Clases de manejo

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Eduardo de Gortari

 

 

 

De alguna forma, le hicimos honor a nuestro nombre:

 

Todos los martes tocábamos punk

ebrios siempre desafinados siempre

Rodeados de las novias y de amigos

revivíamos Woodstock en mi cuarto

 

Teníamos huevos y buenas rolas

y la idea exacta de quiénes éramos

al tocar las guitarras como rifles

Pero nunca tendríamos futuro

 

Estoy desempleado y mis amigos

trabajan en oficinas y bancos

He vivido más años que mis héroes

 

Fuimos el pop del pasado y dudo que

pueda sentir algo real de nuevo

si cada ensayo era una ceremonia

 

 

Clases de manejo

Nothing behind me,

everything ahead of me,

as is ever so on the road.

Jack Kerouac

 

Conduzco mientras mi padre duerme en el asiento del copiloto

En una estrecha carretera oscura/ voy a 150 kilómetros por hora

sin ver más allá de lo que alumbran los faros del coche

y un disco de Bob Dylan que escuché por primera vez

en una noche parecida a ésta:

Bajo una lluvia torrencial

mi padre llevaba a la familia por una carretera infame

Mientras todos dormían

yo me preguntaba cómo podía manejar sin miedo

sin ver más allá de lo que alumbraban los faros del coche

y el mismo disco de Bob Dylan

 

Desde entonces tenía la mala costumbre de confundir estos hechos con la magia:

Con un fémur de acero y arterias de plástico

cuando le digo cyborg a mi padre

quiero decir que la civilización está siempre frente a mis ojos //como mis lentes//

que aún le añado a ciencia el adjetivo ficción

cuando le digo cyborg a mi padre

recuerdo que al salir de la más reciente operación el médico nos dijo que fue

indispensable su masa muscular:

¿De dónde sacó esas piernas de corredor?

 

Mi padre sólo respondió:

10 de junio de 1971

Porque en efecto fue un corredor olímpico en esa fecha

y nadie le entregó una medalla:

Desde los primeros disparos corrió sin voltear por toda la avenida

y se refugió en un cine

43 años después sigue sin recordar qué película vio

 

Soy un autor de tres o cuatro temas y reconozco que el que le robé a mi padre

es la constante confirmación de esa metáfora que equipara la vida con un coche

puedo decirlo ahora

porque he sostenido su cabeza inconsciente en el hospital

como la cabeza del santo que nunca fue

//y cuando piensa en los créditos de su historia sigue sin saber qué película vio//

porque nunca salvaré a nadie como lo hicieron mis padres

ni extraeré tumores ni limpiaré la carne quemada

pero ellos creen que puedo auscultar a algunos con mayor astucia

que en el principio de los tiempos nuestros trabajos los ejercía la misma persona

 

Me he visto golpear en las mismas partes el mismo coche

y lo digo sin orgullo

pero también sin vergüenza:

43 años después mi padre sigue corriendo

 

Ahora duerme en el asiento del copiloto

aun sabiendo que no puedo ver más allá

de lo que alumbran los faros del coche

y un disco de Bob Dylan

 

Aprendo a correr

y sé que siempre fue así en la carretera:

porque aún confundo estos hechos con la magia

puedo responder a la frase que abre el coro de su canción favorita:

 

¿cómo se siente?

 

 

 

 

 

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Eduardo de Gortari (Ciudad de México, 1988) es autor de los poemarios Singles //05/08// (RDLPS, 2008) y La radio en el pecho (FETA, 2010), este último elegido como uno de los mejores del 2010 por el diario Reforma. Ha colaborado en revistas como Tierra Adentro y Luvina y en antologías como Función privada, los escritores y sus películas (Cineteca Nacional, 2013) y Rigo es amor (Tusquets, 2013). En 2013 ganó el Premio Punto de Partida en la categoría de poesía. Fue becario del FONCA. Estudia Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM.

 

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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