¿Adónde vas, evolución?

Reunimos a biólogos, filósofos e historiadores de la ciencia para examinar la ideología del progreso implícita en las concepciones modernas de la evolución.

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Innumerables veces hemos visto en enciclopedias y libros de texto, caricaturas, museos y hasta playeras, la imagen de un simio que se va irguiendo en estados intermedios hasta alcanzar la forma de un hombre (porque siempre es un hombre; fuerte y guapo, además). Tal es la idea que nos hacemos de la evolución, mecanismo natural que la ciencia descubrió hace casi dos siglos y que hoy suponemos una verdad irrefutable. Se entiende, pues, que la evolución es una línea progresiva que va de las criaturas primitivas y simples de hace muchísimo tiempo a los seres complejos y superiores de nuestros días, siendo el humano la cereza del pastel evolutivo, su peldaño más alto. También podemos señalar al principal responsable: Charles Darwin nos enseñó que hay una selección a través de la cual los organismos son naturalmente perfeccionados en la competencia por sobrevivir.

Pero, ¿no sería extraño que la naturaleza realmente presentara esa voluntad tan terca de perfeccionar a sus criaturas? ¿Y no es un poco sospechoso que seamos los humanos su mejor experimento? Además, sería una coincidencia asombrosa que la vida siguiera el mismo principio que la ideología fundamental del Occidente moderno: el progreso. ¿No será que estamos recubriendo los hallazgos de la biología con un poco de metafísica moderna? No es muy difícil repasar los desastres históricos que hemos cometido abanderando principios evolutivo-progresistas: la superioridad racial de unos sobre otros; el derecho que se han atribuido algunos pueblos para someter, conquistar, educar o eliminar a otros supuestamente más atrasados; la guerra y el libre mercado como coliseos donde triunfan los mejores, los más fuertes; la justificación del maltrato y exterminio del resto de las especies del planeta, etc. ¿Será una verdad científica que la evolución es un progreso lineal que culmina en nosotros?

En este número, invitamos a biólogos, filósofos e historiadores de la ciencia a reflexionar sobre estas cuestiones: ¿qué tan cierta es la idea de que la naturaleza progresa? ¿De dónde nos viene esta forma de concebir la teoría evolutiva? ¿Qué es, a fin de cuentas, la evolución de las especies? ¿Qué se decía antes del trabajo de Charles Darwin y qué ha sido hasta hoy de esta vieja teoría?

Raúl Bravo Aduna y Camila Paz Paredes introducen el dossier poniendo entre paréntesis nuestra antropocéntrica forma de entender la naturaleza; tres biólogos nos llevan a los ires y venires de una larga historia natural que difícilmente va en línea recta, al tiempo que el filósofo Jesús Zamora cuestiona la noción de finalidad en la naturaleza; Andrés Galera pone en evidencia los clichés con que hemos simplificado la teoría evolutiva, cuya revolución ha rebasado por mucho los bordes de la ciencia; Lev Jardón Barbolla enfrenta la lectura progresista de la evolución al azar de las mutaciones y a la ramificación no jerárquica de las especies, mientras Antonio García-Olivares rastrea los orígenes de la cosmovisión progresista y lineal en la antigua Gran Cadena del Ser que se montó sobre la biología moderna. Pero no toda la evolución es Charles Darwin, como demuestra Juan Manuel Rodríguez Caso, trayéndonos el «darwinismo puro» de Alfred Wallace; y no todo es genética, nos dice Víctor R. Hernández presentando la biología evolutiva del desarrollo. En torno al antropocentrismo evolutivo, Paulina Rivero Weber critica la ética especista con que el ser humano se adjudica el pedestal superior entre todas las especies, y Daniel Ochoa se pregunta qué tanto los humanos seguimos sujetos a la leyes naturales que rigen al resto de la vida. Concluimos con un ensayo de Fabrizzio Guerrero que pone en la balanza lo que hay de designio y de fortuna en el largo y asombros despliegue de la vida.

Acompaña este viaje evolutivo un nutrido cardumen de relatos de ciencia ficción, escritos por Édgar Adrián Mora y Ériq Sáñez, además de las traducciones al español del alemán Kurd Laßwitz, la canadiense Madeline Ashby y la sudafricana Lauren Beaukes. En Academia, Armando Bartra explora la visión de Goethe sobre la naturaleza y Luis Monroy Gómez nos da un paseo crítico por la economía evolucionista. ¿Y qué hay de las criaturas artísticas? Diego Alejandro Gómez analiza el concepto de progreso en la historia del arte, y tres autores espejean el evolucionismo progresista a partir de un puñado de series y películas de animación japonesa.

Desde que nació, hace tres años y diez números, Cuadrivio tenía en sus genes la inquietud por escarbar en la teoría de la evolución, esa clave del pensamiento moderno, ese misterio científico que ha modelado los entendidos y malentendidos de casi dos centurias y que seguirá guiando nuestras preguntas por el mundo que nos dio vida y por la vida que nos seguirá llevando hacia otro mundo –mejor, peor o sin nosotros. Tal vez no haya mejor manera de celebrar nuestro tercer aniversario que cuestionando, a la luz de la ciencia y la filosofía, una de las certezas «científicas» que más han abonado a la soberbia –moral, intelectual, espiritual– del evolucionado y siempre «progresivo» género humano.

 

 

—CAMILA PAZ PAREDES Y RAMSÉS LV

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia