A pie, de Luigi Amara

Amara camina por la capital del país, cada verso es un paso ¿a dónde? No lo sabemos, ni siquiera el autor lo sabe. En A pie, redescubrimos el placer de ir sin un rumbo fijo. Dentro de este poema largo, hay un sinfín de pensamientos que el peatón tiene, un sinfín de destinos. Amara convive en un fluir psíquico a través de las calles que visita.

Luigi Amara, A pie, Almadía, 2010.

…esta página
también es una caminata nocturna
.
Octavio Paz

Joaquín Guillén Márquez

La ciudad es un monstruo de personas y edificios. Dentro de su monstruosidad hay quienes llegamos a admirar la belleza del ruido de las grandes calles, del transporte: ver dentro del caos lo verdaderamente hermoso; las piedras que son pasos, que son murmullos, que son personas.

Al caminar, es inevitable escuchar ecos de escritores de la ciudad. Pienso en una amplia variedad de ellos: recuerdo textos desde Alfonso Reyes hasta La ciudad imaginada de Alberto Chimal. Entre estos extremos hay muchos rescatables, por ejemplo: Octavio Paz, Jorge Ibargüengoitia, Juan José Arreola. La ciudad es motivo de odio y amor para muchos.

Al caminar por la ciudad viene a mí la voz –antes que las otras– de Salvador Novo en Los paseos de la ciudad de México. Él me dice, al ritmo de mis pasos: «pasear en coche (o en caballo, lancha, etcétera) es ya un contrasentido; porque pasear es dar pasos, caminar, “andar a pie”, como con redundancia decimos». «Nuestros antepasados», sigue Novo, «supieron disfrutar de los paseos. No sólo a las plazas y a la iglesia, sino verdaderos paseos».

De la ciudad se han dejado citas memorables para aquellos que nos consideramos flâneurs. A esta tradición se une Luigi Amara con su más reciente libro, A pie. Luigi Amara (ciudad de México, 1975) ha publicado varios libros de poesía, y ganado varios premios, como son, el Nacional de Poesía Elías Nandino y el Rousset Banda de Crítica Literaria, es parte del equipo de Tumbona Ediciones y su blog es http://coladelmundo.blogspot.com/.

Amara camina por la capital del país, cada verso es un paso ¿a dónde? No lo sabemos, ni siquiera el autor lo sabe. En A pie, redescubrimos el placer de ir sin un rumbo fijo. Dentro de este poema largo, hay un sinfín de pensamientos que el peatón tiene, un sinfín de destinos. Amara convive en un fluir psíquico a través de las calles que visita.

El ritmo del poema es bien definido, un uno-dos muy constante; casi siempre con ideas relacionadas entre sí pero que se sostienen por sí mismas. Así, de pronto salimos del metro y encontramos los puestos ambulantes, después saltamos a un cine porno, o simplemente deambulamos por el centro. Un gran acierto de Amara es retratar lo más fielmente posible el lenguaje de lo cotidiano y las imágenes del diario; si bien, por momentos se lee ensimismado, de un momento a otro aparecen las personas recordándonos, como dice Alberto Chimal en La ciudad imaginada, que la ciudad no son los edificios, «La ciudad es carne» y más adelante, «La carne de la ciudad es la que nunca está en silencio».

El verso libre da entrada a Amara para poder citar a otros autores que, dentro de la reflexiones que la voz poética va teniendo en el recorrido, se convierten en habitantes distinguidos de la ciudad y del libro. De esta manera nos topamos con Edgar Allan Poe y  los vendedores ambulantes, el primero dice: «Leer la historia de muchos años / en el breve intervalo / de una mirada», los segundos: «Todo está a la venta / y si no / pregunte».

El ritmo del poema es el ritmo de la ciudad, y sus versos son las voces de todos los habitantes, con tantas barreras entre ellos, pero al mismo tiempo siendo uno solo. Amara, más que un recorrido por la ciudad, logra un paseo por los distintos murmullos que en las calles convergen.

La falla más notoria de A pie, es que no tiene una estructura definida. Dentro del andar saltamos de un lugar a otro, que en varias ocasiones, no es cercano; hay un salto entre los destinos y, me atrevo a señalar, que también en el tiempo. Sin duda, A pie no es el resultado de una misma vista sino de varias, donde el tiempo y los lugares ya no son los mismos que Amara describe. Parece recurrir a la memoria para dibujar las calles, mas no recuerda que es traicionera. A pie no es el recorrido de la ciudad de México, es el recorrido de una ciudad que sólo Amara conoce. Cada persona es una ciudad entera.

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Joaquín Guillén Márquez (México, 1990) es estudiante de Literatura Inglesa en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha colaborado en El Universal, Punto en Línea, Palabras Malditas y La Movida Literaria. Es asistente editorial de HermanoCerdo y miembro del consejo editorial de Cuadrivio.

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Posted by Revista Cuadrivio

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