Saturday, 25th October 2014

Curar una enfermedad es un crimen

Publicado el 29. abr, 2012 por en Dossier, Literatura

 

Un texto dramático inédito de David Olguín inspirado en Antonin Artaud. En un pequeño proemio, David nos habla del ataque polisémico con que el arte teatral invade los sentidos, y nos recuerda que el teatro, aun en texto, es imagen que demanda experiencia escénica y en ella impone su vitalidad. Así, Curar una enfermedad es un crimen resulta una variedad de estados anímicos, un paisaje mental con pluralidad de imágenes que trascienden el lenguaje del texto dramático y nos llevan a una escena interna, si queremos asistir a la función.

 

Escenario de David Olguín

a partir de El chorro de sangre y el poema «Los pacientes y los doctores» de Antonin Artaud

 

 

Personajes:

Antonin Artaud

El Niño

El Joven

La Joven

El Caballero Medieval/El Cura

La Enfermera

La Puta (El Ángel)

El Juez

El Zapatero

La Voz de Trueno

 

 

Proemio traidor al espíritu de Artaud

En una imagen teatral opera la sinestesia: los cinco sentidos construyen significados diversos. Esta capacidad polisémica del teatro siempre nos recordará el contraste entre el texto y la escena, la diferencia entre contar y vivir un sueño, pues la escritura, aun la más delirante, construye un orden, una secuencia que hilvana palabra tras palabra, estructuración inexorable. Artaud, en su enorme batalla de articulación interior, vio mejor que nadie esta característica de la relación entre lenguaje y pensamiento. De ahí su rebelión y su intento por dinamitar ambos límites.

La imagen teatral permite ver con los oídos, sentir, gustar y oler con los ojos. Afecta simultáneamente todo el sistema de percepción del público. Como ante una pintura, la imagen visual del teatro se funda en un particular acomodo de los volúmenes, la composición y el color. Es arbitraria: establece su propia convención y se impone al espectador. Sin embargo, la peculiaridad específica de la imagen teatral se funda en el movimiento y la emoción. Crear imágenes, –esa proliferación convulsiva del director paridor de metáforas visuales, el azote de la palabra– no sólo implica adular al ojo con la belleza. A medida que la acción avanza, la imagen teatral transforma el tiempo y el espacio del drama gracias al mundo interno del actor. La emoción, por tanto, es parte esencial para que la imagen adquiera plenitud. De otra manera quedamos ante un frío acto coreográfico, una «pintura viva» –tableau vivant– o ante un ejercicio de composición en abstracto. Si el trazo es la forma externa de la imagen puesta en el espacio, las emociones son su impronta vital y la manera de expresar su posible contenido aun cuando no sea fácil que la imagen, por sí misma, dé cuenta de esas emociones complejas que no tienen definición ni membrete.

Podríamos pensar en dos tipos de imagen: la primera establece una relación directa entre la construcción visual y su significado. Al cabo, el símbolo puede resultar tan prístino que forma un vínculo tan directo como aquel que se da entre el significado y el significante en la prosa. Pensemos, por ejemplo, en una cruz. Como símbolo ya es demasiado directo y si la usáramos en escena como una ametralladora, la cargaríamos de un obvio sentido ideológico. Pero como habremos visto en alguna película, rodear la cruz de una circunstancia específica, una atmósfera y una emoción, acaso puede renovar el símbolo. Un Cristo sangrante, en el rincón de una ciudad derruida y con un joven que lo mira puede bastar, aun en su insistente obviedad, para que el objeto en la imagen cobre otra vida.

El segundo tipo de imagen se abre a múltiples significados. Aquí la sustentan el efecto de sinestesia y la atmósfera creada a partir de asociaciones visuales particulares y evocantes. Andréi A. Tarkovski lo explica de manera magistral: «La imagen artística es única y singular, mientras que el fenómeno de la vida puede ser completamente banal. Una vez más, un haikku:

 

No, no hacia mi casa.

Aquel, paraguas tamborileante,

se fue a la del vecino.

 

»En sí mismo un transeúnte con un paraguas a quien ves en algún momento de tu vida no significa nada nuevo; él no es más que una más de la gente solitaria, presurosa y que trata de mantenerse seca bajo la lluvia. Pero en los términos de la imagen artística que estamos considerando, un momento de vida, particular y único para el autor, se conserva en una forma que es perfecta y simple. Las tres líneas bastan para hacernos sentir su estado de ánimo: su soledad, el grisáceo clima lluvioso tras la ventana, los aposentos solitarios que Dios le ha destinado. Situación y estado de ánimo, meticulosamente guardados, logran una expresión de largo aliento, sorprendentemente amplia».

Curar una enfermedad es un crimen quiere ser la representación de un paisaje mental: «la enfermedad es un estado/ la salud sólo es otro,/ pero despreciable,/ es decir mezquino y pequeñito», diría Artaud. «Pensar en imágenes» le da forma al estilo, pero el efecto de shock (y electroshock) se debe encontrar en el intento por reflejar la lógica de esa peculiar visión interior, el lúcido estado de Artaud, aislado en Rodez y pleno de las convulsivas imágenes propias de El chorro de sangre. El arte tiende a la forma. La «lógica del sueño y el delirio» sólo habitan la pluralidad de la imagen, no la traidora estructuración del lenguaje.

 

 

Espacio:

Una habitación blanca y nítida. Hay una cama de quirófano, con cinturones y cintas a los lados. En la pared del fondo, una puerta abatible y dos quicios sin puertas en las paredes laterales.

 

Acto único

1. Una luz intensa invade gradualmente el espacio.

2. Descubrimos a un niño: viste un camisón de hospital.

3. El niño golpea un tamborino: sonidos de corazón que late.

4. Artaud, que también viste camisón, yace en la cama, mira al vacío. Los cinturones y cintas atan su cuerpo.

5. Se escucha una voz femenina a distancia. Es una voz extraña: lamento y arrullo a la vez. Entre los sonidos articulados que podemos distinguir, se oye el nombre «Antonin» repetido varias veces.

6. Artaud empieza a ser presa de una ansiedad que crece.

7. El niño sonríe y disfruta su juego con el pequeño tambor.

8. De repente, la piel del tambor se rompe. Artaud grita adolorido.

9. El niño, pleno de curiosidad, mira en el interior del tamborino: encuentra hojas secas que arroja al piso.

10. Mientras tanto el eterno enfermo habla con energía febril.

 

Artaud:

 

«Curar una enfermedad es un crimen

Es aplastar la cabeza de un niño que es mucho menos desagradable

que la vida.

La fealdad es una consonancia. La belleza corrompe.

Pero enfermo, uno no se eleva con el opio, la cocaína

O la morfina…»

 

11. El niño se acerca a la cama de Artaud, que sigue vociferando, y la hace girar sobre su propio eje una y otra vez.

 

Artaud:

 

«Es el miedo a las fiebres lo que tienes que amar,

la ictericia y la perfidia,

mucho más que toda euforia.

Y la fiebre, la fiebre incandescente en mi cabeza…»

 

12. El niño para. La cama gira hasta detenerse.

13. Artaud mira al niño que va hacia la pared del fondo y abre la puerta descubriendo, a contraluz, a una pareja de jóvenes desnudos.

14. El niño sale riendo mientras Antonin mira fascinado la imagen.

15. Llueven pétalos marchitos.

16. Escena de El Joven (EJ) y La Joven (LJ):

 

EJ: Te amo y todo es hermoso.

LJ: Te amo y todo es hermoso.

EJ: Mírame.

LJ: Aquí estoy.

EJ: Te amo: soy grande, brillo, estoy lleno, soy fuerte.

LJ: Ah, qué orden tan perfecto encierra el mundo.

 

17. El tambor suena furioso a medida que la voz que dice «Antonin»; sube de volumen de manera insistente.

18. Mientras Artaud habla, la joven pareja se aparta. Luchan contra algo que los mantiene separados hasta quedar en extremos opuestos.

Artaud:

 

«Se oye algo que suena como una inmensa rueda girando y

soplando aire. Un huracán los separa. En ese

momento dos estrellas chocan entre sí, y vemos numerosas

partes de cuerpos humanos cayendo: manos, pies, cueros cabelludos,

máscaras, columnas, porches, templos, alambiques que,

sin embargo, caen más y más lento, como si estuvieran cayendo

en un vacío. Tres escorpiones caen, uno tras otro, y

por último una rana y un escarabajo, que se baja con una

lentitud enloquecida, generadora de vómito.»

 

EJ: ¡Arriba se han vuelto locos!

LJ: ¡Vámonos!

EJ: ¡No puedo moverme!

 

19. Entra un Caballero Medieval en una enorme armadura; calza coturnos, su cabellera alcanza su cintura. Viene seguido de una Enfermera que aprieta sus pechos inmensos con ambas manos, y los estruja y estira. Discuten alrededor de la cama de Artaud.

20. Escena de El Caballero (EC) y La Enfermera (LE):

 

EC: ¡Deja de acariciarte las chichis!

LE (grito agudo): ¡Ah…!

EC: Y ahora, ¿qué te pasa!

LE: ¡Mira a nuestra hija con ese tipejo!

EC: ¿De qué hablas? No la veo.

LE: Están…

EC: ¿Qué? ¿Dónde?

LE: Cogiendo… cogiendo.

EC: ¿Cogiendo qué? ¿Garbanzos, caracoles? Y a mí qué si alguien está cogiendo. ¿A quién le importa coger? Es más, ¿qué es coger? ¿A qué te refieres con coger?

LE: ¡Incesto!

EC: ¿Incesto? ¿Me dijiste incesto? ¿A mí me dices incesto?

LE: ¡Incesto!

EC: Bien, bien, pues yo te diré algo que te dolerá en serio: ¡ángulo! Eres un ángulo recto.

LE: ¡Padrote!

EC: ¡Suelta tus tetas, ángulo recto! Tu inmoralidad me desquicia. Tanto, tanto que me da hambre, un hambre espantosa… primigenia. Un hambre de coloso.

 

21. La Enfermera huye.

22. El Caballero agarra hojas, flores y pétalos marchitos, y empieza a devorarlos, pero se atraganta y se ahoga.

23. Dialogo cruzado entre Artaud y El Joven (EJ) mientras El Caballero se quita la armadura y revela al Cura que todo Caballero lleva dentro.

Artaud: La momificación de la sangre…

EJ: He visto, aprendo…

Artaud: Esta excrecencia de niño viejo.

EJ: Entiendo.

Artaud: La desintegración de un viejo agujero.

EJ: Helos aquí reunidos: la plaza pública, el cura, el zapatero, el umbral de la iglesia…

Artaud: Niñito del culo enterrado.

EJ: La luz roja del burdel…

Artaud: Cuyo nombre es:

EJ: ¡No puedo más!

Artaud: Conciencia de la enfermedad.

 

24. Aparecen El Juez, La Puta y El Zapatero, quienes, además del Cura, rodean a La Joven.

 

LJ: Ey, ¿qué quieren? No se acerquen. Déjenme.

Cura: Calladita eres más bonita.

EJ: La he perdido para siempre… Déjenla. ¡Es mía!

La Puta: Ora pro nobis.

EJ: Regrésenmela. ¡Es mía!

Todos: ¿A quién? ¿De quién hablas? ¿De quién es quién?

 

25. La Puta, desnuda, se acerca a El Joven.

 

El Zapatero: Zapatero a tus zapatos.

El Juez: Zorrocloco mamador, préstame tus borlas de encaje, tu tiburón de azúcar.

El Cura (en tono confesional): ¿A qué parte de tu cuerpo dirías que te refieres más a menudo?

EJ: A Dios.

 

26. El tambor late como un corazón.

27. La voz distante canta.

 

Artaud: Cae la noche de repente. Terremoto. El trueno sacude el aire, y los relámpagos zigzaguean en todas direcciones. Cae la noche de repente, cae… ¡La noche!

 

28. Todos al piso.

29. La puerta del fondo se abre y una luz intensa invade el espacio. No hay nada en el quicio de la puerta, sólo niebla y luz.

30. Se oye la Voz de Trueno:

 

Voz de Trueno: ¡Perra, mira tu cuerpo! ¡Al camerino!

Artaud: Ella muerde la muñeca de Dios. La acotación dice: ella muerde la muñeca de Dios. ¡Muérdelo!

Voz de Trueno: ¿Ves la luz? ¡Hazte a un lado! ¡Al camerino, ramerita!

La Puta: ¡Suéltame!

El Zapatero: Zapatero a tus zapatos.

Artaud: La rabia es un estado, el estado me da rabia.

Cura: ¿Cuando acotas una acción tu alma se alivia?

Artaud: La acotación es el teatro: ¡muérdelo! ¡pégale la rabia!

Juez: Desde chiquita le enseñamos a respetar a sus mayores.

 

31. Artaud repite una y otra vez: «¡Muérdelo!» El resto, con excepción de El Joven y La Puta, que caminan juntos, tomados de la mano, hacia la puerta del fondo, rezan por la salvación de sus almas.

32. La Puta y El Joven cruzan el umbral hasta desaparecer tras el contraluz intenso.

33. La Joven mira fascinada hacia la puerta.

 

LJ: ¡Miren, miren! ¡La virgen! ¡Se apareció la virgen! Ya entendí, eso es lo que él estaba buscando. Alguien en quien creer, en quien depositarse, en quien reposarse, en quien…

35. La Joven queda inmóvil, como un bloque de sal. Música, alimento de los enamorados.

36. Artaud, sin esfuerzo, se libera de las cintas y los cinturones. Camina lentamente hacia la puerta del fondo.

 

Artaud: «…yo, el eterno enfermo, tengo que curar

A todos los doctores

Nacidos doctores por su falta de enfermedad…»

 

37. La voz distante entona un canto religioso.

38. Cuando Artaud está a punto de cruzar el umbral, pleno de luz, de la puerta del fondo, un Ángel (La Puta) lo detiene y con su espada le señala la cama.

39. El Juez, El Cura y El Zapatero prenden a Artaud, lo cargan y lo regresan a su cama amarrándolo y sujetándolo a su tormento.

40. El Ángel se acerca y pone las palmas de sus manos en las sienes del enfermo.

41. Artaud se convulsiona. La Joven grita.

42. Oscuro súbito.

43. Luz de día: amanece. El cuarto está impecable.

44. Antonin, sereno, yace en su cama mirando al vacío.

45. La Enfermera, común y corriente, tan realista que da miedo y le parece al paciente una aparición, saluda con optimismo nauseabundo:

Enfermera: Luce mucho mejor, señor Artaud. La luz de Dios le trajo paz a su mente.

 

46. Ella revisa que los cinturones y las cintas están bien atadas y abandona el cuarto.

47. El niño sale de debajo de la cama. Tiene el tambor.

48. Se acerca a Artaud y le ofrece el tambor mientras tararea una canción de cuna.

49. Antonin mira fijamente al vacío.

50. Oscuro lento.

 

Londres, 1990

______________

David Olguín (Ciudad de México, 1963) es egresado del Centro Universitario de Teatro y de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde cursó la licenciatura en Legua y Literatura Hispánicas. Cursó una maestría en dirección escénica en la Universidad de Londres. Es autor de varios ensayos y ha puesto en escena obras como Baja TierraLa Puerta del fondo, El Tísico, Dolores o la felicidad, ¿Esto es una farsa?, obras de su autoría, y Así que pasen cinco años de Federico García Lorca, La lección de anatomía, de Larry Tramblay, El tesoro perdido y El atentado de Jorge Ibargüengoitia. Es autor, también,  de una ópera para música de Federico Ibarra. En 1999 ingresó al Sistema Nacional de Creadores de Arte.

 

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