Cuando muere un árbol (Poesía del desierto VI)

En esta selección del poeta sonorense Bruno Ríos, sexto invitado de la serie «Poesía del desierto»,​​​ encontramos la reiteración de la destrucción y la muerte, un yo que dialoga con su entorno, árido y violento.

DE CUEVA DE LEONES (2015)

 

La tierra es una puerta

I

 

Alguien dice

en el radio

en la tele

en la iglesia

en las cantinas,

que una ancha y malévola

piedra monumental,

un celeste puñetazo,

se estrellará contra la Tierra,

prontísimo.

De ese pedazo espacial,

ese excremento alienígena,

saldrá Cristo, Alá, Jehová,

y nos iremos todos juntos,

tomados de la mano

como hermanos,

derechito al infierno,

al fuego en donde descansan

los reptiles antiguos.

Lo que no dicen es que no hay hermandad

en la Tierra,

y que nosotros, todos juntos,

unidos,

somos otra piedra

celeste, otro pedazo

monumental:

siempre en trayectoria de colisión,

siempre una piedra y otra piedra,

que genere un nuevo cisma;

el crack en el templo

del mundo.

 

II

 

El polvo tiene la

peculiar cualidad de

entrometerse en lo que

no le importa;

pero el polvo también

sepulta.

Se cuela en las

casas que no son casas ya,

casas que son casas todavía,

casas sin hogar,

casas cascarón,

cartones de casas.

Casas.

Alguien, alguna vez,

se preguntó si los naranjos crecerían fuera

de California.

Y los plantaron en el desierto;

y crecieron en el polvo,

o tal vez, sobre la espalda

del león.

 

Frescas naranjas del polvo.

 

III

 

Noche,

 

mi niña chiquita,

pequeñita niña encubridora,

cómplice y madre niña

apocalíptica,

niña aturdidora niña

mía fría niña

pobredora, niña

realísima niña mía:

entra por esta puerta,

por las ventanas,

por los ojos claros

pálidos y tristes

de este viejo árbol viejo,

con estos viejos zancos viejos.

 

Niña noche mía,

arrugada niña terrible

niña nuestra:

entra ya, aquí.

Quédate.

 

IV

 

Paciencia.

Paciencia…

 

Respira el aire posible,

la potencia de esta ciudad

destruida.

Aquí se muestra lo que

en otros sitios se esconde.

 

Sitios.

 

Paciencia.

Esta breve ciudad fue destruida

una, dos veces.

Y volverá a destruirse.

Esa es su potencia:

ser siempre un montón

de ruinas.

 

V

 

Detrás de la puerta amarilla

hay un hombre en silencio;

afuera, están las cosas,

los tiempos múltiples,

los otros hombres.

Las mujeres.

 

Y las horas.

 

Ese hombre no lo sabe.

No sabe de mujeres,

ni de los árboles,

ni de los otros,

la tierra misma.

 

La tierra es una puerta.

Amarilla.

 

Adentro.

 

VI

 

Una alondra es un ave pasajera.

También un nombre, una palabra

cancionera y triste,

melancólica ave de paso.

 

Alondra.

 

Es una mujer.

Una mujer que lo ha perdido todo.

Una mujer que come cenizas

dentro de una urna, con los dedos

húmedos, empapados de saliva,

como el vientre estéril de la boca.

 

Alondra.

Qué palabra tan hermosa.

Qué mujer terrible y descompuesta.

Qué ave pasajera tan presa,

en la jaula más antigua

de esta casa.

 

VII

 

A Rodas entraron los ejércitos por el sur,

y reventaron sus compuertas con el golpe,

el odio de un Dios que se parte de risa.

Las piedras se inflamaron de tristeza,

se hincharon de la muerte santa santa

santa muerte sobre las murallas henchidas,

eternas,

abiertas a los pasos foráneos de los caballeros.

 

Pisaron sus leones en el suelo,

y siguieron devorándose,

uno por uno, las pequeñas piezas del mosaico.

 

Ahora, una línea guía a un turista hacia

las tristes ruinas santas, de visita,

hacia el escondite de la imagen eterna, redentora:

ahí, oculto,

en vez de San Jorge, el Águila;

en vez del Olivo, el Nopal;

en vez del Dragón, la Serpiente.

 

Rodas, la joya del mar,

se pinta de azul hasta octubre,

cuando todo vuelve al silencio

acostumbrado,

cuando todo se hincha otra vez del agua honda

del pasado,

cuando pesa de veras la historia.

 

VIII

 

Mi cuerpo es el terreno agraz en que crecieron los animales

asesinos. Lleva en la piel la sangre de una especie que son

dos, irreconciliables, odiosas mismas cosas con sus cuerpos

también marchitos. Dolidos. Oxidados por una brisa que

no viene del mar, de ningún horizonte.

Mi cuerpo es territorio único, preciso e inerte en el que ya

no crece la hierba. Ni el agua. Es un llano, una montaña,

un cerro peinado por el sol.

¿Dónde crecen ahora los verdugos, los decapitadores, los

hombres feminicidas, las mujeres lienzo del cuchillo?

¿Dónde está el corazón de la Tierra?

 

 

 

DE CUANDO MUERE UN ÁRBOL (INÉDITO)

 

 

○ Quisiera violentar el cauce irremediable de la oración ○

 

Meto los dedos.

Debajo/ encuentro//

Siempre// encuentro//

| como cuando escarbábamos un túnel en la arena para entrecruzar los dedos, cómplices |

/ una lata vacía/

/ el cadáver de la gaviota/ las algas marinas//

/ esqueletos olvidados de la pesca/ jaibas

/ cangrejos/ órganos resecos//            una pluma de albatros/ un bolígrafo

/ la huella final de nuestra presencia.

 

| Como cuando escarbábamos un túnel en la arena para entrecruzarnos, cómplices |

 

Siempre soñé con vivir un día// entre las palmas// con escribir

poemas bajo / las palapas

Soñé con el día // con los días lubricados// con el sol

Soñé con entrecruzar las manos // debajo de la arena

 

Meter los dedos.

 

Encontrarnos.

 

*

 

Perdón que te lo diga // perdón//

//siento que// cuando

sale de tu boca la palabra alegría//la voz//

/cuando dices soy feliz// o

callas// y / eres triste// buscas el

/arder//

/de las palabras más amables// el

tono/ más dulce para arder//

/cuando yo relleno de pólvora la punta del dedo meñique

//te arranco del caracol que es //un oído/

//zarpo el golpe exacto que // deja de decirlo//

deja// porque no eres feliz

 

*

 

Perdón//

/eres esa pólvora

 

*

 

a veces // creo que me habla, con una luz /

una luciérnaga / palabras:                              copechis//

la luz// se prende // no

// sucede //      como luz/

 

*

 

cómo suena una mariposa// cómo suena// el hambre

// cómo suena el suturar del barrado // yo

// suena el barrado // sueno el yo// otro yo// Yoyoyo

Tú// suenas como el barrado de la mariposa que voló// antes // sobre el lago

artificial// el lago

cómo suena el lago // cómo suena lago, la gola, la gula

suena // el lago suena como la gula // como la boca que prueba la mía

como el yo//

 

 

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Posted by Bruno Ríos

Bruno Ríos (Hermosillo, Sonora, 1988). Escritor, editor y académico. Candidato a doctor en Literatura Hispánica por la Universidad de Houston. Autor de los libros de poesía «La blanca espera del tren» (Editorial Foc, 2012), «Sequía» (2013) y «Cueva de leones» (Cuadrivio, 2015); y de «La voz de las abejas» (Sediento, 2016), su primera novela. Su trabajo académico traza la intersección entre poesía y política durante los últimos 30 años en México, así como representaciones de la violencia y estudios sobre la frontera con los Estados Unidos.

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