El periodismo en la encrucijada

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Cuatro plumas fundamentales de la profesión informativa

 

¿Cuál fue el legado de figuras como Julio Scherer, Miguel Ángel Granados Chapa o Vicente Leñero para el periodismo actual? Conoce más acerca de la trayectoria e influencia de estas icónicos periodistas, plumas fundamentales en el desarrollo del México moderno.

 

 

 

Karen Sinahid Esquivel Zaragoza

 

 

El periodismo no está llamado a resolver crisis, está llamado a decirlas.
Vicente Leñero.

 

El periodismo, como casi todo en la vida, ha evolucionado gracias a múltiples circunstancias, entre las que destaca el arribo de la era digital a la industria informativa y la manera en que esto modifica la dinámica de laborar para informar a la sociedad. Sin embargo, nada de esto ofrece los beneficios que debiera en sociedades como la mexicana, en la cual las agresiones contra periodistas y medios de información van en aumento, las relaciones que se dan entre el gremio y el poder se tensan y la autocensura figura entonces como parte de una estrategia de sobrevivencia. Estos factores han impedido realizar un ejercicio de investigación y crítica sin interferencias, características del buen periodismo. Pese a ello, creo que el periodismo debe continuar siendo el pilar que aporta a la ciudadanía el «capital informativo» necesario para exigir sus derechos.

Ante este panorama, nos queda preguntarnos qué nos dejaron periodistas de la vieja escuela como Gabriel García Márquez, Vicente Leñero, Miguel Ángel Granados Chapa y Julio Scherer, cómo ha afectado la dinámica social al periodismo, o qué podemos aprender de ellos para solucionar aquello que hoy nos aqueja.

 

La vieja escuela

Periodistas, escritores, guionistas, hombres de la vieja escuela del periodismo que dejaron un legado cuando de informar con responsabilidad y compromiso social se trataba es lo que fueron estos cuatro grandes.

Es curioso que ‒a excepción de Vicente Leñero‒ ninguno de ellos cursara estudios de periodismo y que sin embargo hubiesen desarrollado ampliamente la responsabilidad y lealtad propias de los mejores dentro de esta profesión; Scherer se matriculó en las facultades de Filosofía y Derecho de la UNAM, mientras que García Márquez inició sus estudios en derecho en la Universidad Nacional de Colombia, al igual que lo hizo Miguel Ángel Granados Chapa, aunque éste en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Tres de ellos serían compañeros de trabajo en Excélsior y durante varios años más en Proceso.

 

Julio Scherer García

Siete días después del inicio de este año, México recibió la noticia de la muerte del periodista Julio Scherer, un hombre comprometido con la verdad, la crítica y el análisis de los problemas en el plano nacional e internacional desde que en 1946 ingresó a Excélsior como ayudante de la redacción. En 1968 asumió la dirección de este periódico, la cual abandonó en 1976 tras el llamado «golpe a Excélsior» en la cooperativa del diario debido a la línea crítica que imperó en esta casa editora durante los sexenios de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, mientras Scherer estuvo al frente.

Acompañado de Vicente Leñero y Miguel Ángel Granados Chapa, en noviembre de 1976 fundó Proceso, su segunda casa, el semanario en el que desarrollaría por completo su ética y responsabilidad con los lectores. Aseguraba que ser periodista significa vivir en una realidad dual: «La realidad del mundo ancho y ajeno y la del mundo estrecho y propio», decía.

Su vida, a diferencia de la de Leñero y García Márquez, la dedicó a informar, criticar, narrar, explicar y analizar la vida de nuestro país desde diferentes enfoques.

Su obra maestra fue Los presidentes, que publicó bajo el sello de Grijalbo en 1986, texto en el cual describe las conversaciones y discrepancias que tuvo con los ex presidentes Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo y Miguel de la Madrid.

Como afirma el sociólogo y politólogo Xavier Rodríguez Ledesma:

Julio Scherer entregó un valiosísimo testimonio del significado y las consecuencias que tenía luchar por ejercer un periodismo libre dentro de un sistema político antidemocrático, caracterizado principalmente por un fiero presidencialismo que impedía cualquier posible atisbo de crítica o desobediencia.[1]

En 2013 publicó su último trabajo: Niños del crimen, un retrato de la vida de 49 niños encarcelados en el que Scherer hace un estudio minucioso de los factores que los llevaron hasta el punto de llegar a una cárcel en lugar de a una escuela. Se trata de la historia de 49 niños que fueron víctimas del corrupto sistema legal de México.

Scherer no tuvo limitantes temáticas, escribió tanto de temas sociales, políticos, religiosos, de grilla política, asuntos internacionales, como de pintura, literatura y artes. No obstante, tratar los asuntos asociados con la corrupción en los distintos niveles de gobierno fue aquello a que más se entregó durante su trayectoria.

 

Vicente Leñero Otero

Fue en junio de 1933 cuando la ciudad de Guadalajara vio nacer al que llegaría a ser periodista, literato e ingeniero civil, a pesar de no ejercer nunca esta última carrera, pues lo que realmente deseaba era escribir; en el periodismo encontró el sendero. Colaboró en el diario Excélsior y El Heraldo de México y trabajó para las revistas Claudia y Proceso. Vicente Leñero fue cofundador de Proceso al lado de Julio Scherer, por considerarlo un contrapeso necesario para el poder. Su literatura y enfoque periodístico lo consagraron como unos de los autores más importantes de la segunda mitad del siglo XX en México.

Si bien Leñero incursionó como autor de novelas, cuentos y guiones para teatro y cine, dentro del periodismo fue un hombre siempre comprometido con la verdad, e hizo de la crónica un género en el que retrató una parte de la realidad mexicana. Así lo demostró en dos de sus obras principales: la primera de ellas, Los albañiles, es un libro que publicaría en 1964. En él habla de las jerarquías sociales, de las condiciones de trabajo y de vida de los albañiles en las obras de la Ciudad de México, además de señalar –quizá para incomodidad de algunos– la corrupción en nuestro país. En la novela Los periodistas, Leñero narró el golpe a Excélsior por parte de Luis Echeverría, exhibiendo las míseras relaciones entre el poder y la prensa. Aquel año de 1978 el periodismo logró ser lo que el gobierno en turno intentó impedir que fuera: una instancia crítica.

Otro de los hechos que más recordaremos de la vida de esta emblemática figura de la información en México es la entrevista que realizó al vocero del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN); fue la segunda que Marcos concedió a la prensa y tras su publicación el 21 de febrero de 1994 alcanzó difusión internacional por su rigor informativo y porque el mundo estaba más que deseoso por saberlo todo del personaje y de lo que estaba sucediendo en México.

Dentro de Proceso lideró la sección de cultura, que impulsó con verdadera dedicación, haciendo uso de toda su experiencia para hacer de ella un espacio informativo al mismo nivel que el de noticias de economía y política.

Su trayectoria como periodista basta para que las nuevas generaciones comprendan la importancia del rigor y la veracidad en la prensa. Y su quehacer como cronista nos enseña que el género para informar no es sólo la nota. Cuando redactó –al lado de Carlos Marín– el Manual de periodismo (Grijalbo, 1986), quizá lo hizo sin imaginar los cambios que este oficio enfrentaría; no obstante, plasmó lo que todo periodista debe saber:

(…) El periodismo cumple su función en la medida en que se desarrolla no solamente con relativa libertad, sino como un ejercicio de liberación tanto de quien lo practica como de quien lo digiere. El periodismo pervierte su función cuando tergiversa, cuando miente, cuando negocia y cuando escamotea la información.[2]

 

Miguel Ángel Granados Chapa

Compañero de trabajo de Vicente Leñero y Julio Scherer en Excélsior, al igual que sus compañeros, se retiró con el mencionado golpe del gobierno de Echeverría para ser miembro fundador de Proceso, en la que colaboró hasta poco antes de su muerte.

Fueron 40 años de su vida los que consagró a la profesión informativa, y como reconocimiento a su destacada labor recibió el Premio Nacional de Periodismo en tres ocasiones (la primera fue por Mejor artículo de fondo en 1981, 13 años después obtendría el segundo por su trayectoria y en 2006 por su columna «Plaza pública»).

Dos días antes de su muerte –el 14 de octubre de 2011escribió su última columna, titulada «De coalición a coalición». Ésta fue su despedida:

Es deseable que el espíritu impulse a la música y otras artes y ciencias, y otras formas de hacer que renazca la vida permitan a nuestro país escapar de la pudrición, que no es destino inexorable. Sé que es un deseo pueril, ingenuo, pero en él creo, pues he visto que esa mutación se concrete. Ésta es la última vez en que nos encontramos. Con esa convicción digo adiós.[3]

Granados Chapa se caracterizó por denunciar en su columna los abusos del poder. En cierto momento afirmó que «los periodistas no deben ser socios de los políticos». Ser fiel a sus ideales fue algo que lo caracterizó. Gracias a esto, fue uno de los principales referentes del periodismo crítico debido a la seriedad y compromiso con los que escribía.

 

Gabriel García Márquez

A pesar de que su trayectoria es más conocida por sus obras literarias, los inicios del ya fallecido Nobel fueron dentro del periodismo. Así como en el caso de Scherer, Leñero y Moncada Ochoa, Gabriel García Márquez encontró su verdadera pasión y vocación en el periodismo. Su ejercicio informativo comenzó en El Universal de Cartagena, posteriormente fue reportero en El Heraldo de Barranquilla, elaborando una columna que llevó por nombre «La jirafa», y al paso de cuatro años regresó a Bogotá para escribir para el diario El Espectador.

En su texto El mejor oficio del mundo, habló de su preocupación por los cambios que se han dado y propuso el retorno del periodismo empírico, en el que existía una retroalimentación en las redacciones, y los periodistas eran grandes amigos y preferían hacer uso de la pluma y la libreta en lugar de la grabadora. Un periodismo que analiza, critica y comprende los sucesos de los que habla.

(…) Y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. Es decir, las empresas se han empeñado a fondo en la competencia feroz de la modernización material y han dejado para después la formación de su infantería y los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu profesional en el pasado.[4]

Uno de sus textos periodísticos menos conocidos, pero no por eso carente de valor, es La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile (1986), un reportaje en el que aborda la vida de un hombre que es exiliado de su país durante la dictadura de Augusto Pinochet. Miguel Littín regresa a su lugar de nacimiento luego de 12 años de exilio utilizando documentación falsa. Su propósito, además de regresar a Chile, es realizar una película para documentar los cambios visibles.

Su preocupación por el oficio y por la correcta formación de futuros periodistas lo llevó a constituir en 1994 la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano en Cartagena de Indias, Colombia, cuyo objetivo es ayudar a periodistas a recibir una correcta formación periodística y a establecer nuevas formas de desarrollarse dentro de la disciplina.

 

Cambios en el periodismo y su dinámica

Cada uno de estos periodistas, ejemplares en el uso de la pluma y el compromiso con la verdad, se distinguió por reflejar en sus escritos la realidad de forma inmediata y honesta, aun cuando en muchas ocasiones esta realidad fuera un escenario poco propicio a las expectativas del buen vivir. El respeto que todo ellos sintieron por la práctica informativa se reflejó al cuestionar, analizar y narrar desde su perspectiva los fenómenos de los que fueron parte, lo que fue también una forma de defender el oficio al que dedicaron buena parte de sus días.

Ante todas estas enseñanzas, no puedo dejar de enumerar algunas de las causas por las que considero que el periodismo cruza en la actualidad un camino de baches que impiden el mejor desempeño de su verdadera función. Reconozco, como muchos periodistas lo han demostrado, que es posible hacer un trabajo limpio que logre mantener viva la esperanza en un futuro mejor y la indignación sobre lo que, como sociedad, enfrentamos cada día.

En el origen del peor de estos males se encuentran las relaciones entre el gremio y el poder. El resultado de esta mezcla puede ser fatal. Ricardo Flores Magón se refirió a esto como «prensa-sombra»:

Para la prensa-sombra todo acto gubernamental es bueno, y no sólo eso: es magnífico. Apoyo de tiranías, convence al pueblo de que los hombres de brazo de hierro son seres que la providencia envía a la tierra para dirigir el rebaño humano, que sin ese brazo providencial echaría a andar no se sabe qué malos senderos. ¡Y el vulgo estulto se sobrecoge de pavor y bendice el brazo brutal que lo estrangula! ¡Ah, la prensa-sombra, cuántos males causa! Esa prensa justifica el atentado.[5]

Del otro lado de la moneda se encuentra la autocensura, que también parece apoderarse de las redacciones a causa de las constantes agresiones contra periodistas, impidiendo que la información llegue a los lectores con la franqueza que debiera. Sobra decir que en el México actual muchos medios la han practicado para evitar ataques. Finalmente, el más cruel y despiadado de los atentados contra la búsqueda de la verdad son los asesinatos contra periodistas. De 2000 a la fecha se registraron ochenta y dos asesinatos de este tipo en el país y tan sólo en lo que va del gobierno de Enrique Peña Nieto han sido veintidós los homicidios,[6] diez de los cuales se han dado en Veracruz.[7]

A partir de esto me pregunto: ¿cómo enseñar a construir una ética periodística en medio de la inseguridad y la coartación de la libertad de expresión si el Estado no es capaz de brindar las condiciones para el libre ejercicio del periodismo?

Lo primero, indiscutiblemente, sería que las autoridades garanticen el ejercicio de la libre expresión y lograr que se juzgue debidamente a los responsables. Pero ya que esto no ha sido posible, lo que se requiere a nivel interno es un análisis profundo tanto a nivel micro como macro, una reflexión personal que puede llegar a lo colectivo y considerar los alcances y restricciones de cada medio de información. Asimismo, es vital conocer las herramientas con las que contamos, pensar en qué podemos hacer para abrir espacios de crítica, replantear la visión desde el punto de partida, desde las universidades, y procurar sacar aprendizajes del ejemplo de los grandes periodistas, que se han caracterizado por ser personas intachables capaces de impulsar a nuevas generaciones ávidas de cambios sociales que buscan la justicia y un actuar sustentado en verdades y en el manejo libre de la información.

 

 

 

NOTAS

[1] CNN México. Recuperado el 23 de febrero de 2015 a las 5:36 pm de http://mexico.cnn.com/entretenimiento/2015/01/07/julio-scherer-el-periodista-incomodo-del-olfato-maravilloso.

[2] Leñero, Vicente y Marín, Carlos (1986), Manual de Periodismo, México, Grijalbo.

[3] Miguel Ángel Granados Chapa, «De coalición a coalición», en el Zócalo de Saltillo, 28 de febrero de 2015. Consultado en http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/de-coalicion-a-coalicion.

[4] Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Recuperado el 21 de febrero de 2015 a las 3:23 pm de http://especialgabo.fnpi.org/las-ideas-de-gabo/el-mejor-oficio-del-mundo/.

[5] Ricardo Flores Magón, «La prenda», en Memoria Política de México, 28 de febrero de 2015. Consultado en http://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/5RepDictadura/1906-LP-RFM.html.

[6] Fuente: Víctor Ruiz Arrazola, ejecutivo de protección de la Casa de los Derechos de Periodistas.

[7] Artículo 19. Recuperado el 7 de marzo de 2015 a las 8:23 pm de http://www.articulo19.org/periodistas-asesinados/.

 

 

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Karen Sinahid Esquivel Zaragoza (México D.F., 1993) es estudiante de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Futura periodista, fanática de la literatura de Edgar Allan Poe y Gabriel García Márquez. Contacto: karenesquivel@live.com.mx.

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