La Cebra

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La Revolución cubana es, para muchos –especialmente para quienes no viven en Cuba–, un país y un suceso que lindan con el mito: banderas, proclamas, fotografías del Che Guevara, leyendas sobre las batallas en Sierra Maestra y Playa Girón, el inagotable venero de sueños y canciones sobre la rebelión de América Latina contra el imperialismo estadounidense. Pero, ¿qué hay debajo de toda esa parafernalia, de esas espesas barbas que han cobijado a la isla durante más de medio siglo? De la mano de un humor afilado y sutil, la presente obra del dramaturgo Salvador Lemis nos lleva directamente al corazón de la «utopía» revolucionaria, es decir, a las vidas de los cubanos de a pie, de los habitantes comunes de esa ínsula en blanco y negro que no aparecen en los afiches pero que viven el día a día del gran mito emancipador latinoamericano del siglo XX.


Salvador Lemis

 

 

Raya blanca I

Seguridad α A ver, pásame esa lista.

Seguridad Ω Con cuidado.

Seguridad α ¿Todos están muertos?

Seguridad Ω Eso parece.

Seguridad α ¿Quién la consiguió?

Seguridad Ω El de siempre.

Seguridad α Es bueno el tipo.

Seguridad Ω El mejor. No se le escapa ni una mosca.

Seguridad α Mientras no le dé por irse.

Seguridad Ω ¿Crees?

Seguridad α Mira el caso del Coronel; ¿quién lo iba a decir? Todos apostamos que se iba al infierno y fíjate, llegó al cielo el muy hijo de puta.

Seguridad Ω Es verdad.

Seguridad α Me pesa revisar esto: si están muertos nadie les va a hacer una estatua frente al mar.

Seguridad Ω Es mejor que se mueran todos a que estén dando problemas.

Seguridad α ¿Queda suficiente café?

Seguridad Ω Si se le puede llamar así. Es chícharo ruso. Tostado.

Seguridad α ¿Por cuál empezamos? ¿Tienes los Expedientes?

Seguridad Ω Todo. Pero si quieres lo dejamos para mañana por la mañana.

Seguridad α No quiero dormir con el pendiente y si nos piden rendir cuentas…

Seguridad Ω Sí. Yo no quiero una sanción. Después me quedo sin ganarme el televisor.

Seguridad α Entonces: ¡manos a la obra!

Seguridad Ω (Lee Actas.) Éste es el más problemático.

Seguridad α «Era» el más conflictivo. Allá los tiburones con su condena.

Seguridad Ω ¿Leo?

Seguridad α Tú lees. Hacemos los subrayados y yo archivo. Algo raro, un detalle: lo consignamos y a dar parte arriba.

Seguridad Ω ¿Empezamos con las mujeres o con los hombres?

Seguridad α Sigue con el primero que apareció. ¿Cómo se llama?

Seguridad Ω Le decían Mino. ¡Mira qué facha! Rapado.

Seguridad α Vaya.

Seguridad Ω La cara de traficante no se la quita nadie.

Seguridad α Ok. Díctame.

Cámara negra: pasa un helicóptero que tira flores: margaritas blancas, naranjas y amarillas. Muy bonitas. Ellos miran a través de una ventana de cemento gris y vidrios sucios. Una paloma tiene su nido allí. Abren el ventanal y lo barren con la mano. Los huevecillos se rompen sobre el pavimento: crash, crash.

 

Raya negra II

 

Mino… ¿Qué haces ahí?

Uma… Sentada.

Mino… Llevas tres horas. ¿No te hace daño el sol?

Uma… Estoy acostumbrada, ya sabes, por tanta cola.

Mino… ¿Esperas a alguien?

Uma… Algo. Espero algo, para ser precisa.

Mino… No me iré de aquí si no me lo aclaras. No pienso…

Uma… La borrasca.

Mino… ¿Qué?

Uma… Va a caer nieve.

Mino… ¡Estás loca, Uma! ¡Esto es el maldito trópico! Sólo caería si se produce un puñetero milagro. (Pausa.) ¿Se produce algo? Aquí ya no se produce nada.

Uma… ¿Tú no crees en milagros?

Mino… (Sonríe.) ¡Vamos!

Uma… La otra tarde cayeron granizos, Mino. Ya es algo.

Mino… ¡Granizos! ¡Pueden caer granizos, pero jamás copos de nieve!

Uma… Si pueden caer trocitos de hielo, entonces hay chance.

Mino… Te vas a poner más negra de lo que eres. (Cantimplora.) ¿Quieres té de hojas de naranja? Está frío.

Uma… Dame. (Beben.)

Mino… Refresca.

Uma… Está bueno.

Mino… Te vas a deshidratar. Lo digo en serio.

Uma… No sé. Ese sol lleva quemando como cincuenta millones de años. Ya se hace odioso.

Mino… Deberías irte de aquí. Este parque está muy cerca de la Embajada. La policía va a creer que escondes algo.

Uma… Es que escondo algo.

Mino… ¿Qué?

Uma… A ti te lo puedo decir, Mino. Encontré el Negocio del Siglo.

Mino… ¡Estás loca, chica! ¿Qué traes ahí?

Uma… Un paisaje.

Mino… ¿Cómo?

Uma… Viñales. El valle. Palmas reales. Niebla. Ya sabes: escuela holandesa.

Mino… Uma.

Uma… Todo eso aquí dentro. ¿No es maravilloso?

Mino… No entiendo.

Uma…  Es de un tipo del siglo XIX. Ayer revendí un Watteau.

Mino… Estás de atar. Para internarte en Mazorra. ¡Es peligroso!

Uma… Más peligroso es vivir.

Mino… Si te agarran con un Watteau…

Uma… Lo único que hice fue devolverlo. Me lo compró un turista. Francés. Una pájara. Así que volvió a Francia. ¿Watteau era francés, no?

 

Cámara negra: permanecen mirando al cielo, pero no cae nieve. Pasa el mismo helicóptero y caen postales rusas del río Volga y de la vía Baikal-Amur. Bastante feas, por cierto. Cientos de niños recogen postales y las coleccionan. Se las llevan a sus mamás, que les pegan en las manos hasta dejárselas moradas.

 

Raya blanca III

Transeúnte… Cruce usted primero.

Peatón… ¡No faltaba más! Cruce usted.

Transeúnte… ¡Claro que no! ¿Y si viene un carro, una ambulancia, una patrulla, un taxi…?

Peatón… Hay que arriesgarse.

Transeúnte… Pero no sería yo el primero en hacerlo. Pase usted.

Peatón… No, no. Cruce esa calle de inmediato.

Transeúnte… ¿Me está obligando?

Peatón… Sí.

Transeúnte… En ese caso.

Peatón… ¿Qué?

Transeúnte… No me queda más remedio que cruzar.

Peatón… ¿Y por qué?

Transeúnte… Estoy acostumbrado a hacerlo todo por obligación.

Peatón… ¡Qué curioso! A mí me pasa lo mismo.

Transeúnte… Entonces cruzamos juntos.

Peatón… Oblígueme. ¡Vamos, hombre! Atrévase.

Transeúnte… ¡Cruce esa puñetera calle!

Peatón… Claro. A propósito: es muy bella su bufanda.

Transeúnte… Es rusa.

Peatón… Se nota. Por los dibujitos feos.

Transeúnte… ¿Será cierto que va a caer nieve?

Peatón… Claro. Son experimentos, creo. De los yanquis. (Transición.) ¿Cruzamos de una vez?

Transeúnte… ¿Vamos juntos?

Peatón… ¿Nos tomamos de la mano? ¿Como colegiales?

Transeúnte… Bueno, me va a recordar una buena época. No pensaba como ahora.

Peatón… Ni yo. (Sonríe.) Son demasiadas cosas en común. ¿Le gustan las mollejas de pollo?

Transeúnte… ¡Claro que no! ¡Qué asco!

Peatón… A mí tampoco. Otra coincidencia.

Transeúnte… ¡Bravo!

Peatón… Cuando va a cruzar una calle, ¿lo hace con la pata izquierda o con la derecha?

Transeúnte… Siempre con la derecha.

Peatón… ¡Yo también!

Transeúnte… ¿No me diga?

Peatón… ¡Sí! (Se abrazan.)

Transeúnte… ¿Tiene hijos?

Peatón… Uno. Se llama Mino.

Transeúnte… ¡¿No me diga?! ¡Yo también tengo uno solo! Y también se llama Mino.

Peatón… ¡Qué bien! Porque no es un nombre común aquí, ¿verdad?

Transeúnte… Es que su abuela materna se llama Mina.

Peatón… Mi suegra también. ¿No es maravilloso?

Transeúnte… Últimamente me están pasando cosas muy raras. Como milagros, ¡qué sé yo!

Peatón… A mí también.

Transeúnte… ¿Dónde trabaja usted? ¿Acaso como yo… en el Zoológico?

Peatón… Casi. Trabajo en el Aeropuerto. Soy oficial de Puerto Aéreo.

Transeúnte… Vaya.

Peatón… Pero es casi un Zoológico. Si viera los animales que llegan y se van. Pingüinos, hienas, rinocerontes, cebras…

Transeúnte… ¿Cruzamos entonces?

Peatón… Sí, sí, claro. No vamos a estar aquí toda la vida.

Transeúnte… Ojalá que no. (Ríen.)

Peatón… Su mano…

Transeúnte… Aquí la tiene.

Peatón… ¡Vamos!

 

Cámara negra: son atropellados por una ambulancia. En la ambulancia viaja una muerta, lleva las venas cortadas con un diamante de cinco quilates. Gritos.

Raya negra IV

Mino… ¡No me lo van a creer! ¡Miren!

Betico… ¡Qué asco! ¿Qué son todas esas vendas?

Fx… Ya sé. Tu ombligo. Tu mamá guardaba el ombligo que te cortaron hace…, ¿cuánto? ¿Dos décadas?

Mino… Prepárense.

Betico… ¿Pongo música?

Mino… No.

Fx… Acaba de desenredar eso.

Mino… Ahí les va. (Muestra.)

Fx… ¿Qué es?

Betico… Vaya. Se ve espeluznante. ¿Un trozo de feto?

Fx… Parece una cáscara seca. ¿De mango o de naranja?

Mino… Está reseca, sí, pero todavía puede reconocerse.

Fx… ¿Qué es, loco?

Mino… La oreja de Van Gogh.

Betico… What?

Fx… ¿En serio?

Betico… ¿Y vas a creerle?

Mino… Un tesoro. Contémplenla.

Fx… Genial.

Mino… Eso vale millones de millones.

Betico… ¿Millones de qué?

Mino… De yenes, de francos suizos, dólares, euros, no sé, depende de en lo que la quieras vender.

Betico… En serio que están pasados.

Fx… ¿Y cómo llegó hasta acá?

Mino… Ya sabes. Aquí aparece todo. Aunque después, paf, desaparezca. La historia es ésta: el mejor amigo la recogió. Y pasó a otro y pasó a otro y pasó a otro y pasó a otro y llegó a mí.

Betico… Vaya.

Fx… Cállate, Betico. ¿Y qué vas a hacer con esta maravilla?

Mino… Comercio, bolsa negra.

Betico… ¿Y dónde está el Acta?

Mino… ¿Qué Acta?

Betico… De autenticidad.

Mino… Todo está en regla. Tengo la caja de madera, registros, época, ¡hasta la puñetera prueba de ADN!

Fx… ¿En serio?

Mino… I’m professional, boy.

Los tres… (Saltos y griterío.)

Betico… Conozco a alguien. Un enlace. Dalo por hecho. Se llama Mono. Mi enlace. Todo un hombre: es maricón. Él dirá quién te la compra. Hace poco logró vender el pene de Caruso. Lo compró un argentino. Un coleccionista de tatuajes de judíos. ¡Va a ser un dineral! Estoy seguro.

Mino… Y después: nos vamos a México. Podremos comprar una casa en Cancún. En plena zona hotelera. ¡Y listo!

Betico… ¿Conseguiste las galletas saladas?

Mino… No pude.

Fx… No importa. Tenemos panqués. Suficiente. Y cantimploras con agua.

Mino… ¿Y la balsa?

Betico… Casi lista.

Fx… (Coloca la oreja de Van Gogh en su oreja.) ¡Hey, se oye el mar!

Betico… ¿Dentro de la oreja?

Fx… Sí, oye.

Betico… Es verdad.

Mino… ¿Ven? Ahora cuesta más.

 

Cámara negra: el grupo de amigos levanta una tela deshilachada –un antiguo telón de embocadura de algún teatro–, y aparece una nave para aventurarse en el mar. Rompen una botella de champán en una de las cuatro esquinas de la gran balsa. Rugen…

Raya blanca V

Funerario… ¿Este es el apartamento 7?

Mino… Sí.

Funerario… ¿Aquí vivía este ciudadano?

Mino… Sí, creo reconocer su fotografía. Es mi padre.

Funerario… Querrá decir: era

Mino… ¿Por qué?

Funerario… Vengo de la Funeraria de la esquina. Por los trámites.

Mino… ¿Qué dice?

Funerario… Mera formalidad.

Mino… Mi papá está vivo.

Funerario… Lamento decirle que acaba de sufrir un accidente del tránsito. Frente al malecón. Una ambulancia… Lo aplastó.

Mino… No entiendo. Si estuviera muerto ya nos hubiera llamado, para despedirse.

Funerario… Seguramente no le dio tiempo. Eso sucede en caso de accidente. Las almas, fuss, vuelan.

Mino… A mi mamá le va a dar un infarto.

Funerario… Nosotros nunca dejamos de tener clientela. Gracias a dios.

Mino… ¿Y… entonces?

Funerario… Firme aquí donde dice «Acepto».

Mino… ¿Acepto qué?

Funerario… Es que debe dar su consentimiento para que maquillen el cadáver. Como una vedette.

Mino… ¿Y eso?

Funerario… Moda.

Mino… Vaya.

Funerario… Es que se acerca el primero de mayo. Ya sabe. Hay desfile. Debe firmar si quiere que su padre esté en la tribuna. Sentado. No se preocupe, no se caerá del andamio. Lo sujetan con sogas y armellas metálicas.

Mino… El sueño de él siempre fue mirar el desfile desde arriba.

Funerario… Ya lo ve, nunca es tarde.

Mino… Firmo. Pero conste que no lo hago por mí.

Funerario… Bueno.

Mino… (Firma.) Ya está. Pero no le diga nada a mi mamá. Le podría dar un infarto. Uno está medio hastiado de la familia, pero no está bien perderlos a todos así, de un viaje.

Funerario… Lo felicito. Es un ciudadano muy consciente.

Mino… No todos piensan igual que usted. Dicen que soy un desastre.

Funerario… ¡Qué triste! ¿Quiere llorar encima de mi hombro izquierdo?

Mino… ¿Acaso no da lo mismo llorar sobre el derecho?

Funerario… Oh, no, jovencito. Todo es simbólico.

Mino… Deje, hoy no estoy particularmente deprimido.

Funerario… ¡No importa eso! Es por el rito. Llore.

Mino… Bueno… (Llora.)

Funerario… (Le acaricia las nalgas.) Niño, niño. Ya pasó. Ya pasó.

Mino… Gracias. Me siento mejor.

Funerario… Sí.

Mino… Más calmado.

Funerario… ¡Fuerte! ¡Como un hombre!

Mino… Sí.

Funerario… ¡Sólo los cristales se rajan!

Mino… Sí.

Funerario… Ahora sólo necesitamos la firma de su padre.

Mino… ¡Pero si está muerto!

Funerario… No importa, llámelo. Es mera formalidad.

Mino… ¡Papi!

Funerario… Por mí no se preocupe. Los de la Funeraria siempre tenemos tiempo.

Mino… ¡Papi! ¡Te busca un señor!

Funerario… Virgilio, me llamo Virgilio.

Mino… ¡Dice que se llama Virgilio!

 

Cámara negra: aparece el padre bailando el mambo número cinco: está vendado; trae una maleta, un saco gris y la bandera japonesa. Se le abre la maleta y ruedan naranjas, así como una hoz y un martillo. Firma y se va con el funerario. Nadie se despide. Regresa y le da una cachetada a mino, haciéndole sangrar la nariz.

Raya negra VI

Mono… (Posa desnudo.) ¿Por qué soy feo? ¿Por qué nací tan feo?

Mino… Te llamas Mono. Es natural.

Mono… Voy a cualquier lado, se quedan mirándome. No pueden vivir sin mirarme. Claro, el país de la gente más linda. Soy la excepción, claro. Voy al espejo y la fealdad extrema aparece, como si ese puñetero espejo me hubiese estado esperando, lleno de inquina y resplandor, el espejo. «¡Hey Mono estoy aquí soy tu peor obsesión asquéate de vivir!»

Mino… Con esos complejos no vas a llegar a ninguna parte. Y no te muevas, estoy trabajando sobre tu perfil.

Mono… Hay una mosca. ¿Me la trago?

Mino… Espántala.

Mono… Ya se fue.

Mino… A lo mejor era el alma de mi papá.

Mono… Por feo es que estoy pasando el Niágara en bicicleta. No puedo ligar turistas extranjeros. ¿Crees que pueda ser jinetero algún día? No se fijan en mí. No se fijan. Viran la cara.

Mino… Alégrate.

Mono… Siento calambres.

Mino… ¡Espera! Termino tu oreja y ya. Es de duende.

Mono… Algo bonito tenía que tener, ¿no crees, Mino?

Mino… Tu pinga es linda. También.

Raya blanca VII

Mino… ¿Qué haces, mother?

Mamá… Flores de papel. Eran violetas y me salieron marpacíficos.

Mino… ¡Qué feas te quedaron!

Mamá… Anoche no llegaste a dormir.

Mino… Es mi problema. Lo cual hace que, siendo mi problema, no sea tu problema.

Mamá… Nietzsche… Zaratustra. Individualismo. Desazón.

Mino… Nos entendimos.

Mamá… Espero que no andes en malos pasos.

Mino… ¿Qué te pasa, mother? ¿Qué coño tienes?

Mamá… Estoy harta.

Mino… Y la coges contra mí.

Mamá… Eres parte del sistema.

Mino… No tengo la culpa de que ya no estés en la Universidad.

Mamá… Mino, me salí porque me dio la gana.

Mino… ¡Te dio la gana y de pronto no hizo falta que alguien impartiera Historia de Rusia!

Mamá… Desayuna.

Mino… No quiero nada.

Mamá… Te hice el último huevo sobre la tierra. No lo desperdicies.

Mino… Me siento a la mesa si te comes la mitad.

Mamá… Ok. (Comen.)

Mino… Está rico. ¿Hay sal?

Mamá… No hay; lo siento, mijo.

Mino..

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Cuadrivio, revista de literatura, política, ciencias y artes.

1 comentario

  1. Salvador Lemis

    mayo 3, 2012 at 11:59 am

    Saludos y gracias, editores!
    No hallo el texto crítico de Jaime Bañuelos. Gracias.