El diablo en el ojo

Por  |  0 Comentarios

Juan Carlos Abril

 

 

TIEMPO

 

Fíjate en el injerto de la vida

pues dentro de unos años, este olivo

débil se encumbrará vigoroso, alto

y dará buena sombra.

 

Al calor de la siesta en los veranos

regábamos los árboles con agua

limpia y fresca del pozo.

 

Luego mueren los padres

y quedan en los campos signos suyos

como restos después de una batalla

que la evidencia nos devuelve

por todo lo que hubo.

 

El riesgo,

más acecha y amenaza

cuanto más quieres mantenerte a salvo.

 

 

EL DIABLO EN EL OJO

 

Algo debe romperse: la obsesión

de la tela de araña

en el rincón oscuro

o los ojos saciados que se abrieron

al combate y así crecen

a su asombro, al vacío

de un contorno maléfico.

Una vez

hubo una casa, igual que hubo una imagen

y un rostro para verla.

 

Entro. La luz del mundo a tientas se abre

y queda una renuncia,

una inmóvil razón que no se apiada

de aquello que descubre y reconoce.

 

Y soy yo, oculto tras la niebla,

quien se delata ahora

con la dicha y los nombres como un ascua

entre los restos de ceniza.

 

¿Eres tú acaso, tú, lo que esperaba?

 

Pensé que era la luz de mi pasado

y solo fue un destello de mí mismo.

 

 

ELEGÍA

 

La noche es el escudo

que abarca su mirada,

la tierra que rodea

desde el riesgo a la tumba.

 

Ya amanece

en la posada del acantilado

donde cuelga un farol

y un letrero que gime en las tormentas

infernales de invierno.

 

Aquí vibra el dominio de la espada,

mano que empuña su destino

libre y que atraviesa

el territorio de la dignidad.

Yo prometo

la tierra de los sueños,

lejana de las leyes de los hombres

que ahora contemplamos.

Voz inerte,

viento, nostalgia. No te apresarán

los perros convocados que persiguen

el olor de una muerte fugitiva,

ni cederán el hambre, los pies siempre cansados,

la persistencia del dolor.

Yo sé

que este horizonte púrpura consigue,

como fuego y presagio,

el rastro insoportable de la cólera,

la luz de la esperanza.

(De Un intruso nos somete, 1997)

 

 

DENTRO

 

En el anillo incómodo que abraza

el murmullo de gotas, en el iris

de la primera lluvia,

y en esta medianoche que nos muestra

su luz, que nunca es propia.

 

Afuera la naranja del invierno

y el movimiento curvo de su música

ridícula y lasciva,

continuamente juega y nos rodea

visible e invisible.

Es el color de la ambición más pura.

 

Comienza una escalera

que en varios puntos falsos cuelga y sube,

y se pierde de vista, interminable

hacia arriba.

Hay monedas

que brillan esparcidas

aquí y allá, con tonos pálidos,

me inclino y las recojo

mojadas, una a una.

Cuánto me gusta su desnudo tacto.

 

Los rellanos indican una pausa.

Después su ascenso sigue.

 

Cada escalón conlleva más dinero

acumulado, y subo derramando

aquel oro que había recogido.

 

La circularidad, su marca nula,

parece que detiene lo que ofrece,

y a veces se insinúa, y cambia, o sigue,

pero no nos perdona.

 

Toma el favor, aquí, que te debía.

 

 

REVERSO

(Fortuna variable)

 

A Carlos Pardo

Una película de sombra opone

con su fuerza y su signo

los dientes de la rueda

a una velocidad acelerada.

O mientras vuelve roto

su recorrido,

y aunque no exista una aventura,

concluye su tensión.

 

Mejor no esperes nada. No hay fondo.

Escucha la reserva del futuro

que te acompañará.

Su golosina

oscura en esta noche

–su agujero violeta–

ha surcado otro verso

terroso y repetido

ya muchas veces.

 

Guarda tu caridad, si algo sucede,

para quien necesite

morder esa ilusión:

entre torpes paréntesis sin orden,

restos de espuma seca,

al subir vertical en el amor

con pasos lentos y resbaladizos,

buscará en qué consiste

como una espiral loca

que al llegar a su límite se cansa,

y más se pierde cuanto más se obstina,

siempre estará girando.

(De El laberinto azul, 2001)

 

 

EMOCIÓN BREVE

 

Por la escalera azul de la mañana

el deshollinador.

 

Su piel de escamas y sus cejas

serpentinas, felices

 

bailan. Todo podrá cambiarse,

dice. Nada me toca.

 

 

TORMENTAS BREVES

 

Se avecinan veloces

las nubes del oeste.

 

¡El agua buena comprimida!

 

Este refugio oscuro.

Nuestro dolor.

 

 

INDUSTRIA

 

Sobre una reflexión erótica

vagaba, y solo para su placer

 

vivía. Al detenerse, abanicó

la arcilla –con su fuego alígero–

 

y desapareció. De aquel modelo guardo

la luz veloz de su gramática.

 

 

PRISMA

 

Todo comienza a ser extraño

igual que entonces. Te distraen

 

–sin dirección– sus formas

hueras que giran y esas leves

 

ideas. Mira

lo que la luz transporta.

(De Crisis, 2007)

 

 

UN MODERNO DRAGÓN

 

mistery train

Sonic Youth

 

Nadie comprende la noche

y nada puede atravesarla

excepto tú

con este poema entre las manos.

 

Un tren es un dragón que grita en la oscuridad.

Al deslizar su cola esparce chispas

y perfora las sombras con su ojo amarillo.

 

La tierra tiembla cuando pasa…

 

Deja fragmentos o significados

para quien tenga una inquietud

y los recoja, deja

constelaciones de ciudades

en fuga: tu destino.

 

Carácter es destino

y una promesa íntima: no cambies.

 

No sé de dónde vengo,

tampoco dónde voy… pero ¿qué importa?

Quien sienta miedo nunca entrará en la leyenda.

 

Por eso vivo con el mito

de la amistad

atravesando la frontera

de esta página. Y aunque hoy esté

solo

me conmueve el abrazo que me aguarda

tras este largo viaje hacia el vacío.

 

Da igual si no te esperan

en un andén.

Yo seguiré

luchando

por la amistad, como una máquina,

a pesar de que el hombre,

como un animal fabuloso,

siempre muerda su propio límite,

y la melancolía nos deje

esta lágrima extraña

que llamamos historia.

 

Tren misterioso

por el camino

de este poema.

 

Tren misterioso hacia tu corazón.

 

 

LA NAVE NO VA

 

Has renunciado a la amistad

y a su oscura provincia,

porque no sirve lo que aprendes.

También a la belleza,

a la incapacidad de desprendernos

del pasado, romper con nada,

o abrir sendas para alguien.

Cumplo

cuanto me prometí a mí mismo.

Llegó la hora de afilar los lápices.

 

Años atrás, allá en el fondo,

la gruta de los crédulos

nos albergaba

nadando entre monedas de oro.

Entrábamos hipnotizados

en la comodidad de los racimos.

 

Y mientras

por el coro se oían los murmullos,

puse carteles convocando

para el ensayo general.

Andaba cerca –eso creías–

la representación de El gran motín.

 

Nuestro guía interior

atravesaba

la realidad, y su misterio

de bambúes, ensimismado

como un contorsionista

a punto de partirse.

Con quejas que carecen

de pudor, cundieron las sombras,

y parecía que no iban contigo.

 

Algo anunciaba los primeros hielos.

Pasábamos noches enteras

hablando, de la luna

emanaban amaneceres

agrios. Tú que vienes del mar,

¿la tierra, tiembla?

 

Había aparecido un sol negro

y era ya un síntoma:

sus aledaños sin costumbre

hasta que comenzamos

a convivir con nuestra enfermedad.

 

Presos desde el inicio,

qué más da perlas o semillas,

si no existen los valores

más allá del humo que reverberan.

 

Te saldrá una verruga

por soñar demasiado.

 

La vida, me decían, era simple,

pero el complejo era yo, en la vanguardia

de excursionistas

con torpes pretensiones

por entender la realidad:

dulce pelusa,

divino ombligo…

 

¡Ah falsos capitanes a babor!

 

La máscara más cara

que he llevado,

multiplicó sus reglas

y ya no pertenezco a aquel lugar,

y ya no quiero ser de ningún otro.

 

Deberías pensar más a menudo

que fuiste el elegido,

tú, el grumete.

 

 

DON DE LA INGENUIDAD

 

Cuando regreses

a la ciudad verás las ilusiones

que madrugan con sus acentos

incapaces de desprenderse

del pasado, que ignora

lo mismo que nosotros.

 

Tú ni siquiera sabes por qué vives,

cómo es posible limitar

la realidad de varias formas,

si es tuyo este deseo

en la utopía de los débiles,

rebeldes, nunca hermosos.

 

No dormirán las culpas hasta tarde

y en su espiral el ruido

con su dragón ajuglarado

bisbiseará un nuevo día:

Horarios imposibles,

beata actividad.

 

Contra ti mismo cuántas veces;

cuántos modos conoces

de hacerte daño.

Ya no quedan violines

y la melancolía de las fuentes

posee menos memoria

que sentido común.

 

He de explicarlo casi todo.

El tiempo, como un herpes, su sintaxis

sin posibilidad. Irás

pero no volverás.

Este país tiene la pata herida.

 

Yo quise destruirme

fregando platos,

dije lo que me apetecía.

 

En los desfiladeros

de mis eses,

con el afán

de principios de curso

superé mi propia rutina

y eliminé

lo que no soportabas.

Unos dicen que ha muerto,

otros que nunca morirá.

 

Aún así

te convences con poco.

 

Colono de una lengua

que hoy sigues recordando,

quiero reírme

de esas largas genealogías

mientras diseño aquí mi casa:

encinas y palmeras,

tamarindos,

palabras con descuento

e insistencia:

es tu virtud.

 

Y otro episodio

dentro de ese vacío

infantiloide

que debes aceptar

intermitente,

la descripción de un personaje

con flexibilidad: ser puente o río.

 

 

 

 

______________

Juan Carlos Abril (Los Villares, Jaén, España, 1974) es doctor en Literatura española por la Universidad de Granada, donde trabaja como profesor. Ha recibido numerosos premios literarios y ha publicado los libros de poemas Un intruso nos somete (1997), El laberinto azul (2001) y Crisis (2007), reunidos en 2013 por la editorial El Tucán de Virginia, de México, bajo el título Poesía (1997-2007). Recientemente ha publicado la antología Esperar es un camino en Costa Rica (2016). Ha preparado ediciones de autores como José Manuel Caballero Bonald (Material del deseo, La Otra, 2013), Francisco Brines (Jardín en la niebla, La Otra, 2015), Luis García Montero (Una lágrima extraña, La Otra, 2016), Antonio Deltoro, Fabio Morábito, Omar Lara, José Julio Cabanillas o Víctor Rodríguez Núñez, entre otros; las antologías Deshabitados (2008), Campos magnéticos. Veinte poetas españoles para el siglo xxi (La Otra, 2011), y coordinado el volumen Gramáticas del fragmento. Estudios sobre poesía española para el siglo XXI (2011). También ha traducido El instante después, de Massimo Gezzi; y, junto a Stéphanie Ameri, Las cenizas de Gramsci, de Pier Paolo Pasolini, Los Indomables, de Filippo Tommaso Marinetti, y La bohemia italiana, de Emilio Salgari, entre otros.

Forma parte de numerosas antologías, entre las que destacan 10 menos 30. La ruptura interior en la «poesía de la experiencia», de Luis Antonio de Villena (1997); Yo es otro. Autorretratos de la nueva poesía, de Josep M. Rodríguez (2001); Veinticinco poetas españoles jóvenes (2003), Cima de olvido, de Rafael Alarcón Sierra (2006); La inteligencia y el hacha (Un panorama de la Generación poética del 2000), de Luis Antonio de Villena (2010); o Antología de la poesía española en la segunda mitad del siglo xx, de Álvaro Salvador y Erika Martínez (UNAM, 2011).

También ha publicado crítica literaria y poemas en diversas revistas como Ínsula, Cuadernos Hispanoamericanos, Historia y Política, Rilce, Letras de Deusto, La Estafeta del Viento, Litoral, El Maquinista de la Generación, Sibila, Castilla, Analecta Malacitana, Clarín, o Campo de Agramante, entre otras. Destaca asimismo su volumen de ensayos Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española (2014). Dirige la revista Paraíso.

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *