Olga Hepnarová: la condenada por la sociedad

«Yo, Olga», filme dirigido por Petr Kazda y Tomas Weinreb «nos lleva a reflexionar irremediablemente sobre la culpabilidad del acto».

Olga Hepnarová: la condenada por la sociedad

Yelenia Cuervo

A donde sea, pero fuera de este mundo.

Charles Baudelaire

 

El filme de Já, Olga Hepnarová (2016), traducido al español como Yo, Olga. La historia de una asesina, relata la historia de una joven marginada, agredida y presa de una sociedad checa cerrada a las preferencias sexuales «diferentes». La cinta coproducida por República Checa, Polonia, Francia y Eslovaquia se exhibió en el circuito de la Cineteca Nacional, aunque también se presentó en algunos de los cines comerciales.

La cinta está basada en una historia real y se desarrolla en la Checoslovaquia de los años 70; los directores Petr Kazda y Tomas Weinreb –realizadores emergentes del último cine checo– buscaron la posibilidad de hacer un documental, sin embargo pronto desecharon la idea al ver la negativa de los implicados para contar su versión de los hechos. Nos enfrentamos entonces a una historia de ficción proveniente de un texto de corte existencialista escrito por Roman Cílek; los hechos se desarrollan en un universo intimista en el que se desenvuelve la vida de Olga desde su adolescencia hasta los 22 años.

El inicio de la película es determinante para adentrarnos como espectadores a la cruda narración. La primera secuencia de la película presenta a Olga recostada en su cama, la cámara enfoca el rostro, hasta cierto punto placentero, e inmediatamente después la madre entra a la habitación para señalarle sus obligaciones: bañarse e ir a la escuela. Corte. La siguiente escena nos muestra a Olga vomitando en su baño y nos enteramos que ha tomado pastillas para suicidarse. Su madre decide internarla en una institución psiquiátrica, no sin antes afirmar de manera contundente que para matarse se necesita demasiada voluntad, cualidad de la que –desde su perspectiva– carece su pequeña Olga.

Pronto, la estancia en el psiquiátrico se convierte en un continuo acoso por parte de las internas, acontecimiento que la lleva a refugiarse en la soledad, la lectura y la escritura epistolar: monólogo íntimo donde escuchamos una voz en off que intenta elucidar todas las sensaciones a partir de las cuales se expresa el sentimiento de no pertenecer a este mundo.

Es a partir de las cartas que vamos conociendo al personaje: desde el maltrato físico que sufre por parte de su padre, la personalidad rígida de su madre, la vida de interna en el psiquiátrico y la dificultad por ser aceptada por sus preferencias sexuales.

El filme presenta una estética sombría, imágenes en blanco y negro que generan una atmósfera particular: la sensación siempre incómoda de soledad y vacuidad en la que deviene una mujer que se encamina a su propia aniquilación. De esta manera la imagen refuerza el retrato psicológico de Olga: lo taciturno, lo excluido y lo sórdido de su existencia. Por eso, a pesar del manejo elogiable de la luz en las escenas, el espectador, más que rendirse a la contemplación, es afectado por un universo emocional.

Ante el filme, nos fundimos en esa sensación de no corresponder a un lugar preciso, a la de estar buscando sin llegar a ningún puerto, a la del rechazo y la ignominia. Así, en la mayoría de las secuencias vemos a Olga solitaria, seria, pasiva y callada –a excepción de las secuencias en las que maneja un camión y se muestra segura; estas escenas aparecen en contraposición con el resto, pues por un lado aparece una Olga ensimismada, y por otro, una mujer que solo es capaz de liberarse a partir del acto de conducir–.

En una de sus últimas cartas dirigida a esa masa de «seres inanimados», como suele expresarse de la sociedad, Olga relata todas las vejaciones que ha sufrido a su corta edad, situando al lector-espectador frente a dos posibilidades: el suicidio o la venganza.

Olga conduce su camión a gran velocidad hasta llegar a Praga, donde atropella a veinte personas en una acera. Ocho de ellas mueren. Encarcelada pide a su abogado que no aluda demencia, pues lo que ella busca es hacer patente su decisión de cometer un homicidio múltiple. Dos años más tarde es ejecutada mediante un ahorcamiento de caída corta, sin embargo nunca muestra remordimiento alguno, exponiendo en el juicio la forma en que ella decidió hacer visible su enojo y vengar a todas las personas que han sido acosadas de manera injusta.

En última instancia, el filme nos lleva a reflexionar irremediablemente sobre la culpabilidad del acto: ¿fue acaso la sociedad? ¿Fue el estado psiquiátrico de Olga, su historia de vida? ¿El ambiente social en el que estaba inmersa? ¿Una falta de amor propio que hace patente uno de los psiquiatras que la examina? Sin una pretensión moralista, los directores nos presentan los hechos y queda al espectador juzgar lo acontecido.

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Posted by Yelenia Cuervo

Licenciada en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México, con estudios de posgrado en Estética por la misma institución, y maestra en Filosofía y Medios de Comunicación egresada del Instituto Salesiano de Estudios Superiores. Cursó el diplomado de Creación Literaria de la Sogem, así como el diplomado de Teoría y Análisis Cinematográfico en la Universidad Autónoma Metropolitana. Colaboró en la revista Horizontum con una columna sobre cine y actualmente escribe en la revista Sombra del aire.

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