Creación y destrucción de eras en Mesoamérica. Los relatos mayas y mexicas

Las industrias de la mercadotecnia y la publicidad han exprimido hasta lo inimaginable la supuesta existencia de una profecía maya sobre el fin del mundo, profecía que, nos dicen, habrá de cumplirse antes de que concluya este año. Pero ¿qué tan verídico es ese vaticinio? ¿Es cierto que los mayas y los mexicas predijeron nuestro fin? En este ensayo, Eugenia Gutiérrez, especialista en epigrafía, ritualidad y calendarios prehispánicos, responde a éstas y otras preguntas de la mano de la investigación científica y la revisión de las mitologías cosmogónicas de las civilizaciones mexica y maya.

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Las industrias de la mercadotecnia y la publicidad han exprimido hasta lo inimaginable la supuesta existencia de una profecía maya sobre el fin del mundo, profecía que, nos dicen, habrá de cumplirse antes de que concluya este año. Pero ¿qué tan verídico es ese vaticinio? ¿Es cierto que los mayas y los mexicas predijeron nuestro fin? En este ensayo, Eugenia Gutiérrez, especialista en epigrafía, ritualidad y calendarios prehispánicos, responde a éstas y otras preguntas de la mano de la investigación científica y la revisión de las mitologías cosmogónicas de las civilizaciones mexica y maya. 

Eugenia Gutiérrez

 

Ningún pueblo mesoamericano profetizó un final de las eras para este diciembre que se acerca. Desde hace años circula información en medios masivos acerca de un cataclismo final que habría sido pronosticado por los antiguos mayas para diciembre de 2012. Esa información presenta inconsistencias y errores que, desafortunadamente, han sido difundidos con intensidad. Un primer error tiene que ver con profecías fabricadas dentro de un marco de aberraciones históricas. Un segundo error consiste en presentar imágenes y datos de la cultura mexica mezclándolos con información acerca de los mayas cuando, en realidad, se trata de culturas tan relacionadas y a la vez tan diferentes como lo fueron los griegos y los romanos hace dos mil años.

Esta falsa información que circula en medios masivos minimiza los alcances del conocimiento calendárico mesoamericano y desperdicia oportunidades para estudiar, por ejemplo, sus mitologías cosmogónicas. Insistir en que los mayas registraron profecías apocalípticas para 2012 y acompañar esas elucubraciones con imágenes de documentos mexicas es desconocer las grandes aportaciones de estas culturas, además de ignorar por completo a otros muchos pueblos mesoamericanos que también observaron el comportamiento de los astros y manejaron complejos sistemas calendáricos, como los zapotecas y los mixtecos.

La utilización de calendarios siempre ha sido un signo de civilización. Una cultura que maneja sistemas de cómputo del tiempo necesariamente ha vivido un largo proceso de observación del cielo y del firmamento. El proceso puede durar siglos, ya que la observación debe ser sistemática, con resultados comprobados y transmitidos a lo largo de generaciones. Entre otras cosas, la creación de sistemas calendáricos intensifica y ordena los procesos agrícolas, facilita el diseño de actividades comerciales y fortalece las actividades rituales que cohesionan a las comunidades. Además, el entendimiento de los ciclos naturales estimula la creación de registros escritos, porque las culturas que aprenden a leer el camino de los astros se ven en la necesidad de documentarlo. Así, la estructuración de cuentas del tiempo conlleva el nacimiento de números y palabras que deben plasmarse por escrito.

Muchos pueblos mesoamericanos registraron sistemas calendáricos en sus inscripciones. Se calcula que existieron más de 30 sistemas calendáricos en siglos previos a la conquista, y los europeos encontraron más de 20 sistemas vigentes. Diversas culturas tuvieron conocimiento del año solar de 365 días (18 meses de 20 días más un mes corto de 5 días) y registraron los movimientos de la Luna. Un sistema que se manejó a lo largo de toda Mesoamérica es el llamado almanaque sagrado o cuenta de 260 días. No conocemos el nombre que le dieron los pueblos prehispánicos, aunque los investigadores lo llaman tzolk’in o cuenta de los kines (‘días’ en varias lenguas mayances). La combinación de la cuenta solar de 365 días con el almanaque de 260 días se conoce como rueda calendárica y se repite cada 52 años.

Este almanaque combina trece numerales con veinte signos para contabilizar un total de 260 días (13 x 20 = 260). Fue tan difícil desarraigarlo de la vida mesoamericana después de la conquista europea que frailes como Franciso Ximénez, Pedro Cortés y Larraz, Diego de Landa y Antonio Margil lo combatieron con fuerza durante la época colonial. Esta cuenta de 260 días desempeñó un papel central en la vida religiosa, política y social prehispánica por su carácter adivinatorio, y persiste hoy en día entre algunos pueblos mayas, como los chujes, los quichés, los zinacantecos y los ixiles.

En algunos registros prehispánicos y coloniales que llevan la cuenta de 260 días se pueden rastrear, efectivamente, pronósticos y augurios que vaticinan cosechas buenas o malas, días favorables o desfavorables para contraer matrimonio y momentos propicios o inadecuados para la siembra, la caza, la pesca y otras actividades de subsistencia. Estos pronósticos y augurios se manejan de formas distintas de acuerdo a la cultura que los haya registrado, pero ninguno vaticina desastres para 2012.

Los diversos mitos cosmogónicos de Mesoamérica son fuentes primarias que nos permiten acercarnos a la forma en que los antiguos habitantes de esa macro área cultural trazaron los caminos del tiempo y de las eras.

Abordaremos brevemente algunos de esos mitos, no sin antes insistir en que hubo muchos pueblos mesoamericanos unidos por rasgos culturales y a la vez separados por siglos y kilómetros. Los mexicas (o aztecas), por ejemplo, encabezaron una hegemonía de dos siglos. Alcanzaron su máximo nivel de desarrollo político, social y económico en el corazón de la actual República mexicana, particularmente en lo que hoy es la ciudad de México, entre 1325 y 1521 d.C., año en que fue devastada su capital, Tenochtitlan. Su lengua fue el náhuatl, que todavía es hablado por un millón y medio de personas en varias regiones de México.

Los mayas, en cambio, generaron polos de desarrollo a lo largo de un periodo y una extensión geográfica mayores. No son una sola cultura sino una gran diversidad de pueblos y sociedades con rasgos culturales compartidos. Para el año 1000 a.C. ya florecían monumentales ciudades mayas, y no fue sino hasta finales del siglo XVII d.C. que cayó frente a los europeos el último reducto de la pequeña isla de Flores, en la actual Guatemala. Las ciudades mayas prehispánicas llegarían a ocupar cerca de medio millón de kilómetros cuadrados en cinco países: Guatemala, Belice, parte de Nicaragua y El Salvador, así como toda la península de Yucatán en México (Campeche, Yucatán y Quintana Roo) y parte de los estados de Tabasco y Chiapas. Tuvieron vínculos comerciales, rituales y políticos con los teotihuacanos y se tiene evidencia de que llegaron al centro de México. Tan diversos fueron sus pueblos que hoy en día hay cerca de treinta lenguas mayances habladas por cinco millones de personas en los mismos cinco países que habitaron sus ancestros.

Cada cultura mesoamericana generó mitos cosmogónicos propios. Nos concentraremos en mexicas y mayas para subrayar sus especificidades. Éstos son algunos de sus relatos sobre creación y destrucción de las eras.

 

Relatos mexicas

Un documento que sobrevivió a la destrucción de Tenochtitlan es el monolito conocido como Piedra del Sol. Su enorme formato en piedra redonda quedó enterrado con la parte escrita hacia el suelo durante siglos, lo que permitió que se preservara. Desde que fue desenterrado en 1790 cerca del actual Palacio Nacional de la ciudad de México se han realizado decenas de estudios sobre su significado. Se le conoce también como Calendario Azteca y contiene información valiosa pero aún discutida sobre la concepción del tiempo y de las eras entre los antiguos mexicas. Su iconografía está cargada de símbolos que hacen muy difícil su interpretación. Para ejemplificar estas dificultades diremos que las investigaciones no coinciden en la identificación de la deidad que ocupa el centro de la piedra y que podría ser Tonatiuh (dios solar), Xiuhtecuhtli (dios del fuego), Huitzilopochtli (dios asociado a la guerra), una representación del sol nocturno, y, en propuestas recientes, alguna deidad terrestre muy semejante a Tlaltecuhtli, o bien, Xochipilli, el Señor de las flores.

Piedrota del Sol

Piedra del Sol, Museo Nacional de Antropología, México, foto tomada de Wikipedia.org

 

Donde parece haber coincidencia interpretativa es en la descripción que hace la piedra de las distintas eras o soles que constituyen la duración de nuestra existencia. Se trata de cinco grandes bloques temporales denominados en función de la fecha en que se iniciaron y llegaron a su fin. Sin embargo, la información no coincide del todo con fuentes coloniales que describen las eras en un orden distinto, por lo que no es tarea fácil reconstruir esta parte de la mitología mexica. Aquí nos concentraremos en el orden de las eras que presenta la Piedra del Sol, aunque retomaremos algunos datos de fuentes coloniales –no contenidos en este monolito– sobre la posible duración de esas eras.

pedazo de piedra 1El primer sol en la mitología cosmogónica mexica fue Nahui Océlotl (Cuatro Jaguar o Cuatro Ocelote). Podría haber comenzado en el año 956 a.C. Algunas fuentes señalan que tuvo una duración de 676 años (trece ciclos de 52 años). Terminó en otro día Nahui Océlotl (Cuatro Jaguar o Cuatro Ocelote), quizá del año 280 a.C. La destrucción de los habitantes de esta era habría ocurrido cuando fueron devorados por jaguares o por ocelotes.pedazo de piedra 2

El segundo sol fue Nahui Ehécatl (Cuatro Viento) y no se sabe con precisión cuándo comenzó en correlación con el calendario gregoriano. Hay un lapso indeterminado de años entre el fin del sol anterior y el comienzo de este segundo sol. Pudo haber tenido una duración de 364 años (siete ciclos de 52 años). La destrucción de Nahui Ehécatl fue provocada por fuertes vientos y sus habitantes no fallecieron, aunque fueron convertidos en guajolotes. Habría llegado a su fin quizá a mediados del siglo I d.C.

pedazo de piedra 3El tercer sol fue Nahui Quiáhuitl (Cuatro Lluvia) y también es difícil precisar la fecha gregoriana en que comenzó, pues hubo otro intervalo desconocido desde el fin del sol anterior. La era llamada Nahui Quiáhuitl tuvo una duración de 312 años (seis ciclos de 52 años) y podría haber llegado a su fin en la segunda mitad del siglo IV d.C. cuando ocurrió una destrucción por lluvia de fuego, tal vez lava.pedazo de piedra 4

El cuarto sol o la cuarta era fue Nahui Atl (Cuatro Agua). Aunque es igualmente difícil de ubicar en el calendario gregoriano, algunas fuentes indican que tuvo una duración de 728 años (catorce ciclos de 52 años) divididos en un primer ciclo de lluvias (52 años) y trece ciclos más (676 años) que habrían llegado a su fin en el siglo XI o en el siglo XII d.C. En esta era se había constituido ya un mundo más habitable. Sin embargo, fue arrasado por inundaciones mientras sus habitantes se transformaron en peces.

Esas cuatro eras han terminado ya, según lo indica el círculo central de la Piedra del Sol que hace referencia a una quinta era o un Quinto Sol llamado Nahui Ollin (Cuatro Movimiento o Cuatro Temblor), precisamente la era que estamos viviendo. De acuerdo con los cálculos mexicas que presenta la Piedra del Sol, esta era comenzó en una fecha 13 Ácatl (13 Caña o 13 Carrizo) que algunos investigadores correlacionan con el calendario gregoriano en 1479 d.C. y que llegaría a su fin en 2027 d.C.

el mismísimo Tonatiuh

Pero hay textos que aseguran que los soles mexicas no tuvieron una duración de cientos, sino de miles de años. Eso se debe a la variedad de documentos que reconstruyen la cosmogonía náhuatl. Algunas fuentes indígenas que narran este mito son la Historia de la nación chichimeca de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, así como cuatro fuentes de autoría indígena anónima: la Leyenda de los soles, el Códice Vaticano Ríos o Códice Vaticano 3738, los Anales de Cuauhtitlan y el Códice Borgia. Las fuentes españolas que retoman este mito son la Historia general de las cosas de Nueva España, escrita por Bernardino de Sahagún y sus informantes indígenas, además de dos obras anónimas, la Historia de los mexicanos por sus pinturas y la Histoyre du Mechique.

Las versiones de este mito cosmogónico coinciden en mencionar cinco soles y en subrayar el dinamismo de un universo que se crea y se destruye, aunque no se puede hablar con certeza de la correlación calendárica.

 

Relatos mayas

Uno de los mitos cosmogónicos más difundidos entre los pueblos mayas prehispánicos, particularmente los del periodo comprendido entre el 250 y el 900 de nuestra era (o Periodo clásico), es el que describe el inicio de los tiempos en una fecha 13.0.0.0.0, en un día 4 Ajaw 8 Kumk’u de la rueda calendárica y que equivale al 13 de agosto de 3114 a.C. en el calendario gregoriano. La era terminará en un día 4 Ajaw 3 K’ank’in, en diciembre de 2012. Este evento en que nació una de las eras es descrito en varias inscripciones jeroglíficas mayas talladas en piedra, como las estelas 1 y 5 de Cobá y la Estela C de Quiriguá. También está narrado en cerámica, en el llamado vaso de los Siete Dioses (K2796 en la clasificación de Justin Kerr). La narración más extensa se encuentra en el lado este de la Estela C de Quiriguá, en el sur de Guatemala, que señala:

 

El dios patrono de Kumk’u regía la cuenta del Haab’: trece b’aktunes, ningún k’atun, ningún tun, ningún winal, ningún k’in. Era 4 Ajaw 8 Kumk’u (13.0.0.0.0, 13 de agosto, 3114 a.C.) cuando se entrelazaron redondas las tres piedras se ataron. Plantaron la piedra del Remero Jaguar, del Remero Aguijón de Raya. Ocurrió en la casa del cinco cielo, fue la piedra del trono de jaguar. Se plantó la piedra de Ik’ Nah Chak Chan/Ahiin (Serpiente/Cocodrilo rojo(a)/grande de la casa negra). Ocurrió en _, fue la piedra del trono de serpiente. Entonces fue atada la piedra de Itzamnaaj. Fue la piedra del trono de agua, ocurrió en la orilla del cielo, en la primera/en el primer _ cuando se terminó el trece B’aktun. Así lo ordenó el Señor Seis Cielo.

 

estela

Estela C de Quiriguá, lado este, dibujo de Matthew Looper.

Se trata de un texto difícil de interpretar, no sólo por los riesgos característicos de un proceso de traducción, sino por la complejidad de su carga simbólica. Además, menciona a dioses conocidos hoy por los investigadores de la cultura maya, como Itzamnaaj o los Remeros Jaguar y Aguijón de Raya, pero también a dioses desconocidos hasta hace unos años, como Ik’ Nah Chak Chan/Ahiin (aún sin traducir) y Wak Chan Ajaw (o Señor Seis Cielo). La importancia que dieron los mayas prehispánicos a sus relatos de creación se hace evidente en la cantidad de textos que podemos encontrar sobre este tipo de eventos. No se trata del nacimiento de un tiempo único sino del inicio de una de las muchas eras concebidas por el pensamiento ritual maya. Llama la atención, en cambio, que no haya ningún relato que mencione el fin de los tiempos.

Se ha especulado sobre la posibilidad de que un texto jeroglífico maya relate un mito de destrucción asociado a un fin de periodo. Se trata del Monumento 6 de Tortuguero, Tabasco, pero diversos estudios epigráficos han demostrado que el texto sólo menciona la fecha que cierra el ciclo del baktún 13 en 4 Ajaw 3 K’ank’in (21 de diciembre de 2012 en calendario juliano y 23 de diciembre de 2012 en calendario gregoriano) sin hacer referencia a ninguna destrucción. El epigrafista David Stuart ha descifrado recientemente otra inscripción maya en el sitio arqueológico La Corona que menciona esta misma fecha y que tampoco hace referencia a ningún cataclismo.

Existen más textos jeroglíficos y documentos mayas coloniales que relatan mitos sobre la destrucción de eras y mundos. Una lámina del Códice Dresde muestra a la anciana diosa O protagonizando un evento de inundación sin fecha precisa. Algunas páginas de textos coloniales como el Chilam Balam de Chumayel describen momentos de infortunio, también difíciles de fechar con precisión en el calendario gregoriano. Estos relatos se caracterizan por no plantear ninguna destrucción absoluta, y ninguno se relaciona con diciembre de 2012.

 

Sigue caminando el tiempo

Hay que insistir en que esa fecha 13.0.0.0.0 que marca el final de 13 baktunes no fue conocida por los mexicas. No pudo ser significativa para ellos porque los mexicas tenían un sistema de cuenta del tiempo basado en principios compartidos con otras culturas mesoamericanas (mayas, zapotecas, mixtecos) pero con una sistematización particular que no tiene ningún rasgo común con la Cuenta larga maya que contabiliza baktunes. La cuenta maya priorizaba ciclos de 20 años (o katunes) desconocidos para los mexicas; ellos priorizaban ciclos de 52 años.La fecha del 21 o el 23 de diciembre de 2012 puede ser significativa en la calendárica maya en la medida en que indica el final de una cuenta de 13 baktunes (periodos de 400 años) y el principio de otra en un sistema conocido por los investigadores actuales como Antigua Cuenta Larga. Esta fecha no está asociada ni con cataclismos ni con desastres de ningún tipo. De hecho, investigaciones muy recientes de Saturno, Stuart, Aveni y Rossi han encontrado registros epigráficos de ciclos mayores a los treces baktunes en inscripciones jeroglíficas de Xultún, Guatemala, lo que podría indicar que el 4 Ajaw 3 K’ank’in no sería el final de una era tan definitoria como se pensaba, sino sólo de un ciclo más dentro de otro mayor en el complejo sistema maya para contar el paso del tiempo.

La destrucción del Quinto Sol es lo más cercano que tenemos a una predicción fatalista entre los registros mesoamericanos y no ocurriría en 2012 sino en 2027. Sin embargo, no se tiene una correlación exacta entre el calendario mexica y el calendario gregoriano que permita afirmar sin lugar a dudas cuál será la fecha en que termine el Ollin Tonatiuh, «sol en movimiento» o Quinto Sol.

Todos los pueblos mesoamericanos fueron conscientes de lo efímera que es nuestra existencia pero, al menos hasta ahora, las eras diseñadas por esos pueblos parecen destinadas a seguir transcurriendo.

 

Imágenes

Imagen de la Piedra del Sol tomada de: http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Monolito_de_la_Piedra_del_Sol.jpg, autor: El Comandante.

Imagen de la Estela C de Quiriguá tomada de: LOOPER, Matthew G., 2003, Lightning Warrior. Maya Art and Kingship at Quirigua, University of Texas Press, Austin, 265 pp.

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Ma. Eugenia Gutiérrez González (1964) es licenciada en Letras Inglesas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y maestra en Estudios Mesoamericanos por la misma Facultad, con especialización en calendarios, epigrafía y ritualidad prehispánica. Es candidata a doctora en Estudios Mesoamericanos con el tema de los dioses y la vida ritual de la ciudad de Quiriguá. Imparte las materias de Historia maya en textos jeroglíficos y Códices prehispánicos en la licenciatura en Historia de la ENAH. Es fundadora del CEICUM y coeditora de la revista electrónica KinKaban.

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Posted by Revista Cuadrivio

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