Thursday, 31st July 2014

Teatro, mediador entre ciencia y arte

Publicado el 29. abr, 2012 por en Ciencias

 

El teatro también ha sido un espacio privilegiado de comunicación del conocimiento. Como Sofía Flores nos muestra en este artículo, muchos científicos han llevado a la escena complejas e importantes teorías e historias de la ciencia, pues el teatro abre el diálogo hacia un público amplio. El buen arte y el saber siempre tendrán espectadores.

 

La Tierra es una gasolinera en la que no está prohibido fumar.

Friedrich Dürrenmatt

Sofía Flores

 

Pensemos en un autor que haya escrito alguna historia de científicos o de ciencia. El primero que nos viene a la mente es Isaac Asimov (1920-1992), uno de los padres de la ciencia ficción, quien escribió más de 500 libros con todo y su grado de bioquímico. Su obra es ampliamente conocida en el mundo e incluso, algunas han llegado al cine como Yo, robot (2004) o El Hombre Bicentenario (1999)[1]. Afortunadamente, no es el único científico que ha buscado relacionar directamente a la ciencia con el arte.

El teatro es una de las artes que cuenta con autores que han llevado a escena temas científicos o incluso personas de ciencia que han incursionado en éste. A continuación mencionaremos algunos personajes destacados del teatro del siglo XX que, por su historia de vida, han dejado una huella de gran valor gracias a sus obras de temas científicos pero con trasfondo político, económico y social.

Comencemos la lista con el químico emérito por la Universidad de Stanford, novelista y dramaturgo austro-americano Carl Djerassi (1923-?). Este científico fue el encargado de crear, junto con el científico mexicano Luis E. Miramontes (1925-2004) y el húngaro-mexicano George Rosenkranz (1916-?), la píldora anticonceptiva oral, la cual tiene como principales activos los estrógenos y la progestina y cuyo objetivo es inhibir la fertilidad femenina. Como si no fuera suficientemente grande su papel en la ciencia y en la historia, Djerassi es también autor de numerosas novelas no ficticias, ficticias, de ciencia ficción y de drama. Entre sus obras de teatro podemos encontrar Newton’s Darkness: Two Dramatic Views (La oscuridad de Newton: Dos visiones dramáticas) de 2004, donde se ejemplifican muchas de las características mejor conocidas del famoso científico inglés Isaac Newton (1642-1727) como su soledad, introversión, melancolía o mal genio, mientras van acompañadas de algunos de sus grandes rivales como Robert Hooke (1635-1702/03), John Flamsteed (1646-1719) o Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716).

En general, el tema central de sus obras es la ética en la ciencia moderna y cómo ésta tiene un papel primordial en las prácticas científicas, como es el caso de la novela Cantor’s Dilemma (El dilema de Cantor) de 1991, donde revela verdades incómodas en el mundo de la ciencia como competencia, ego, política, o cómo es que los científicos obtienen crédito por sus estudios. También describe el papel de las mujeres en la ciencia y las dificultades que enfrentan para superarse profesionalmente. No es de extrañar esta postura dado el impacto social que tuvo la creación de la pastilla anticonceptiva, la cual posicionó a la mujer en una revolución de género, comenzándole a dar igualdad ante el hombre.

Otras obras de teatro de Djerassi son Four Jews on Parnassus (Cuatro judíos en Parnassus) de 2008; An immaculate Misconception: Sex in an Age of Mechanical Reproduction (Una concepción inmaculada: sexo en la era de la reproducción mecánica) de 2000; y Oxygen (Oxígeno) de 2001.

Otro dramaturgo importante fue Heinar Kipphardt (1922-1982), quien comenzó sus estudios en medicina pero tuvo que interrumpirlos debido a que fue llamado al frente ruso durante la Guerra Mundial. Regresó para terminar su escolaridad y ejerció de psiquiatra en Berlín durante 1949. Un año después comenzó con trabajos de dramaturgia y en 1970 fue director del Teatro de Münich.

Una de sus obras más emblemáticas es In der Sache J. Robert Oppenheimer (En el caso de J. Robert Oppenheimer) de 1964, donde analiza el papel del padre de la bomba nuclear y director científico del Proyecto Manhattan. Aquí muestra el rol de un hombre de ciencia que estuvo fuertemente interesado en el estudio de la física teórica, pero que su creación fue empleada para matar miles de personas japonesas. A pesar de que Robert Oppenheimer (1904-1967) nunca se arrepintió de crear el arma, la culpa y el horror lo hicieron fundar en 1946 la Comisión de Energía Atómica de EE.UU. (AEC, por sus siglas en inglés) como agencia encargada de controlar las investigaciones de armas nucleares y asesor sobre la política de dichas armas. Debido a su oposición a la carrera armamentista, su país lo despojó de su nivel de seguridad en 1954, lo que hizo que no tuviera acceso a documentos militares secretos, propiciando la disminución de su influencia.

A partir de estos incidentes, Kipphardt muestra la vulnerabilidad de los científicos, de su papel en la sociedad y de la doble moral que se puede llegar a alcanzar por la lealtad a los principios propios y a los de la autoridad.

Otras obras importantes de este autor son Der Mann des Tages und andere Erzählugen (El hombre del día y otras narraciones) de 1977, y Bruder Eichmann (Hermano Eichmann) de 1983.

Un tercer dramaturgo que relacionó ciencia y arte fue el alemán Eugen Berthold Friederich Brecht (1898-1956), quien comenzó la carrera de medicina en Münich, misma que tuvo que abandonar para realizar el servicio militar médico en la Primera Guerra Mundial. A pesar de que nunca se graduó en medicina, sí utilizó a la ciencia para expresar su descontento ante la problemática política alemana. En su obra Life of Galileo (La vida de Galileo), cuya primera versión fue escrita entre 1937 y 1939 y la segunda versión entre 1945 y 1947 en colaboración con Charles Laughton (1899-1962), habla sobre la búsqueda de la verdad, situación que Galileo Galilei (1564-1642) experimentó debido a sus creencias sobre la posición de la Tierra con respecto al Sol contra las ideas de la Iglesia. A pesar de que ante la Iglesia se arrepintió de sus ideas, en el fondo siempre mantuvo su postura; sus acciones no tuvieron nada que ver con heroísmo, sino con salvar intereses propios. De esta manera, Brecht toma a Galileo como ejemplo para mostrar su inconformidad ante el socialismo y el fascismo, comparando a la Iglesia con estos sistemas en lo que se refieren a la represión.

Para mencionar otros autores que retrataron la responsabilidad del científico ante la sociedad podemos nombrar a Friedrich Dürrenmatt (1921-1990), Ernst T. A. Hoffman (1776- 1822) y Michael Frayn (1933-?).

No es casualidad que, de los autores citados, sus obras giren en torno a descubrimientos científicos que propiciaron o fueron resultado de algún movimiento social o político. Los dramaturgos recurren a ejemplos científicos para mostrar inconformidad ante el sistema, pero sobre todo, para recalcar el papel de los humanos ante problemas sociales y éticos. Otra característica común de ellos es que muchos vivieron las dos Guerras Mundiales, hechos que se ven reflejados en sus ejemplos científicos. La crisis de identidad social es pretexto suficiente para utilizar a los científicos como ejemplo, ya que éstos tienen particular responsabilidad con la sociedad en la búsqueda de conocimiento para mejorar la calidad de vida de la humanidad y del planeta.

Éstos son sólo algunos ejemplos para recalcar que los científicos pueden involucrarse directamente en el arte (como Asimov o Djerassi) o cómo la ciencia es utilizada como modelo para tratar temas sociales o políticos. El teatro, la literatura, el cine y el resto de las artes sirven para demostrar el papel medular de la ciencia en la sociedad y la responsabilidad que tiene ésta como mediador entre los humanos y la naturaleza.

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Sofía Flores (ciudad de México, 1990) estudia Biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Fan de los organismos genéticamente modificados, y si son fluorescentes, qué mejor. Los datos curiosos están muy lejos de ser chismes, pero los dos son leídos sin discriminación. Decidida a que el mundo sería diferente si todos los seres humanos fueran biólogos, y sí, nada tiene sentido si no es a la luz de la evolución. ¡Ah! y la paz mundial.


[1] El nombre de la novela en la que está basada esta película es The Positronic Man (1993), la cual fue coescrita con Robert Silverberg (1935-?). La novela está a su vez basada en la de Asimov, The Bicentennial Man (1976).

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Sofía Flores (Ciudad de México, 1990) estudia biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Fan de los organismos genéticamente modificados, y si son fluorescentes, qué mejor. Los datos curiosos están muy lejos de ser chismes, pero los dos son leídos sin discriminación. Decidida a que el mundo sería diferente si todos los seres humanos fueran biólogos, y sí, nada tiene sentido si no es a la luz de la evolución. ¡Ah! y la paz mundial.

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