¿Y tú qué sabes?

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Belinka González y Eloísa Rivera apuntan la importancia de tomar con cautela contenidos pseudocientíficos que se ofrecen como verdades infalibles. Las autoras analizan el caso específico de la cinta estadounidense ¿Y tú qué sabes?, así como las claves que la convirtieron en un irresponsable éxito comercial.

 

 

Belinka González y Eloísa Rivera

 

Con el fin de legitimar ideas e incluso ideologías que pretenden ser novedosas y que arguyen tener fundamentos científicos, distintos grupos abusan intencionadamente de términos provenientes de la ciencia, explotando jerga especializada sin explicar el significado de los conceptos ni incluir referencias o fuentes, muchas veces apoyados en recursos de lenguajes audiovisuales que parecen refrendar sus afirmaciones. Tales argucias, basadas en interpretaciones erróneas, en el mejor de los casos, promueven la desinformación, la manipulación y, en situaciones extremas, el fanatismo. Desafortunadamente la mayoría de la gente no tiene una formación que le permita observar la falsedad o el uso faccioso de dichas aseveraciones, lo cual incluso puede llevar a algunas personas a tomar decisiones de vida basadas en este tipo de propaganda.

Para ilustrar lo anterior, hemos elegido la película ¿Y tú qué sabes? por considerar que representa un ejemplo de filme de contenido pseudocientífico que tuvo un relativo éxito de taquillas en los Estados Unidos (siendo una película de bajo presupuesto que recaudó más de 10 millones de dólares y tuvo una amplia exposición, sin contar las ventas en DVD). En México fue exhibida en el año 2005.

Esta cinta emplea recursos propios del cine documental, lo cual dificulta mantener una distancia crítica ante lo expuesto, pues, como nos recuerda François Niney (2009):

 

… no es el mismo régimen de creencia. En ficción, el espectador acuerda su creencia en aquello que reconoce como un relato inventado actuado por personajes, mientras que en documental, admite que se trata de personas, de lugares y de acontecimientos que realmente existen o que han existido independientemente de la película (p. 482).

 

Esto predispone al espectador a mantener una actitud receptiva ante las afirmaciones expuestas a lo largo de la película.

En ella se emplea como hilo narrativo la historia ficticia de Amanda, una fotógrafa sorda que atraviesa un momento personal difícil después de su ruptura matrimonial. A partir de diversas experiencias que la hacen cuestionar su manera de percibir y dirigir su vida, Amanda al final de la película encuentra el balance y la tranquilidad que le hacían falta, aunque su búsqueda al parecer apenas ha comenzado.

A través del montaje de diversas entrevistas a «expertos», los realizadores del filme, William Arntz, Betsy Chasse y Mark Vicente, exponen la premisa de que la conciencia puede modificar la realidad material. Para esto se usan conceptos provenientes de distintas disciplinas, como la fisiología y la psicología, pero principalmente nociones de la mecánica cuántica, por lo que la cinta ha recibido numerosas críticas de la comunidad científica internacional –algunos de sus fundamentos serán expuestos más adelante en este artículo.

Empleando diversos recursos didácticos, como el uso de animaciones para ilustrar los «principios» expresados por los entrevistados, así como la ejemplificación de los mismos en la historia de Amanda y la reiteración constante de lo que se va exponiendo, sin duda esta película puede funcionar tan bien como lo suelen hacer los manuales de autoayuda que proliferan actualmente. Al mostrar la superación de una ruptura amorosa como eje narrativo en la historia ficticia, es fácil presuponer una identificación más sencilla con el espectador, pero lo que sobre todo tiene un atractivo infalible es que se ofrecen respuestas a las preguntas existenciales que la mayoría de las personas en edad adulta se ha planteado alguna vez.

La película comienza con cierta intriga. Vemos a Amanda abordar un tranvía, llegar a un cine y encontrarse consigo misma de tres maneras simultáneas. Escuchamos preguntas como: «¿todas las realidades existen simultáneamente?» y «¿hay alguna posibilidad de que todas las contingencias existan una junto a la otra?». Es entonces que aparecen a cuadro distintas personas adultas (la mayoría varones de raza blanca) sin que se nos diga quiénes son, aunque son mostrados como la convención nos ha enseñado que se representa a quien es especialista en un tema: situados en lugares que denotan un vínculo con la academia o la investigación (estudios o salas de estar repletas de libros, laboratorios con computadoras o espacios abiertos que pertenecen a universidades). Aparentemente no haría falta cuestionar su identidad, pues aparecen investidos con autoridad. En el montaje se muestra a cada personaje de manera breve, diciendo frases editadas y descontextualizadas de su propio discurso, pero que conforman y refuerzan la intención del argumento de los creadores de la película.

Posteriormente se muestra a Amanda ejerciendo su labor de fotógrafa en una estación de tren, con una voz en off no identificada que nos lanza diferentes preguntas y que plantea: «Nos han condicionado para creer que el mundo externo es más real que el mundo interno. Este nuevo modelo de ciencia es justamente lo contrario: dice que lo que ocurre dentro de nosotros creará lo que ocurre fuera de nosotros», lo cual sin duda logra atraer la atención.

Amanda enfrenta diversas situaciones, que van desde ser invitada a jugar básquet por un niño al pasar por una cancha, hasta trabajar como fotógrafa de una boda que se lleva a cabo en el mismo lugar en que se casó, pasando por múltiples discusiones con diversos personajes. Al jugar básquet se escuchan diversas declaraciones (tanto en el diálogo, como a través de las voces en off), entre las cuales está: «Nuestra tendencia es que el mundo ya está ahí independientemente de mi experiencia. No es así. Los átomos no son cosas, sino tendencia. Así, en vez de pensar en cosas, tienes que pensar en posibilidades. Todas son posibilidades de la consciencia». Al hacer tales afirmaciones, los autores parecen referirse a lo que dice la mecánica cuántica, pero, claramente, no comprenden de qué se trata.

 

¿Qué dice la mecánica cuántica?

Probablemente la razón más fuerte por la cual esta rama de la física se presta a tantas tergiversaciones es porque es tan complicada de entender que hasta el ganador del Nobel de física Richard Feynman dijo: «I think I can safely say that nobody understands quantum mechanics» («creo que puedo decir con seguridad que nadie entiende la mecánica cuántica»).

Sin embargo, a continuación trataremos de explicar de manera intuitiva los dos principios de la mecánica cuántica a los que este tipo de argumentaciones suele recurrir, con el objetivo de acercar a nuestros lectores a su planteamiento grosso modo. El primero se llama Principio de superposición de estados cuánticos. Para comprenderlo, lo más útil es recurrir al concepto del gato de Schrödinger. En resumen, la idea es que si ponemos un gato dentro de una caja cerrada con, por ejemplo, un dispositivo que libere veneno si el gato lo toca y no abrimos la caja, tenemos dos opciones: que el gato este vivo o que el gato esté muerto. Cada una de estas opciones del sistema es lo que llamaríamos un estado cuántico. Antes de abrir la caja, para expresar la situación del gato matemáticamente tendríamos que suponer que existe la mitad de probabilidades de que el gato esté vivo y la mitad de que esté muerto, entonces habría que plantear su situación (estado cuántico total) como una suma de las dos posibilidades pesada por su densidad de probabilidad:

Captura de pantalla 2016-03-19 a las 9.31.04 p.m.

 

Lo importante es que hasta que no abramos la caja, no podemos decir en cuál de los dos estados está, así que en física se dice que el gato está vivo y muerto, lo cual, ciertamente, suena como una locura y es aún sujeto de interpretaciones filosóficas polémicas entre los mismos físicos. Ahora bien, cuando abramos la caja confirmaremos si el gato está vivo o muerto; en ese momento, cuando se obtenga evidencia de que una de las opciones posibles ha ocurrido, se dirá que la función de onda ha colapsado. Ciertamente, nuestra intervención tendrá efectos en el resultado, ya que podríamos haber sido nosotros los que asustamos al gato e hicimos que liberara el veneno, matándolo (o no). En cualquier caso, es claro que no será nuestra voluntad la que determinará si el gato vive o muere, porque tal vez ya se hubiese matado desde antes. Esta incertidumbre y la posibilidad de encontrar distintos resultados en sistemas físicos es la que suele usarse para decir que existe la posibilidad de modificar la realidad. Esto es cierto, pero sin duda no será por la voluntad de nadie, sino por una serie casi incontable de factores involucrados.

Pero no sólo existen tergiversaciones sobre mecánica cuántica a lo largo de la cinta, sino sobre otras áreas del conocimiento traídas a colación incluso de manera forzada. Ejemplo de esto es lo que ocurre cuando la protagonista pierde un tren en el metro porque se le caen las pastillas. Entonces decide ver la exposición que se encuentra en el andén: fotografías del «experimento» de Masuru Emoto referente a la «afectación de la estructura molecular del agua por efectos no físicos» (por ejemplo, bendiciones o palabras impresas en botellas) según el cual el pensamiento o la intención son las fuerzas conductoras.

En cuanto al aspecto simbólico de la imagen, cabe resaltar el empleo que se da al recurso de la animación. Por ejemplo, la ilustración de procesos quimicobiológicos es en ocasiones similar a las ilustraciones de textos de fisiología y anatomía convencionales, lo cual provee a lo reperesentado de cierta impresión de legitimidad. Sin embargo, en la animación para representar otros temas, como el de los péptidos, estos son antropomorfizados para explicar procesos que tienen que ver con necesidades humanas básicas, como la sexualidad o la alimentación, así como para hacer referencia a procesos emocionales; sin duda esto facilita la comprensión y la identificación con el espectador, pero particularmente refuerza la falsa idea de que existe un componente emocional en conceptos de ciencias exactas.

La presencia de todos los entrevistados es más o menos balanceada en cuanto a tiempo en pantalla, otorgándosele así el mismo nivel de autoridad intelectual tanto a quien ejerce como quiropráctico, pasando por quien afirma ser la reencarnación de una divinidad (Ramtha), como a quien ostenta un grado de doctor en Física, como el Dr. David Albert (director del programa de doctorado de Fundamentos Filosóficos de la Física en la Universidad de Columbia en Nueva York), quien ha afirmado que lo dicho en su entrevista ha sido tergiversado por la edición de la película.

Cabe recordar lo que sostiene Niney: toda toma es un recorte del espacio y el tiempo, y hay siempre un fuera de campo. Un plano es un punto de vista subjetivo, parcial. Es siempre más, o menos, que lo real, un montaje de planos seccionados y seleccionados.

 

La paradoja del montaje consiste en que puede producir falsedad al hacer decir aquello que se quiere a las imágenes reclutadas (caso general de la propaganda), pero no consiste menos en la operación por la cual se elabora el sentido de la película y el cine se hace arte. Multiplicando, yuxtaponiendo o sustrayendo los planos, el montaje va a hacer relativo el punto de vista limitado y parcial de cada plano, a hacer perceptible su relación con el tiempo y con los espacios exteriores e interiores a la película (p. 33).

 

En la cinta no existe el disenso. En contraste, en la ciencia no existe un consenso sobre muchas interpretaciones, sobre todo cuando se llega a áreas tan complejas como la mecánica cuántica. Pretender que una de ellas es la única válida no sólo es falso, sino también engañoso. No se escuchan voces que contradigan lo establecido por los demás. Incluso en la ficción los diálogos incidentales refuerzan lo que comentan las voces de los «expertos». Incluso cuando Amanda se ve un poco dubitativa, es más bien porque está intentando incorporar el aprendizaje tal como se le va presentando. Por ejemplo, ante el comentario de su compañera de departamento, quien pregunta si su sueño podría ser indicio de otra vida o una realidad alterna, como si fuera totalmente plausible, Amanda duda. Su único rechazo explícito es ante la sugerencia de cambiar el fármaco que toma para combatir la ansiedad.

Evidentemente, la realidad no puede ser atrapada en una película, puesto que siempre se tendrá una visión parcial, sesgada, por más intención de objetividad que tenga quien la realiza. Entonces es curioso que una cinta que supuestamente pretende generar dudas acerca de la construcción de la realidad personal no provea elementos suficientes para propiciar una opinión más crítica.

Hacia el final de la cinta, Amanda se queda dormida en una banca y al despertar se ve feliz, se deshace de su frasco de pastillas arrojándolas a un cesto, como si fuera un balón de básquet. Vuelve a la cancha de antes y el niño le replantea: «¿Hasta qué profundidad de la madriguera quieres ir?». Sonríe y arroja el balón. Después se muestra una especie de collage de lo visto en la última parte del filme, para terminar con uno de los entrevistados que mira directamente a la cámara y dice: «Medita eso por un tiempo».

Mientras corren los créditos, se nos presentan, con nombre y parte del currículum, a quienes hemos escuchado a lo largo de la película, lo cual, sin duda, refuerza el tono de veracidad que se había pretendido, particularmente porque la mayoría de los espectadores no cuenta con los elementos para calificar la autoridad de quienes se han expresado durante las casi dos horas de duración.

Resulta pertinente recordar algunos elementos presentados en el texto de Niney. En el prólogo de la edición mexicana, José Antonio Meza nos recuerda la importancia de tener presente «quién dice qué, a quién y con qué intención»; y si partimos de la idea del autor, habría que comenzar sabiendo que quienes realizaron esta cinta son miembros de la llamada Ramtha’s School of Enlightment, la cual es una secta espiritual que genera buenas ganancias económicas. Es claro que el propósito del discurso es reforzar los preceptos de  ese movimiento. Esto lo vuelve un lamentable ejemplo de cómo los intereses particulares juegan con la curiosidad innata de cualquier persona, aprovechándose del poco acceso a la ciencia que existe para la mayoría de la población, usando recursos que tienen alcances tan extendidos para su propio beneficio.

Para concluir, y volviendo al tema central de la película, quisiéramos reafirmar que, en contra de lo que se dice a lo largo de la trama, la ciencia no nos exime de la responsabilidad de las decisiones que tomamos. Aun si el universo fuese determinista (otra fuente de polémica), la realidad que nos rodea sí se ve afectada por nuestros actos y resoluciones, pero esto poco tiene que ver con la mecánica cuántica.

 

 

REFERENCIAS

Box Office Mojo: http://www.boxofficemojo.com/movies/?id=whatthe.htm.

Feynman, et al., The Feynman Lectures on Physics, Vol. III, 1965, pp. 18-19.

Niney, François, La prueba de lo real en la pantalla, traducción de Miguel Bustos García. México, Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, UNAM, 2009.

 

Nota: En pos de la claridad, elegimos referencias que consideramos confiables y accesibles al lector, es por esto que sugerimos la consulta de las siguientes entradas de Wikipedia y de un video en YouTube:

 

Acerca del «experimento» de Masaru Emoto: https://es.wikipedia.org/wiki/Masaru_Emoto.

Sobre el deslinde del doctor David Albert por el uso que se dio a su participación en la película: https://en.wikipedia.org/wiHYPERLINK “https://en.wikipedia.org/wiki/David_Albert”kHYPERLINK “https://en.wikipedia.org/wiki/David_Albert”i/David_Albert.

Una explicación sencilla y detallada del experimento del gato de Schrödinger: https://www.youtube.com/watch?v=z9ebtjvkFm8.

Por último, un corto que dice que «cualquiera» puede entender la física cuántica: https://www.youtube.com/watch?v=Hi0BzqV_b44.

 

 

 

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Belinka González es originaria de Puebla, Puebla. Estudió la licenciatura en Física en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la BUAP. Posteriormente, obtuvo la maestría y el doctorado en la UNAM, en colaboración con la UAM-I, en el área de relatividad cuántica. Como divulgadora, su cuaderno de experimentos para primaria ganó el 6º Concurso de Cuadernos de Experimentos del Conacyt, en el Año de la Física, y fue creadora y responsable de la columna «Causa y efecto», del suplemento de divulgación científica Saberes y ciencias de La Jornada de Oriente. Actualmente trabaja como docente en la Universidad Iberoamericana de Puebla.

Correo: belinka@gonzalez-fernandez.net

 

Eloísa Rivera (Ciudad de México, 1978) es licenciada en Psicología y maestra en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Actualmente cursa el doctorado en Estudios Latinoamericanos en la misma universidad. Sus temas de interés son la violencia de género y el cine. Es integrante de la Red Mexicana de Ciencia, Tecnología y Género.

Correo: eloisa.rivera@gmail.com

 

Revista de crítica, creación y divulgación de la ciencia

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