Dendrophilia

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Dendrophilia

 

 

Carmen Juan Romero

 

I

Ya lo advertiste

 

Yo duermo en un lecho de flores secas. Nada puede

cultivarse en esta tierra. Es por la humedad. Las

raíces se confían, crecen ya podridas. Esa es la condena, está en el

origen. Si las semillas germinan, teme, porque nadie

podrá salvar este campo.

 

Yo duermo

en un lecho de flores secas que crujen cuando respiro.

Si vas a quedarte

no sonaremos.

Si vas a quedarte

este lecho será el silencio y el huerto yermo.

 

II

Ya lo advertiste.

 

Volarán proféticas golondrinas hasta tu cuarto,

se desintegrarán pronunciándome y sabrás, es

el castigo, es el castigo por lucir mi nombre en el pecho.

 

Los valientes son los malditos.

 

La indiscreción se paga con plasma infectado.

La imprudencia se paga habitando el virus.

 

III

De modo que la escena es la siguiente:

 

ella (yo) armada como se arman los idiotas, ya saben,

un papel

algo con lo que arruinarlo

una coraza de viento

la boca, eso sí, la boca

cubierta por una cinta para que calle

cubierta por una cinta porosa para que entre el aire.

 

Ella (yo) dice

de acuerdo

asumo

silencio.

 

Vendrán la enfermedad y el castigo.

 

Ya lo advertiste.

 

 

IV

 

De modo que el discurso es el siguiente:

 

soy demasiado joven para agitarme en el aire pañuelo de despedida blanco como las palmas de las niñas blanco

 

soy

demasiado joven para no ser valiente

demasiado joven para no ser estúpida

demasiado joven para no estar maldita

 

soy

demasiado joven

para no dar de comer a la bestia

para no alimentar desde estas manos blancas la psicopatía

 

Vendrán la enfermedad y el castigo.

Ella (yo) estará esperando.

 

De Amar la herida (La Bella Varsovia, 2016)

 

 

(LA RENDICIÓN)

Verte los dedos manchados. Escribir sobre los dedos manchados. Escribir qué son esos dedos tuyos sucios, oscuros ahí, alrededor de las uñas, que corretean pisando de puntillas

el aire

el humo

  la noche huyente.

                                                                   Escribirlos, tus dedos manchados, para que no se me olvide lo pervertido que pueden llegar a volverme el estómago esas manos recién salidas de la tierra, esas manos que yo misma te ensuciaba de mí antaño, que yo misma oculté con una pala y la cara sudada y los ojos rojos porque en el proceso se me cuartearon los párpados y me sangraban de tanto llanto. Es tan curioso el cuerpo humano.

***

Haber escrito que hubo un tiempo, el del barro guardado debajo de las uñas descamadas, el del barro guardado debajo del pellejo, en el que pensaba que morir no era algo malo. No haberte, no haberme matado. Solo morir. La pala y la tierra y el invierno arribándose a tus manos, reconvirtiéndolas en otra cosa que me des-pertenece, mis manos arribándose a ese invierno de las tuyas y no sernos para el otro cuerpo más que para nuestro cuerpo. Qué hay en el invierno de malo.

***

Releer las notas de cuclillas entre los restos macabros del deshielo y sentir pavor y recuperar la pala y correr a sacarte del debajo de tanto barro guardado debajo de lo desconocido del cuerpo. Encontrar, a cambio del miedo, que has aceptado las manchas como propias y la tierra como madre y que intentas pero no puedes jugar a bailarte el aire con los dedos de unas manos violetas, sucias, ya extenuadas. Y entonces abandonar la tinta y abandonarme al abrazo de lo podrido, dejar que me acoja la noche con su olor a leche materna y los pezones enfangados de sacrificio, de tiempo, de fracaso póstumo del olvido.

Yo te maté y te guardé los dedos debajo de la tierra infinita. Yo te maté y escarbo entre las piedras antiguas, las confundo con tus falanges lunares.

¿Estabas aquí?

¿Estabas aquí?

***

El delito. La culpa. La condena.

***

La rendición.

 

Solo morir. No habernos matado.

De Amar la herida (La Bella Varsovia, 2014)

 

 

HE YACIDO DÍAS ANIMALES

 

Etcétera.

 

I

 

De modo que cada lunes era la oración. De modo que decía

Lunes, Alejandra, lunes. Lunes y tan poca fuerza ni para yacer la fuerza ni para yacer animalando, sabes, con el rugido y con las garras de la defensa despiertas ya antes de las pestañas porque tras la batalla y la herida la bestia se agotó de sangre se agotó de viento se agotó de yacer trescientos treinta y nueve días y yace aun así uno más por si mañana, sabes, por si mañana el bosque, etcétera.

 

 

II

 

De modo que me rascaba la animalidad de los pezones, de modo que negaba el mamiferismo diciendo

Tengo una jaula de aves dentro del pecho.

Aves que se están muriendo asfixiadas.

Sé que tengo una jaula de aves hecha de hueso y que los pájaros se me mueren. Porque no me picotean la carne desde dentro con furia, porque no se molestan en intentar abrirme la piel para huir en bandada.

Han empezado a oler. Los pájaros enfermos huelen pequeño.

Tengo el pecho lleno de pájaros encerrados que agonizan sin hacer ruido.

No soy madre de mil pájaros: los estoy ahogando.

 

III

 

De modo que la tierra sobre la herida, la tierra sobre la bestia que yace.

La bestia pensando haber enterrado a su presa sin verse el propio lomo cubierto y alguien sin rostro tendiendo la mano que salva, tendiendo la mano pero desde abajo.

 

IV

 

He sobrevivido a días yacientes, tiene la bestia manchas de sangre y barro en el costado aún abierto.

Alguien bello, sin rostro, se aproxima, primero la mano desde la tierra, luego la boca, luego la lengua

lame la herida

limpia la herida

cuida la herida

y quién es si no es víctima y no es verdugo

y quién es si no es la bestia y no es la presa, si tiene tierra en las uñas pero es de haber forzado la jaula.

Quién si hoy el aire y los pájaros saliendo, etcétera.

 

DENDROPHILIA

Ya mis hojas son pájaros huyendo.

Julia Uceda

I

 

soñé en mi cuerpo una máquina.

 

      latía rugiendo el pecho

      batían las válvulas

      y el ombligo vertía aceite negro petróleo

      negro pez espesa

      sin refinar

      a borbotones vertía el ombligo sangre negra

      sangre    pez    petróleo

      sin refinar

 

 

II

 

soñé

  con un corazón

metálico

 

latía yunque / campana / arrecife

de cromo

varado contra el hueso

 

 

III

 

dice bruma

   –    algún día los restos brillantes en el colchón

   –    ¿tendrán esquirlas de aquel rugido?

   tus entrañas, ¿tendrán?

 

IV

así sea.

esquirlas plateadas

 alrededor del sexo el óxido

las sábanas blancas

   alrededor del sexo restos

brillantes

   plata

 

 

(ad minimum, 2016)

PÁJARO LLEGADO CON LA LLUVIA

 

ven pájaro llegado con la lluvia,
déjame que me mire, casi dos
negrísimas cabezas de alfileres
son tus ojos y quiero verme en ellos,
hecho para la Muerte cantas menos

Antonio

Colinas

 

escribí un pájaro me traerá la muerte y no vendrá

escondida en su plumaje: será hermosa y brillante.

vendrá en su mirada de gloria a modo de espejo.

 

un pájaro me traerá la muerte, sí, estaré en sus ojos negros

dirán la muerte va a alcanzarte cuando

la lluvia cese, cuando el aguacero sea ya río en la tierra y

el río sea veloz y arrase. entonces.

 

escribí

tengo una jaula de aves dentro del pecho

y

se alimentan a base de órganos vitales.

y también

el pájaro que me traiga la muerte entrará por los ojos.

sus ojos negros profetas penetrarán los míos y

penetrarán la garganta y luego los pulmones y se adormecerá

donde hubo un estómago y ahora sus restos

y se revolverá más tarde al descubrir:

reposa sobre los huesos de otros pájaros que me habitaron.

 

escribí lo siguiente:

el pájaro que haya de traerme la noche

comerá de mis entrañas

beberá de mis arterias

y

     este cuerpo será el hogar

     este cuerpo será la tumba

 

 

De Bajo las raíces. 40 años de Sepulcro en Tarquinia (La isla de Siltolá, 2015)

 

 

«Black Wall»

Joe Hisaishi, Quartet

 

 

dónde van estas vías largas como las pestañas de los ciervos mamá.

 

he soñado con unas vías de tren ardiendo

he soñado que viajábamos a lomos del incendio

que viajábamos montadas sobre lenguas rojas y

cuando llegábamos el Bosque.

cuando llegábamos el Desierto.

 

dónde van estas vías mamá

estas vías prendidas

del color

de la sangre

de mil pueblos perdidos.

 

he soñado que el equipaje estaba hecho de páginas doradas

que tenía las manos llenas de páginas doradas que no entendía.

qué dicen estas líneas mamá que hablan en el idioma del fuego.

¿aprenderé el crepitar de las llamas?

¿sabré leerlas, sabré decirlas?

 

suena Hisaishi y tengo miedo.

voy a volverme loca mamá.

he soñado de nuevo aquel sueño que tenía de niña

¿recuerdas que te mataba abrasando?

¿recuerdas que vertía en tus manos la caldera

 en tu cabeza la caldera hirviendo?

no, claro que no.

nunca te dije te quemo en sueños y luego me marcho en este tren vacío.

 

cae una lluvia morada mamá.

llueve y se apagan las vías las palabras los sonidos.

 

ya no vamos a ningún sitio.

 

 

 

________________

Carmen Juan Romero (Alicante, 1990). Estudió Humanidades en la Universidad de Alicante y el grado profesional de flauta en el Conservatorio Guitarrista José Tomás. Fundó y dirigió durante dos años Salitre Revista Cultural. Ha participado en varias antologías como narradora y poeta. Junto a Anna Roig forma Le mot le plus doux, dúo artístico que une poesía y collage. La pareja publicó [po-co] en 2013. Ha colaborado con la fotógrafa Irene Cruz en las publicaciones Blumen y EquusAmar la herida, su primer poemario, obtuvo el VII Premio de Poesía Joven Pablo García Baena. Librera y profesora de música, en la actualidad forma parte activa del grupo de agitación cultural Letras de Contestania. Más de su trabajo en www.carmenjuanromero.wordpress.com.

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