El cantar de los ñeros. La poesía ñerobarroca de Lufloro Panadero

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Luis Flores Romero (Lufloro Panadero),

Sonetos ñerobarrocos, México, Gorrión Editorial, 2016.

 

 

Laura Sofía Rivero

 

Mientras que Omar Calabresse no duda en comprender nuestra época como la era del neobarroco, Lufloro Panadero apuesta por la poesía ñerobarroca. En su página de Facebook, sus versos lo han hecho popular por construir un nicho para el poema de ocasión, ese que permite versificar el cotidiano, las noticias más recientes y los pensamientos escurridizos. A través de las redes sociales ha hecho convivir tanto décimas como sonetos sobre política y eventos virales con algunos memes que se ríen de la vida literaria.

A inicios de 2016, Gorrión Editorial publicó Sonetos ñerobarrocos, un librito de formato pequeño que muestra en cuarenta y nueve sonetos la ágil pluma de Luis Flores Romero, el poeta detrás de las atrevidas consonancias de Lufloro Panadero, autor satírico. El divertido poemario tiene la peculiaridad de no ceder ningún espacio a la solemnidad: el humor característico del autor se traslapa a los paratextos, pues los títulos, las dedicatorias y el prefacio parodian las convenciones de la literatura barroca en un afán de desautomatizarla. El cuidado editorial tuvo a bien emular algunas formas de impresión del siglo XVI, por eso desde la primera página nos encontramos con la leyenda: «Sonetos ñerobarrocos. Compuestos por Lufloro Panadero, dirigidos al excelentísimo Señor Juan Pérez, Mirrey de Tláhuac, Chavorruco de la Condesa, Hípster de Coyoacán, Tianguista de Santa Martha, Chaca de la Morelos y Ermitaño de la Friendzone».

Este primer acercamiento pinta el retrato de la poética de Lufloro: la audaz mezcla del conocimiento de la tradición y los temas vulgares. Un ñerobarroco puro. Si en la contraportada el libro esboza las directrices de lo ñero, los sonetos nos lo aclaran al tratar temas tan diversos y mundanos como el sexo, el porno, los antojitos, el metro y la experiencia universitaria con la soltura de un albur mexicano endecasílabo.

Luis Flores Romero es un poeta cuyo oficio se deja ver en los juegos de lenguaje que logran rimas insólitas y juguetonas: «Amor, agrediré cada palabra / porque tengo una torrencial urgencia / de romper este pésimo silencia / y exigir tu figura y tu mirabra». La sátira de la vida cotidiana no discrepa con referencias intertextuales que aluden a poemas clásicos del Barroco como el soneto titulado «Escribe, por encargo, unas líneas que hablan sobre su escaso conocimiento del Buda» y que dialoga con el soneto de Félix Lope de Vega según podemos leer en su inicio: «Un soneto que verse sobre Buda / me manda hacer el tuíter, y yo accedo / aunque apenas del tema sepa un bledo / y al escribir su nombre tenga duda».

Soñetos ñerobarrocos es un libro que conecta lo culto y lo vulgar para demostrar que quizá siempre ha existido una unión indiscutible entre ambas esferas. Nos recuerda que el barroco no solo fue una época dorada de las letras hispánicas sino también uno de los grandes escenarios de la poesía satírica y de la reinvención del lenguaje poético. Si para muchos la métrica pareciera ser una herramienta anquilosada que hace oler los versos a armario encerrado, para Luis Flores Romero es un pretexto para renovar las palabras encorsetadas y darles una nueva elasticidad. Y a los lectores nos permite leer el mundo cotidiano en clave endecasílaba: la transmutación de El Brayan de chaca a hípster, los cursos de Harmon Hall, los besos que se pueden dar de metro Chabacano a San Antonio.

Escribo esta reseña de un libro que tiene más de un año de haber sido editado no solo para colaborar con el proyecto que esta sección tiene al recuperar libros de poca difusión, sino también para ejercer presión a los editores que están por publicar las décimas satíricas de Luis Flores Romero, un libro que todo Mirrey de Tenochtitlan disfrutará acompañado de un pozole y unos dorilokos.

 

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Laura Sofía Rivero (Ciudad de México, 1993) estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la UNAM. Becaria en el área de ensayo del FONCA y de la Fundación para las Letras Mexicanas en la generación 2016-2017. Obtuvo el Premio Dolores Castro 2016 de ensayo por el libro Retóricas del presente, así como el III Concurso Nacional de crítica literaria Elvira López Aparicio 2016, entre otros. Ha publicado en las revistas EstePaís, La palabra y el hombre, Punto de partida y Círculo de poesía, por mencionar algunas.

 

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