Dos cuentos de Alain Stevez

Por Alain Stevez

Primera imagen: un hombre soñando al principio de su muerte, tendido de bruces sobre el camellón terroso que divide una avenida. Sale cubierto en brazos de su madre, entre la vivencia de su primer sueño en el mundo.


Del otro lado

A Cortázar

Primera imagen: un hombre soñando al principio de su muerte, tendido de bruces sobre el camellón terroso que divide una avenida. Sale cubierto en brazos de su madre, entre la vivencia de su primer sueño en el mundo.

I

A falta de un sentido más abstracto escribo, y mira que la tarde corre detrás de la puerta iluminada bajo el sol que le pertenece por un día. Ocupada y discreta esta tarde, con sus autos y sus gentes de siempre, con las sombras que se alargan mientras envejecen y esos aires que se sienten a principios de año.

Afuera, la vida no espera a quien descansa anclado en este pequeño mundo de panqués y medias palabras comprensibles entre el oleaje del fluido mar chino. El bus no hace parada en esta entrada; le teme a los dorados frentes del Mei-Hua, imposible palabra que sabe a café cargado y leche de botella.

La vida detrás del aparador se asoma indiferente al dulce del pan que se toma ágil con las pinzas, al limpiar repetido con el trapo en el mostrador y a mi mano posada sobre libros de este otro lado. Pasa la gente irrepetible, se cargan y vacían los transportes, se dobla este sol pasando a frío en la esquina, mientras el ritmo del año se reanima.

Como el suicida que detiene un auto, haciéndose un obstáculo que se desploma por voluntad en la avenida, mira cómo hago este lunes tuyo y mío partiéndolo en dos, con frontera de puertas abatibles y múltiples recuerdos que no parecen ser ayer.

Tu compañía como fruto que se prueba sin quererle ver fin, separado de ella por una razón que no me molesto en aceptar. Y como todo se deja transcurrir sin hacerle feos al tiempo, te miro mientras tengo que dejar de verte; tal como me dejaste y vendrás en un rato, siempre tú, llevando a cuestas la manera como se te busca del otro lado, pestañeándome mientras cumples con tu oficio, amándome sin saber.

Bosteza, comenzando su última hora la tarde, llenando de más minutos mi vida en muerte, alimentándola con un ocaso de día seis. Fíjate cómo la luz se hace menos, allá, del otro lado de las letras que flotan en el cristal; cómo la gente camina mientras me ve desde arriba con espanto y su ritmo se apaga, justo para llegar a casa y desnudarse los pies.

Cómo me pareces más cerca por encontrarme tan feliz aquí, ya casi sin avenida y con mucha más noche por delante. Donde también te espero encontrar, como si no me hubieran tocado las horas ni la muerte en este mi lado, mi lado otro, camellón terroso.

El día y otros cuentos

A Quino

Gentil auditorio, a continuación haré breve pero consistente lectura de mi última inspiración poética, titulada «El día y otros cuentos».

Hoy no es un buen día… Corrección: empleo la palabra día sin hacer referencia a una hora particular entre el alba y el ocaso; podría ser cualquiera, dependiendo de la visión cronológica que tenga el lector en su situación particular. A decir verdad, la palabra corrección tampoco corresponde a una enmienda que el autor haga con fines conciliatorios o para retocar alguna imprudencia en el texto. Por supuesto, del texto mismo no hay nada que corregir.

… el cielo se encuentra nublado. Este adjetivo, fuera de ser reiterativo al saberse ya que el día no resulta propicio, es simplemente descriptivo para resaltar la calidad visual del tiempo y únicamente representa la visión personal de una situación meteorológica, no un pronóstico. El cielo, por su parte, es referencia meramente astronómica muy general y no pretende una descripción teológica ni caer en sofismas que degeneren en explicaciones inútiles. Considero importante mencionar a estas alturas que mi fe católica es incorruptible y que no deseo anatemizar en lo absoluto.

Acudo, pronto, al cobijo de mis tres recuerdos… Nótese, ante todo, la prontitud llena de ambición –bien intencionada desde luego– porque Mahoma vaya a la montaña, provocada por las características apremiantes del día y el cielo que, irremediablemente, conducen a cierta romántica nostalgia de abrigo, típica de un alma pura y soñadora. Con respecto a la cantidad y los recuerdos, remarco que elegí dicho número tras una cavilación de lo más profunda, la cual tuvo como beneficio un dígito muy austero. De esta manera el autor pretende, antes que nada, llegar a todos los niveles intelectuales sin hacer ningún tipo de discriminación elitista. Consecuentemente, la idea que encierra la palabra recuerdos sobreentiende que gracias a ellos la vida es bella a pesar de sus imprevistos (Ver: Hoy no es un buen díaEl cielo se encuentra nublado). Nuevamente, la intención del autor es transmitir la optimista filosofía de «A mal tiempo, buena cara», así como la necesidad de ser perseverantes y positivos en los momentos más difíciles de nuestra existencia. Aclaro también que dichos recuerdos son esencia y en ningún  momento he pretendido mencionar  detalles bochornosos que involucren a ninguna dama, por lo que advierto que cualquier conexión con la realidad es pura coincidencia.

… y lleno de serpentinas mi hogar. El verbo llenar es sólo un decir literario y no una acción consumada, pues no cuento con esa posibilidad, ya que mi mujer, Dios es testigo, jamás me lo permitiría. Por otra parte, el hogar o casa es el común y corriente que todos los que vivimos dentro de los límites de la decencia  podemos tener; del que se dice: «El mío, que es el de usted», o «La suya», sin guardar el doble sentido que se da a estas amables frases en boca del vulgo.

He querido dejar todo esto bien claro, pues la tendencia a complicar la bella literatura es muy frecuente en nuestra época, y la sencillez y el decoro parecen ser, por su lado, tristemente desplazados, confundiendo la belleza sin el menor cuidado.

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Alain Stevez Angien (1969) es actor y escritor. Ha publicado sus trabajos en diversos diarios y revistas y obtenido reconocimientos por su trabajo literario y teatral. Estudia la carrera de Actor Profesional en el Centro de Arte y Teatro de Emilia Carranza y el Método del Actors Studio en la Casa del Lago de la UNAM. Acude también a la Escuela de Escritores de la SOGEM y a diversas cátedras y cursos de poesía. Fue coordinador del área de Teatro en el Instituto Potosino de Bellas Artes, en San Luis Potosí, y en el Instituto de Cultura de Playa del Carmen, Quintana Roo.

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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