Saturday, 19th April 2014

«Orsai», la revista imposible

Publicado el 29. abr, 2012 por en Revistas, Zoo

Rodrigo Solís

 

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Nada más terrible que encontrar un pastelito, una confitura, una golosina que se amolde a tu paladar, que te llene de alegría, y de buenas a primeras, sin previo aviso, la saquen del mercado para siempre. Uno queda devastado mirando los estantes del supermercado, del estanquillo, de la tiendita de la esquina. Quedamos huérfanos. Desolados. Con un nudo en la garganta. Con ganas de apedrear al carrito repartidor de Marinela o Sabritas, a sabiendas de que toda queja será inútil.

Algo parecido me pasó el año pasado con Orsai, mi blog favorito, sitio que tantas alegrías y consuelos me regaló durante los últimos años. Una mañana, para mi horror, dejaron de aparecer escritos actualizados, nuevos, fresquecitos.

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Un triste año entero con tres mañanas desoladoras tuvieron que pasar para que ocurriera lo impensado. En la pantalla de mi laptop un escrito inédito de Orsai relucía con la añorada tipografía Georgia número 13.5 informándonos a cientos de fieles lectores desperdigados en diferentes rincones del mundo que este año para nada había sido uno sabático, desperdiciado; todo lo contrario, habían sido semanas de silencio, o mejor dicho, una plática de sobremesa donde se buscaba realizar un sueño de toda una vida: dar el gran salto de la red al papel, poniéndose como reto, eso sí, 12 Mandamientos. De sólo recordarlos se me eriza la piel, tanto o más que a un católico asiduo a misa de domingo cada que realiza un desfalco, miente, engaña a su mujer, morbosea a la hija de su mejor amigo, etcétera, y comulga con los ojos cerrados el cuerpo de Cristo que le pone en la punta de la lengua el sacerdote.

«1. No tendrá publicidad, ni subsidios privados o estatales.

2. Tendrá la mejor calidad gráfica del mercado.

3. Prescindirá de todos los intermediarios posibles.

4. Tendrá una versión en papel y otra, dinámica, para tablets.

5. Escribirán y dibujarán únicamente personas que admiremos mucho.

6. Llegará en menos de siete días a cualquier país del mundo.

7. Será trimestral y tendrá más de doscientas páginas.

8. En cada país costará lo que un libro (gastos de envío incluidos).

9. Contará con un capital inicial de cien mil euros.

10. La plata la ponemos nosotros, porque el sueño es nuestro.

11. Si salvamos la inversión, somos felices.

12. Si no salvamos la inversión, nos chupa un huevo.»

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En mi juventud, equivocada pero feliz, tras leer alguna biografía del Che Guevara, me carcomía el deseo de haber nacido en otra época, cuando el mundo creía de verdad en las ideologías y valía la pena ponerse la botas y salir a la calle a protestar en contra de gobiernos fascistas, o embarcarse en misiones suicidas a una isla.

Entonces, mal que mal, terminó la dictadura perfecta en México, me dediqué a leer literatura de autores nacidos en países del primer mundo, capitalistas, y se me fue pasando la calentura, el ardor, lo rojo de la piel (dato personal: Reinaldo Arenas ayudó un poco). Descubrí que el problema del mundo no es un sistema X o Y, sino nosotros: el individuo. Donde basta un solo imbécil con iniciativa, persuasión, labia o arrojo suicida, para torcer, podrir y llevarse entre las patas a todos.

Sin embargo, confieso que se me quedó clavada una espina: el poder hacer algo por la sociedad, contribuir con mi granito de arena; ser la piedrita en el zapato de los sinvergüenzas, el insignificante mosquito capaz de interrumpir el sueño de los poderosos; ser capaz de dinamitar Televisa o TvAzteca; ser el cáncer más terrible que padece México; o apedrear la sucursal de cualquier banco y ser saqueadores de cuello blanco, bandidos de verdad… Quimeras, sueños imposibles, demasiado osados para un cobarde como yo.

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El desvarío del punto anterior, el número 3, fue sólo para decirles que he encontrado la espina clavada que pienso sacarme.

Cito textual a Orsai: «Nuestra obsesión, de ahora en más, es demostrar que no hay crisis editorial ni económica, sino moral. Lo que hay son medios tradicionales que piensan nada más que en el dinero y se cagan en el lector, lo arrinconan y lo vician de mentiras y de engaños. Nuestro antojo es un medio de comunicación humano, honesto, de una transparencia obscena, un medio gráfico que den ganas de recibir por debajo de la puerta, pero ganas en serio. Como recibíamos en los ochenta y los noventa las revistas que nos gustaban. Y que murieron. Todas murieron

La odisea, el objetivo titánico de Orsai, es hacer un medio sin detenerse a pensar si los auspiciadores pagarán o no la contraportada de la revista. Eliminar intermediarios, traducción: ciao, mafias de la distribución. Au revoir, librerías empecinadas en embolsarse el 40 por ciento de ganancia sobre el precio del libro.

Orsai promete olvidarse, no preocuparse más de los recortes presupuestarios que padecen las revistas comerciales en épocas de crisis, pues el dinero que financia el proyecto, todito, lo han puesto ellos mismos, de sus bolsillos; plata que hicieron jugando, y no piensan duplicarlo (al menos esa es su idea), porque el objetivo es claro: seguir jugando.

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¿Tiene sentido que un tipo que escribe tenga que expresarse conforme avance o retroceda la publicidad?, es la pregunta que se plantea Orsai, la interrogante que se ha planteado todo escritor con el mínimo grado de dignidad, pero que, sin embargo, escribe porque tiene que comer al ver sus ideas cortadas por la mitad, acorraladas, flanqueadas por anuncios de bisuterías, refrescos de cola, campañas políticas, etcétera.

Los despidos masivos ocurridos en los últimos años en revistas y periódicos, no nos engañemos, sí o sí, son para abaratar costos, sí o sí, en pensar cada vez menos en los lectores, en nosotros.

«No puede ser posible que cuando las cosas le van muy bien a las empresas tengas que escribir menos (porque entra publicidad) y cuando las cosas le van mal a las empresas tengas que escribir menos (porque le quitan páginas al diario). ¿Qué tiene que pasar, económicamente hablando, para que los lectores leamos en paz (o para que los periodistas escribamos en paz) un texto de mil palabras?», se pregunta Orsai pateando el tablero.

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Los chicos de Orsai me recuerdan a esos jóvenes barbados, idealistas, suicidas que se embarcaron un día a guerrear contra el imperio, plantarle cara.

—Pobres ingenuos –me dice mi chica, sabedora de cómo opera mi mente–, cuidadito te pongas en contacto con ellos.

—Solamente les estoy sugiriendo un par de escritores que me gustan mucho, que me gustaría que salieran del anonimato –digo con timidez mientras envío un e-mail.

(Fiera me clava una mirada flamígera.)

—Ya están bastante grandecitos para soñar –dice.

Lo sé, mi chica tiene razón. Mis amigos de Orsai son un par de soñadores drogones de mediana edad planeando una utopía literaria: llegar a todos los rincones del mundo sin intermediarios mafiosos y a un precio equitativo pues, según ellos, sostienen la filosofía de que es un error pensar en euros, o en dólares, o en pesos, o en soles cuando existen países con economías diferentes, o sea, lo correcto es encontrar otra unidad monetaria. ¡Una unidad monetaria creada por ellos!

—¡Están locos! –grita mi chica dando un portazo.

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La nueva moneda se llama PD$ (periódico del sábado). Unidad monetaria creada a raíz de la siguiente pregunta: ¿Cuánto cuesta el periódico de mayor tirada en tu país, los sábados?

El objetivo de Orsai es que cada lector pueda adquirir la revista a un precio final de 15 PD$ (medio mes de periódicos), sin importar dónde vivas, con gastos de envío incluidos.

Esta tabulación monetaria se la explico una hora después a mi chica, ya más calmada. Calma que enseguida se rompe.

—¿Y se puede saber cómo vas a comprar la revista si no tienes ni para comprar quince periódicos cada tres meses –dice–, y ni se diga comprar revistas y libros en general?

Confiado, con aire triunfante, le digo que los chicos de Orsai piensan en el bien común, en la gente menos favorecida por el sistema, en los lectores ávidos de entretenimiento que, por lo general, nunca traemos un peso encima pero nos las ingeniamos para conseguir novias tetonas.

—Habrá un .pdf con la revista enterita –digo poniéndome de pie, sacando el pecho, levantando el dedo índice hacia el cielo–, y completamente gratis desde el 10 de enero. ¿A poco no hay justicia poética?

—¿Justicia poética? –se rasca la cabeza Fiera– ¿No en diciembre empiezan a pagarte por escribir tu novela?

Asiento con la cabeza, aún con el dedo índice apuntando hacia el cielo cual libertador de algún país del tercer mundo.

—Entonces, la próxima vez que vuelvas a quejarte de Chávez o Fidel, de la Coca-Cola o de Bill Gates –Fiera me sujeta del cuello de la camiseta–, te meto un madrazo en la cara.

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Si eres un soñador que de verdad cree en la justicia poética, o pataleas cada que ves tu ciudad inundada de espectaculares, o mejor aún, si deseas leer una revista con los escritores más divertidos del mundo sin tener que ser distraído por anuncios de colores chillones que intentan seducirte a tirar tu dinero en productos completamente inservibles, o descubrir cómo se las ingeniarán los chicos de Orsai para ingresar a Venezuela y a Cuba (en la isla la revista costará 3 PD$, o sea, 0,06 euros) con escritos y caricaturas que hagan bromas de dictaduras caribeñas, o si eres un librero que al mismo tiempo quiere hacer dinero y hacer felices a sus clientes, o si eres un escritor con talento que quiere ganar 500 euros por escrito y un año de suscripción gratuita a la revista, éste es tu momento.

Hernán Casciari, revolucionario literario, renunció a publicar más su columna de los domingos en el diario La Nación, de Argentina, y a su columna de los viernes en El País, de España. También le anunció a Random House Mondadori que renuncia a sacar nuevos libros conla Editorial Sudamericana de Argentina, o con Editorial Grijalbo en México, al igual que con Plaza & Janés de España.

Yo no tengo editorial ni perro que me ladre, pero me subo a su barco, me pongo a sus órdenes si necesitan un grumete que friegue el piso de la cubierta o cepille los retretes sin esperar nada a cambio más que mirar con estos cuatro y miopes ojos que una revista finalmente sea un éxito y sobreviva sin recibir publicidad alguna de los emporios capitalistas, y que también llegue a manos de gente oprimida por dictaduras socialistas.

Es hora de que nos escuchen, llegó el día de sacarse la espina enterrada:

http://orsai.es/blog/

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Rodrigo Solís (Campeche-Mérida). Colabora en la revista argentina Orsai, en el suplemento dominical Domingo de El Universal, en el periódico Por Esto! y su columna Pildorita de la Felicidad es publicada en pasquines, diarios, revistas y blogs en Latinoamérica y España. Tiene dos novelas próximas a publicarse Mala Racha y Fiera Rodríguez.

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2 comments on “«Orsai», la revista imposible

  1. javier on said:

    Colega, donde puedo conseguir la revista fisicamente. vivo en el estado de Nuevo León. o si existe algun modo de envio por correo.
    saludos…

  2. David Calderon on said:

    Jajaja!!! Fantástico artículo. Me encantó.

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