El futuro del futbol es femenino

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Claudia Pedraza

 

Rand Albustanji tiene 16 años y está en edad casadera. Vive en un país donde la poligamia es legal, por lo que si decide casarse, será una de las muchas esposas de su marido. Si llega a tener hijos, jamás podrá ser su tutora legal ni trasmitirles la nacionalidad, pues éstos son derechos exclusivos de los hombres. Si sus familiares consideran que ha dañado su reputación por no aceptar un matrimonio arreglado, por mantener una relación extramarital o por usar ropa atrevida, la pueden asesinar sin recibir castigo, pues es un «crimen de honor». Aunque las leyes de su país no obligan a las mujeres a cubrirse la cabeza con el hiyab, Rand lo hace cada vez que sale a la cancha, junto con unas mallas que cubren sus piernas y sus guantes de portera, pues Rand juega futbol, no en cualquier equipo: es parte de la selección nacional sub 17 de Jordania.

Hace una década no era fácil encontrar a jóvenes musulmanas de menos de 17 años jugando futbol. Este mes, la selección jordana fue la anfitriona del Campeonato Mundial Sub 17. El torneo se celebró justo en las «bodas de plata» del futbol femenil y la FIFA. Apenas en 1991 la FIFA organizó el primer mundial de la rama, en China. A 25 años, el Mundial de Jordania 2016 –efectuado en un país islámico y con selecciones juveniles– constituye en sí mismo una muestra del avance del balompié femenil.

«Sabemos dónde estamos y esto sólo es el comienzo»[1] fue la declaración de la portera jordana al ser eliminada del torneo, tras perder los tres partidos de la primera ronda. Los tres, por goleada. Para cualquier otro equipo, los resultados serían desalentadores; para las anfitrionas son desafiantes.

Rand es parte de la primera selección de su país que participa en un campeonato mundial. La mayor parte de las jugadoras provienen del equipo nacional sub 14, que durante tres años consecutivos fue campeón de Asia en la categoría. En los torneos regionales, las jordanas son las rivales a vencer, pero ellas quieren dar el salto al siguiente nivel.

Hace poco más de 10 años, Jordania no tenía selección femenil, ya que las mujeres sólo podían jugar en equipos universitarios y en la modalidad de futbol sala. Fue hasta el 2005 que la Federación Jordana de Futbol formó el primer representativo nacional a fin de participar en el Campeonato de Asia Occidental. La sorpresa fue que el incipiente equipo conquistó el título y ahí comenzó la revolución del futbol femenil de la región. Cinco años más tarde, las jordanas conquistaron la primera Copa Árabe de Futbol, en donde también participaron las selecciones de Iraq, Egipto, Siria, Palestina, Qatar, Líbano y Bahréin. Para el 2015, además de la selección mayor, ya existían equipos de las categorías sub 17 y sub 14. Un rápido avance, si se consideran las restricciones sobre la participación de las mujeres musulmanas en la vida pública.

Los países de oriente medio han sido los últimos en dejarse llevar por la inercia del futbol femenil. Cuando la FIFA celebró el primer mundial, 45 selecciones disputaron las eliminatorias. En la última copa de la categoría mayor, efectuada en Canadá en el 2015, 128 equipos pelearon la fase preliminar para quedar entre los 24 clasificados. Es decir, en 25 años, el número de participantes se triplicó. Esto no es lo único que se ha multiplicado: además del campeonato en la categoría mayor, las mujeres hoy juegan el mundial sub 20 (desde el 2002) y  el sub 17 (desde el 2008). De las 211 federaciones afiliadas a la FIFA, 168 cuentan con una selección femenil. Aunque la organización sólo tiene registradas a cerca de 5 millones de jugadoras, se calcula que más de 30 millones de mujeres patean el balón alrededor del mundo[2] y se trabaja para que sean más.

 

El calentamiento previo: la apuesta por la juventud

«Este Mundial va a mejorar la imagen del fútbol femenino»,[3] declaró al inicio del torneo la ex nadadora Samar Nassar, integrante del comité organizador de Jordania 2016. Al menos, ésa es la intención de la FIFA, que con este torneo manda un par de mensajes.

La conciliación entre las reglas del máximo organismo rector del futbol y las normas de comportamiento de la tradición islámica no ha sido sencilla. Hace cuatro años, a la selección iraní se le impidió disputar las eliminatorias de la región para los Juegos Olímpicos de Londres, a causa del hiyab usado por sus jugadoras. Para este mundial, Rand fue una de las dos integrantes del equipo anfitrión que jugó portando la prenda. El mensaje fue: queremos que las mujeres de cualquier lugar jueguen.

Jordania es uno de esos lugares. En todo el país existen cerca de 700 jugadoras federadas en las diferentes categorías. Tan sólo en la primera división profesional varonil de la Liga Española juegan más de 500 futbolistas. Visto así, 700 jugadoras parecen pocas, muy pocas, pero para las jordanas, ser una de esas 700 representa la posibilidad de no convertirse en una de las muchas esposas de alguien a los 16 años. La gran mayoría entrena en alguno de los 15 centros distribuidos por el territorio, en donde se trabaja con los talentos juveniles. Justamente, el trabajo en las categorías inferiores es lo que ha dado empuje al futbol femenil de la región; para la FIFA, ahí está la clave. Por eso el segundo mensaje es: queremos que las jóvenes de cualquier lugar jueguen.

De los 5 millones de jugadoras registradas en todo el mundo, apenas un millón pertenece a las categorías infantiles y juveniles. Aunque la mayoría de los países afiliados cuenta con una selección mayor, sólo la mitad trabaja con representativos de las categorías menores. Es decir, el futbol femenil carece de una estructura de fuerzas básicas; sin embargo, la FIFA ya puso manos a la obra para crearla. Actualmente, existen 640 proyectos para el desarrollo del sector femenil en 120 países, uno de ellos es Live Your Goals,[4] un programa cuyo objetivo es incrementar la participación de las niñas en este deporte. El método es sencillo: se organizan festivales que incluyen torneos, pláticas con jugadoras destacadas de cada país y clínicas de entrenamiento. Nada espectacular, en apariencia, pero al considerar que en muchos países el futbol femenil no cuenta con recursos suficientes, que un programa apoye con camisetas, espacios, premios y material hace una gran diferencia.

En Live Your Goals existen más de 45 mil participantes y éste es uno de los muchos proyectos que busca que las niñas no sólo salten a la cancha, sino que permanezcan en ella y que piensen en convertirse en las próximas seleccionadas, o en entrenadoras o en árbitras; opciones que no siempre han estado presentes para las mujeres en el futbol y que aún hoy, lucen difusas.

 

El partido más difícil: el reto de la profesionalización

En la primera selección femenil de Jordania, aquella del 2005, una joven mediocampista de 16 años destacaba por su talento y velocidad. Su nombre era Farah Al Azab. Tras su debut en la selección, Farah se convirtió en la estrella de la Liga Jordana Femenil. De hecho, fue la primera futbolista fichada por una liga extranjera: la Liga Libanesa, durante la temporada 2008-2009. A los 25 años, cuando para muchos estaba en su mejor momento, decidió abandonar el futbol para continuar con su carrera de ingeniera industrial con un argumento contundente: «los deportes en Jordania no proveen los ingresos financieros para permitir que una mujer se dedique de tiempo completo a esa carrera».[5]

Sin embargo, esto no sólo ocurre en Jordania, pues ni en Costa de Marfil, ni en Argentina, ni en México el futbol provee de ingresos a las mujeres que se quieren dedicar a su práctica. Apenas un año antes de que Farah debutara con su selección, del otro lado del mundo una joven mexicana ponía a la FIFA de cabeza al fichar con un equipo de la segunda división de la liga profesional…varonil. El reglamento de la federación no lo impedía, así que Maribel Domínguez firmó contrato con el Atlético Celaya, pero los altos mandos frenaron su debut. «No tenemos nada contra el hecho de que mujeres jueguen con hombres. Si esta señorita quiere hacerlo, que lo haga pero no en la FIFA», dijo el entonces presidente del organismo, Joseph Blatter. Pero Marigol –como era conocida la delantera mexicana no quería jugar con hombres; lo que quería era jugar como profesional, para lo cual no existía más que la liga varonil.

Tras 25 años, sólo países como Canadá, Estados Unidos y algunas naciones del norte de Europa han logrado consolidar una liga profesional femenil que cuente con recursos, espacios y visibilidad. Aunque la FIFA registra ligas para mujeres en el 78% de las federaciones, muy pocas presentan la solidez necesaria para convertirse en una opción profesional, a pesar del entusiasmo de las jugadoras. Por ejemplo, la Liga Femenil Jordana ha celebrado nueve torneos desde su creación, en el 2006 y el número de clubes participantes ha oscilado entre 4 y 8. El más famoso es el Shabab Al Ordon, campeón en seis ocasiones, en donde juega Stephanie Al Naber, quien al igual que Farah Al Azab, formó parte de la primera selección nacional del país y jugó en un club extranjero. Sólo que ella se fue un poco más lejos: llegó al Fortuna Hjorring, de Dinamarca, por un par de temporadas.

Migrar a las pocas ligas extranjeras profesionales como las de Dinamarca, Finlandia, Noruega, Alemania o Estados Unidos es la única opción para las futbolistas que quieren desarrollar una carrera profesional. Para aquellas que se quedan, las opciones se reducen, por lo que tarde o temprano desertan, ya que a Farah o a Stephanie jamás se les hubiera ocurrido (ni se les hubiera permitido) negociar un contrato con un club varonil.

Las federaciones se resisten a la creación de las ligas femeniles porque más que ganancia, representan inversión. La FIFA es consciente de esta resistencia, por lo tanto impone a las federaciones destinar al menos un 15% de los recursos que reciben del Programa de Asistencia Financiera (FAP) al desarrollo del sector femenil, lo cual incluye el apoyo para las ligas. El recurso global de este programa es de casi 34 mil millones de dólares, de los cuales, 125 millones se destinan a los torneos femeniles. Una cantidad que representa el .33% (sí, con un punto antes) del total. Los torneos varoniles reciben el 6 % del presupuesto del FAP (cerca de 2 mil millones), mientras que más del 90 % se destina al futbol juvenil.

Muy pocas federaciones han logrado incrementar los ingresos para el futbol femenil con otra entrada, como los patrocinios. El referente son los países de la Confederación Asiática de Futbol, a la que pertenece Jordania. Los países de esta región presentan la mayor diversificación de ingresos: el 41% del dinero destinado al sector llega por patrocinios, seguido de la inversión de los gobiernos locales, que representa el 39%. Pero en las otras regiones, el presupuesto de la rama femenil depende del 15% obligatorio mandatado por la FIFA.

Mucho se ha discutido que para aumentar los recursos, hace falta mayor visibilidad, cobertura mediática y difusión de torneos y ligas femeniles; sin embargo, desde el organismo, la única propuesta conocida para incrementar la popularidad fue aquella que hiciera Joseph Blatter en el 2011: usar pantalones más cortos y ajustados «porque así las jugadoras lucen más lindas».[6]

Las oportunidades de profesionalización en otros rubros –sin tener que usar pantalones más cortos y ajustados tampoco son muchas. En todo el mundo, las mujeres representan el 7 % de quienes están en la dirección técnica de los equipos y el 10 % de los cuerpos de arbitraje. La mayor parte de las entrenadoras dirigen equipos femeniles, incluidas las selecciones nacionales, pero a la fecha, no hay ninguna entrenadora a cargo de una selección nacional varonil mayor. En el rubro del arbitraje, la situación es muy similar: casi todas las silbantes participan en partidos femeniles. Aunque numerosas ligas profesionales varoniles incorporan mujeres a los cuerpos de arbitraje, lo hacen como asistentes o juezas de línea, pero muy pocas como juezas centrales. La Liga MX de México podría ser una de esas pocas, ya que hace unos días anunció que es «probable» que para el próximo torneo debute una mujer como árbitra principal,[7] probabilidad que todavía no ha llegado a los mundiales varoniles, donde las mujeres están ausentes a la hora de sonar el silbato.

Este panorama muestra que el interés por aumentar la participación de las jugadoras no ha estado acompañado en la misma proporción por la creación de estructuras para que todas aquellas que decidan ingresar, se queden. Pero eso está por cambiar de la mano de las propias mujeres.

 

El marcador final: la utopía de los altos mandos

«¿Por qué no hay mujeres involucradas en los altos niveles de la FIFA?» Hace un par de años, en la víspera del Mundial Femenil Sub 19, esta pregunta dejó a Joseph Blatter sin más respuesta que la obvia: «Porque el futbol es machista y no acepta mujeres que manden».[8] Los números confirman esta afirmación, ya que en el total de federaciones afiliadas, las mujeres ocupan apenas el 8% de los puestos de decisión. Aunque Canadá y Estados Unidos alcanzan hasta un 19% de representación femenina en sus comités ejecutivos, existen federaciones, como las sudamericanas, en las cuales el porcentaje no supera el 2%.  Sí, en las decisiones que afectan al futbol, incluido el futbol femenil, casi no participan mujeres.

La FIFA tardó 100 años en incorpora a una mujer a su comité ejecutivo. La primera fue Lydia Nsekera, de Burundi, en el 2014; meses más tarde, Sonia Bien-Aime (de Turcas y Caicos) y Moya Dodd (de Australia) se sumaron a los altos mandos del organismo. Las tres fueron asignadas a las comisiones organizadoras de los mundiales femeniles, pero ellas hicieron algo más: impulsaron la creación de una task force o comisión especial para aumentar la presencia de mujeres en todos los rubros, incluidos los puestos de decisión.

Un par de años después, la task force ha dado frutos; el más visible fue la designación de Fatma Samoura como Secretaria General del organismo, a inicios del 2016. En medio de una fuerte crisis de credibilidad, la FIFA puso como segunda al mando a una mujer con una carrera diplomática y humanitaria impecable, pero que no estaba involucrada con el futbol. Muchos vieron la designación como una estrategia para limpiar la imagen institucional. Sin embargo, para las mujeres que participaron en la task force, Samoura representa la punta de lanza para muchos otros cambios.

A la sombra del nombramiento de Samoura, otras dos mujeres llegaron a la élite de la FIFA; una de ellas, en un puesto fundamental: Saraí Bareman, ex seleccionada y federativa de Samoa. Bareman fue la única mujer que participó en la Comisión de Reformas del Congreso de la FIFA 2016. Ahí propuso que para impulsar la rama femenil, era necesario vincular los esfuerzos de todos los niveles, en vez de mantenerlos aislados en cada comisión. Es decir, trabajar de manera integral con niñas, jóvenes, entrenadoras, árbitras y ligas. Su propuesta fue aceptada por unanimidad y derivó en la creación de la División de Futbol Femenil, que ahora se encargará de dirigir. Tras 25 años, el futbol femenil tiene su propio lugar en la estructura de la federación internacional.

La otra es Joyce Cook, quien asumió el mando de la División de Federaciones Miembro, también creada como parte de la restructuración de la FIFA. La federativa británica experta en proyectos deportivos relacionados con la diversidad, la accesibilidad y la inclusión social  tiene el reto de lograr que las federaciones generen e inviertan recursos en otras áreas del futbol que no sean los torneos profesionales, los cuales, en su mayoría, son varoniles.

Salvo Cook, el resto de las altas ejecutivas presentes en la organización provienen de países donde las condiciones de vida de las mujeres son complicadas y donde el futbol no reporta ganancias millonarias: Senegal, Samoa, Burundi. Mujeres que han jugado futbol, han permanecido en él y ahora tienen la oportunidad de cambiarlo. De hecho, ya comenzaron a cambiarlo.

El expresidente Blatter (sí, el mismo que le prohibió jugar a Maribel Domínguez, que sugirió a las jugadoras usar pantalones más cortos y que dijo que el futbol era machista) declaró en una ocasión: «algún día quien dirija la FIFA va a ser una mujer y esto va a cambiar». Blatter ya no está en la FIFA, quienes sí están son Samoura, Cook, Bareman. Detrás de ellas, decenas de entrenadoras trabajando por llegar a las federaciones, y detrás, cientos de jugadoras pensando en convertirse en entrenadoras, y detrás de ellas, miles de jóvenes menores de 17 años jugando futbol. En regiones musulmanas, en favelas brasileñas, en escuelas norteamericanas, todas ellas, repitiendo a su manera lo que dijo Rand Albustanji: «Sabemos dónde estamos y esto sólo es el comienzo».

 

 

 NOTAS

[1] FIFA «Esto no es más que el principio para Jordania». Obtenido de http://es.fifa.com/u17womensworldcup/news/y=2016/m=10/news=esto-no-es-mas-que-el-principio-para-jordania-2842127.html

[2] FIFA Encuesta sobre fútbol femenino2014. Obtenido de http://es.fifa.com/womens-football/womens-survey.html

[3] FIFA  Samar Nassar – INTERVIEW – FIFA U-17 Women’s World Cup Jordan 2016, FIFA, de octubre de 2015. Obtenido de http://es.fifa.com/u17womensworldcup/videos/y=2015/m=10/video=samar-nassar-interview-fifa-u-17-women-s-world-cup-jordan-2016-2708517.html

[4] FIFA Live your goals 17 de octubre de 2016. Obtenido de  http://www.fifa.com/womens-football/live-your-goals/index.html

[5] «Farah Azab her heart is set on the goal», en Arab woman platform. Obtenido de http://en.arabwomanmag.com/farah-azab-her-heart-is-set-on-the-goal/

[6] «Blatter quiere que el futbol se juegue con uniformes más sexys», en Vanguardia.mx, 29 de septiembre de 2011. Obtenido de http://www.vanguardia.com.mx/blatterquierequeelfutbolfemenilsejuegueconuniformesmas%60sexys-1109332.html

[7] «La primera mujer árbitro central en la liga MX llegaría en 2017»,  en As, 13 de octubre de 2016. Obtenido de http://mexico.as.com/mexico/2016/10/13/futbol/1476383084_994058.html

[8] «El futbol es muy machista y le cuesta aceptar a las mujeres en el gobierno»,  en La Vanguardia, 6 de agosto de 2014. Obtenido de

http://www.lavanguardia.com/deportes/futbol/20140806/54413529102/blatter-futbol-muy-machista-cuesta-aceptar-mujeres-gobierno.html

 

 

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Claudia Pedraza es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Vasco de Quiroga (Michoacán), maestra en Comunicación y doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM. Ha sido reportera, guionista, realizadora, locutora y productora en diversos medios michoacanos. Ha ejercido también la docencia. Como investigadora se ha especializado en el análisis del periodismo deportivo, género y comunicación. Recientemente obtuvo el primer lugar, categoría doctorado, del Concurso de Tesis en Género Sor Juana Inés de la Cruz. (Y le va a los Pumas aunque le rompan el corazón.)

 

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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