Las señales que hacemos en los mapas

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Laura Casielles

 

 

PRIMERA CONJUGACIÓN

Encontrar las palabras
elementales. Aprender
cómo decir «perdón» en el idioma del que irrumpe,
y «buenos días», y «toma»,
y «he venido a conocerte», aprender
cómo decir «gracias» en el idioma
de los que también rasgan
y también
se desgarran,
cómo decir
«café», «cariño», «patria»,
«shalom», «salam aalaikum», aprender
cómo se dice «pasa, entra, esta es mi casa»
en un país al sur del que apenas
quedan ruinas, aprender
obrigada, spasiba, aprender
qué colores no existen en las lenguas de África.
Y cómo responder que sí en Pekín.
Llegar a las ciudades y descubrir
los entresijos del mercado,
entender,
aprender
cuál es en cada tierra
la etimología de alma, y de qué modo
saludaban al miedo mis bisabuelos.

Encontrar las palabras elementales.
Y luego hablar.

 

 

ASCENDENTE LIBRA

Conoceréis el amor y entonces
pensaréis en la muerte;
reconoceréis la belleza y entonces pensaréis
en la maldición del paso del tiempo.
Leeréis un verso y recordaréis
que la fruta se pudre,
que la violencia impera;
veréis una joven hermosa
y pensaréis en huesos y en polvo.
Conoceréis la paz y oiréis el eco del grito;
os llevarán al mar y os asombrará
la certeza del llano
que es devastado por el fuego.
Conoceréis el deseo y entonces
temeréis el fin de la tierra.

Pero, otras veces,

conoceréis la muerte y pensaréis en el amor,
reconoceréis la maldición del paso del tiempo
y os haréis súbditos incorruptibles
de la belleza.

 

OFRENDA

Toma, este es mi cuerpo.
Ha vivido tempestades y lleva dentro animales pequeños
que por su nombre podrían ser dinosaurios.
Toma, este es mi cuerpo,
te estaba esperando,
cada mañana lo perfumo y a menudo
no me deja dormir.
Si te fijas bien verás que en los recodos
tiene la forma de tus manos.

Toma, este es mi brazo, tuyo,
este es mi labio,
tuyo,
este es mi cuerpo y enseguida
piel,
entrañas,
tuyo,
se va a poner a llorar de amor,
naranjas, viento,

toma,
este es mi cuerpo,
te estaba esperando,

a veces no estás y no es nada,

a veces cuerpo,

a veces voz.

 

 

LA HISTORIA INTERMINABLE

 

Todas nosotras,
Ícaro,
lo entendemos bien.

Intentábamos alcanzar el amor y acabamos,
siempre,
con las alas quemadas.

 

 

EL DESCANSO DEL GUERRERO

Lo que más le molestaba
a Teseo
–motivo suficiente incluso para un abandono
sin excesos sutiles–
era saber que, sin ella,
nunca hubiera desatado el laberinto,
nunca sido héroe,
nunca vencido fieras ni fantasmas.

«Muchacho»,
dijo el minotauro atravesado,
«eres el más grande de los héroes,
tremendo truco el hilo».

Y mientras el monstruo se desangraba,
afligido por la duda de su mérito Teseo
comprendió
que ya
no iba
a amar a Ariadna.

 

 

LA LEVEDAD DEL PÁJARO

 

Aprender la levedad del pájaro.
Sacar los pies del nido y encontrar
que fuera el mundo es limpio
y el cielo es amplio
y no nos queda nada
por lo que valga la pena no amar.

Aprender
la levedad del pájaro. Respirar.
Sentir cómo pasa el aire
por todas las esquinas del cuerpo,
lo más parecido a volar
que puede hacer una mujer
como yo,
con el corazón
pegado a tierra.
Desafiar
la gravedad
como quien desafía
una norma, aprender
la levedad del pájaro.
Olvidar que las cosas pesan
y echarlas al aire,
quedarse quieta y ver
cómo
les nacen
alas.
Lo más parecido a volar
que puedo hacer,
yo que tengo
los pies
de plomo.

Aprender
la levedad
del pájaro.

 

 

HOMENAJE A LAS HERMANAS

A veces, las mujeres que admiro lloran.
Lloran polen, lloran piedra, lloran plumas caídas de estornino débil
y aceite quemado sobre la arena gris.
Lloran porque no encuentran
el hilo del buen amor,
lloran porque su voz no es una columna de mármol,
lloran por el peso del río.

Hay mujeres que admiro y no conozco y a veces lloran.
Supongo que también les arden bulbos en las entrañas y tienen en el jardín
tumbas de cedro.
Otras mujeres llevan
el fardo prieto de veinte siglos sobre los hombros.
No tienen mucho tiempo para llorar, pero a veces,
manantiales y pozos y olas se les caen a las manos.

El charco repta lentamente, llega al mar de los charcos de antaño.

Se evapora, llueve.

Lustrosas espigas se hinchan
en un huerto de otra parte.

 

ACCIÓN DE GRACIAS

 

Estar
un poquito en la calle y un poquito en los libros,
tener
al menos un amor que haya cambiado el mundo y un puñado de amores menos                                                                                                                          [eternos
que formen entre todos el país donde se quiere vivir.

 

Por lo demás,
ser
una casa con ventanas abiertas,
viento y sol, una cama con alguien,
proyectos,
el pasado presente, el futuro olvidado,
un par de carencias,
la mar,
la salud que no falte,
la risa siempre a punto,

gozar
de los amigos en cuya presencia
nada ha fallado nunca.

No pedir más.

 

 

 

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Laura Casielles (Pola de Siero, Asturias, 1986) es licenciada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y en filosofía por la UNED; y máster en estudios árabes e islámicos contemporáneos por la Universidad Autónoma de Madrid. Es autora de Soldado que huye (Hesperya, 2008), Los idiomas comunes (Hiperión 2010; con esta obra obtuvo el XIII Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal, así como el Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández en 2011, concedido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte) y Las señales que hacemos en los mapas (Libros de la Herida, colección Poesía en Resistencia, 2014), su tercer libro de poesía publicado y cuyo proyecto obtuvo una ayuda a la creación del Instituto Nacional de Juventud. En 2007 fue premio La Voz + Joven de Caja Madrid y La Casa Encendida y en 2009, premio Arte Joven Latina en la categoría de poesía. Ha sido incluida en diversas antologías y libros colectivos y traducida a otros idiomas, y ha visto publicados sus poemas, artículos, entrevistas y traducciones en revistas y periódicos. Realiza traducciones literarias del francés. En la actualidad reside en Madrid.

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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