Lo mejor está por venir

El escritor español Enrique Vila-Matas (1948) nos presenta su más reciente novela, Dublinesca, un título ya joyceano –inspirado en el título de un poema de Philip Larkin–, donde se nos pone en el funeral de una prostituta al que sólo asisten sus colegas.

Enrique Vila-Matas, Dublinesca,
Seix-Barral, 2010, 325 pp.

How could I even imagine
such life here that my plain days could earn
the life my dreams imagine?
For what takes roots or grows that owns no root?

Louis MacNeice

pasos mentales más que sombras,
sombras del pensamiento más que pasos,
por el camino de ecos
que la memoria inventa y borra.
Octavio Paz

Joaquín Guillén Márquez

Un recorrido por las calles siempre trae, para el buen conocedor, nostalgia, reflexión acerca de lo que cada uno hace en esta vida. Dependiendo de la edad del buen paseante veremos sus pensamientos de diferentes maneras; descubriremos, por ejemplo, que tiene planes en el futuro, que está pasando por su mejor momento, o que simplemente se lamenta por todo el tiempo perdido, por todo lo gastado en su vida. No olvidemos –no olvidar será importante– a la ciudad, llena de fantasmas, de personas, de voces.

El escritor español Enrique Vila-Matas (1948) nos presenta su más reciente novela, Dublinesca, un título ya joyceano –inspirado en el título de un poema de Philip Larkin–, donde se nos pone en el funeral de una prostituta al que sólo asisten sus colegas. Dublinesca es un réquiem, una parodia por el fin de una era, un recorrido histórico, visual y literario de una ciudad que no es Dublín ni Barcelona; esa ciudad es Vila-Matas con sus habitantes distinguidos: James Joyce, Sammuel Beckett, Paul Auster y un largo etcétera.

La novela pretende ser una despedida, ¿a qué? A todo. Samuel Riba, un personaje que se antoja quijotesco, se considera a sí mismo el último editor puramente literario. A través de un narrador omnisciente, conocemos que Riba es gris, sólo quiere sentirse por un instante en el centro del mundo; sin embargo, el narrador es tramposo, sin ser el personaje nos deja ver mucho de él debido a que la voz narrativa se confunde con la voz del personaje. No sabemos a quién seguimos ni quién somos; la parálisis y la frustración de Samuel Riba es la misma que la del lector, ese turista que se deja guiar por el personaje en una ciudad llamada Enrique Vila-Matas.

La trama de la novela está conectada directamente con James Joyce. Samuel Riba ve el ocaso de su profesión y decide dar un funeral a la gran puta de la literatura en Dublín, justo en el bloomsday, lo que sólo enriquece más la intertextualidad del autor.

A través del protagonista, Vila-Matas plantea la siguiente reflexión para los lectores: Es una etapa de cambios, estamos viendo desaparecer a la literatura como se conoce; hoy el internet es más fuerte, poco a poco hay menos escritores geniales y los editores van desapareciendo.

Dublinesca es una novela apocalíptica. Aquí conviven por igual Joyce y Frank Sinatra. Vila-Matas hace que Riba nos presente su teoría de la novela del futuro, elementos que la novela del español toma en cuenta. Dentro de todas esas voces literarias, también existen ecos de una nueva sociedad, timbres musicales. En esta ciudad sólo hay gente conocida.

Riba puede ser la representación de una sociedad que se niega a caer. Frustrado como sólo él, dice padecer del mal del escritor; en su tiempo fue un editor bastante original, pero nunca pudo encontrar a ese escritor fundamental, ese escritor que nunca se atrevió a ser. Las malas de Riba son también las malas de aquella sociedad, misma que nunca pudo ser quien debía, sintiendo ante el futuro admiración y desesperación. Sabe que su tiempo ha pasado, nunca logró convertirse en quien él quería.

Una de las ideas bomba de la novela es el exigir un lector experimentado, que pueda descifrar. Riba expone que una menor calidad literaria se debe a lectores de menor capacidad, no se da cuenta que la literatura es un trabajo de varios, que escritores debe haber y deben ser igual de buenos que sus lectores, que los creadores y editores son quienes deben ofrecer la calidad para incrementar el mercado lector, para hacer realidad la utopía literaria que desea; él sólo busca excusas para un oficio que los suyos ya no pudieron rescatar. El mundo es de otros ahora.

Samuel Riba es el único personaje que Vila-Matas trabaja, afortunadamente, Dublinesca, es una novela que se deja leer, sencilla y con muchos guiños literarios que los «lectores experimentados» –como los que reclama el personaje– agradecerán. Riba se enfrenta a sus fantasmas: a su esposa que es sólo un reflejo de lo que está bien, caso contrario a Molly Bloom, y a sus padres, la maldición que no los deja salir. Aquí encarna la voz de Paz: «En la casa de Samuel los muertos eran más que los vivos».

Dublinesca parece pretender ser una respuesta a esta etapa, es una despedida. Como novela tiene la función de narrar la vida de un personaje gris que de pronto, abre su corazón –como Don Quijote y Leopold Bloom–, dentro de una poderosa narración –por mucho lo mejor de la novela–, Vila-Matas teje a su personaje sólo para despedir, no a la gran puta de literatura, sino a una época agonizante. Más que una despedida es una bienvenida a lo que sigue. Lo mejor, para la literatura y para Riba, está por venir.

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Joaquín Guillén Márquez (México, 1990) es estudiante de Literatura Inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha colaborado en El Universal, Punto en Línea, Palabras Malditas y La Movida Literaria. Es asistente editorial de HermanoCerdo y miembro del consejo editorial de Cuadrivio.

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Posted by Revista Cuadrivio

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