A las órdenes del viento

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Raquel Lanseros

 

INVOCACIÓN

 

Que no crezca jamás en mis entrañas

esa calma aparente llamada escepticismo.

Huya yo del resabio,

del cinismo,

de la imparcialidad de hombros encogidos.

Crea yo siempre en la vida

crea yo siempre

en las mil infinitas posibilidades.

Engáñenme los cantos de sirenas,

tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua.

Que nunca se parezca mi epidermis

a la piel de un paquidermo inconmovible,

helado.

Llore yo todavía

por sueños imposibles

por amores prohibidos

por fantasías de niña hechas añicos.

Huya yo del realismo encorsetado.

Consérvense en mis labios las canciones,

muchas y muy ruidosas y con muchos acordes.

 

Por si vinieran tiempos de silencio.

 

 

LA MUJER HERIDA

 

Solamente si alguna vez amaste

con uñas y con dientes

sin red

sin salvavidas

aciertes a entender el vértigo insondable

que se extiende a los pies del desengaño.

 

Ella creyó encontrar la fuente del principio

cuando lo conoció, en medio de la tierra,

sin más escudo que su piel de hombre

bruñida por el sol igual que el oro viejo.

 

Lo amó sin precipicios ni preguntas

tiernamente, en silencio

con esa gratitud voluptuosa

que provoca la lluvia.

 

Todo era tan sencillo.

 

Los versos inflamados de poetas infinitos

parecían seguirla a todas partes

como si el corazón se hubiera convertido

en un fiel animal domesticado.

 

Porque no existe nada que perdure

una noche aprendió, como tantos lo hicieran

antes y después de ella,

que el amor es un río con cataratas propias

y remansos ajenos

que siempre desemboca en el océano.

 

Míralo de este modo: la vida te ha enseñado

siguiendo su costumbre de incansable maestra

cómo el alma dibuja

 serenas cicatrices sobre viejas heridas.

 

 

BEATRIZ ORIETA

Muestra nacional

(1919-1945)

 

Los niños corren y saltan a la comba.

Beatriz Orieta pasea junto a Dante

sorteando los pupitres

en medio del camino de la vida…

Tiene litros de frío mojándole la espalda.

Apenas pueden nada contra él

los míseros tizones del brasero oxidado.

 

Entran al aula los gritos infantiles,

huelen a tos y a hambre.

Algunas veces,

Beatriz Orieta casi no contiene

las ganas de llorar

y mira las caritas sucias afanándose

en recordar las tildes de las palabras llanas.

 

Prosigue Dante todo el día musitando

en el oído de Beatriz Orieta

… amor que mueve el sol y las estrellas.

 

Ella siente de veras

que otro mundo la mira

al lado de este mundo gris y parco.

 

Contra el lejano sol

del lejano crepúsculo

dos amantes se miran a los ojos.

Beatriz Orieta está

apoyada en su hombro.

Los álamos susurran las palabras de Dante.

Los amantes son túneles de luz

a través de la niebla.

Los besos, amapolas

de un cuadro de Van Gogh.

 

Pasa el invierno lento como pasa un poema.

 

Pasan el frío andrajoso, la fiebre y el esputo

y toman posesión del blanco cuerpo

igual que las hormigas invadiendo

esas migas de pan abandonadas.

 

Sesenta años después, entre las ruinas verdes

leo un «descanse en paz» envejecido

sobre la tumba de Beatriz Orieta.

 

El silencio es de mármol.

El silencio

es la respuesta de todas las preguntas.

 

Unos metros más lejos, hace solo dos años

yace también el hombre

que, apoyado en el hombro de Beatriz Orieta,

dibujó un corazón sobre un tiempo de hiel.

 

¿Qué más puedo decir?

Que la vida separa a los amantes

ya lo dijo Prévert.

Pero a veces la muerte

vuelve a acercar los labios

de los que un día se amaron.

 

 

A LAS ÓRDENES DEL VIENTO

 

                                   Para todos los que sienten que no están al mando

 

Me habría gustado ser discípula de Ícaro.

Hubiera sido hermoso festejar

las bodas de Calixto y Melibea.

Me habría gustado ser

un hitita ante la reina Nefertari

 el joven Werther en Río de Janeiro

la deslumbrante dama sevillana

por la que Don José rechazó a Carmen.

 

Yo quisiera haber sido el huerto del poeta

 con su verde árbol y su pozo blanco

el inspector fiscal

con el que conversara Maiakovski.

 

Me habría gustado amarte. Te lo juro.

 

Solo que muchas veces la voluntad no basta.

 

 

EL BESO

 

Por celebrar el cuerpo, tan hecho de presente

por estirar sus márgenes y unirlos

al círculo infinito de la savia

nos buscamos a tientas los contornos

para fundir la piel deshabitada

con el rumor sagrado de la vida.

 

Tú me miras colmado de cuanto forja el goce,

volcándome la sangre hacia el origen

y las ganas tomadas hasta el fondo.

 

No existe conjunción más verdadera

ni mayor claridad en la sustancia

de que estamos creados.

 

Esta fusión bendita hecha de entrañas,

la arteria permanente de la estirpe.

 

Solo quien ha besado sabe que es inmortal.

 

 

CONTIGO

 

Porque no vive el alma entre las cosas

sino en la acción audaz de descifrarlas,

yo amo la luz hermana que alienta mis sentidos.

 

Mil veces he deseado averiguar quién soy.

 

Después de tantos nombres,

de tanta travesía hacia mi propia brújula,

podría abrazar la arena durante varios siglos.

Ver pasar el silencio y seguir abrazándola.

 

No está en mí la verdad, cada segundo

es un fugaz intento de atrapar lo inasible.

La verdad no está en nadie, y aún más lejos

yace del rey que de cualquier mendigo.

Si alguien está pensando en perseguirla

no debe olvidar esto:

el fuego ha sido siempre presagio de declive

como la intensidad antesala de olvido.

 

Cuando mis ojos vuelvan al origen,

pido un último don.

Nada más os reclamo.

Poned en mi sepulcro las palabras.

Las que dije mil veces

y las que habría deseado decir al menos una.

 

Guardad en mi costado las palabras.

Las que usé para amar,

las que aprendí a lo largo del camino,

las primeras que oí de labios de mi madre.

 

Envolvedme entre ellas sin reparo,

no temáis por su peso.

Pero cuidad con mimo la palabra contigo.

Tratadla con respeto.

Colocadla

sobre mi corazón.

La verdad no está en nadie, pero acaso

las palabras pudieran engendrarla.

 

Quizá entonces aquel a quien dije «contigo»

y para quien contigo fue toda su costumbre,

se acostará a mi lado con ternura,

juntos en el vacío más sagrado,

cuando la eternidad toma nuestra medida,

cuando la eternidad se pronuncia contigo.

 

 

RESISTENCIA AL CÁLCULO

 

Un silencio fecundo de rugidos

acompaña la tarde litoral y nubosa.

Es una playa ilesa del Pacífico.

 

Manzanillos de agua, heliconias gigantes

meciéndose en la brisa embriagada de nubes.

De repente, el milagro:

dos papagayos rojos

rebasan el umbral de lo posible.

 

Justo en ese momento

yo soy un marinero de la Santa María

mirando Guanahani desde el mástil.

Yo soy Keats descubriendo

el Homero de Chapman.

Gagarin comprendiendo

la soledad helada del espacio.

Tenochtitlán, Numancia,

Troya llorando a Héctor,

un órdago de Dios,

Edmund Dantès al viento.

 

Soy el roce de dos ramas resecas

que encendieron un fuego primitivo.

 

Es fácil de entender si sales de tu nombre.

 

En la Tierra el misterio.

Yo he venido

a ser ola a la vez que miro el mar.

 

 

HIMNO A LA CLARIDAD

 

A cambio de mi vida nada acepto.

¿Qué se puede ofrecer que valga más

que el calor de la llama, que la espiga

convocada a ser grano, que la noche

que dentro ya contiene el joven día?

 

Escucho mis pisadas sobre el suelo.

A lo lejos, alguien también las oye.

Tañido lastimero de campanas

en su oído. Eco de brasas tiernas

en el mío, que todavía es temprano

y en el cuerpo palpita el pulso errante.

 

Me pongo por testigo en esta hora,

cuando la lluvia lava más que riega

y los libros liberan más que nutren.

 

¿A qué esperáis? Encended los caminos,

que empapen bien los ojos. Recorredlos

mientras haya una lumbre en los pulmones,

mientras un niño aguarde su ocasión

de convertirse en hombre, mientras verbos

de orígenes distantes desemboquen

en una voz unida, mientras reinen

las noches que nos prenden, abrazad

el destello arcilloso de la tierra

que es nuestro hogar común,

    el verdadero.

 

A cambio de mi vida nada acepto,

aunque sepa –y bien que eso me duele–

que no siempre es el justo el encumbrado.

La luz es un oficio fugitivo,

impenitente en su aversión al óxido.

 

Aun así, yo me aferro a esta urdimbre,

a esta pila de huesos que me suman,

a este rayo en proceso, presentido

en su persecución de lo inefable.

La profecía acampa frente al cielo

con los párpados tersos y se afana

en avanzar en base a lo avanzado.

 

Que nada nos detenga. La llamada

del infinito debe obedecerse.

Soberana inquietud que nos animas,

enséñanos a merecer el néctar

de estos días que nos tocan. Muéstranos

un modo de luchar contra el vacío

de este dulce interludio. Que la fe

en la alegría posible no abandone

ni la razón despierta ni el recuerdo.

 

Sé que tengo sentido porque vivo,

y sé que no hay dolor ni menoscabo

que puedan inmolar esta fortuna

de ser en el presente, de existir,

de sentirme el orfebre del instante.

 

Yo soy mi propio riesgo. Doy por cierta

la sed de infinitud que me espolea.

Ante el placer de respirar me postro.

 

No hay verdad más profunda que la vida.

 

 

 

 

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Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973). Poeta, traductora, antóloga y profesora universitaria. Ha publicado en España los libros de poesía Leyendas del Promontorio, Diario de un destello, Los ojos de la niebla, Croniria y Las pequeñas espinas son pequeñas. Asimismo, ha publicado siete libros de poesía en Francia, Estados Unidos, Colombia, Argentina, Italia, México y Puerto Rico, respectivamente. Su obra poética ha sido reunida íntegramente en el volumen Esta momentánea eternidad. Poesía (2005-2016), y de modo parcial en las antologías personales La acacia roja, Un sueño dentro de un sueño y A las órdenes del viento.

Como traductora, destaca su publicación de Poemas de amor, una selección de poemas amorosos de Edgar Allan Poe; Poemas, una selección personal de poemas de Lewis Carroll y Los ojos de Elsa, el libro más reconocido y aclamado de Louis Aragon, traducido por primera vez en español.

Ha sido galardonada con el Premio Unicaja de Poesía, un accésit del Premio Adonáis, el Premio de Poesía del Tren, el Premio Antonio Machado en Baeza y el Premio de Poesía Jaén.

Doctora en Didáctica de la Lengua y la Literatura, máster en Comunicación Social y licenciada en Filología Inglesa, su obra poética ha sido traducida a diversas lenguas e incluida en numerosas antologías y publicaciones literarias de todo el mundo.

 

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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