Academia en carne propia

Tres testimonios de académicos sobre los problemas estructurales de la academia y sus absurdos

Tres testimonios desde la academia mexicana

 

Los problemas de la academia de ciencias sociales y humanidades se viven en carne propia. A través de la experiencia de un historiador, una antropóloga y un internacionalista de diferentes institutos y universidades mexicanas, alcanzamos a ver lo mucho que pesan las estructuras académicas sobre lo que sus miembros pueden y no pueden hacer, y las muchas arbitrariedades y absurdos que plagan los sistemas académicos, llenos de intereses que nada tienen que ver con el concimiento.

 

 

¿Sin SNI?

 

Si quieren investigar en México es imprescindible que se mantengan sanos. Sobre todo, que no los atrape una de esas enfermedades degenerativas, progresivas e incurables. Porque si viven de su salario y dependen de la seguridad pública, se las verán muy negras (son muy caras). Y si ése es el caso, es muy probable que se les ocurra solicitar su pertenencia al Sistema Nacional de Investigadores para acceder al amplio seguro médico privado al que tienen derecho sus miembros y del que no goza el resto de los investigadores del país (con seguro médico privado los más, aunque no tan amplio). Pero son muchos los llamados y pocos los elegidos. En los corrillos se habla de vetos, cuotas, mezquindades, burocracia, de sumisión a los dictados y modelos de la academia de los nuevos dueños del país, etc., etc. Pueque que sí, pueque no.

El hecho es que yo me cansé de defender sinceramente mi trabajo frente a las honorables comisiones que consideraron, una y otra vez, que ni para la categoría de candidato me alcanzaba, y a la tercera y última, siendo que la comisión revisora estaba imbuida, toda ella, de un halo de beatitud y era presidida por un egregio historiador que devino, por cierto, defensor público e irredento de la no menos beata Mamá Rosa (remember Zitácuaro), dejé a un lado el discurso académicamente correcto y les espeté: «Estoy convencido de que si mis sujetos de estudio en vez de tener por lema ¡Viva: Tierra y Libertad! fuesen aquellos que gritaban ¡Viva Cristo Rey! otro criterio aplicarían». Pueque sí, pueque no.

 

 

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Jacinto Barrera Bassols es historiador especializado en anarquismo. Es editor de las obras completas y la correspondencia de Ricardo Flores Magón (Conaculta, México, 2001-2005) y autor de El caso Villavicencio: violencia y poder en el Porfiriato (Alfaguara, 1997), entre otros.

 

 

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Especialistas en puntos

 

Docencia, investigación, extensión universitaria y difusión de la cultura. Actividades sustantivas de las universidades que hoy se encuentran distorsionadas por la carrera para hacer «puntos» a costa de la ética personal y del deterioro de la vida académica. No sólo porque se simulan resultados, sino porque la cooperación entre pares queda eclipasada por la competencia. El sistema de prestigio basado en los puntos está en relación directa con la retribución económica.

¿Cuántas horas-mujer horas-hombre se lleva la elaboración de informes, el ordenamiento de pruebas (constancias, libros o copia de artículos… ponencias, etc.), el llenado de formatos de la universidad y del Conacyt? ¿Cuántas horas-académicas se van en la revisión de tales informes por parte de las comisiones dictaminadoras? ¿Cuántas horas-academia consume elaborar los informes para pertenecer al Programa Nacional de Posgrados de Calidad? ¿Cuántas horas hemos restado a la preparación de una clase, a la escritura de un texto o a la simple lectura de una novela por hacer esos informes? ¿Acaso el sistema mejora los procesos y los resultados académicos?

Lo dudo. En mis décadas como integrante de la academia universitaria he corroborado que quien tiene un auténtico interés en la docencia o en la investigación o en vincular su trabajo académico a problemas sociales lo hace sin pensar en los famosos «puntos»; pero también he atestiguado un penoso proceso de «especialización» impulsado por colegas cada vez más hábiles para montarse en el trabajo ajeno, en idear artimañas para aparecer como coautores de lo que no escribieron, como co-coordinadores de libros que no coordinaron; como co-ponentes –si me permiten la novedosa palabra– de trabajos que nunca presentaron. Especializarse en puntos exige cinismo y baja autoestima, olvidar la ética y tener «cara dura» –como dicen en Argentina. Vivir con la mente en los puntos, en el veredicto de la dictaminadora; pactar –ahora que están de moda los pactos– reciprocidad en la corrupción: hoy por mí, mañana por ti. Inflar el currículum trae pesos, y a veces los pesos provienen de la simulación y de la injusticia.

Es deprimente reconocer que el profe del salón de junto, al que saludé hace un momento, ha sido tocado hasta la médula por el sistema de puntos. Pero es reconfortante darse cuenta de que la profe que viene por ahí se preocupa por preparar su clase, por despertar interés y preguntas entre sus estudiantes; que busca, que investiga y escribe con sentido. También los hay, y no es que ellos se salven de hacer informes, todos son o somos víctimas, pero no toda la academia responde del mismo modo.

 

 

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Anónimo. Tiene doctorado en Antropología y es docente-investigador de la UAM Xochimilco. Es miembro del SNI, nivel II.

 

 

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Consejos para un joven académico.

Algunas consideraciones para participar en la academia mexicana: entre la puntitis y la gradocracia

 

 

El demonio de la eficacia, el deseo de servir y de cumplir con una tarea colectiva, y hasta cierto sentido ascético de la moral ciudadana, entendida como negación del yo, muy propio del intelectual, ha llevado a algunos a la pérdida más dolorosa: la obra personal.

Octavio Paz

 

 

Las notas siguientes no están organizadas jerárquica o cronológicamente, si bien forman parte del periplo de quien se atreve a desarrollar una trayectoria profesional en las actividades docentes y de investigación en nuestro país cuando no se es miembro de alguna dinastía intelectual. Tampoco se trata de un conjunto de condiciones exclusivas y únicas, aunque sí universales por sus adaptaciones a diferentes sistemas y sociedades. La observancia o la resistencia a cada una de ellas permite explicar el grado de inclusión y éxito o de exclusión y fracaso de quien incursiona en la vida académica.

 

1. Aprovecha la oportunidad

Si te ofrecen la opción de participar en actividades docentes, deja de esperar el mejor horario, la asignatura que «amas», lxs mejores estudiantes o las instalaciones más equipadas. Así, cuando recibas la oportunidad de dar clase y tu vocación docente sea auténtica deberás aprender a aceptar aquellas condiciones mínimas para emprender la vida académica. Algo similar pasa con las actividades en investigación: no esperes realizar el trabajo que dará un giro al conocimiento en tu disciplina. Quizá inicies realizando tareas de apoyo logístico y algunas bases de datos que serán utilizadas por los investigadores consolidados. Lo cierto es que debes ser agradecido por estar en una condición privilegiada, de iniciado. En esa fase ten presente no cuestionar frontalmente los saberes de las vacas sagradas. Ya luego vendrá con el doctorado y la incursión en el Sistema Nacional de Investigadores la recompensa económica, que no necesariamente se traduce en un prestigio proporcional.

 

2. Sin publicaciones no hay puntos, menos estímulos

Debes ser disciplinado y en un principio escribir cuanto puedas y de lo que puedas. Desde luego, corres el riesgo múltiple de volverte un todólogo, de no escribir artículos o libros de calidad, de refritearte o, peor aún, de parafrasear las ideas de otros. En este apartado, eventualmente, serás dictaminador y deberás considerar la ley del Talión, siempre hay alguien que puede revelar la identidad que da al traste con el principio del «doble ciego». Amén de que existen diversas opciones para obtener un dictamen aprobatorio, esto último lo dejo a tu imaginación (espero que sea mucha).

 

3. Hazte miembro de una pandilla, la ganadora

El ser humano es social y en la vida académica también hay que ser parte de un grupo y con ello asegurar las condiciones mínimas para participar en el juego; primero, y quizá por un tiempo indeterminado, como conferencista telonero, para luego convertirte en top star en congresos, foros y coloquios. Aquí se cuestiona la idea de la soledad del trabajo intelectual del académico, pues las buenas relaciones son un imperativo para sobresalir en este mundo. El éxito en esas relaciones suele ligarse a la participación en los concursos de oposición, que se distinguen por sus condiciones de «traje sastre», lo que es una simulación constante al estar integradas las comisiones dictaminadoras por los miembros de la pandilla.

 

4. Dirige tesis

Acción de alto riesgo y en peligro de extinción que requiere considerar la nota anterior y entender que, en algunos casos, ésta es la vía para obtener más puntos, a la vez que se apoya a los estudiantes para que concluyan sus ciclos y se contribuye a que la institución mejore su eficiencia terminal. He ahí la continuidad de las simulaciones en la labor académica.

Finalmente, los matices y correcciones a estas notas quedan en abierta recepción. Veremos si ello cambia nuestra realidad.

 

 

 

 

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Efraín Rivera López (Zapopan, Jalisco, 1979) es doctor en Relaciones Internacionales por la UNAM y profesor de la Universidad Iberoamericana. Naturalmente, ha escrito un sinfín de artículos para revistas especializadas y participado en infinidad congresos y comisiones dictaminadoras. Realista descarnado, disfruta aún, sin embargo, de la buena conversación y del placer que produce el conocimiento.

 

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Posted by Revista Cuadrivio

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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