El difícil tránsito de las hormigas por la senda de los elefantes

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Un sello independiente es como una hormiga tratando de abrirse paso entre las pisadas de los elefantes que compiten por monopolizar el mercado editorial. ¿Qué se necesita para sobrevivir a tan desalentadora carrera? ¿Cuáles son los factores que posibilitan la persistencia y pervivencia de la edición independiente española? Desde su experiencia como editor de Contrabando, Manuel Turégano responde en este texto de batalla.  

 

 

Manuel Turégano

 

Por su tamaño y población (45 millones en apenas 500,000 km2), por el volumen de su público lector (solo un 55% lee algún libro al año) y por el nulo interés de sus instituciones en el fomento de la cultura, a España le debía corresponder un sector editorial raquítico y deslucido. Y, sin embargo, España es una «superpotencia» editorial.

La clave de ese misterio, la explicación de esa incongruencia, está en la exhaustiva presencia del mundo editorial español en América. El libro en España tiene como destinatario natural el mercado de los 500 millones de lectores en español. Esa extraordinaria dimensión es, por otra parte, lo que ha permitido a muchas editoriales sobrevivir a la Gran Crisis (2009-2015). Sin el mercado de América, ahora estaríamos hablando probablemente de las ruinas editoriales españolas.

La Gran Crisis (caída aproximada del 50% de la venta de libros, cierre de cientos de editoriales, librerías, distribuidores), amén de sus efectos devastadores, nos ha dejado también el nefasto fenómeno de la monopolización. Hoy en día, al menos por lo que a literatura se refiere, dos grandes grupos concentran casi el 80% del mercado editorial español. De un lado, el universo de Planeta, con 40 sellos editoriales diferentes; de otro, el conglomerado encabezado por la alemana Bertelsmann (que ha engullido a Mondadori, Random House, Penguin y ahora, también, Alfaguara), que dispone de otros 40 sellos propios.

Pese a esta aplastante hegemonía, hay mucha vida fuera de esa riña de colosos. Algunas grandes (como Anagrama) aún esgrimen orgullosas su independencia (¿hasta cuándo?); otras pequeñas editoriales muy pujantes (como Impedimenta, Nórdica, Sexto Piso) avanzan con paso firme; y la pequeña edición independiente ha entrado en verdadera ebullición. En 2015 y 2016, ha nacido más de una editorial al día. Editar es relativamente barato. Hay mucho talento. Y, también, algo de aventurerismo. Muchos proyectos no celebrarán su segundo aniversario.

Contrabando nació en 2013 en Valencia, la tercera ciudad española, sí… aunque a una cierta distancia sideral de las otras dos. Si Madrid y Barcelona editan cada una más de 20,000 títulos al año, Valencia edita poco más de 3,000.

Contrabando nació con unas pocas ideas claras. La primera: ser una editorial donde primara el compromiso literario. Ser, por tanto, una editorial beligerante contra la idea de que la literatura sea subsumida por la industria del entretenimiento, seducida por la banalización, la serialización y la bestsellerización. La segunda: ser un cauce abierto para autores emergentes y obras difíciles y arriesgadas de calidad acreditada. Tercero: ser una editorial hispana, ya que esa es la dimensión irrenunciable del hecho literario en nuestra lengua. Y cuarto: ser una editorial capaz de buscar y encontrar canales idóneos y alternativos para su distribución. En definitiva, una editorial para libros singulares de buenos autores de ambas orillas dispuestos a innovar, y capaz de funcionar con una lógica distinta a la del mercado.

No voy a negar que levantar un edificio así está resultando bastante difícil. A veces sigue pareciendo un sueño. Otras, una aventura imposible. Pero ese sueño y esa aventura entran en 2017 en su quinto año de existencia.

En ese tiempo hemos aprendido que lo principal es construir un buen catálogo. No publicar muchos títulos, a ver si suena la flauta. No. Lo importante es el valor de cada título. Que cada nuevo título publicado aumente el interés y el compromiso literario de la editorial.

También hemos aprendido lo esencial que es el compromiso del escritor con la editorial. Cada autor debe convertirse en un verdadero «contrabandista». Del mismo modo que la editorial debe comprometerse con cada libro… hasta el fin. Hasta agotar la edición.

Cada ejemplar debe encontrar su destino: un lector verdaderamente interesado. Un lector dispuesto a aceptar el desafío. Un lector dispuesto al «contrabando». Buscarlo y dar con él es el objetivo del trabajo diario de unos «enfermos de literatura» (por adoptar el adecuado lenguaje de Vila-Matas) que desempeñan su oficio de forma totalmente desinteresada.

Así es como hemos conseguido que formen parte de nuestro catálogo escritores de la talla de Rodrigo Rey Rosa, Alejandro Zambra o Ariana Harwicz. O que busquemos apuestas arriesgadas, como introducir en España la narrativa inquietante del argentino Carlos Ríos o la primera novela de un joven talento mexicano, Alejandro Espinosa Fuentes, premio a la mejor novela joven 2015.

Las editoriales independientes no tienen como objetivo hacer números ni cábalas. Su propósito no es dar ningún «pelotazo», sino ser útiles a la literatura. Estar al servicio de eso que Bolaño nos enseñó: que la literatura es un ejercicio de riesgo, un oficio peligroso. Que, como decía Faulkner, «el buen arte puede proceder de rateros, contrabandistas o ladrones de caballos». Que, en definitiva, hay que vivir sin miedo. Incluido el miedo a fracasar.

 

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Manuel Turégano (Albacete, 1955) es editor y escritor, director de Contrabando. En 2010 publicó el libro de cuentos El desorden de nuestras vidas y en 2013 Kein Ausweg/Ninguna salida. Para conocer mejor Contrabando, consulta su página: www.edicionescontrabando.com

 

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