Yeats y el modernismo

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William Butler Yeats

W.B. Yeats es uno de los poetas más importantes en lengua inglesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Su figura y poesía, con todo y las diferencias exploradas en este ensayo, influyeron en autores como W.H. Auden, T.S. Eliot y Ezra Pound. ¿Cuál es la relación entre Yeats y el modernismo? Es la pregunta que detona un recorrido histórico que, de la mano de Daniel Albright, nos lleva hacia el misterioso y controversial W.B. Yeats.


Daniel Albright

Tras su muerte en enero de 1939, Yeats se convirtió rápidamente en el fantasma que asedió al modernismo. El primero en registrar la sombra de Yeats fue W. H. Auden, quien escribió su famosa elegía «In Memory of W. B. Yeats» en febrero de 1939:

Now he is scattered among a hundred cities

And wholly given over to unfamiliar affections

[…]

The words of a dead man

Are modified in the guts of the living.

[…]

Para Auden, Yeats es un Orfeo de mal gusto, cuyo cuerpo se encuentra desperdigado entre las hojas diseminadas de sus volúmenes de poesía, en pleno proceso de digestión en las entrañas de sus lectores. Auden da la distintiva impresión de que Yeats pudo haber sido un bocado más satisfactorio:

You were silly like us

[…]

[Time] Worships language and forgives

Everyone by whom it lives; Pardons cowardice, conceit,

Lays its honours at their feet.

Time that with this strange excuse Pardoned Kipling and his views,

And will pardon Paul Claudel,

Pardons them for writing well.[1]

 

No le dice directamente a Yeats que es tímido, vano, un fascista furioso, pero tratando a Kipling, Claudel y otros poetas sin nombre, cobardes y engreídos, como casos paralelos, deja tales características abiertas a ser una posibilidad.

En un ensayo publicado en el Partisan Review (Primavera, 1939), «The Public v. the Late Mr. William Butler Yeats», Auden, con máscara de fiscal, va más allá: dice que Yeats no hizo nada para crear «un orden social más justo; sólo sintió el odio que es engendrado por el miedo»:

De todos los tipos de auto-evasión abiertos al bien-hacer, el nacionalismo es el más sencillo y el más deshonesto […]. Aun así, en ocasiones ha inspirado a hombres y mujeres a llevar a cabo actos de heroísmo y sacrificio. Por el bien de una Irlanda libre, el poeta Pearse y la condesa Markiewicz lo dieron todo. Pero si el muerto dio todo por el movimiento, lo hizo con una moderación singular […]. ¿Qué podemos decir de un hombre cuyos escritos tempranos intentaron revivir la creencia en hadas, y cuyos temas favoritos eran las leyendas de héroes bárbaros con nombres impronunciables, trabajo que bien ha sido descrito como barcia de salvado?[2]

 El abogado defensor en el debate imaginario de Auden intenta algunas refutaciones afables de esos puntos, pero con menor brío y convicción. En 1939 Auden vio al fantasma de Yeats como un espectro fastidioso e inepto, pero también (como sugiere su elegía de una manera un tanto evasiva) como una figura de fuerza impresionante, un río, una fuente en el desierto del corazón, una completa modalidad de acontecimiento; incluso, el somero vistazo al termómetro en el principio («O all the instruments agree/ The day of his death was a dark cold day») puede ser interpretado como signo de una preferencia por los hechos comprobables sobre las estupideces mitoidales, o como síntoma de desolación del paisaje, producto de la muerte de un maestro, como si Yeats fuera el Rey Pescador de La tierra baldía de Eliot. Es imposible tener claro cuál era la actitud de Auden hacia Yeats. Uno puede sentir que Auden dibuja bigotes a la cara del poeta, como para defenderse de su gigantesca autoridad cultural. La elegía completa funciona, al mismo tiempo, para manifestar al fantasma y para exorcizarlo. Incluso la elección por parte de Auden, al final del poema, de la casi patentada forma del tetrámetro trocaico cataléctico sugiere el poder del fantasma para usurpar el alma del elegista. Auden ridiculiza los espectros de Yeats, pero parece convencido de convertirse un médium, a pesar de ello. Como «Under Ben Bulben», la elegía en tetrámetro de Yeats hecha para él mismo, no fue publicada hasta febrero de 1939, y sólo en tres periódicos irlandeses, el historiador literario puede sentir cierto escalofrío porque el fantasma intentaba aparecerse simultáneamente por medio del Irish Times y por medio de la inteligencia empática de Auden.

La siguiente aparición importante del fantasma sucedió aproximadamente por agosto de 1942, cuando T. S. Eliot escribía los borradores para la entonces insatisfactoria segunda parte de «Little Gidding»:

 

Then, changing face and accent, he

declared with another voice:

These events draw me back to the

streets of the speech I learned early

in life. I also was engaged in the

battle of language. My alien people

with an unknown tongue claimed

me. I saved them by my efforts–

you by my example: yet while I

fought the darkness I also fought the

light, striving again

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3 comentarios

  1. Wislawa Whitman

    agosto 3, 2011 at 12:15 am

    Me parece que la exposición de Yeats bajo los lentes de otros autores y el propio espejo es muy acertada para entender la complejidad y contradicción de este poeta. (Creo que el párrafo en el que se cita la fase 26 del “hombre múltiple” y el contraste que existe con los dadaístas es divertido y muy acertado).

  2. Pedro

    julio 31, 2011 at 11:41 am

    Apoco sí cierran sus comentarios a su editorial. Quizás y lo único bueno sea su portada y eso (editorial) que restringen.

  3. Pingback: Ecos de Irlanda | Revista Cuadrivio