De la primera carta del apóstol Edison a los Hollywoodenses

Hollywood y la innovación han ido siempre de la mano. Desde sus orígenes, esta multimillonaria industria ha sabido adaptarse a una serie de cambios, desde la aparición del sonido hasta la consolidación de la televisión y la animación digital. Alejandro Murillo señala humorísticamente momentos paradigmáticos de este proceso, así como los acercamientos mexicanos a la siempre cambiante maquinaria hollywoodense.

Hollywood y la innovación han ido siempre de la mano. Desde sus orígenes, la experimentación y constante evolución han sido los trade marks de esta multimillonaria industria, que ha sabido adaptarse a una serie de cambios, desde la aparición del sonido hasta la consolidación de la televisión y la animación digital. Alejandro Murillo señala humorísticamente momentos paradigmáticos de este proceso, así como los acercamientos mexicanos a la vertiginosa y siempre cambiante maquinaria hollywoodense. 

 

Alejandro Murillo

 

La academia, los estudios, las estrellas, las superproducciones, la jerga. Como con todo, la realidad es que hay muchos Hollywoods relacionados entre sí, proyectando todavía esa imagen mundial de superproduc… ejem, queremos decir superioridad.

En entrevista con The Hollywood Reporter,[i] Keifer Sutherland,[ii] actualmente estrella de la te-le-vi-sión, asegura nunca haber estado desempleado pero luego afirma: «Lo cierto es que el Hollywood de antes producía TODAS las películas, tanto las de ocho como las de cien millones. Ahora, casi todas son producciones independientes a menos que el menú infantil incluya el respectivo juguete».[iii] Como si la meca del cine estuviera regida por $ierto$ ($ic) intere$e$ de ciertas empresas, que no vamos a mencionar pero que comienzan con trans y terminan con nacionales.

La idea de independencia permea en México como en casi cualquier otro país donde toda película es básicamente una producción no industrial. Detrás de cada objeto terminado no siempre es fácil que exista otro a punto de salir listo para empacar. Igual pasa en casi todos los continentes, con excepciones aún distantes como la experiencia india, que permanece bastante inédita en nuestra república, con minúsculas, y que despliega un sistema de producción bastante distinto al hollywoodense, aunque aparente tener una similar superestructura, valga la expresión.

Es probable que eso haya impulsado el auge de la televisión hasta llegar al bendito Netflix, sin dejar de mencionar lo que se produce y se sube al alcance de los usuarios a través de ciertos atajos de la red mundial abierta. Antes de esto, hace aproximadamente unos cien años, el mismo auge de la mera ficción en el cine fue lo que tomó por sorpresa a este espectáculo con propósito científico.

Ya no tenemos qué más proyectar, dice Alexander Kluge en sus 120 Historias del cine.[iv] Dice que dijo uno de los primeros exhibidores cinematográficos, cuando un asiduo espectador y probablemente también uno de los primerísimos cinéfilos preguntó en taquilla: ¿no tienen otra cosa? Alguien tal vez se imagine que el taquillero respondió «El regador regado», mientras el espectador tronaba los decepcionados labios.

Películas, vistas… ¿cómo habrá sido presentada la llegada del tren o la salida de la fábrica ante aquel primer público que se hartó de verla repetida? A estas alturas, importa más el recuerdo de la primera función de cine y el olvido de las exhaustivas cintas mediocres.

Según Kluge, ese primer hartazgo originó en la cadena de posibilitadores del cine la idea-necesidad de proyectar películas que se pudieran registrar más rápido que la realidad misma. Es decir, tomar las historias existentes y representarlas ante el primigenio objeto de registro, con una duración y una temporalidad prácticamente teatrales, para poder dar muchas funciones sin depender del rodaje, revelado, impresión, copia y distribución de las llamadas por la arqueología del cine «vistas» de la realidad.

Consecuentemente-oficialmente, gracias a muchos de los experimentos de aquellos que comenzaron a hacer cine en ese lugar del desierto de California, de la idea de representación teatral se pasó a una de las más populares maneras de fragmentación del plano y la construcción de montaje mudo, posteriormente audiovisual; hasta que en nuestros días contamos con cine dotado de efectos fotográficos, la animación digital y otros como las actuales salas en 3 y 4 D.

Sin duda, es la excelencia tecnológica a cualquier costo la mayor virtud de la gran industria y todavía meca del cine mundial. Que del resto del cine aprendamos a ser mejores humanos mientras el otro nos mantiene entretenidos e idiotizados, defendiendo valores convencionales y tan arcaicos como la excelencia técnica, no es del todo culpa de los americanos (sic). Al fin que también son muy dados a la autoparodia, como pocas cinematografías: la coreana, la española, la «nuestra» y la inglesa.

El punto es que poco se sabe que lo «hollywoodense» es más un adjetivo que una verdadera cualidad de muchas películas estadounidenses, que el Óscar ha recaído la mayoría de las veces en manos independientes, y cómo se traman las estructuras de actores, publicidad, historias y demás en lo restante de lo que sigue siendo un titán del cine.

«Alrededor mío hay tanta gente haciendo que no parezca una tarada frente a la cámara… y además nuestros salarios son TAN altos»,[v] confesó una conmovida ganadora del premio del sindicato de actores, Julia Roberts, a principios del último año del siglo pasado. Así es como se entera uno de qué piensan quienes hacen Hollywood. En contra de muchos glamurosos mitos, existe en casi cada nuevo ser humano el gen del mito del héroe tanto como el de la trama de Star Wars, la muerte de Marilyn y la de James Dean. No está de más mencionar las fatalidades que merodean el desmedido éxito al que aparentemente nunca se acostumbran no solamente los actores, sino todas las superestrellas construidas por el enorme aparato que contempla desde los ejecutivos de la producción hasta los espectadores, una trama que incluye hasta al cajero del fast food.

De eso se ha hablado con bastante claridad en títulos como Hollywood Babilonia[vi] y relatos como Hollywoodland, seguramente mencionado más de una vez en este dossier. También, de viva voz, apelando a su persona y no a su habilidad para entrar en personaje, gracias a la publicación en YouTube de unas mesas redondas realizadas por el mismo Hollywood Reporter, en donde participan distintos trabajadores la mayoría de todas las llamadas performing arts (teatro, cine y televisión), algunas informaciones no ficcionales están comenzando a ser reveladas, por ejemplo: los actores que aparecen en un programa de televisión rodado a multi-cámaras trabajan al menos tres veces menos que los que se realizan a una cámara, «como en el cine».[vii] Esto necesariamente modifica el trabajo del actor, pero es también un indicio para rastrear la economía de esta industria ya no sólo por la información privada-personal-íntima-irrelevante de quienes más dan la cara por ella.

Eso en cuanto a la función de la superestrella actoral. Otra tangente de la esfera muy conocida indica que Hollywood es el motor de buena parte de las finanzas federales, así como el epicentro de una forma de pensar en hacer cine. No por nada cineastas españoles comienzan a fundar oficinas en esa costa y a emular sus fórmulas desde el desastre natural hasta el terror, la comedia y la animación, incluso filmando en inglés.[viii] En cuanto a Hollywood como forma de pensar, en el reportaje del mejor programa de periodismo cinematográfico, «Días de cine», de RTVE, sobre la película Heaven is for real (Randall Wallace, 2014), se menciona «ese cocedero de delirios naif que es ese territorio contemplado entre Nueva York y Los Ángeles».

Por ello, no hay que temer a Hollywood. Simplemente, como decía el slogan de los Expedientes X, «No confíes en nadie». Es evidente que una actitud crítica ante un sistema tan poderoso nos permite distinguir aquello que Truffaut decía sobre el minuto de gran cine que toda película debe tener, que demuestran incluso algunas películas del comediante Adam Sandler, como Mi esposa de mentiras o El hijo del diablo, así como innegables clásicos de antaño, como los que se cuentan en la filmografía de Billy Wilder, por mencionar sólo uno.

Es un vaivén, el de las innovaciones, entre todas las cinematografías al alcance del espectador. Del laberinto de este minotauro aún no hemos salido, en épocas donde las respuestas planteadas por Eisenstein –quien también pasó por California—, continúan vigentes.

El avance de la biopic de Cantinflas, que incluye por supuesto las escenas en inglés sobre su contratación para participar en la superproducción hollywoodense ganadora del Óscar La vuelta al mundo en 80 días (Michael Anderson, 1956), se anuncia con la participación de Lionsgate, distribuidora «americana», y es protagonizada por un español de impresionante parecido. Junto con el fenómeno español, y otras experiencias como los remakes estadounidenses de películas como Old Boy (Park Chan-Wook, 2003), estas experiencias dan cuenta del alcance de la co-producción transnacional, pero también de hacia dónde se está dirigiendo, con qué estilo y en qué idioma –el avance más visto viene narrado por intertítulos en inglés.

En este vaivén de innovaciones tecnológicas, conceptuales, y emulación de sistemas económicos, podemos terminar refiriéndonos a los mexicanos que han estado a la altura de Hollywood, aprovechando que sigue fresco el Óscar de Cuarón, ¿verdad? Además de éste y Cantinflas, Katy Jurado, el Indio Fernández, Dolores del Río y otros mitos (que seguramente ya están comenzando a ser recordados por quienes compartimos estos párrafos) que han participado e influido en la creación y difusión de la idea de lo hollywoodense. Muy cerca del Óscar, Jurado obtuvo un premio de la prensa extranjera, mientras que Gabriel Figueroa fue el primer fotógrafo candidato a este premio.

Braceros paisanos trajeron esos conocimientos de su experiencia arriba del río Bravo hasta llegar a ser los más poderosos, a mediados del mismo siglo. En más de una ocasión, la Academia de Hollywood se ha manifestado interesada en reconocer las producciones mexicanas, siendo la última el rumorado séptimo u octavo lugar que Arráncame la vida (Roberto Sneider, 2008) ocupó en la competencia por el Óscar de película extranjera.

Sin orgullo, con la misma actitud crítica antes descrita, posiblemente el último plano de dicha película contenga el minuto de gran cine que Truffaut quiso dignificar. No por defender la película, sino por ubicarla dentro del contexto de los electores de la AMPAS, que por supuesto no son perfectos.

Hollywood participa de los cambios tecnológicos de la era digital influyendo y viéndose influida de estos modos por la historia y el poder de otras experiencias de producción, en una época en la que incluso el NYT se encuentra redefiniendo su futuro.

 

 

NOTAS

[i]  «Drama Actors: Full Uncensored Interview», usuario The Hollywood Reporter, https://www.youtube.com/watch?v=vVEparrBK8A. Consultado el 29 de Julio de 2014.

[ii] http://www.imdb.com/name/nm0000662/ Consultado el 29 de Julio de 2014

[iii] Op. cit., minuto 17:45.

[iv] Alexander Kluge, 120 historias del cine, Caja Negra, Argentina, 2010.

[v] «Julia Roberts Wins Screen Actors Guild Awad (2001)», usuario VivWardRegBevWil, https://www.youtube.com/watch?v=wEx8ifNFWMw, minuto 2:20, consultado el 29 de Julio de 2014.

[vi] Kenneth Anger, Hollywood Babilonie, Tusquets, México, 2013.

[vii] «Full Uncensored Comedy Actor Emmy Roundtable», usuario The Hollywood Reporter, https://www.youtube.com/watch?v=lyCiJhbkq90, minuto 46:21, consultado el 29 de Julio de 
2014.

[viii] «Españoles en Los Ángeles», Radio Televisión Española, en http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/dias-cine-espanoles-angeles/1994253, consultado el 29 de Julio de 
2014.

 

 

 

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Alejandro Murillo (Chihuahua, 1985). Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM y recién egresado del CUEC. Ha sido candidato a un premio Ariel, en la categoría de Cortometraje Documental, así como participante en los festivales de Huelva y Monterrey por el trabajo Hasta la punta de los dedos. Si nos dejan obtuvo el premio al Mejor Cortometraje en el Festival Mix, y fue proyectado en festivales de Vancouver, Berlin, Turín y Melbourne. Profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y prepara dos largometrajes.

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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