tres compitieron también con José Antonio Meade, el candidato del PRI que no es priista y que trabajó en la anterior administración panista, que tenía como vocero al panista Javier Lozano, ex secretario durante el gobierno de Calderón, y quien sumó a su equipo a un perredista que intentó ser independiente, Ríos Piter, y recibió, asimismo, el apoyo del gobernador perredista, Silvano Aureoles, y del expresidente por el PAN, Vicente Fox. Los cuatro compitieron con Anaya, un panista que fue en alianza con el PRD, partido cuyos festejos por sus 29 años encabezó al lado de Miguel Ángel Mancera, quien tampoco está afiliado al partido y será senador por el PAN. Y qué decir de Gerardo Fernández Noroña, un experredista, exdiputado petista, ahora integrante de Morena que fue propuesto para la bancada del PES.

Aunque burda, esta radiografía del momento nos da cuenta de algo mucho más profundo: nuestro actual sistema de partidos está en declive. En realidad, lo ha estado acentuadamente en los últimos 30 años, pero hasta ahora la evidente descomposición de los partidos tradicionales nos hace verlo de forma más clara. Los datos expuestos nos muestran que, al menos, desde finales de la década de 1980 el PRI entró en un marcado descenso. Así, entre 1982 y 2006 el partido pasó de 72% a 21% de los escaños de la Cámara de Diputados y de 32 a 17 gobernadores. El PAN capitalizó el desgaste del PRI y consiguió conquistar la presidencia en 2000 y retenerla en 2006; entre 1985 y 2006, el panismo creció del 10% al 40% de la cámara baja y pasó de ninguna a nueve gubernaturas. El PRD fue otro de los grandes beneficiarios de la decadencia del priismo, pues entre 1988 y 2006 pasó de 4% a 25% de los escaños en la Cámara de Diputados y de ninguna a seis gubernaturas en el mismo periodo.

Sin embargo, a partir de 2006 la situación cambiaría, la desilusión provocada por los gobiernos panistas, que siguieron operando con las mismas reglas del régimen, pero que mostraron una clara inexperiencia, falta de liderazgo político y un mal manejo de la agenda de seguridad, condujo a la revitalización del PRI, que de la mano de un joven gobernador mexiquense prometió lo mejor de dos mundos en un momento en que los gobiernos de la alternancia panistas federales y perredistas locales perdían credibilidad. Así, Peña Nieto ofrecía el arte de gobernar del glorioso pasado priista y una renovación democrática acorde a los tiempos más recientes; el llamado «Nuevo PRI» auguraba la combinación perfecta, gobernabilidad y democracia. Por eso, en 2009 el PRI incrementó su fuerza legislativa de 27% a 45% de los escaños en la cámara baja y pasó del tercer al primer lugar, antesala para que en 2012 Peña Nieto consiguiera el regreso del PRI a la silla presidencial.

La «luna de miel» del PRI con la sociedad duró muy poco, en menos de seis años el partido mostró que las dos promesas hechas en campañas fueron falsas, el mítico arte de gobernar que prometieron los priistas no regresó con ellos, los problemas de inseguridad se acentuaron y, al mismo tiempo, probaron que tampoco estaban listos para un electorado más crítico y un marco más democrático y transparente que en poco tiempo evidenció la cara más corrupta de la clase política. Escándalo tras escándalo a nivel federal y local, incluido el propio presidente, quedó claro que el «Nuevo PRI» solo tenía como novedad la juventud de sus miembros más visibles. Irónicamente, dinosaurios priistas como Manlio Fabio Beltrones, que vivió como diputado y senador las derrotas del PRI, parecían más acostumbrados a tratar con la oposición que personajes como Peña Nieto, que se formaron políticamente en feudos priistas como el Estado de México, donde gobernaban con carros completos.

Las coaliciones del PAN y el PRD en 2016, que lograron cierta euforia local, pasando de nueve a 16 gubernaturas si sumamos el capital de ambas fuerzas, tuvieron una corta vida. Los problemas internos en cada partido respecto a una alianza que parecía como agua y aceite, la nominación de viejos priistas como en Quintana Roo, que lo único que tenían del «Frente» eran sus siglas, y la falta de cambios importantes en el breve tiempo que tenían, provocó una ausencia de oferta para el elector. El esquema de alternancia entre el PAN y PRI, cada uno presentándose como oposición al otro, a pesar de que en muchos puntos de la agenda política actuaban sincronizadamente, y la desfondada del PRD, dejaron a los ciudadanos sin grandes opciones. Ante este escenario, el surgimiento de Morena, que en 2015 era todavía un partido pequeño, pero que tenía un claro liderazgo con AMLO, apareció en el momento perfecto. Así, la fuerza del partido se incrementó de 9% a 38% en la cámara baja, y en coalición de 11% a 61% de las curules.

Con estos datos no pretendo minimizar el triunfo de López Obrador. El hoy presidente electo triunfó también gracias a su persistencia, a una nueva estrategia electoral que aprendió de los errores de 2006 y 2012, a un claro diagnóstico de los problemas de México, que obtuvo porque recorrió el país a pie, y por un viraje en su discurso, que cambió su centro de la pobreza a la corrupción. A pesar de todos sus ataques, los opositores de AMLO nunca han podido demostrar que este haya incurrido en actos ilícitos.

¿Qué pasará con nuestro sistema de partidos?, ¿el PRI finalmente morirá?, ¿es el triunfo de Morena la emergencia de una nueva hegemonía? Es muy pronto para responder a estas interrogantes, sin embargo, la lectura histórica de los resultados para estos partidos nos llevan a desprender ciertas conclusiones. El peñanietismo fue un breve paréntesis en la decadencia observada del PRI en las últimas décadas, como también, podríamos suponer, la pérdida de fuerza del PAN que se observa desde 2006 podría ser un pequeño lapso antes de la recuperación de un partido con larga historia que capitalizaría eventualmente, desde su bastión en el Bajío, en Puebla y Yucatán, los errores de la administración de López Obrador.

Estos serán años de reflexión y reacomodo para estas dos grandes agrupaciones políticas. En el PAN los opositores de Anaya están al acecho, sin embargo, hay pocos con la fuerza para reorganizar al panismo. Calderón lo intentará desde adentro, Zavala desde afuera; Moreno Valle y su esposa Martha Erika Alonso podrían intentarlo desde Puebla; un posible pacto de gobernadores también es una opción, particularmente uno encabezado por Miguel Márquez, gobernador de Guanajuato, el único que hizo bien su tarea, al asegurar una contundente permanencia del partido en el gobierno estatal y al presentarse como la única entidad en la que no ganó AMLO.

El PRI, en cambio, la tiene mucho más difícil. A diferencia de 2000 y 2006, sus anteriores derrotas, en esta no tiene actores claros que puedan articularlo en el futuro inmediato. Los gobernadores priistas están dispersos sin ningún vínculo fuerte; muchos de ellos, incluido Del Mazo en el Estado de México, ya no tienen fuerza, pues Morena ahora controla sus congresos estatales. Figuras como César Camacho, exgobernador del Estado de México, exdiputado y senador, y presidente del PRI entre 2012 y 2015, perdió ante Delfina Gómez e Higinio Martínez de Morena en su búsqueda por un escaño en el Senado; incluso la primera minoría la ganará Juan Zepeda por el PAN-PRD. En la misma situación está Eruviel Ávila, quien probablemente no alcance a entrar ni como plurinominal.

El debilitamiento del PRI podría producir un modelo al que el sistema se encaminaba hace tiempo, pero que la presencia del otrora partido hegemónico y su discurso de centro impedía: el surgimiento de dos polos, la izquierda representada en Morena y partidos aliados, y la derecha representada en el PAN y fuerzas aliadas.

Con la reducción del PRD a partido marginal, que no solo perdió a muchos de sus miembros, sino también a sus votantes, Morena tiene el camino abierto y la fuerza para colocarse como el representante del bloque de izquierda. Sin embargo, todavía tiene enormes retos. No es gratuito que sea la única agrupación política que no tenga la palabra «partido» en sus siglas. Donde acaba el movimiento y empieza el partido no es una frontera clara aún. La heterogeneidad de sus integrantes, la migración de panistas y priistas, la coexistencia de grupos LGBTTTI y evangelistas, por citar solo algunos, la emergencia de una nueva clase política que desplaza a viejas dinastías a nivel local, son retos para un ente con estructura interna en formación y que solo tiene como amalgama el liderazgo de AMLO.

Las lecciones de este proceso electoral son variadas. Por una parte, significan una revolución institucionalizada, como esa que irónicamente el partido perdedor de esta elección, el PRI, tiene en sus siglas; la inclusión de un grupo no solo de políticos de izquierda, al margen del sistema, sino también de líderes sociales, actores, deportistas, jóvenes profesionistas que nunca han estado en el gobierno, supone un cambio profundo. No sabemos aún si su desempeño será positivo o negativo; carecen de experiencia en el gobierno, cierto, pero también eso supone la salida de una vieja clase política que había usado su conocimiento del sistema para la corrupción, el nepotismo y la perpetuación en el poder. La simple inclusión de grupos ajenos al sistema, excluidos sistemáticamente por él, es una buena noticia. Queda mucho por recorrer, pero el votante mexicano, claramente cada vez más complejo, nos mostró en esta elección que, así como da el poder a un nuevo partido, puede quitárselo. Alea iacta est, la suerte está echada.

 

 

NOTAS

[1] Numeralia. Proceso Electoral 2017-2018, Instituto Nacional Electoral, 29 de junio de 2018, 102 pp.

[2] Véase Atlas de Resultados de las Elecciones Federales 1991-2015, INE y el «Listado de Diputados por Grupo Parlamentario» en Cámara de Diputados, LXIII Legislatura, http://sitl.diputados.gob.mx/LXIII_leg/listado_diputados_gpnp.php?tipot=TOTAL.

[3] Los datos se obtuvieron de los Cómputos Distritales del INE con más del 99% de las actas computadas.

[4] Javier Márquez, «Cámara de Diputados y Senadores con un último corte del PREP (92% de las actas)», Twitter, https://twitter.com/JMarquezP/status/1014022142349008896/photo/1?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E1014022142349008896&ref_url=http%3A%2F%2Fwww.elfinanciero.com.mx%2Felecciones-2018%2Fpt-y-pes-tendrian-mas-diputados-que-el-pri

[5] «Morena con mayoría en 19 de 26 Congresos», Diario de Yucatán, 4 de julio de 2018, http://www.yucatan.com.mx/elecciones-2018/morena-mayoria-19-26-congresos

[6] «La Casa Blanca de Enrique Peña Nieto», en Aristegui Noticias, 9 de noviembre de 2014, https://aristeguinoticias.com/0911/mexico/la-casa-blanca-de-enrique-pena-nieto/

[7] Juan Montes, «Mexico Finance Minister Bought House from Government Contractor», The Wall Street Journal, 11 de diciembre de 2014, https://www.wsj.com/articles/new-ties-emerge-between-mexico-government-and-builder-1418344492

[8] «La Estafa Maestra. Graduados en desaparecer dinero público», Animal Político, 2018, https://www.animalpolitico.com/estafa-maestra/

[9] Joaquín López-Dóriga, «16 gobernadores presos, procesados o prófugos», Milenio, 19 de abril de 2017, http://www.milenio.com/opinion/joaquin-lopez-doriga/en-privado/16-gobernadores-presos-procesados-o-profugos

[10] Manuel Hernández Borbolla, «Peña y Calderón suman 234 mil muertos y 217 es oficialmente el año más violento en la historia reciente de México», Huffington Post, 23 de noviembre de 2017, https://www.huffingtonpost.com.mx/2017/11/23/pena-y-calderon-suman-234-mil-muertos-y-2017-es-oficialmente-el-ano-mas-violento-en-la-historia-reciente-de-mexico_a_23285694/

[11] Nayeli Roldán, «Con sus 7 triunfos, el PAN gobernará por primera vez 11 estados del país al mismo tiempo», Animal Político, 6 de junio de 2016, https://www.animalpolitico.com/2016/06/el-pan-supera-10-anos-de-malos-resultados-gobernara-11-estados-de-manera-simultanea/

[12] Karen de la Torre, Omar González e Irene Larraz, «#EstoSíPasó Ricardo Anaya aprobó las reformas de Peña Nieto y ahora las critica», Verificado, 1 de abril de 2018, https://verificado.mx/ricardo-anaya-aprobo-las-reformas-epn-ahora-las-critica/

[13] Susana Guzmán, «Acusan a Anaya de lavar 44 mdp al vender lote de empresa “fachada”», El Financiero, 21 de febrero de 2018, http://www.elfinanciero.com.mx/nacional/acusan-a-ricardo-anaya-de-lavado-de-dinero

[14] «Acuerdo General del Instituto Nacional Electoral, por el que se da respuesta a las consultas formuladas por el Partido Encuentro Social», INE, 11 de mayo de 2018, http://repositoriodocumental.ine.mx/xmlui/bitstream/handle/123456789/95984/INE-CG452-2018%20CG%20EXT%2011-05-18.pdf

[15] Juan Carlos Huerta, «Enrique Alfaro se desvincula de Movimiento Ciudadano», El Financiero, 6 de julio de 2018, http://www.elfinanciero.com.mx/elecciones-2018/enrique-alfaro-se-desvincula-de-movimiento-ciudadan

 

 

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Posted by Héctor Herrera

Héctor Ernesto Herrera Capetillo (Ciudad de México, 1987) es licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM y maestro en Ciencia Política por El Colegio de México, institución de la que forma parte del Programa de Investigadores Asociados. Coordinador del especial «Elecciones 2018» para Cuadrivio.

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