¡Adiós, Cuadrivio!

El 1 de agosto de 2010 publicamos el primer número de nuestra revista. Hoy, después de un sinfín de problemas para mantenerla a flote, el viaje ha terminado. Esta es nuestra carta de despedida.

Cuadrivio nació hace ocho años. Quienes la fundamos éramos un grupo de jóvenes idealistas que queríamos hacer una publicación de calidad en la que convivieran la literatura, las artes visuales, la divulgación de la ciencia y la crítica de las sociedades contemporáneas. Nuestra ambición y entusiasmo eran tan grandes que incluso pretendíamos provocar el diálogo entre diferentes generaciones de escritores, artistas y académicos de todo el mundo hispano, arropar las obras de los autores más jóvenes y espolear la traducción literaria. Lo más audaz era que no nos planteábamos ganar un centavo, pues, desde que nació, Cuadrivio fue una revista independiente sin más recursos que las dádivas de tiempo y dinero de sus editores y colaboradores.

Parecía un proyecto inviable, pero el internet era un hervidero de promesas: proliferaban las bibliotecas digitales de acceso universal, los foros de discusión, las revistas en línea y los blogs literarios; el correo electrónico conectaba a autores y editores de todo el planeta en tan solo unos minutos, y con una inversión modesta (crear una página de internet y montarla en un hosting es relativamente barato) podían hacerse buenas publicaciones y llevarlas a cualquier rincón, algo impensable para las revistas impresas de bajo presupuesto. Creíamos que la tecnología podía ponerse al servicio de la cultura, y, sobre todo, creíamos que la cultura podía, y debía, enriquecer el anárquico mundo del internet.

Ocho años después, Cuadrivio ha alcanzado sus metas originales. Ciertamente la revista ha tenido altibajos, pero sus distintivos han sido la calidad y la constancia. A lo largo de estos años hemos publicado –a veces descubierto– a jóvenes autores que poco a poco se han labrado un nombre en la literatura y la investigación académica; hemos ofrecido obras de escritores de enorme prestigio; hemos tendido puentes entre generaciones, países y continentes –pues, aunque Cuadrivio se edita en México, su proyección siempre ha sido latinoamericanista e hispánica– y hemos contribuido al debate de algunas de las grandes cuestiones contemporáneas, como la diversidad sexual, el feminismo, la evolución biológica y las transformaciones del periodismo.

Ha sido casi una década de amor por la cultura, pero una empresa de las características de Cuadrivio tarde o temprano se vuelve insostenible. Sin recursos y sin estrategias para conseguir financiamiento, en los últimos años fue imposible mantener a un equipo de editores calificado y constante (varios tuvieron que abandonar la revista agobiados por sus compromisos laborales), y la tecnología, que en el principio fue viento a favor, sopló en nuestra contra.

En 2010, cuando emprendimos este viaje, Facebook y Twitter eran dos canales de difusión prodigiosos. Con un poco de paciencia, una revista podía darse a conocer en ambas redes y lograr que una comunidad de varios miles de lectores leyera y compartiera sus contenidos. Hoy Facebook y Twitter lideran un oligopolio digital que concentra prácticamente toda la atención y toda la difusión. Los usuarios de internet ya no acuden a las páginas de las revistas, diarios o empresas, sino que se enteran –o buscan enterarse– de cualquier cosa por medio de las redes sociales. Este cambio de hábitos le ha dado un poder desmedido a Facebook y Twitter, que como buenas empresas oligopólicas han aprovechado para dictar políticas abusivas. Las fanpages y cuentas de revistas –y de cualquier medio o compañía– deben pagar para que sus contenidos sean vistos por un porcentaje variable de sus seguidores, o de lo contrario sus publicaciones pasarán desapercibidas (algunos diarios se salvan porque la inmediatez de la noticia genera atención por sí misma).

Para Cuadrivio esta fue una batalla perdida. Los editores poníamos dinero de nuestros bolsillos, pero nunca era suficiente, pues tras los abusos de Facebook y Twitter se cocinaba otro gran cambio en los hábitos de los usuarios de internet. Hace unos cuatro años, los memes, el clickbait, los videoclips y las infografías estilo Pictoline comenzaron a dominar la comunicación en las redes sociales. Rápidamente la inmensa mayoría de los usuarios –incluidos, para sorpresa y pasmo nuestros, los escritores, periodistas, editores y lectores habituales de libros– se decantaron por algunas de estas formas de comunicación y otras similares, como los «hilos» de Twitter, las sentencias breves y contundentes en Facebook y, en general, cualquier clase de expresión virtual que, en pocas palabras o en unas cuantas imágenes, transmitieran indignación, posicionamientos respecto a asuntos políticos controversiales, noticias sensacionalistas (sin importar si eran falsas) y la sensación de quedar «informado» en 15 o 20 segundos. No más enlaces de artículos, ensayos, poemas o cuentos. Había llegado el reinado de la inmediatez.

En un entorno así no hay lugar para revistas como Cuadrivio, que apuestan por la lectura sosegada de piezas literarias o de textos extensos que confrontan al lector con argumentos elaborados. Pagarle a Facebook y a Twitter para que una fracción ínfima de nuestros seguidores se entere de que publicamos algo nuevo es poco menos que inútil, porque el interés en publicaciones como las nuestras se ha vuelto exiguo. Miles de usuarios ven los anuncios, pero rara vez abren los enlaces. Detrás de cada poema, de cada ensayo y de cada cuento hay un trabajo editorial de varios días, a veces de semanas. Hay desvelos y fines de semana sacrificados (los editores de Cuadrivio solo podíamos editar después de nuestras jornadas laborales). El objetivo principal de un editor es lograr que una obra encuentre a su lector. Si los usuarios de internet prefieren los memes, los gifs y los «hilos» (algo respetable, pero perjudicial para medios como el nuestro); si revistas como Cuadrivio se quedan sin lectores; si un artículo que toma meses en ser planificado, escrito y editado es leído solo por 20 personas; si en internet la obra ya no encuentra a su lector, es mejor detenerse.

El caso de Cuadrivio no es único. Ante la crisis, nos dimos a la tarea de buscar soluciones, y descubrimos que a varias revistas electrónicas culturales les sucedía lo mismo. Algunas han desaparecido y otras naufragan en el mar de la indiferencia; unas pocas han logrado sobrevivir y hasta conquistar las redes sociales, pero no con esmero editorial, sino transformándose en productoras a granel de memes y notas superficiales. La banalidad es una alternativa, mas no la que queremos. No en tiempos en que la violencia, el fanatismo, la intolerancia y el egoísmo arrasan con todo.

Ha llegado el momento de decir adiós, pero también de reconocer que aún hay esperanza. Si algo hemos aprendido estos ocho años es que, en el mundo de la cultura, la generosidad es inmensa. A Cuadrivio pudo hacerle falta dinero para retener editores o para emprender una campaña publicitaria, pero jamás le faltaron colaboradores. Desde todos los rincones de América Latina y España, una miríada de poetas, narradores, periodistas, académicos, críticos de cine y divulgadores de la ciencia siempre estuvo dispuesta a compartir sus creaciones desinteresadamente, por convicción, porque creían que tenían algo importante que decir y que valía la pena hacerlo, aunque el medio no les ofreciera otra cosa que libertad de expresión y seriedad en la edición. Fue una ola de autores jovencísimos que proponían textos y los pulían sin importar cuántos exámenes tuvieran que preparar, y de escritores e investigadores consagrados que colaboraban con dedicación a pesar de sus abultadas agendas profesionales y de los muchos libros y artículos que debían concluir para sobrevivir.

Parecía un milagro, pero no lo era. Se nos educa en el culto al egoísmo y al individualismo exacerbado, nuestra era se consume en las llamas de la obsesión por el dinero, el «éxito» y los puntos curriculares; sin embargo, aún hay gente –centenares, quizá miles– cuyo parámetro no es el enriquecimiento ni el beneficio estrictamente personal, personas que creen en el valor de la cultura y en la construcción de comunidades que aspiran al bien colectivo. Ese espíritu de generosidad mantendrá viva la esperanza de un mejor porvenir para las empresas culturales.

Cuadrivio fue una obra colectiva. Nuestra gratitud a quienes colaboraron con nosotros es sincera e infinita. Gracias a ellos se conformó un archivo repleto de textos que sigue valiendo la pena leer, consultar y disfrutar. Por eso, y porque todavía nos queda un poco de fe en el internet, mantendremos la página de Cuadrivio en línea por tiempo indefinido. Esperamos que los internautas, en sus búsquedas en Google, den con nuestra revista y descubran la obra que cientos de escritores y artistas, convocados por un puñado de obstinados editores, trazaron entre 2010 y 2018.

Quedan muchas cosas por imaginar, decir y publicar; queda un mundo por investigar, reflexionar y poner en duda. El tiempo dirá si Cuadrivio vuelve a ser un vehículo para hacerlo; el futuro dirá si los caminos vuelven a cruzarse.

 

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Posted by Ramsés LV

Es fundador y director de Cuadrivio. En 2013 obtuvo el Premio Nacional Luis González a la mejor tesis de licenciatura y en 2014 El Colegio de Michoacán publicó su libro «Contrainsurgencia en América del Norte. Influjo de Estados Unidos en la guerra contra el EZLN y el EPR». Textos suyos han aparecido también en HermanoCerdo, Escenarios XXI, Tierra Adentro y Playboy México.

  1. Es una lástima el cierre pero el trabajo hecho queda allí, y seguramente obtendrá el reconocimiento que se merece con el transcurrir del tiempo. Estoy seguro que de forma individual se apuntaran a nuevos proyectos que seguirán contribuyendo con el mundo de la creación y el cambio. Gracias por el tiempo y la dedicación.

  2. Cruel momento en todos los aspectos por lo que estamos pasando, gracias por mantenerse hasta donde se pudo, la mejor de las suerte y que nunca muera la esperanza, porque me niego a estar informada en 15 o 20 segundos.

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