Carne y hueso de la literatura latinoamericana

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Danubio Torres Fierro,
Contrapuntos: ½ siglo de literatura iberoamericana,
México, Taurus, 2016, 395 pp.

 

 

Melissa Campos

 

Pensar en el rostro humano que está detrás de cualquier texto es una manera diferente –mas no nueva– de acercarse y estudiar dicha obra. ¿Cómo es la persona que escribió este libro? ¿Veré en sus textos un aspecto o muchos de cómo piensa tal autor? ¿O se transformará en otro individuo al momento de tocar la pluma? Estas son cuestiones que al escritor y crítico literario uruguayo Danubio Torres le intrigaban en demasía, preguntas que puede compartir con muchos lectores que también se han interesado por el lado físico y viviente de la literatura, la representada en carne y hueso.

Torres se entregó a su inquietud por conocer y dibujar esas caras ocultas de los escritores, ayudado por su fructífera carrera de periodismo y empujado por la necesidad de darle una cara humana al fantasma creador de cuentos, novelas y poemas, como dice en el prólogo de Contrapuntos: ½ siglo de literatura iberoamericana (Taurus, 2016). En este libro recopila numerosas entrevistas con algunos de los autores más importantes de la segunda mitad del siglo XX en Iberoamérica, periodo en el que surge el tan famoso Boom latinoamericano, que puso los reflectores del mundo en una literatura considerada marginal hasta entonces.

Así, las páginas presentadas por Torres reflejan una época fructífera para las letras que, en los años sesenta, empezaban a distinguirse por ganar importantes premios como el Biblioteca Breve y el Rómulo Gallegos, con los cuales despegaban hacia un mercado editorial internacional que acogería a los grandes nombres del momento: Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti, Jorge Edwards y Juan Goytisolo, quienes convivirían con Octavio Paz, Ernesto Sábato, Adolfo Bioy Casares y Victoria Ocampo, sus precursores.

Todas estas figuras jugarían un papel preponderante en las letras latinoamericanas no solo por su calidad como escritores (la mayoría de ellos escribió prosa, género predominante en el siglo XX), sino también por su papel como intelectuales, que los posicionaba como importantes críticos y consejeros en cuestiones de política, movimientos sociales, ideologías y arte (cine, pintura, televisión). La dedicación a las letras, aunque su principal labor, pasaba a ser parte de un redondo y vasto conocimiento del mundo que los escritores ya mencionados lucían en múltiples facetas.

No es de extrañarse que en las entrevistas realizadas por Torres a los mexicanos Paz y Fuentes apenas se mencione el oficio de escribir, ya que se enfocan en discutir y opinar sobre el TLCAN, el desarrollo social de América Latina o los problemas del PRI en México. Mostrar esa otra cara del solitario escritor –pensado a la manera romántica– que solo crea historias y plasma sentimientos es el objetivo que cumple este libro, pues exhibe las opiniones, confesiones y aseveraciones de las diferentes figuras intelectuales en ámbitos totalmente diversos.

Por otro lado, esta naciente literatura en español problematizó en sus creadores cuestiones importantes sobre su oficio, su papel dentro de su comunidad y la labor que debían desempeñar tanto dentro del campo literario como fuera de este. En las entrevistas que Torres presenta no solo se conoce al complejo intelectual que todos estos nombres fueron o son, sino también las ideas y deseos más personales acerca de la concepción literaria.

Así, literatura y crítica, política e intimidad, cine y pintura, vocación u oficio, todas estas caras que envuelven al creador latinoamericano conviven y se superponen una a la otra, en una serie de contrapuntos que las bien logradas preguntas de Torres dejan en evidencia. El hombre, el intelectual, el crítico, el lector y el escritor se fusionan y se dividen según el rumbo de la conversación.

De esta manera, se pueden encontrar en las páginas de este libro las obsesiones de escritura de cada autor: Manuel Puig se concentraba en trabajar el lenguaje en sus novelas, Bioy Casares en los personajes, Juan Benet en el «enigma» de estos, Fuentes se inclinaba más por el tiempo, García Márquez prefería explotar la estructura en sus relatos y Vargas Llosa le da el peso a la historia contada. Incluso el mismo libro como objeto es ya representación de una obsesión literaria icónica: la portada de Contrapuntos es una deconstrucción de las viñetas azules y rojas de la segunda edición de Cien años de soledad, ambas realizadas por Vicente Rojo.

Y así como se puede vislumbrar en qué se enfocaba cada autor cuando escribía, de igual forma puede responderse ¿por qué escriben los que escriben? Las razones son tan variadas como los entrevistados: unos para que los quieran más sus amigos, otros para exorcizarse, algunos para evadir la realidad y casi todos para no morir jamás, para depositar su alma en el cuerpo imperecedero del papel y la tinta.

No obstante, algo que se puede echar en falta en esta compilación es la reducida presencia de mujeres, todavía aceptadas con reticencia en aquellos tiempos y relegadas a un campo misterioso, tan incierto como falso, que es la «literatura femenina». Más nombres en esta lista podrían haber cubierto con más eficacia el panorama cultural de las letras, como los de Ida Vitale, Clarice Lispector, Claribel Alegría, Rosario Ferré, Fina García Marruz, María Luisa Bombal, Josefina Vicens, Rosario Castellanos o Alejandra Pizarnik.

Si algo queda claro en cada entrevista es que la literatura va más allá del género, nacionalidad, postura política o religión porque apela a algo inherente a cada autor: a su humanidad. Ya lo dijo Nélida Piñón en las páginas de este libro: «El escritor es un solitario que padece la audacia de haber ido al encuentro de la aventura humana».

Es conveniente decir que el periodista es el que, audazmente, se atreve a registrar la aventura humana en este caso. Además de invitar al lector a un recorrido por las conversaciones de los grandes intelectuales de la literatura iberoamericana, también –y quizás aquí radica la importancia de este trabajo– existe una propuesta de repensar la figura autoral como un componente importante y decisivo dentro de la literatura, después de que la academia por muchos años desdeñara y «desapareciera» (como Roland Barthes lo describiría) al escritor como un medio válido para estudiar y decodificar sus obras.

De este modo, Torres lo demuestra en los retratos escritos que preceden cada charla: una combinación descriptiva y crítica del autor que conjunta la percepción particular del entrevistador y anécdotas que podrían fácilmente encajar en la reseña de alguna de sus respectivas obras. Al binomio hombre-escritor se añade, entonces, un tercer componente: la obra misma. Un desdoblamiento del par mencionado que a su vez compone y absorbe a las dos anteriores.

Contrapuntos nos recuerda que detrás de cada novela, cuento, poema o ensayo, existe una respiración y un palpitar, sangre conectándose a la pluma. Modificando una conocida idea de Camus, que Vargas Llosa menciona, sería catastrófico que por las ideas e historias literarias sean olvidados sus creadores, intelectuales, universos enteros en dos piernas, los hombres y mujeres de carne y hueso.

 

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Melissa Campos (Los Mochis, Sinaloa, 1994) es egresada de Letras Hispánicas de la UNAM y diseñadora digital en la editorial canadiense Exile Editions. Ha colaborado en la revista MilMesetas. Entre sus intereses están la narrativa iberoamericana y la creación literaria.