«wordlegs»: palabras que sostienen

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Joaquín Guillén Márquez


Para empezar una revista literaria siempre se requiere cierta actitud temeraria hacia el ambiente. Unos lo hacen para ser leídos, otros para que lean. Lo cierto es que revistas no faltan, y personas que escriban en ellas, tampoco. Lo que casi nunca hay es el empuje que debe venir desde alguna base. Cada que una revista nace debería tener como propósito dejar huella, seguir cosechando camino y, por supuesto, dar la bienvenida a nuevos lectores.

La revista wordlegs opera en Irlanda; su aniversario fue el primer mes de 2010, así que vale recordar que es relativamente joven. Entró por la puerta nueva de la literatura, el internet. Una de sus virtudes es la coherencia visible entre el nombre, propósito y diseño de la revista: no hacen falta textos que no sean literarios, ni imágenes que den la bienvenida en la página principal; wordlegs se sostiene sólo de palabras.

El diseño es agradable y minimalista, lo que ayuda a la lectura y navegación. Sus categorías principales son la narrativa (larga y corta, separadas en wordlegs como «Short-story» y «Flash-fiction») y la poesía. El catálogo de autores no es nada malo. Se privilegia, sobre todo, la juventud y frescura de las plumas, sin dejar de lado la experiencia y solidez literaria que una pluma como Kevin Higgins puede traer.

El primer número de una revista, menciona Sheridan, debe tener algo de paladín y algo de manifiesto. En él vemos qué es lo que se propone y se quiere, una suerte de justificación. En wordlegs no encontramos nada de eso, salvo el placer de «ofrecer literatura a los jóvenes lectores irlandeses», y es cierto que a veces no hace falta más que el placer de querer hacer algo, detonar la escena y huir.

wordlegs no es una revista que pretenda reunir lo mejor de la literatura joven y mezclarla con experiencia; en cambio sí es un escaparate de palabras, donde escriben y escribirán jóvenes promesas. Sólo hay que lamentar un par de cosas de la revista: no hay una discusión directa entre los autores y los lectores, los contenidos no cambian, y a veces, cae en regionalismos que nos impiden ver con claridad la escena joven de la literatura irlandesa. Las palabras sostienen la revista, y los editores y escritores lo saben; es por eso que deben solidificar sus intenciones, dar un poco más de entrada al ensayo literario y lírico –que hay poco– y crear un diálogo verdaderamente plural.

 

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Joaquín Guillén Márquez (Ciudad de México, 1990) es estudiante de Literatura Inglesa en la UNAM. Ha colaborado en revistas y periódicos como La Jornada Semanal, Punto en Línea, Palabras Malditas, Tierra Adentro y Hermano Cerdo. Fue editor de Cuadrivio.

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Cuadrivio, revista de literatura, política, ciencias y artes.

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